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Entra y siéntete en casa...

miércoles, 20 de septiembre de 2017

TormenTas






Laura veía los relámpagos alumbrar toda la calle, se abrazaba a la sábana cada vez que el trueno hacía vibrar los cristales de la ventana de su dormitorio. 

Se puso las botas y se asomó por la ventana, pronto la lluvia llegaría, al abrir la ventana pudo oler a tierra mojada.  Se subió a una silla para ayudarse a salir a la azotea,  atravesó el pequeño muro colindante.  Iba a dar unos golpecitos  en los cristales pero descubrió  que la ventana de Gonzalo estaba abierta. 

Entró.

Era un poco más de media noche. Un nuevo trueno hizo vibrar la ventana justo en el momento que la cerraba.  Comenzó a llover.   Se quitó las botas, se deslizó en la cama de su vecino Gonzalo, se cubrió con la sábana.  
Gonzalo supo en cuanto escuchó el primer trueno que esa noche Laura dormiría  a su lado.  No se movió al verla llegar, tan solo cuando estuvo a su lado se acercó abrazándola por la espalda. Ella se movió con suavidad. Gonzalo le preguntó si iba a  dormir esa noche con pijama.  Ella le dijo que no, que estaba esperando a que él  se lo quitara.  Justo en ese momento  la luz de un relámpago alumbró el dormitorio y dejó al descubierto la sonrisa de esa eterna adolescente, enamorada y descontrolada que se cuela de madrugada en  la alcoba de ese hombre que solo llama amor cuando está en sus brazos.





viernes, 15 de septiembre de 2017

Amor ~ Deseo







Hugo se quedó aquellos días en casa solo. Ella se había ido un par de días fuera.  Sería exagerado  decir que la pensaba todo el tiempo, aún así  puedo deciros que por las noches alargaba su brazo buscando sus pechos  para agarrarse y sentirse en casa.

Había llegado de trabajar más tarde de lo habitual, aquel viernes la ciudad era un puro caos. Agradeció llegar a casa  a pesar de aquella extraña sensación de vacío al no escuchar música, ni los programas de supervivencia en televisión, ni esos pasos apresurados para rodearle con sus brazos y besarle en la comisura de los labios, ni esa voz llamando su atención para que la mirase  como lo había estado esperando desnuda con una de sus camisas usadas, o  desnuda con una de sus bufandas, o desnuda con solo esos calcetines hasta las rodillas.  Aquél día no hubo nada de eso.  Solo silencio.

Aquella tarde estuvo trasteando y encontró una de esas cosas de ella. Para Hugo...
Le causó verdadera intriga.  ¿Qué podía haber escrito en ese papel color azul cielo?. Apenas llevaban un par de meses  viviendo juntos y desconocía que fuera una de esas mujeres de lírica y palabras guardadas.
Desplegó el papel del todo como si fuera un verdadero mapa mientras se sentaba en el sillón junto al balcón y dio un trago largo a su licor de media tarde de viernes.   Hola amor mío. Es lo primero que leyó.


Hola amor mío:


Recuerdo que cuando era pequeña siempre dibujaba casas en el bosque. Con su chimenea y su puerta verde, rodeada de árboles; algunos enormes y otros con raíces que sobresalían del suelo, flores y piedras que  bordeaban el camino hasta la casa.  Normalmente siempre dibujaba un hormiguero y el complejo laberinto construido por las hormigas. Siempre hacia una línea divisoria ente la superficie y el subsuelo.  Laberintos de hormigas, raíces enredadas, tesoros por descubrir.  También dibujaba un hombre con camisa de cuadro comiéndose un bocadillo y las hormigas robando las migas olvidadas. Dibujaba el sol brillando siempre, las nubes blancas,  algún pájaro volando  perdiendo una pluma en su  batir de alas.


Siempre quise tener una casa con una puerta verde y un hombre con camisa de cuadros.  Nunca imaginé tener un amor como el tuyo, cuando despierto por las noches pienso que estoy soñando, que en algún momento voy a despertar, que todo este amor que brota de mis entrañas es pura ensoñación.  "Mañana cuando despierte mi vida será como antes. Vacía, durmiente. Ausente de pasión y arrebatos".  Cuando despierto siempre estás ahí.  Y me doy cuenta que ya no soy la misma. Que lo has cambiado casi todo. Siento que contigo todo es nuevo. Todo. Quiero estar desnuda frente a ti, tumbarme a tu lado, escuchando el rumor de la ciudad  ajeno a nuestra cama, quiero que me hagas el amor casi todo el tiempo, te deseo todo el tiempo, imagino que son los locos efectos de una mujer enamorada y que ahora estoy en esa especie de luna de miel, en la que todo es delicioso néctar. Dentro  de algún tiempo todo  volverá a su cause y retomaremos la cordura y la sensatez. Dejaremos de ser novedad, incluso dejaremos de decir esas palabras que hoy son tan necesarias. Alcanzaremos la rutina.

A veces descubres mi mirada triste. Casi nadie la ve. La verdad  es que siempre tuve ese puntito triste. Amor mío, hay días que tengo miedo, a despertar y que no estés, a despertar y que sigas estando, a que después de todo terminemos naufragando, a reír a carcajadas, a llorar para vaciarme de emociones. Nunca antes viví con tanta intensidad, con tanta seguridad, confianza y calma. Y entre todas las cosas que me has aportado y regalado, entre toda esa esencia tuya, ya sé por qué me gustas tanto. La respuesta es tan simple como sorprendente. Nadie me trató nunca como tú me has tratado.

Ay amor, perdóname que me deje llevar por el desastre, sino sobrevivimos a esto quiero decirte que ha sido el viaje mas increíble que he realizado en mi vida



No había más. El corazón de Hugo latía fuerte. ¿Qué  le había hecho escribir aquellas letras, que sentido o que necesidad había en escribir cuando podía hablarlo?. Hacía años que sabía que el corazón de las mujeres siempre suele ser maquinaria compleja.  Volvió a doblar el papel y lo colocó justo en el lugar que lo encontró.  Se dirigió a la mesa, cogió el móvil.  Cuando escuchó su voz al otro lado de la línea Hugo no pudo evitar esbozar una sonrisa.




miércoles, 13 de septiembre de 2017

Ceb-e-llas



Damián es un hombre de cincuenta y tantos,  listo como uno de esos animales de bosque, silencioso y observador, tan audaz como discreto.  Eso lo había  hecho sobrevivir de ciertos episodios no muy afortunados.

Hacía tres meses que la venía observado.  Llegó a la zona de bungalós a principios de verano. Pensó que era una turista más. Pero el verano terminó y se quedó, como tantos que no pueden pagarse el alquiler de un hogar como dios manda, aunque debo decir que en estos bungalós se vive de maravilla.

Ella se pasaba todas las mañanas a comprar el pan y alguna cosilla extra,  se puede saber mucho de una mujer con esas cosillas extras, había dejado de comprar preservativos, ahora compraba chocolate y clínex.  No hacía falta especular mucho para tener la certeza que había pillado esa cosa, ese jodido virus que se pilla una o dos veces en la vida.
Cuando  le pagaba la compra en la caja, casi siempre con monedas sueltas podía ver los ojos de la mujer.  Definitivamente eran ojos que lloraban.  Damián conocía bien esos ojos porque sus hijas también habían pillado el virus alguna vez.  Hasta su mujer lo pilló, aquello fue lo que los unió para siempre. Damián sabe que las lágrimas son poderosas, que no son marcas de debilidad, las lágrimas hablan con más elocuencia que diez lenguas, son mensajeras de ese dolor silencioso y abrumador, de esos sentimientos indecibles.

Las mujeres suelen estar especialmente bonitas bajo los efectos de ese virus, a pesar de su sufrimiento, a pesar de esos días malos.  Suelen tener un brillo especial y una sonrisa  que no se va en todo el día.
Damián cogió los clínex para pasarlo por el censor.  "No deberías comprar tantos clínex señorita".   Ella lo miró con sorpresa.
"Perdone mi atrevimiento, pero  reconozco cuando una belleza como usted está pasando por ciertas tristezas"  Ella sintió vergüenza, se ruborizó a la vez que sintió removerse todas sus mareas.
"No se apure señorita, quiero ayudarle. Tengo hijas y una esposa que tuvieron los mismos ojos que usted tiene.  Reconozco esa belleza tanto como el pena  que lo provoca"  Salió del mostrador  dejando las compras de la mujer abandonadas.  ”No se preocupe de eso, venga, acompáñeme un momento"

Damián entró primero, ella lo seguía.  La dirigió a una especie de  almacén, había muchas cosas, objetos de todo tipo, nuevos aparentemente sin estrenar y otros tan viejos que el óxido goteaba en el suelo.  "Mire señorita, le voy a regalar estas cebellas"  Ella sonrió.  "Pronuncié bien"  Dijo justo cuando las bajaba de donde colgaban.   "Estas cebellas son especiales,  quiero que se lleve este ramillete y que lo cuelgue en su cocina, y que hoy mismo  pruebe la mitad de una de estas cebellas.  Estoy convencido que se sentirá mejor"   La mujer desconcertada miraba al hombre.  "No hace falta  que me cuentes los motivos de necesitar tanto clínex solo necesito que deje algo en esta habitación, como trueque de las cebellas, no me lo de a mi, déjelo por ahí, en el primer hueco que encuentre"   Ella  se miró, no tenía mucho que dar. No podía dar sus anillos, ni los zapatos.  Dejó el sujetador, el pudor hizo que lo metiera en un cajón.  
"Esta bien señorita, salgamos"  Dejó salir a la mujer primero y él la siguió  dirigiéndose de nuevo al mostrador. Hoy al ser un día especial no le cobró la compra.


Varias semanas después la mujer como cada mañana a eso de las 8 AM compró el pan y otras cosillas.
Damián sonrió al verla llegar al mostrador.
“¿Va todo bien señorita?"  Ella afirmó con la cabeza y sonrió dejando marcado esos bonitos hoyuelos infantiles.  Le recordó a su nieta de 9 años. 

Aquella pregunta había sido pura retórica, sabía que las cebellas harían su efecto, eran tan fuertes que la harían llorar tanto al cortarlas que no habría lágrimas para más.  Damián sabía  de sobra que al igual que los grandes edificios no se construyen de un día para otro.  Los grandes amores o los grandes olvidos tampoco.






por regalarme la foto de tus cebollas 




martes, 12 de septiembre de 2017

Bifurcación








Llevaba semanas pensando en ello, sin embargo aquella tarde fue la última vez que se hizo la pregunta.

Ella era de pequeños tesoros, de libros, de Lps, Cds, calendarios personalizados, cuadros, piedras, fotos, maquillajes, ropas y secretos. Todo un sinfín de posesiones acumuladas a lo largo de su media vida, bien organizadas para pasar con ellas su otra media  en la que iba a ser su hogar toda la vida.


Hoy lo repasaba todo en su mente, hace su propio inventario de todo lo que tiene, todas esas cositas. En esa maleta por muy grande que parezca no cabe todo. Sabe que nada es prescindible, que todo va contigo adosado a tu corazón, aún así esperó al último momento, para que  la sensación de estar en el precipicio del nuevo horizonte fuera el detonante de la elección.   El Cd de lo mejor de Bowie, Thirty Seconds To Mars y  la primera piedra que se guardó en el bolsillo con 7 u 8 años, esa que aún guarda en la caja de cartas de tarot.  


Todo lo demás se quedará.  Allí en su nuevo hogar construirá nuevas cosas y nuevos recuerdos. Se mira en el espejo un instante, "volvió a ocurrir", -piensa mientras se mira a los ojos-. "Cuando me sé el camino, llega el destino  y lo cambia".  






La vida cambia en un instante.  Cualquier momento es bueno para comenzar.

domingo, 10 de septiembre de 2017

El pasadizo



Cuando la familia de Lorenzo llegó al edificio lo primero que hicieron fue remodelar el que sería su nuevo hogar. En mitad del trabajo de albañilería, Carlos, el hermano de Lorenzo, encontró una trampilla en lo que iba a ser el cuartillo de colada.  
La trampilla era no muy grande pero lo suficiente para que cupiera una persona, incluso una persona grande. Alumbraron con linternas el pasadizo y se preguntaron donde terminaría. Estuvieron sopesando un rato los riesgos y al final Lorenzo entró por el hueco.


7 años después la trampilla seguía abierta, camuflada tras el cesto de ropa para lavar.  Al otro lado estaba la familia García. Y los niños de ambas casas lo utilizaban para poder ir de una casa a otra para jugar juntos.  El viejo pasadizo utilizado en tiempos de guerra para escapar sin ser vistos ahora era el camino más corto para que los 5 amigos se encontraran sin tener que salir a la calle.  A ambas familias les parecía curioso, divertido y diferente.  A veces se pasaban alguna botella de vino o algún libro prestado. Decidieron poner un pestillo y una campanita, a modo de timbre, que sonaba al estirar de la cuerda que las sostenía por cada extremo, así se evitaban episodios comprometidos.

Una vez al año la familia García se marchaba de vacaciones.  Alonso se quedaba ese mes solo en casa. Sofía la esposa de Lorenzo llevaba dos años en el paro, pero lo compaginó perfectamente con su vocación de ama de casa. Algunos de esos días cuando Sofía estaba en sus labores hogareñas, la campanita sonaba. Ella se duchaba y se ponía bonita. Entraba por el pasadizo donde Alonso la esperaba. Siempre estaba agachado, viéndola llegar, con esa sonrisa de bienvenida.  Ella llegaba, lo alcanzaba, lo abrazaba, escuchaba alguna palabra de esas, de amante  que desea, que ha esperado pacientemente este momento. Cierran la trampilla.  Se besan.






viernes, 8 de septiembre de 2017

Musaraña





Simbad es un hombre guapo,  ya alcanzó los cuarenta y pocos años. Está casado y enamorado.  Se levanta a las seis y media de la mañana y lleva a su hijo al colegio antes de ir al trabajo.


Todos los días de lunes a viernes. También lo acompaña Sábados alternos a clases de tenis. Aprovecha para pasar el rato con Carlos, el padre de uno de los amigos de su hijo.

Aquella mañana era viernes. Se despidió de su esposa con un hasta luego y un suave beso en la mejilla.  Se paró en la puerta del colegio.  Le dijo adiós a su niño y lo miró hasta  que entró en el edificio. Recordó aquellos tiempos en los que lo acompañaba hasta la puerta y le daba un beso.

Comenzó a lloviznar. Lamentó que  se pudiera estropear los planes del fin de semana. Las primeras gotas de lluvia resbalaban por el cristal de su vehículo. Se disponía a arrancar cuando la vio. Allí estaba con una  falda larga y una camiseta blanca de manga corta,  con un collar de madera y todas esas cositas tan de ella  que la hace tan diferente a  todas.  Llevaba a su hijo de la mano, una de las madres de algún compañero del niño la esperaba.  Iban camino al edificio cuando hizo el amago de coger al pequeño pero la amiga se adelantó y lo cogió en brazos.  Ella sonreía y se atusaba el pelo que lo llevaba mucho mas largo.
Simbad la miraba desde el coche. Puso su brazo en el volante  y  pasó su mano  por la cabeza; desde la frente a la nuca.  La añoraba. De vez en cuando recordaba aquellas cosas que le decía, su forma de reír, de llorar y de amar. Pensó en como seria la vida con ella, levantarse con ella todas las mañanas. Pensó si seguiría oliendo igual y haciendo aquel gesto cuando estaba contenta y lo miraba. Pensó en si ella lo recordaba o lo había olvidado. Y de pronto lamentó no haberlo intentado un poco más.  Ella terminó viviendo tan cerca...  terminó amando a otro hombre, no podía imaginar con cuanta intensidad, terminó teniendo las paellas de domingo y un hijo que aunque no había estado en sus entrañas lo amaba tanto como cualquier madre que pare con dolor y lágrimas  de regocijo.  
Quizás tan solo no estaba preparado para verla hoy. No la veía desde el verano, en la piscina aquel sábado, llevaba un biquini selvático,  el pelo recogido y una tobillera de pescaitos.  Ella no lo vio. Estaba  demasiado lejos, pero Simbad la estuvo mirando como ahora, largo rato. En aquella ocasión  Claudia, su eficiente esposa lo sacó de las musarañas para que le abriera esa silla plegable que siempre cuesta tanto abrir.   Hoy en cambio la miraba con esos ojos de hombre que recuerda viejos capítulos casi olvidados por la vorágine de los días y los años.

Se quedó esperando  para verla salir.  Miró el reloj  - llegaba tarde al trabajo- .  Arrancó el coche y ella al escuchar el rugir del motor que arrancaba miró, por inercia.  El coche se incorporó a la carretera despacito, lo suficiente como para que ella lo reconociera. Ladeó la cabeza sonriendo -Así como ella hace- . El coche paró en el ceda el paso y esperó a que ella pasara junto a un grupo de madres charlatanas.  Simbad apoyaba las manos en el volante. Ella lo miró mientras cruzaba y levantó la mano a modo de saludo, él la saludó levantando igualmente su mano.  Definitivamente hoy no estaba preparado para volverla a ver.








miércoles, 6 de septiembre de 2017

Ciertas cosas





Hay ciertas cosas  que el corazón no olvida. Y a veces no son cosas del pasado, lejanas o perdidas ya en el laberinto de viejos aniversarios, son pequeños detalles del ahora, que cuando se viven sabes que se quedarán  en ti  por siempre.

Lorenzo ya no era ningún jovencito. Tenía canas en el pelo,  un par de endodoncias y una vieja úlcera de estómago que lo machacaba cada vez que se iba de viaje.  Sin embargo hay días que nada de eso importa.  Hay días como el de hoy que se siente como aquel jovencito que se sentaba en el paseo marítimo sin demasiada prisa, miraba a las muchachas  con pantaloncitos cortos y larga melena mientras esperaba el momento justo para tomarse  uno de  esos primeros cafés en una terraza a la sombra, y quizás lo acompañara con un cigarro sisado horas antes a su tío Amador.   Hoy recordaba esa sensación  porque salvando las distancias lo que sentía  era muy parecido.

Cuando llegó a la esquina de casa, subió la mirada buscando algo nuevo.  Si, era sutil,  la ventana de cristaleras del balcón estaba semi abierta. Buscó el nuevo llavero en el bolsillo pequeño de la mochila. Metió la argolla entre  uno de sus dedos jugando dándole vueltas.  Mientras subía las escaleras miraba el colgante que adornaba el llavero.  Lo había visto tantas veces que ahora le resultaba adorable verlo  entre sus manos engarzado con las llaves de casa. Cuando abrió la puerta  se recordó que aquél día era el primero que ella le esperaba en casa.

Ella tampoco era una jovencita, pero se resistía a abandonar los pantaloncitos cortos y las posturas imposibles  para mujeres de cierta edad.  Cuando Lorenzo llegó al salón la vio en el suelo  con las piernas apoyadas en la pared verticalmente, con un café humeante junto a ella.  Lorenzo dejó la  mochila en su sitio, las llaves en la mesa, se quitó la camisa y se sentó junto a ella, con la espalda apoyada en la pared.  Ella le cogió de la mano, le preguntó por su jornada laboral y estuvieron hablando largo rato. No era nuevo que juntos, perdieran la noción del tiempo.  Ella le pidió un abrazo y él con cierto pudor alegó que no olía demasiado bien,  pero igualmente sabía, que a ella ese detalle  no le importaba demasiado. 

A estas alturas de la vida nunca hubiera pensado estar así.   Con el corazón desbocado, abrazado  en el suelo del salón con alguien que era puro fuego.  Se había acostumbrado a la desgana, no era joven ni estaba para muchas olimpiadas dominicales. Sin embargo ella lo mira y le dice lo que  casi nadie dice. Le hacía sentir que era suya, le hacía sentir la vida galopar  por sus venas.  
Ella nunca buscó lo nuevo, ni lo caro, ni lo brillante.  Ella valora esas otras cosas, y sabe de sobra que a veces las cosas gastadas son las mejores. Sin embargo él la miraba y le dice lo que casi nadie dice. Le hacía sentir importante, especial, le hacía sentir la vida galopar  por sus venas . Hay ciertas cosas  que el corazón no olvida.





martes, 5 de septiembre de 2017

Menta


Trata de recordar en qué momento ocurrió.  En qué momento te colaste entre las grietas de su armadura.

Serás ese dulce amor que no se gasta y siempre se anhela.  Ese amor inmortal que apenas rozas con las puntas de tus dedos. Serás ese amor sin matices, ni negociación, no envejecerá, estará ahí, suspendido en sus nubes, ingrávido.

Habrá días buenos y malos, mejores y aún peores. Tendrá esa sensación de estar cerca, muy cerca y a la vez saberte imposible.

Tiene la sensación de haber estado dormida mucho, mucho tiempo, y de pronto haber despertado a carcajadas.  Su corazón lleno de burbujas de aire la hacían sentir segura y colmada de todo lo que alguien como ella podía aspirar.

No sabe como pero lo supo, así de pronto, las burbujas explotaron a base de preguntas y reflexiones, desaparecieron y allí estabas.  Intentó salvarse, sacarte de entre las grietas por donde te escurriste, luchó en los últimos momentos antes de verse azotada por espejismos e imposibles.

¿Porqué entre todos los hombres has tenido que ser tú el que diera con la clave?, el que abriera de par en par un corazón salvaje y no exento de pecado como el mismo Edén.


Ahora solo quiere quedarse aquí, contigo, en este paraíso verde...   Donde seguir desnudándose el alma, donde seguir estado llena de todo lo tuyo, a salvo, donde nadie descubra que bajo el óxido y el hierro de su armadura solo hay sonrisas con sabor a menta y esas cosas que solo sabe quien llega.



domingo, 3 de septiembre de 2017

Retornos





 El verano había acabado y con él las vacaciones.  Lejos de angustiarse y lamentar la rutina, ella sentía una suave sensación de alivio y tranquilidad.

Él había estado todo el verano con su hermana enferma, en un pueblo cerca de la frontera sur portuguesa. Donde apenas llega la cobertura de telefonía y los días van al ritmo de uno. 

Ella había estado en casa  la mayor parte de ese verano. Lo entretuvo ágilmente para que la espera no se le hiciera eterna, aún así hubo días eternos, días que fueron como el más largo de los veranos.

Habían pasado algunos días de Septiembre.  Todos habían vuelto al trabajo, al colegio,  a los horarios cerrados, a las agendas y almanaques.   Esa noche llovió, las temperaturas bajaron notablemente.  Era lunes, le tocaba descanso en su cuadrante laboral. Aún estaba en la cama cuando escuchó el timbre de la puerta, de esa forma tan... tan de él.  Abrió los ojos y agudizó el oído. -Quizá estuviera aún soñando-.   Se levantó, descalza y presurosa al volver  escucharlo.  Abrió la puerta y allí estaba, con esa cara de hombre que vuelve a pesar del tiempo que se distanció. De hombre que retorna  a ese espacio que lo hace sentirse vivo.   "Hola "   "Hola"

Expandió su tórax con ese gesto inequívoco de macho alfa e hizo una de esas preguntas que marcan seguridad.  ” ¿No le das un abrazo a papi?”   Ella se acercó sonriendo y se hundió en él.  "¿Me has echado de menos?"  Ella no dijo nada solo asintió con la cabeza.   "Estaba deseando  volver a casa y sentir este culito entre mis manos" Acarició con suavidad el glúteo de la mujer.   Ella  subió la mirada y se dieron un suave beso en los labios.  La cogió en brazos y entraron en casa.


Ella le había pedido unos minutos.  Él descansaba en mitad de la cama, miraba a la pared desnudo, observaba pequeños cambios en  esa habitación tan conocida.   El pasillo y la habitación estaban en suave penumbra. Ella paró a los pies de la cama.   Pero...  las vistas le provocaron una de sus mejores sonrisas. Gateó  hasta llegar  a la cinta roja.  Abrió su regalo.  El desayuno se quedó esperando en el jardín. El verano había terminado.





jueves, 31 de agosto de 2017

Mentiras





Hay días en los que en tu cabeza se desata una GRAN tormenta.   Y ella había estado todo el día  luchando  contra una de las peores;  la del enfado y la mentira.

Se sentó en el salón después de haber fregado los platos de la cena, se relajó en el sillón, se hundió   mordiendo sus dedos a modo de pensamiento y disimulo.  Él la miraba, con esa mezcla de enfado y compasión.  Pudo ver sus lágrimas brillar en la oscuridad por la luz del televisor.  "¿No estarás llorando?" Nunca se sintió cómodo al ver a las personas llorar, no sabía como consolarlas.  Aquella noche además estaba demasiado enfadado para encontrar las palabras adecuadas. 
Ella no respondió, al verse descubierta solo consiguió rendirse al llanto. Como cuando lloras frente al espejo, te miras a los ojos y solo consigues llorar más.

Él se acercó a ella, pasó su brazo por la espalda y la abrazó.  Ella puso su mejilla en el hombro de él. Lloraba, no podía hablar.  Él le atusó el pelo y le dijo con  esa calma con la que los hombres hablan a las mujeres en los momentos de naufragios.  "Cuando la gente miente las palabras pierden significado. Ya no hay mejores  respuestas sino mejores y mejores mentiras, y las mentiras no ayudan".

Ella apenas dijo algo, y lo poco que  balbuceó fue ahogada por la pena.
Ahora descubría lo mucho que había mentido, lo fácil que había sido hasta hoy.  Pensaba, que si tienes algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar, tienes gran camino recorrido para ser un poco más feliz.  Y si no es así...  A la mierda todo...  Estas jodid@.


martes, 29 de agosto de 2017

De sabores y recreaciones




Snow vive en la casa de la puerta verde.  Vive con Jacob. Y de vez en cuando la visita ese hombre. Si, el que escribe en el jardín en verano y junto a la ventana en invierno.   El que la besa tan pronto ella abre la puerta y lo saluda. El que le hace el amor lentamente. El que le abre esas cosas con precintos imposibles y con el que toma capuchinos en la  mesa de la esquina del café, la única que tiene vistas a la calle.


Calcetines duerme. Hoy ha tenido una de esas noches movidas, de juegos y descubrimientos, la madrugada lo dejó agotado.   Snow está en la cocina se prepara el desayuno; café  y hoy de  forma excepcional, una tostada.  Lo prepara todo y lo coloca ordenadamente en la mesa. Tiene ganas de hacer pis.  Va al baño.  Cuando vuelve a por su desayuno se queda parada, desconcertada, piensa...
“Yo dejé la tostada en el  plato, estoy segura"


Calcetines  aparece en ese instante, con su rabito contento. Se queda parado junto a la mesa con el plato vacio y el café aún humeante. Intuye que a Snow le ronda algo por la cabeza, aún así elige omitir esa intuición y se le acerca para abrazarla por la espalda y darle un besito en el cuello.  Ella sonríe cuando nota que sus manos acarician su cintura y le recuerda algún capítulo de  la madrugada. 


Jacob observa la escena desde el sofá, con un ojo abierto, relamiendo. Agradecido por la visita de ese hombre que ocupa el tiempo de Snow, que la nubla y la dispersa dándole margen a ciertas licencias, teniendo fáciles escapatorias.


Después de haberse besayunado y desayunado. Cuando los ratos domésticos retomaban el día. Snow miró a Jacob.  ”No te hagas el remolón que sé de sobra que fuiste tú"   Jacob le miró agachando las orejas. Se escapó de la reprimenda encontrando refugio entre las piernas de Calcetines, ese hombre amable que le daba porciones de la merienda y le rascaba la oreja mientras veían televisión.






domingo, 27 de agosto de 2017

Lugares



Ella cerró la puerta del coche con no demasiada fuerza. Con suavidad femenina.

- ¿Dónde quieres que te lleve?

Ella lo miró atendiendo a su pregunta.   Ese silencio.  Esa mirada.  Él le acarició la mejilla, la comisura de esos labios aún por conocer.  Esa mirada. Esa atracción que subyuga. Silencio. La besa.

- Llévame a casa amor mío, me caigo de sueño.


Si. El viaje hasta llegar a sus brazos había sido arduo y peliagudo.










viernes, 25 de agosto de 2017

¿Porqué tú?


Llegas, me miras, te quedas

Me preguntas, me inquietas,

Me descubres, me abres,
me callas, me enfrentas,
me arañas, me quemas,

me mimas, me llenas,
me hablas, me río y lloro y me agito entera.
Te miro, te entiendo,

te escurres, te cuelas,
te busco, te encuentro,
te quito, te pongo, te quedas,

Me quemas.
Te giro, te sigo.
Me guias,
te asfixio.

Me tragas,

te bebo,
Me tocas,
te excito.
Me minas,
te habito.

Tu palabra,

Mi frontera,

Tu risa,

Mis ganas,

Tu entrega,

Te quedas, me quedo, la vida.

Me rozas, me abraso.

Mis manos, las tuyas.

Tus manos , las mías.
Me matas,
te vivo.

miércoles, 23 de agosto de 2017

DesaTinoS






Hay días que resultan ser todo un desatino.

Se ha despertado antes del amanecer huyendo de esa cama que hace algún tiempo buscaba sedienta de vida. Ha ido al baño, ha cerrado la puerta. Respira agitada, su corazón late con fuerza.  Se ducha, deambula por el habitáculo de un lado a otro, de la ducha al lavabo, una y otra vez como animal encerrado.  Cuando sale del baño deja
 olvidada la barra de labios en el lavabo.

No consigue recordar como ha llegado hasta aquí.

Tropezaron de repente, se sonrieron entre la multitud anónima. Él le guiñó el ojo y ella, coqueta, se recogió la melena con un moño. Se robaron besos, se arrancaron risas.  Pestañeó y en el calendario pasaron años. Los suficientes, quizás, demasiados.
Lo miró dormido, en penumbra, desnudo, girado hacia el lado contrario de donde ella se encontraba.  Se acercó sigilosa, no quería despertarle, le rozó el hombro con los dedos, le dio un beso en la comisura de sus labios.

No consigue recordar por qué motivo se fue.

Recorrió el camino de vuelta con la certeza de que ese día, que tan lejano e imposible había sentido siempre, esos días en que sus ojos solo lo veían a él y que en su corazón no había espacio más que para él y todo su mundo, esos días habían desaparecido. 
El cómo y el cuándo sucedió a penas le importaba en ese momento. Lloró, porque el desamor duele, porque recordaba toda la vida que se perdía, todos los planes, todas las risas, las cenas mirando las estrellas, todos esos cachitos de felicidad doméstica, porque ahora todo era lejano. 
Lloró porque lo imaginaba despertando. Buscándola en el lado de la cama ya vacio.  Yendo al baño para orinar. Leyendo sus letras en el  espejo.

"No nos queda nada"

El teléfono sonó. Era él.
Cuando  ella descolgó y escuchó su voz, lo supo, no renunciaría a ella fácilmente,  al  menos no sin saber... porqué.


Hay días que resultan ser todo un desatino.



lunes, 21 de agosto de 2017

GranDe



Fue en una tarde de verano,
Un impulso me incitó a seguir esa senda,
Un camino  que pareció ser eterno,
Pues no fue breve la contendía.

Me hice fuerte en el dilema,
Fueron mil y un desatinos,
Largas noches de desesperanzas,
Jugaba en contra de mi propio destino.

Y aquí me encuentro hoy,
 He llegado hasta este punto.
Por fin averigüe quien soy,
Ya nada más me pregunto.

Ante ti me puedes ver,
Es para ti mi presencia.
Por el camino dejé todas las cargas,
Estoy aquí en mi más pura esencia.

He saltado tus ramas,
Vine para no volver.
Te observaba desde aquella atalaya,
Contemplemos ahora juntos cada nuevo amanecer.

Algo floreció en lo más profundo de mi ser,
Más no sé si será para siempre,
Déjame que juegue en tus ramas, que duerma en tu sombra,
Unidos en este viaje… no me dejes caer.




domingo, 20 de agosto de 2017

Jones


El Sr. Jones entra en la oficina puntualmente como cada mañana.  Hoy lleva esa camisa de cuadros con tonalidades verdes.  Un pantalón gris clarito,  su maletín y su bolsa de viaje con la comida.

El Sr. Jones da los buenos y sonríe amablemente. Tiene un brillo en los ojos lleno de vida. Le doy los  buenos días con mi mejor sonrisa pero no sé si se dio cuenta. Sigo con  mis papeles y atendiendo el teléfono que  en estas fechas del verano siempre está perezoso.

El Sr. Jones llega a su mesa y deja su maletín y su bolsa de viaje en el mismo lugar de cada mañana. Se sienta, enciende el PC y mira su teléfono móvil. Sonríe. Escribe.  Vuelve a sonreír, esta vez mas  ampliamente. Vuelve a escribir y con esa misma sonrisa con la que llegó deja a un lado el móvil y mira el PC. 

Me pregunto que lee, qué o quien le hace sonreír de esa forma tan bonita.  Mis ojos se desvían  a cada rato, el Sr. Jones me parece tan sexy... le miro, muerdo el lápiz mientras trato de descifrar que guarda en esa mirada justo antes de sonreír. Busco una escusa para acercarme todas las mañanas a su mesa, siempre hay alguna pregunta  o alguna firma que pedir.  El Sr. Jones siempre me atiende con simpatía.  Se  levanta para explicarme,  señala con su dedo todos los puntos importantes del documento que le he llevado.  De pronto pienso que desearía que ese dedo, que ese dedo con todos los demás me acariciara un instante.  El Sr. Jones me pregunta si lo entendí.   No escuché casi nada, cuando estoy así cerquita de él casi no puedo pensar con claridad.  El Sr. Jones huele tan bien, se expresa tan bien,  ¡mmm!.  Vuelvo a mi mesa. Con mis documentos, mi PC y mi lápiz mordido por los deseos de me despierta el Sr. Jones.






jueves, 17 de agosto de 2017

Hay días




Tan solo hacía unas horas que no lo sentía,  las suficientes para echarle de menos.

Justo hoy la mañana parece más silenciosa que de costumbre, Placebo suena en la radio y la envuelve en sus melodías llenas de ideas y pensamientos atrevidos.  Ella mira el reloj y entretiene las horas con esto y lo otro.  Ensimismada en algunos momentos pasa los dedos por su boca, descubre las ganas que tiene de verle llegar.  Se sienta en la mesa de la entrada, con ese vestido. Mira la puerta, sabe que aún tardará en llegar pero mira la puerta como la gata que espera a  su amo. Lo piensa llegando, abriendo la puerta, descubriéndola allí sonriendo.  Cerrará la puerta y le preguntará que hace allí y ella le dirá que esperándole. Él se acercará a ella y le dirá alguna de esas cosas suyas, le abrazará y ella le abrazará con sus piernas.  La cogerá en brazos a horcajadas aún sabiendo que no llegará al dormitorio, - con los años ya no es el que era-, pero lo intenta, en el pasillo se le escurrirá,  descalza dará saltitos hacia el dormitorio,  él la agarrará,  la capturará entre los cuadros Tibetanos, descubrirá sus ojos llenos de brillo, de ganas, de risas, está llena de risas.  Ella no le dará tregua y le besará, él recordará en ese instante cada uno de esos momentos que le hizo sonreír, reír a carcajadas.  Cuando separen sus labios él la mirará, ahí estará ella con su corazón latiendo con fuerza, su amplia sonrisa y ese brillo en esa mirada tan llena de colores.  Ella se escurre, él la sujeta, ella se ríe.  
No llegarán al dormitorio, hay días que no da para otra cosa.

La mañana transcurrió despacito, llena de ideas y pensamientos atrevidos.  Ella estaba  sentada en la mesa de la entrada cuando él abrió la puerta. Él la vio allí esperándole, como una gata con cascabel. Sonríe.  Ella le sonríe...


Tan solo hacía unas horas que no lo sentía,  las suficientes para echarle de menos.




miércoles, 16 de agosto de 2017

Tantas cosas



Aquella noche tenía tantas ganas de verte, de hablar contigo, de abrazarte, de lo que fuera, pero contigo; créeme, estaba tan estancada, que necesitaba por lo menos escuchar tu voz, vivir contigo la madrugada, en verdad, quería volver sentirme mariposa. Me puse a leer nuestras cosas y le di tantas vueltas a todo. Pensaba en qué clase de persona era para ti, tal vez tú necesitabas de alguien mucho mejor que yo, alguien con una capacidad de amor superior, en fin, tantas vueltas diste en mi cabeza.
Me coloqué frente al espejo y sin quitar la vista a mi mirada clavada en horizontes  y espejismos inalcanzables,  respiré hondo mientras observaba detenidamente mi rumbo,  en ese momento pasaron por mi mente tantas cosas, me senté en el jardín en las primeras horas del día;  poco a poco comenzó a desplegarse una pequeña sonrisa, rubor en mis mejillas, inevitables y silenciosas sensaciones.

Después de un rato observé el reloj. Ya,  sintiéndome mariposa, con los viejos recuerdos de oruga convertidos en polvo,  fatigada de tanto caminar, por fin recorrí el último tramo, me tumbé en la cama, cerré los ojos; me sonríes y yo te doy un beso en la frente.