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Entra y siéntete en casa...

lunes, 20 de noviembre de 2017

Complicidad



    Juan aparcó su coche en el garaje.  Su hijo sentado a su lado había permanecido en silencio todo el trayecto, ni siquiera había insistido para poder conducir él.
Juan sacó las llaves del interruptor. Miró a su niño. Siempre habían tenido una bonita complicidad aunque desde que se había convertido en un muchacho y podían compartir alguna cerveza de domingo el vínculo padre-hijo era aún mas fuerte.

- ¿Qué te pasa hijo?  Le preguntó con cierta preocupación.

Me gusta una chica y soy invisible para ella. Estoy jodido papá.

Juan miró a su hijo.  ¿Qué decirle?.  Posiblemente estuviera enamorado o creería estarlo, que es lo mismo a esta edad.

- Hijo...  No te desanimes. No eres invisible, ella te ve, solo que puede que no sea tu momento. Quédate ahí, no te alejes. Trata de hacerla sentir a gusto los ratos que coincidáis y puede ser que un día ella abra los ojos y te descubra a su lado.

El joven escuchaba a su padre en silencio.

- Tuve que afrontar dos novios de tu madre y esas amigas tan insoportables. Yo tuve mis novias también, no puedo decirte que no.  Pero tu madre era mi chica. Un día cuando menos lo esperaba  nos refugiamos en una tienda de ropa  por un ataque terrorista.  La cogí de la mano toda aquella tarde y aún no se la solté. Salimos juntos de aquella tienda y no nos separamos más.

- Y si ella no me quiere, y si ella no me elige.  ¿Qué hago entonces papá?   Se notaba la desesperación en sus ojos.

-  Entonces el tiempo pasará y encontrarás a otra chica. Tan especial y bonita como en la que piensas hoy.  El tiempo todo lo cura,  hace olvidar todo y terminas evolucionando.

- No se lo digas a mamá, ¿vale?.    

- Claro que no hijo. Es una verdadera pesada en estas cosas.


Ambos sonrieron, bajaron del coche y entraron a casa.  Mamá estaba en el salón.  "HOLA MAMÁ" dijeron los dos a coro.

- Vaya, que contentos volvéis.  A ella le gustaba verlos tan unidos.

- Por cierto papá, ¿Qué es eso de ataque terrorista?

- Son cosas antiguas hijo, cosas que pasaban antes de que nacieras. Es complicado, no lo entenderías.



Cenaron a las ocho y media. Se fueron pronto a dormir.  Mañana sería un buen día.







viernes, 17 de noviembre de 2017

El amor y el chocolate.





Siempre fui una romántica pero el amor nunca me correspondió, entonces me aficioné al chocolate.  La gente dice  que es el sustitutivo del sexo.  Imagino que la gente que dice eso nunca se dejó arrastrar por esa pasión desenfrenada, porque joder no tiene nada que ver una cosa con otra, y os habla alguien que durante años fue una apasionada del chocolate.  Bueno y lo sigo siendo para que engañaros.

- Si cariño, yo también te quiero.   Me gusta como me dice cariño. Sólo él me llama así.  Me gusta más el cariño que el te quiero, supongo porque aún me cuesta asimilar que alguien me quiera,  que valore mis cosas y le guste lo que soy y como soy.  Supongo que a todos nos pasa igual, pero a mi me costó media vida encontrarlo.

Los viernes por la tarde comienza nuestro fin de semana. Coincidimos en casa a eso de las seis. Él me suele mandar mensajitos subidos de tono y yo los leo con una media sonrisa, con disimulo. Le contesto, claro que si. No lo  dudéis.
Me suelo duchar tan pronto llego a casa. Él se las apaña para entrar con alguna escusa, así que me acostumbré a dejar la puerta abierta.

- Cariño, hoy tengo una sorpresa para ti.    Me mira tras la mampara de la ducha. Me mira como si le gustara mucho lo que ve. Con el placer de recrearse sin querer probar.  Salgo de la ducha y pasamos la tarde con la rutina amable de los viernes por la noche.  Hacemos la cena juntos.  Mientras que me como la ensalada pienso en la sorpresa, le pregunto y él me dice que será el postre. Recogemos los platos y los pongo en el fregadero.   Él se acopla  a mi espalda, me besa el cuello, me dice algo al oído y me coge en brazos.  Lo miro con esa carita mía y él que me conoce bien me dice después de darme un beso en la boca:

- La sorpresa  es el postre del postre.

Hacemos el amor innovando, siempre nos la apañamos para hacer algo nuevo,  somos como trapecistas de circo en la pista central.  “Con todos ustedes,  Amor y cariño os harán su nuevo número de alto voltaje".   Si nos sale bien lo gozamos y si no nos reímos. Nunca fracasamos en la cosa de los placeres.
Para los interesados el viernes reímos en lo innovador pero  rescatamos los números ensayados y remontamos. 

- No te muevas. Vuelvo con el postre.  Me dice mientras pega un salto atlético  directo fuera de la habitación.

- Vale amor.   Yo le llamo amor. Siempre me pareció cursi y pasteloso pero a él le gusta.

Vuelve con un coulant de chocolate en una mano y una cucharita de postre en la otra.  Supongo que podía habérmelo dado antes del amor pero a él le gusta lo diferente, a mí también. Nos sentamos en la cama como si fuera la isla de nuestra habitación del amor y saboreo el mas delicioso de los coulant de chocolate del mundo después de haber intimado con el hombre al que amo y deseo. Introduzco la cucharita en el bizcocho y lo parto dejando chorrear el  chocolate líquido bañando todo el biscocho.

- ¿Te gusta?

- Si amor, me gusta todo.   Introduzco una porción en la cuchara y se la hago probar.

- Está bueno si, pero cómetelo tú cariño, quiero ver como te lo comes


Y ahí me quedo, desnuda comiendo coulant. La gente dice  que el chocolate es el sustitutivo del sexo.  Imagino que la gente que dice eso nunca se dejó arrastrar por esa pasión desenfrenada, porque joder no tiene nada que ver una cosa con otra, y os lo dice alguien que durante años fue una apasionada del chocolate.  Bueno y lo sigo siendo para que engañaros. Porque en esta vida no hay nada como el amor y el chocolate.



martes, 14 de noviembre de 2017

TrisTezas




¿Has estado triste alguna vez?

Entonces me podrás entender.  Llevaba varios días con esa tristeza dentro de mi, esa que se instala como una pequeña escama de pez y termina doliendo de esa forma tan punzante como serena.

Fue esa tristeza la que me hizo ir a él. La que me arrastró a un dormitorio conocido. Un dormitorio que no era  ni el suyo ni el mío sino esa habitación de motel que siempre compartíamos cuando queríamos tregua  e imparcialidad.

Siempre era la misma.  Las mismas vistas desde la ventana, los mismos cuadros y el mismo aroma al entrar. Cuando cerré la puerta de la habitación en un impulso mecánico como si no hubiera ninguna otra opción, me quité la ropa y me senté en ropa interior en la cama.

Él encendió la radio y se quitó la ropa. Deambulaba de un sitio a otro de la habitación desnudo y con esa tranquilidad que le caracteriza.  Yo le observaba.  Le observaba con mi tristeza, con ese peso  dentro de mí.  Y fue cuando me preguntó por pura caballerosidad si necesitaba algo cuando yo hice esa mueca; apreté los labios con pena, el nudo que llevaba días en la garganta se aflojó de golpe y las lágrimas brotaron.


Él se sorprendió ante mi reacción.  Se colocó a los pies  de la cama y me preguntó qué me pasaba, qué necesitaba.  Un abrazo -dije-.   Extendió su brazo, me levanté y me abrazó. No preguntó el porqué de las lágrimas, ni el motivo de mi tristeza.  Él no fue nunca de preguntas y me acostumbró a no contar.  Todo se queda en mí, él solo se queda a mi lado, quitándome las lágrimas con sus dedos o con sus besos.  Habitualmente aquella cama era cómplice de nuestros instintos pero en otras ocasiones solo era nuestro remanso de paz donde yacer desnudos y soltar los miedos, la angustia y la tristeza de una vida tan hermosa como... complicada.





sábado, 11 de noviembre de 2017

Cruces de caminos



Lo espero en casa,  tras las rejas de hierro forjado de los amplios ventanales.  Lo miro llegar, espero que se acerque.  Se queda  justo al otro lado de la reja.  Nos decimos hola,  se nos escapa una de nuestras sonrisas compartidas. "Parecemos  aquellos novios antiguos" -le digo- , Él se ríe y me dice alguna de sus cosas de chamán que conquista, me hace reír y nos damos un beso en los labios entre las rejas.

Me invita a café. Sentados en las sillas de la terraza de la cafetería rememoramos esos viejos sueños que se quedaron por el camino, reímos de las cosas que nos pasaron y nos contamos los nuevos acontecimientos, tan nuevos que aún no habíamos compartido.  No todo son risas y guiños a la vida. Resucitamos viejos fantasmas que están al acecho como el mejor depredador.  Apoyo mi mano en su rodilla.  Somos de puro presente, siempre lo fuimos.  Mi chamán tiene miedo a crecer,  a convertirse en una especia de hombre mayor con canas en la barba y frágil corazón. Quiere seguir siendo un potro salvaje, quiere tener a quien contarle sus cosas y con quien comer espaguetis. Quiere compartir la vida y las barbacoas de los domingos. Recordamos los hijos que no tuvimos y el tiempo que nos perdimos en laberintos propios y ajenos.
Me conmueve.  La vida   es compleja pero siempre es más fácil de lo que nos imaginamos a priori.   La vida a veces nos escupe a la cara pero cuando tienes donde cobijarte y unos brazos que te arropan, la vida deja de doler, saboreas las mieles y el mañana ya  no duele ni inquieta.
  
Voy al baño, tengo ganas de hacer pis.  Él se escurre y entra conmigo.  Se lava las manos mientras yo hago pis.  
Me abraza, me arrincona entre la pared y su cuerpo.  Me besa, le beso. Recuerdo su sabor.  Nos miramos, me toca como si fuera la primera vez que lo hiciera, se desata, se quita la ropa, se lo quita todo,  "Pero... espera, vamos a casa".  Y yo que conozco sus arrebatos exhibicionistas lo dejo desatarse.  Sus manos recorren mi cuerpo mientras nuestras bocas se beben.  Me mira calladito.  Soy como un pescadito que se ahoga, con la boca abierta buscando oxígeno con el corazón a pleno rendimiento.  Cierro los ojos sintiendo que el último aliento llega.  "Mírame” -susurra-.  Todo se para, nos perdemos, morimos y volvemos a la vida.  Resucitamos juntos en mitad de la ciudad.  Volvemos a casa.  Resucitados. Recordando cuantos cruces de caminos nos harán perdernos y cuantos más enconrtarnos de nuevo. La felicidad viene y se va.  Es difícil de atrapar. Solo sabemos donde estamos hoy y que todo nuestro amor está en nuestra mente.  Sé que ya tenemos nuestras canas, sé que a veces parecemos marchitos pero  el amor aún correteará salvaje por nuestras venas algún tiempo...  Cuando te quedas, cuando te vas, con soledad, en multitud,  cuando duermes, al despertar, lejos, cerca, allí, aquí, cuando me amas, cuando me pintas, en el pecado, en la bondad, cuando me cuidas, cuando me ignoras, cuando me quieres, te quiero.   Mañana, ayer, nunca... siempre.





viernes, 10 de noviembre de 2017

Desayuno especial con extras




Anoche nos quedamos dormidos enfadados. Hacía tiempo que no ocurría pero anoche nos liamos en esa espiral de...  tus cosas, las mías, lo que dije, lo que dijiste, y en fin... a la cama con mueca enfadada.  Me costó conciliar el sueño, derramé alguna lágrima silenciosa pensando  en que quizás seamos incompatibles y que tanta discusión sea la advertencia de que nuestra lucha por conservar la pasión terminará rendida y agotada cualquier tarde de estas. Sin embargo, hemos despertado, al parecer yo mucho después que tú, porque cuando he llegado a la cocina justo después de hacer pis, vestirme y hacer la cama, tú ya tenía un buen número de gofres preparados para el  desayuno.

Me he sentado frente al plato de gofres, he comenzado a comer cuando me has dicho eso de  "No me esperes, empieza a comer antes de que se enfríen demasiado".  No has tardado mucho en sentarte. Me has preguntado si me gustaban y yo he dicho que sí.  Te he preguntado si descansaste esta noche y  me has dicho que no mucho.  Hemos vuelto al silencio unos instantes, parece increíble como ante los enfados resulte tan fácil arroparte en silencios. 


Has vuelto a los gofres  "Están buenísimos con este sirope que compraste, y lo mejor es que este desayuno solo tiene 8000 calorías".  Entonces me has hecho sonreír. "Tendremos que hacer algún ejercicio extra para contrarrestar".  Entonces te he hecho sonreír.  “Se me ocurre un  par de ideas". “A mi un par de ideas con algunos extras".  Entonces reímos los dos.  “¿Crees que me dará tiempo de darme una ducha antes? " Conozco tus intenciones.  “No vas a llegar al pasillo nena".  Comentas de una forma tranquila mientras saboreas tus gofres.  Yo te acompaño con la misma tranquilidad.   Sabemos que a partir de ese desayuno especial con extras... todo irá a mejor.





martes, 7 de noviembre de 2017

Pasos





   Hoy me visualizo curiosamente a escasos dos metros de ti.  A un puñado de pasos tan solo.  ¿Me ves?  Hazte a la idea que me pongo en pie.   Te miro y te sonrío, miro al suelo y doy el primer paso.  Ese es el más complicado. Después van los otros.  Llego a ti y paro un segundo.  Un segundo que enlaza el último paso con ese abrazo que tanto te mereces.  Por haber estado ahí desde el primer momento, por creer en mi antes que yo misma,  con mis luces y  mis sombras. Porque nadie como tú sabe lo que costó  dar cada uno de ese puñado de pasos.






lunes, 6 de noviembre de 2017

Eventos



Evitaba por todos los medios acudir a ciertas reuniones familiares y uno de los motivos era evitar aquel momento.

Todos sentados en la mesa cogidos de la mano, evocando a una de esas imágenes de familias religiosas y espirituales.

Cerremos los ojos y demos gracias por estar nuevamente todos reunidos alrededor de esta mesa.  -Dijo el que presidía con orgullo la vieja mesa que hizo el bisabuelo Jaime-

Todos cerraron los ojos, algunos con la cabeza inclinada al suelo y otros al cielo.
Ella abrió los ojos. Él también los abrió.  Habían pasado años. Se miraron durante unos segundos, suficientes para mantener  la sonrisa, suficientes para que ella vocalizara  de forma muda un "te... “ y él le guiñara un ojo. 

Abrieron los ojos y se soltaron de las manos todos a la vez  para coger de forma inmediata los cubiertos, algunos se levantaron para coger algunas cervezas. Él le pidió que le acercara un poco de pan, ella eligió un par de piezas de esas que no están muy tostadas pero con aspecto crujiente.  Él mojaba el pan en la salsa mientras, intentaba olvidar, al mismo tiempo que recordaba,  que un día habitó en ella.








sábado, 4 de noviembre de 2017

Cuatro días



Me llamo  Antonio, pero todos me llaman por otro nombre que nunca me gustó demasiado y por eso no os lo voy a decir.  Soy un tipo normal,  con un curro que me gusta,  un hijo de catorce años y una novia preciosa y amorosa.     Soy un tipo centrado,  me gustan las cosas claras y siempre voy  de frente ante la adversidad.   Hace cuatro días me pasó algo que no sé como catalogarlo.  No se lo he contado a nadie pero es algo que permanece en mi cabeza desde que ocurrió.

Iba a casa de mi amorosa novia, tenía ganas de tumbarme en la cama y hacer el amor con ella.  Iba escuchando las noticias, no demasiado rápido a pesar de que aquél día no había  mucho tráfico.  De pronto  escuché un grito;  PÁRATEEEEEEE

Paré en seco.  Aquél Grito retumbó dentro de mí sin darme otra opción que la que hice. Parar.
Frené justo en el ceda el paso de la rotonda del caballo volador, Pegaso.  Lo miré un segundo tocándome  la frente asimilando lo sucedido.  Un segundo más tarde, cuando mi corazón aún latía desbocado, un coche fuera de control saltaba por mitad de la rotonda invadiendo el césped, magullando al pobre Pegaso y recorriendo a una velocidad meteórica el terreno que posiblemente ocuparía yo y mi coche si no hubiera frenado en seco un par de segundos antes.

Han pasado cuatro días  y aún estoy en ese instante donde escuché aquél grito de mujer que sin lugar a  la duda  me salvó la vida o de pasar unas largas "vacaciones" en el hospital.

Nada ha sido igual desde entónces, estoy jodido, si.   Llegué a casa de mi amorcito con la cara pálida, por supuesto no tenía cuerpo para hacer el amor y en mi vida en general  no me centro en casi nada,  me he quedado allí, en aquél frenazo.  Ahora me  cuestiono si de alguna forma perdí la cabeza  y como cualquier loco que se precie intenta buscar respuesta a  sus desvaríos y trastornos.   Puede que ya no sea el hombre sensato y elocuente de hace  una semana, puede que hoy sea un demente más.





jueves, 2 de noviembre de 2017

Revelación



La doncella del siglo XXI  se peina sus largos cabellos en la  oscuridad de esa noche en la que la línea de los vivos y los muertos es tan fina como una de sus pestañas.  Los muertos susurran esas cosas que solo ellos saben.  


La doncella se peina con el  viejo cepillo de colores gastados de tanta espera.  Mira fijamente su reflejo  en la oscuridad absoluta de la madrugada.  Aquella madrugada fue distinta.  Lo vio con claridad. Su empeño año tras año cobraba sentido y daba sus frutos en forma de reflejo,  el rostro de su hombre apareció tras ella.  El peine calló al suelo, ella seguía observándolo.


No era un rostro desconocido. Sabía quien era.  Igualmente sabía que la grieta entre sus mundos era demasiado grande… pero sabía quien era.





martes, 31 de octubre de 2017

Inquilino



Llegó Septiembre, el mes de las mudanzas y los comienzos.  Un grupo de amigos; unos trabajando y otros estudiando alquilaron un piso.  La casera desde el principio les pareció bastante peculiar en sus actos.  El piso tenía seis  habitaciones pero les advirtió con escusas banales  que solo utilizaran cinco. Alegó que esa habitación estaba sin pintar y con algunos desperfectos.

Cuando preguntaron a la casera si aceptaba mascotas, una perra no demasiado grande, buena y educada, la casera la miró y sacó de su bolso un péndulo.  Lo puso en movimiento y a los minutos aceptó a la mascota.  Todos rieron durante días recordando ese momento.

Pasado un tiempo todos pensaron que era absurdo no utilizar aquella habitación, y haciendo caso omiso de las advertencias de la casera, decidieron abrirla y darle uso. La convirtieron en cuarto de estudios.

Llegó Octubre.  Uno de los compañeros estaba en el salón estudiando, y nota que en el suelo hay una oscilación de luz, miró hacia arriba y la lámpara giraba lentamente. -Vibraciones de los vecinos de arriba, una corriente de aire-.  Pensó

Días después uno de los mayores del grupo con su novia estaba viendo televisión, se sobresaltaron al escuchar un barullo dentro de casa, como si gentes entraran en el pasillo al tropel. La perra ladraba mirando a un espacio vacío.

Todos comenzaron a preocuparse,  a contagiarse  el miedo y la inquietud. Decidieron marcharse del  piso.  Llamaron al teléfono que les dejó la mujer.   Al descolgar el teléfono la voz de un hombre escuchaba atentamente los  detalles del joven.

El hombre se sentó para poder coger aire.  Aquella mujer era sin duda su difunta madre y aquel cuarto el dormitorio donde falleció el invierno pasado.





domingo, 29 de octubre de 2017

La habitación

Nunca consigo conciliar el sueño en las habitaciones de hotel.

Aquella noche el sonido de la gota de agua cayendo en la ducha intermitentemente martilleaba mi cerebro.

Me levanté de la cama y empecé a dar vueltas por la habitación, me fijé en un cuadro de la pared, estaba  torcido, era un paisaje campestre, una pintura sin importancia en un marco barato, intenté equilibrarlo, me costaba llegar, mi equilibrio tampoco era bueno, se inclinaba cada vez que lo intentaba, así que desistí.  Pero al darme la vuelta el cuadro calló al suelo, el cristal  que lo protegía se rompió en mil pedazos, "Demonios". Sobresaltada por el susto, algo llamó mi atención. Un pequeño agujero había quedado al descubierto en el lugar que ocupaba el cuadro.  Acerqué mi ojo, Miré a través de él, pude ver la habitación de al lado.  Una anciana sentada en un sillón se concentraba en su labor de punto. Estuve un rato observando, pensé que solo una anciana hacía punto en agosto.  Ya me iba a retirar cuando la vieja se levantó de la silla.  Clavando la mirada en mí, dijo.  "VETE". Calló en ese momento desmayada al suelo.

Fui hacia el teléfono y llamé a recepción, comuniqué lo ocurrido, el estropicio del cuadro y lo mas importante el desmayoo de la pobre mujer, necesitaba ayuda de inmediato.   Después de unos minutos verificando me comunicaron que en esa habitación  no había nadie alojado.  Entonces me di cuenta. Colgué desconcertada el teléfono, salí  al pasillo, mi habitación era la última del pasillo.   Aquella habitación no existía.




viernes, 27 de octubre de 2017

Nuestros nombres





La vida hace coincidir a las personas en unos momentos dados, en un tramo del camino donde las circuntancias crean, en cierto modo, un vínculo entre las personas que coinciden en tiempo y espacio.

Ellos coincidieron durante un periodo importante de tiempo.   Compartían el desayuno antes de montarse en sus respectivos autobuses  que los llevaban a sus trabajos.   En ese periodo de tiempo  pasaron de ser completos desconocidos, a  esa cara conocida, a esa persona con el que hablas algo mientras miráis la televisión del bar,  y finalmente con quien compartes  el crucigrama del periódico cada mañana mientras se comparte alguna confidencia ocasional.

Un día ella le comentó que tendría que volver a  una nueva sede en otra ciudad,  posiblemente no la vería mas por allí.  Él lo lamentó.  Durante algún tiempo seguía haciendo los crucigramas pero sin ella no era lo mismo.  Aquel bar ya no era  el mismo después de aquellos encuentros cada mañana durante más años de los que él era consiente.   Pero todo pasa, y el tiempo pasó.  Años, quizás demasiados, quizás los que debían pasar.

Ella volvía a la ciudad de  vez en cuando y a veces paraba a desayunar en ese bar donde hacía crucigramas con un hombre del que nunca supo su nombre.  Al menos el nombre por el que todos lo conocían.
Aquella mañana nevaba. Nunca nieva en  esa ciudad pero nevó.  Y ella se refugió en ese bar porque al pasar le pareció bonito.  Vio la chimenea desde la calle y le gustó, desde pequeña le fascinaban las chimeneas y el crepitar de la madera quemándose.  

Tan solo había pasado un rato. Estaba sentada en la barra, con su café y  con los guantes puestos ya que aún tenía frio.  El mundo se paralizó entonces. Justo en ese instante su mirada se quedó clavada en el café humeante.  Su corazón le dio una buena sacudida.  Escuchó su nombre, no el que todos conocían.   No hacía falta girarse  para descubrirlo. Solo había un hombre en el mundo que la llamaba así.  






miércoles, 25 de octubre de 2017

Pista central





Aquella mañana se despertó tarde. Estaba cansado.  Se sentó en su caravana y dio  un poco de pan a Trudi, su compañera de actuación.

La pista central no parecía tan luminosa esa tarde, posiblemente la tormenta que descargaba en la ciudad tenía bastante culpa.

Trudi estaba rebelde, no realizaba ninguno de sus números ensayados.  Él lo resolvía con astucia, siendo payaso todos los fracasos parecían divertidos.  Hasta su sonrisa pintada  parecía divertida.

Tropezó varias veces mientras Trudi le picoteaba.  Unos reían.  Otros aplaudían.   El payaso dio algunas volteretas, sonreía... agotado de tanta sonrisa compañera de ese nudo en la garganta que no terminó nunca de liberarlo de esas penas antiguas que se quedan tan dentro que nunca encuentran el momento para echar el vuelo.

Tropezó alguna vez más, tendido en el suelo de la pista central  Trudi  quería tragarse uno de los botones del pantalón. Trudi picoteaba la nariz roja.  Todos reían viendo las gracias del número.  
El payaso, quedó tirado en el suelo. Inmóvil. Sus penas antiguas dejaron de serlo.  Su sonrisa se desdibujó en rictus de hombre corriente.  Y ese nudo en la garganta voló por fin como mariposa que se escapa  de un tarro donde estuvo encerrada demasiado tiempo.
Todos aplaudían.  El payaso se quedó tendido en la pista central. Inmóvil, sin sonrisa, por fin... libre.





domingo, 22 de octubre de 2017

Parasiemprejamás




Era  domingo por la tarde.  Sobre las 5 y media ella salió al patio interior y se sentó en las escaleras.  Él se fijó en ella,  la observó desde el interior de la casa, mientras veía televisión.  Estaba  con la mirada fija en un punto, ensimismada y entusiasmada. Se recogió el pelo en una coleta.  Le gustaba cuando hacía eso. 

Él decidió ir a su lado, pasó un momento por la cocina.

* ¿Qué haces?  Ella sonrió al verle allí ofreciéndole un vasito con su helado favorito.

* Miro las hormigas.   Él se sentó junto a ella con su propio vasito de helado.

* Mira esa, es la avanzadilla, luego vendrán las otras.

* ¿Porqué te gusta tanto mirar las hormigas?

* No sé...  ¿Porqué te gusta tanto a ti el helado?

* No sé...  

Bueno, también me gusta otras cosas.

* Ya...


Los dos sonrieron.  Estuvieron largo rato mirando las hormigas, comiendo helados, también se robaron algún beso y se confesaron algún viejo secreto.  No  eran niños pero a veces... lo parecían. La verdad era que les fascinaba hacer cosas juntos, incluso las más tontas e inverosimiles, como pasar la tarde de domingo mirando las hormigas de jardín, porque lo que más les gustaba era estar juntos y olvidar las prisas de la semana y ser como niños vigilando hormigueros.







viernes, 20 de octubre de 2017

ImPronTa




Jaime había unido para siempre a aquellas dos mujeres, Claudia y Sofía.

Hace 23 años Jaime, el hijo de Sofía, nació con una semana de adelanto.  Aquél mismo día Claudia perdió a su hijo en el parto.  Las dos compartieron habitación.
Aquella noche Sofía estaba agotada y Claudia preguntó a su compañera de habitación si podía darle el pecho al niño. Sofía dolorida aceptó.

23 años después de aquella noche, Jaime llegó a casa con la cara desencajada y compungido.  Saludó a su madre, se dio una ducha rápida y volvió a salir para visitar a su vecina. 

Sofía lo observaba sentada en una de las sillas del jardín.  El vínculo entre su hijo y Claudia siempre fue especial.  Le resultaba peculiar que  en todos esos momentos complicados fuera a Claudia a quien acudía.  Escuchaba sus voces, murmurando, alguna risa tímida.  

Sofía recordaba en estos momentos que quizás aquella noche, cuando Claudia amamantó  a su niño le transmitió una  impronta, dejando en su Jaime un rasgo común y confuso. Algo que solo ellos podían entender.  En cierto modo, ella era su madre para lo bueno y para lo malo pero Claudia también estaba, había estado siempre.

Jaime tenía un apego metafísico con ella, conseguía hacerle sentir protegido, feliz, tranquilo y seguro.  Salió de casa de Claudia con la sonrisa puesta, volvió a casa,  fue a por su cartera y el móvil.  Se sentó un rato con Sofía tomando la merienda antes de salir con sus dos mejores amigos.  Le dio un beso y le dijo " Te quiero mamá"  " Y yo a ti tesoro".   


Sofía se quedó pensando que sería lo que le inquietaba a su niño.  Pero sabía que fuera lo que fuera Claudia se lo contaría aquella noche después de unas risas y algunos tequillas.



miércoles, 18 de octubre de 2017

La suerte



La tarde era templada, él había ido a recogerla a casa y decidieron dar una vuelta por el parque para terminar sentados en la terraza del bar.   Ella había elegido sol, siempre tenía frío en esta época del año.  Él había ido por los cafés.  Traía  algo parecido a las galletas de la suerte chinas que colocó en mitad de la mesa.  Ella suspiró - era de mucho suspirar-, puso su mano apoyada en la mejilla, con esa sonrisa apretada para que no se le escaparan sus pequeños miedos de mujer dulce.  Hacia algunas semanas que no se veían, ella tenía la sensación de que habían pasado meses.  De pronto aquel vínculo inquebrantable se había alejado  sin más.  La vida suele ser así, como olas que traen, como mareas que quitan.  Ella miró los tres sobres de azúcar, junto a las tres galletas de papel.   Él le  confesó un par de ideas, ella lo escuchaba mientras  repartía el azúcar, "El mío, el tuyo y el nuestro".

* Solo quiero que me dejes compartir ratitos, yo ya no sé vivir sin tus cosas.   Lo contó como el que declara un gran secreto y ella recordó cuando lo quería, así, sin más, sin explicación, que es como se quiere cuando se quiere de veras, cuando él tenía  todas las respuestas, cuando no había más ojos, ni más mundo porque él era el mundo.

Entre el alma y el cuerpo hay un sin fin de ventanas, por las que pasan las emociones, ventanas que un día tenían vistas a un patio compartido  en el que  compartían todo y mas. Ahora la conversación fluía con la cordialidad de los que añoran las tardes de verano a orillas de un lago.

*Bueno, elige uno.

Ella miró las galletas de papel como dudando, pero desde el principio tuvo fijación por la de los lunares blancos.

"Somos de quien nos  cuida" Leyó en alto, sus ojos se quedaron mirando las letras mientras que viajó lejos.

Él  eligió la de rayas blancas.

"quien te elija también lo hará cuando seas un desastre"  Sonrió recordando  cuanto caos había resuelto la que se sentaba aquella tarde frente a él.

*Según me ha informado el camarero,  este es para los dos.  Léelo tú.   Él esperó que ella reaccionara, ella se sintió un tanto incómoda por aquello de compartir futuro.

"En el amor pierden los que no se atreven" Ella recordó entonces todos esos momentos, todo el camino andando de la mano pensando en el parasiemprejamás.  Y durante un breve segundo una suave brisa recorrió aquel patio compartido.

El camarero se acercó, y esperó un instante a que le dieran el importe de la merienda.  “¿Todo bien?”  Preguntó con amabilidad.   Ella sonrió y él contestó con un "Perfecto".  El camarero recogió las tazas y preguntó que si querían de recuerdo las galletas de papel.

* Si, si.   Respondió ella con alegría.  Ella era de guardar esos pequeños detalles sin valor para casi todos pero que para ella tenían un valor especial con extra de vida.


El camarero se dirigió a la mesa  que estaba a la espalda de ella. Miró al hombre e hizo un gesto cómplice.  El hombre se levantó  con mirada de póker para continuar el paseo con esa mujer que  se le escapaba.  Estaba dispuesto ha recorrer ciertos atajos. Esos que solo los tramposos saben hacer con tal sutileza. Y recordó esa frase, la suerte no se encuentra, se busca.






domingo, 15 de octubre de 2017

Metal







* ¿Estas segura? Será irreversible del todo.


* Aja... asintió con la cabeza y apretó sus manos en la silla  de acero inoxidable.

* Tranquila, no duele, será como cuando te quedas dormida después de un largo  y complicado día... ¿preparada entonces?

* ¡Espera! Espera, dame un instante.   Cerró los ojos, Apretó los labios emocionada.

La que esperaba, mujer vestida de blanco quirófano, aséptica e impasible, pudo ver como las últimas lágrimas resbalaban por la mejilla  rosada.

* No  sufras, relájate, piensa en alguna canción que te haga sonreír. ¿Preparada?

* Si...

...

Se despertó aturdida, con esa sensación de que olvidaba algo.  Tenía como una especie de desconcierto y vacío interior, pero "desde hacía mucho tiempo no se sentía tan bien" -pensó-.  Su cabecita era perfecta, si... perfecta. Los test de psicoanálisis marcaban una buena puntuación.
Había olvidado la sal en sus mejillas, ahora era una mujer incrédula, con alma inhóspita, lengua de caramelo y corazón de bromuro, centrada, ausente de distracciones y sufrimientos emocionales.  
Solo tenía aquella absurda canción metida en la cabeza.  Siempre hay una grieta.


jueves, 12 de octubre de 2017

Como flor de desieto








Dame un momento. Un respiro.

Si. Amor mío, sigues en mi, tu amor sigue ahí guardadito.  Perdóname si ya  casi no te siento, si ya tan solo eres un amor lejano como lejano son aquellos años de adolescencia, rebeldía y aprendizaje.
¿Recuerdas aquello que me decías? ¿Aquello que yo te decía que nunca sucedería?

Recordé que acostarse con alguien es muy simple. Os conocéis, charláis, disfrutáis del juego de miradas, de los discursos del otro, una palabra más, una palabra menos. Te desnudas de manera trivial, os tocáis de manera mecánica, terminas, te vistes, te vas…Realmente puedes hacerlo con cualquiera.
Amar a alguien es diferente. Puedes quitarte o no la ropa, puedes decirle que necesitas un abrazo, que estás preocupad@ por algo, qué miedos tienes adentro. Contarle ese sueño que se repite con frecuencia, pedirle opinión sobre tu proyecto y confiarle tus secretos. Puedes hacerle espacio entre tus manías y tus defectos, hacerle entrar en tu mundo y entrar tú en el suyo.

Puedes cogerle de la mano y llorar cuando no sabes muy bien lo que hacer con tanto sentimiento, cuando sabes que se quiere de verdad y  te emociona todo porque todo es amor.

Puedes hacer el amor o simplemente acurrucarte en su cuerpo. Puedes despertarte por la mañana y darte cuenta de que te dormiste pensando... Y sentir paz, apoyo, calor…

Amar es diferente.

Seguro que es algo para unos pocos.

Sin duda, no es para todos.

Perdóname por olvidarte. Si amor, aquello que te decía que no sucedería me invadió, nuevos amores han florecido como las flores en el desierto.



martes, 10 de octubre de 2017

Tiempo





* Ya te tengo calado. 

Él la miró al escucharla y ambos sonrieron. Él había estado un buen rato dando unos buenos argumentos. Sus dedos meñiques se buscaron en uno de esos actos de furtividad.   Aquella tarde era la primera. No era su primera cita, si es lo que estabais pensando.  Habían estado sentándose en ese banco durante meses.  Apenas tenían detalles por descubrir uno del otro, pero claro, siempre hay algún detalle por descubrir.  Recuerdo esa frase... Nunca se termina de conocer a alguien.  La mente humana es compleja.  Aquella tarde era la primera, ambos habían descubierto esas facetas que no puedes conocer en un banco del parque.

Por primera vez desde que se conocieron el silencio los envolvió a la vez que sus meñiques se rozaron.  Ella volvió un instante,  en forma de recuerdos, un puñado de horas antes.  Apenas recordaba el camino y  de lo que hablaron en el trayecto, estaba demasiado nerviosa como para retenerlo.  Su primer recuerdo es en la habitación, sus besos mientras la desnudaba sin prisas.  La habitación estaba en penumbra, el sol se despedía entre los tejados urbanos.  Ella miraba los dibujos que el sol, las luces y sombras dejaban en el techo. Tenía su olor impregnado en ella. Suspiró.  Él le preguntó si estaba bien, si estaba cómoda.   Ella asintió, se giró hacia él  y le confesó  que  no se sentía tan bien desde hacía mucho tiempo, que estaba abrumada y sorprendida por tanta expresión libre de  cuerpo y alma.

Él no pudo evitar reír.
* ¿Acaso pensabas  que podía ser una especie de sicópata amante de los crucigramas y del té con limón?

Esa pregunta la hizo reír además de mantenerlos en conversación prácticamente hasta la madrugada, recorrieron ese laberinto de conocimientos y sensaciones abriendo nuevos senderos sorprendentes y  maravillosos.


Si, aquella tarde era la primera después de haberse despojados de sus ropas.  Cuando hicieron el amor juntos, descubrieron la locura. A Ambos corazones les costaba soportar tanta emoción.  Les costaban respirar, temblaban. El perfume de su  piel transmitida uno al otro era como una droga, aquel perfume se había incrustado en sus  cuerpos.  Cuando sus meñiques se rozaron un puñadoo de horas después de haber saboreado el aquella mieles ambos sintieron que aquella sensación era compartida. Necesitaban  ese perfume para estar bien. Quizás se habían convertido en unos adictos; él  necesitaba el perfume de su cintura, y ella  habitaría como ser nocturno, sedienta, en aquella cama  de mieles y cerezas. Ahora debían habitar sus días con esa locura.





domingo, 8 de octubre de 2017

Fortalezas del corazón.



Aura vive sola. Es una mujer adulta con una vida ajetreada, solo pasa días completos en casa algunos fines de semana.

Tiene una cadenita de seguridad en la puerta. Se la puso él una de las primeras veces que fue a visitarla. El bricolaje siempre se le dio bien, aquellos días hubo varios robos a casas vecinas y Aura le confesó su inquietud.  Entonces, él salió a comprar y volvió con todo  lo preciso para poner esa cadenita de seguridad.

"Este momento me hace sentirme ya, como vieja asustada"  Expresó ella mientras miraba como trabajaba en la puerta su mejor amigo.
"Estás loca, tú no eres vieja"   Dijo con la risa en los labios.

Hizo un trabajo espléndido, atornilló y ancló perfectamente todo el kit de seguridad.

Ahora ella piensa que vive segura, no porque la cadena sea segura sino porque él se la puso, él le hace sentir segura  a pesar de que buena parte del tiempo vivan algunos kilómetros de distancia, porque desde que él es su mejor amigo su vida es más segura, todo gravita distinto, todo tiene otra medida, otro ritmo... Y entonces llegó el otoño,  rojo como el latido del mayor de los huracanes,  amarillo como el sol que comienza a calentar el cielo en ese amanecer temprano,  naranja como los atardeceres de domingo y púrpura como el vino que derrama antes de beberte.  Llegó ese otoño de colores que ella pinta cada vez que lo siente aquí.  Al otro lado  de la puerta.