Páginas

♥
Entra y siéntete en casa...

miércoles, 21 de junio de 2017

Nuestra burbuja






¿Cuántas veces habéis pensado en el universo?  Yo muchas.  Desde bien pequeña he tenido la inquietud de qué hacemos aquí en este planeta tan solitario en un océano infinito con millones de planeta y estrellas, nunca entendí que algunos osen en pensar que somos los únicos seres racionales de ese infinito cósmico.

Yo nunca he pensado que el universo fuera infinito. Igualmente creo que nadie podrá saberlo nunca a ciencia cierta, pero el término infinito es demasiado incompleto, el océano Atlántico también debió ser infinito antes de que los Vikingos descubrieran lo que siglos después sería América.  Infinito debe ser la respuesta a lo que no se sabe explicar ni expresar con palabras, como el amor de una madre a su hijo.  Pero que, por muy grande que sea tiene que tener su principio y su final.

En los últimos tiempos, científicos  de estos que no descansan en la búsqueda de tantas preguntas han desglosado una nueva teoría; como toda teoría resulta fantástica y alocada, arriesgada  como cuando Copérnico y Galileo  dijeron que la tierra era redonda y nadie entendió porqué no nos caíamos al vacío.   Esta nueva idea se basa en “La teoría de las burbujas del universo”.

La idea de que estamos solos en este universo,  en este universo infinito tan dificil de entender e imaginar desde que estuvimos en el colegio, tiene diferentes interpretaciones, ya que poco sabemos de lo que está fuera de la Tierra. Y ¿si acaso este universo no fuera el único?

La nueva investigación da crédito a la idea de un multiverso. Esta teoría postula que cuando el universo creció de manera exponencial después del Big Bang, algunas partes del espacio-tiempo se expandieron más rápidamente que otras. Esto podría haber creado 'burbujas' de espacio-tiempo que luego se convirtieron en otros universos.  El universo conocido tiene sus propias leyes de la física, mientras que otros universos pueden tener leyes físicas diferentes, de acuerdo con el concepto de multiverso. 
Nuestro universo infinito sería una burbuja en un “mar espumoso” de universos burbuja. 

Universos burbuja.  La idea me parece grandiosa. Porque entonces nuestro universo infinito tan solo sería una burbuja más entre millones de burbujas.  Tendríamos principio, tendríamos final, pero  de poco serviría porque no podremos salir mucho más lejos de nuestro sistema solar.  Tan solo podremos llegar ahí a la esquina, y seguro que llegar al planeta rojo nos costará sangre, sudor y lágrimas. Porque toda colonización lleva su coste.

Siempre me ha dado vértigo pensar en todo este cosmos intergaláctico, donde de pronto me planteo que soy como una hormiga en su hormiguero. De pronto me doy cuenta que soy una mujer en su planeta.  De pronto me doy cuenta que todos vivimos en nuestra propia burbuja, nuestra casita con nuestras cosas para hacernos la vida cómoda y agradable, con sus pequeñas manías, sus dudas, sus miedos… Imagino que todos somos lo mismo y todos buscamos a esas personas que nos hacen sentir bien en nuestras propias burbujas.

Quizás solo sea una teoría para hacer nuestro frío infinito confortable, porque todo lo confortable es burbuja, antes de nacer, estamos en una burbuja  dentro del universo de nuestra madre, creadora de vida siempre. Cuando nos enfadamos con el mundo nos encerramos en nuestra propia burbuja protectora, incluso cuando encontramos el amor creamos esa burbuja encantadora en la que ese amor nos hace sentirnos volátiles e indestructibles al mismo tiempo.

Imagino que eso es lo mágico de esta teoría ya que no hay cosa que siendo tan frágil nos haga sentir mas seguros e indestructibles.



Así que llego a mi propia conclusión,  ¿Creéis  que hay una cosa más bonita  e inteligente en este mundo que encontrar a personas  con las que crear tu propia burbuja?




domingo, 18 de junio de 2017

Vecinos III


Cuando  abrí los ojos descubrí que estaba en una cama grande desconocida. Vi un móvil abandonado al otro lado de la  cama, lo cogí y miré  la hora; las 7:48 AM.

Me vi desnuda, el perfume  de las sábanas era agradable. Aún no tenía fuerzas suficientes para abrir demasiado los ojos, solo podía pestañear cada tanto. Entonces fue cuando vi entrar con total naturalidad a mi vecino, desnudo.  Cerré los ojos.  Me cobijé en las sábanas.   Me moví y él se dio cuenta. Se sentó al otro lado  de la cama, se recostó hacia mí y me dio un beso en la mejilla proponiéndome de una forma cariñosa  que podía quedarme en su cama todo el tiempo que quisiera.  Me ruboricé.  Acarició mi hombro y mi cintura, silueta de guitarra flamenca, pasó la mano por mi culo y sentí cierta presión en sus dedos. Me pellizcó con suavidad y desapareció del cuarto.

Yo intenté recordar.   Recordé su invitación a esa copa. Recordé haber entrado y haberme quitado los zapatos, sentarme en el sofá y estar bebiendo algunas horas.  Me agité entonces en la cama, me puse panza arriba con mis pezones mirando al techo.  Alain dejó de beber porque declaró estar demasiado borracho pero yo me animé con esa última copa.  Hablamos de nuestros amantes. Aquella conversación me gustaba, me divertía, porque Alaín resultaba ser uno de esos hombre que te hacen reír. Estar allí con él, que en el fondo no dejaba de ser un desconocido atractivo me gustaba y a ráfagas me excitaba.   El reloj marcaba horas de madrugada cuando me tumbé en el sofá y él  se sentó a mis pies.  Entonces no hablamos mucho.  Nos quedamos en silencio largo rato.  Me di cuenta de que su piso era  bonito, con flores en las mesas, fotos de amigos en las paredes y perfumes eléctricos con olor a jazmín.  Me dijo que no tenía novia, no le creí.  Tuvo el valor de preguntarme por qué lloraba aquella tarde, no me creyó, - hizo bien porque le mentí-.  Y en ese largo silencio, raro y excitante a partes iguales, tuve esa agradable sensación excitante de tener frente a mi algo que era tan nuevo como desconocido.  Él trajo patatas chip y se sentó en el suelo contándome una historieta de un amigo y su amante. No dudé ni por un momentos que ese "amigo" era él mismo. Me senté en el suelo frente a él sin pudor, me subí el vestido para estar más cómoda, creo que se me debían ver las bragas porque me miraba ahí abajo intermitentemente, en esos momentos me reía tanto que no me importaba, la carcajada que solté hizo que olvidara ese pensamiento rápidamente.  Me di cuenta que entre sus piernas todo parecía mas grande.  Descansé un momento de la carcajada. Y entonces me besó, o yo le besé, realmente no tengo claro ese momento.  Recuerdo el sabor de su boca, y sus manos subiéndome el vestido y las mías  bajando la cremallera del pantalón. Nos desnudamos despacito, con el deseo del sediento y la paciencia del que quiere disfrutar ese momento.   Volví a agitarme en la cama recordando, notaba que me excitaba al ir abriendome paso a los recuerdos,  separé mis piernas y subí mis brazos en la almohada totalmente relajada.   Recordé entonces que me cogió en brazos y me llevó hasta su  dormitorio. Me dejó  suavemente  en mitad de la cama, no dijo nada. El caso es que tenía pocos o ningún recuerdo de aquella cama.  Y aquello me desconcertaba. De qué había servido entregarse a un chico atractivo, un desconocido que me gustaba y descubría en esos momentos que me encendía si no podía recordar nada  de su noche compartida.



~~~~~~~~~~~~

miércoles, 14 de junio de 2017

Vehemencia





Me rindo; me rindo ante la mesura de ese hombre desconocido a grandes rasgos y tan cercano y conocido cuando encontramos esos ratitos para nosotros.  Me rindo cuando está cerca, cuando se acerca demasiado y siento en él  el deseo y la pasión de lo nuevo e inexplorado; y en estas deliciosas tardes de verano donde me dejo llevar por las mieles de esta efímera locura que me desata y me enreda, siento  con agradecida vehemencia que de todos mis amantes, esos que se fueron antes, ninguno es comparable a ti.  Ven mi vida, ven...


Mi corazón late fuerte a veces cuando compartimos momentos con personas ajenas a mi deseo y a este fuego mío que se descontrola sin permiso dentro de mí; cuando comenta ciertos detalles que solo descifro yo, mi corazón late tan fuerte que creo que podría escucharlo a pesar de la distancia que nos separa.  Y me mira como si no conociera mis secretos, y me comenta como si no supiera mis respuestas a sus preguntas. Me gusta llenarme de a poquitos de todos esos tesoros en forma de sabiduría e historias aderezadas de ese escribidor y vagabundo que me enseña el camino de rincones preciosos que nunca habría encontrado ni leído, ni visto ni escuchado.  Me gusta saber  que en mi futuro, inmediato o no, seré un poco mas lista, un poco más culta, y guardaré en mis bolsillos  todas esas cosas que aprendí de él.  Y mientras compartimos los espacios comunes de la vida no es raro que se me escurra una de esas miradas fugaces, de esas que dicen: ven mi vida, ven...


Me gustan las tardes de verano  donde me descuido y me tumbo sin demasiados modales en el sillón del jardín, me gusta sentir el fresco de las sombras de la parra enredada y el sabor de la limonada casera. Verte llegar y dejarte un espacio entre mis piernas y dejar unos momentos a la conversación de los últimos detalles y pensamientos del día; dejarme que acaricies con tus manos maestras la parte interior de mis muslos.  Me gusta tanto que mi corazón late fuerte y me rindo ante ese delicioso momento. Ven mi vida, ven...





domingo, 11 de junio de 2017

Vecinos II



 Las chicas estaban ocupada con sus cosas, con sus niños, sus maridos, las suegras y si, algún amigo divertido entre marido y paella de domingo.

Me había levantado tarde, las copitas de anoche me habían sentado más bien regular y me llevé casi toda la noche en vela.   El día estaba siendo igual de aletargado. No me apetecía estar en casa pero tampoco tenía mucho plan donde agarrarme.  La verdad es que desde hacía algún tiempo andaba triste,  sentía una especie de punzada permanente que en algunos momentos se sentía más que en otros.  

Me gusta andar descalza, tan pronto llego a casa me quito los zapatos y el sujetador. Entonces me siento libre. 
Deambulaba por la casa sin mucho que hacer aquel día cuando me di un buen golpe  en los dedos con la mesita baja del salón.   Me dejé caer y sentada en el suelo con ese dolor que no era tanto tuve la excusa perfecta para llorar.  Y allí estaba sonándome los mocos cuando debería estar ahí fuera con el vestido más bonito y más cortito que tuviera en el armario sentada en la plaza central bebiendo capuchino con galletas.   Sin embargo la apatía estaba ganando la batalla y por una de esas estúpidas lógicas mías creía que si no iba con las amigas no lo pasaría bien.
Tardé un buen rato en levantarme. Tardé un buen rato en dejar de llorar.  Cuando me levanté la tristeza y la apatía parecía que se habían disipado  con las lágrimas y  sollozos.  Odiaba esa tristeza tonta que se apoderaba de mí de vez en cuando.  El teléfono sonó en ese instante. Me rescató de la apatía.  Era Marta, una amiga.  Estuvimos hablando y haciendo planes, incluso terminé riendo cuando me contó alguna de sus historietas y entre tanto la lavadora avisó que el programa había terminado.  Abrí la ventana del patio interior, la luz del mundo exterior me deslumbró...

Había una pinza, pinza sin calzoncillos ni calcetines ni camisetas. Eran unas pinzas que estaba allí junto a mi ventana esperándome con una flor.  La cogí con cuidado. La puse en un vaso con un poco de agua y la estuve mirando tanto rato que olvidé que la ropa me esperaba para ser tendida.  Miré por la ventana, esa flor venía de allí enfrente, como siempre el televisor estaba encendido pero a él no se le veía frente a él.  Pude ver una botella y un bol de cristal con mucho hielo.  "Estaría con una de sus novias" es lo que pensé primero. "Estaría haciendo el amor en su cama, una cama grande porque él  es grande" es lo que pensé después.

Y de pronto me dio uno de esos arrebatos míos.  Tendí la ropa rápidamente, fui a la ducha, me puse las bragas mas bonitas que tenía y elegí el vestido mas corto, el de la espalda descubierta y hace que no deba ponerme sujetador. Los zapatos con no demasiado tacón para andar cómoda. Salí  para ir a cenar al restaurante de Luis, allí nunca tienes la sensación de estar sola. Suelo ir estas noches que no sale plan con las amigas.  
Aquel día no utilicé el ascensor, bajé por las escaleras y di un pequeño rodeo entre pasillos para pasar por la puerta de mi vecino, saldría por la puerta norte, pero quizás me viera lo bonita que estaba aquel día.  Cuando pasé por su puerta me di cuenta de algo que me hizo quedarme parada un momento sin saber muy bien que hacer...  ¿Qué es lo correcto? Pensé. 

Lo tuve claro y llamé al timbre. " Ding dong"

Tardó unos momentos en abrir. Noté que miraba por la mirilla y se dio  algunos segundos más en abrir.
Cuando abrió la puerta vi que  estaba despeinado - aún así me gustaba-  y que la camiseta se la había puesto a la carrera, se notaba, y él también estaba descalzo -me gusta la gente que anda descalza en casa-. Me saludó con expresión de sorpresa, noté que me miraba de arriba abajo con poco disimulo. Entonces reconoció las  llaves de su casa entre mis dedos, creo que tardé demasiado tiempo en reaccionar con tanto pensamiento pero mi voz terminó por salir“Perdona, he pasado y he visto que te has dejado las llaves puesta".  Él hizo una broma para salir del paso airoso, le di las llaves y entonces  se quedó allí plantado en  la puerta con una sonrisa que no sabía muy bien como descifrar  pero que me hizo sonreír a mi también.  Le noté achispado y de pronto cuando pensaba que era el momento para despedirme  me preguntó si quería entrar y tomar una copa con él. Estaba claro que  llevaba algunas copas  de ventaja.  Dudé,  le dije que había quedado, una mentira para no dar imagen de chica solitaria. Se apoyó en la puerta y me dijo que llamara para avisar, que dijera que me salió un planazo.
Miré el reloj.  Me miró a los ojos y  pensé... “Que más da lo que piense. No tengo nada mejor que hacer que  dejarme llevar por este inesperado y achispado planazo"


~~~~~~~~~~



miércoles, 7 de junio de 2017

Ratos robados




Cuando llegó estaba estudiando, tenía exámenes algunos días después.   "¿Te pillo en mal momento? ¿Puedo fumarme un cigarro contigo
?"  "claro, me viene bien un descansito". Dijo ella mientras bajaba las piernas de la silla donde se sentó él, que sin pedir permiso después de sentarse acarició las piernas de la mujer para ponerlas sobre sus propias piernas y acariciar los tobillos y los dedos de su sonriente amiga mientras se fumaba el cigarro.

*¿Llevas bien los estudios, quiere que lo repasemos juntos?

*No...  -cerró la libreta de apuntes-  ¿como fue la mañana, viste a ese amigo?

*Si, creo que saldrá adelante. Marcó un silencio para seguir con otro argumento.  Mientras que venía he escuchado un poema de Antonio.

Ella no pidió más datos ya que sabía que Antonio era A. Machado y esperó moviendo los dedos de sus pies sintiendo la presión del masaje...

¿Mí corazón se ha dormido?
Colmenares de mis sueños,
¿ya no labráis? ¿Está seca
la noria del pensamiento,
los cangilones vacíos,
girando, de sombra llenos? 
No; mi corazón no duerme.
Está despierto, despierto.
Ni duerme ni sueña; mira,
los claros ojos abiertos,
señas lejanas y escucha
a orillas del gran silencio 

*¿Crees que está hablando de la muerte. De que hay algo más allá de la otra orilla del gran silencio?.

*Viniendo de Antonio creo que se refiere a la esperanza,  a los sueños perdidos mas que a un más allá con un Dios esperando.

*Amor... ¿Tú crees en Dios?  - A veces ella solía llamarle amor y él se dejaba-

*No. Ni más allá, ni reencarnación ni pollas. Yo creo en los sentidos y las intenciones.  ¿Tu sí?

Ella sonrió al escuchar sus argumentos y le confesó que tampoco, Dios y ella siempre habían ido por caminos paralelos, tenía claro que nunca iban  a confluir.  Lo había buscado, debajo de las piedras, al partir los leños o en los ojos del prójimo. Había pedido con ganas cualquier señal, cualquier acto generoso en forma de pequeño milagro para dar por hecho que una fuerza mas allá de su entendimiento cuidaba de ella.  Nunca obtuvo respuesta.     Pero decidió no contarle que  en su etapa de búsqueda divina le rezó incluso al más hermoso de los Ángeles. Pero tampoco tuvo respuesta de LuZbel. 

*Bueno habrá que pensar en hacer algo de comer, no?

*Está en el horno, hice un pescado con patatas.  Dijo mientras volvía a poner los pies en la hierba y él apagaba su cigarro en el cenicero que colocó en el suelo, entonces ella le preguntó si podía sentarse en sus piernas. Lleva un vestido corto, él acaricia sus piernas, ella lo mira suave, pestañea despacito, busca su boca y rosa sus labios con los de su amor... tus besos me alimentan de tu cariño y atención,  se alimenta de tu fragancia, de tu alma.  De tu tiempo en mi tiempo. De ese amor tuyo que reflorece en madrugadas y amaneceres. De ese saber que soy feliz porque estoy aquí, a tu lado, con el deseo de verle, de tocarle, y hablar de todos mis miedos y deseos. Sentir que eres importante, sentir que eres ese algo que hace mejor la vida...  Rosa sus labios con los de su amor y le besa. Él la reubica a horcajadas, la acaricia mientras ella le mira, le abraza y se le escapan sonrisasMírame...   Lo único que quiero de ti son esas cosas cotidianas, el olor de tu cuerpo cuando me abrazas.  Saber lo que piensas de cualquier cosa. De ti, de mi, de nuestras cosas. Sigamos siendo lo que somos, hoy y siempre, regálame tu poquito de tiempo, tu risa y esas cosas que no se gastan.  Vive tu vida, como te guste, como te plazca.   Pon nombre a lo nuestro y vivamos a poquito, con armonía, sin suposiciones, con intensidad y ganas.  Quiero verte reír,  quiero verte vivir,  quiero que tengamos ganas, de eso, de todo, de compartir los ratos que robamos.  Seamos ese dulce amor, quiero que me pienses con pasión, como esa mujer que quiere quererte, que te lo dice, te lo escribe y te lo canta.








domingo, 4 de junio de 2017

iLusión


Hoy le piensa casi todo el rato.

Otros días no pero hoy lo piensa todo el tiempo. Y no lucha contra esas ideas, se rinde ante esos pensamientos que se encienden en ella como chispas que hacen llama.

Le piensa y recuerda las palabras que le susurra en las madrugadas, sonríe al volverlas a sentir suyas, sonríe porque la envuelven como si fuera el juego  de dos amigos en el club secreto de la casa del árbol.

Tiene cosas que hacer, los quehacerescotidianos  la mantienen ocupada todo el día,  por momentos siente que necesita un respiro. Cierra un instante los ojos mientras habla por teléfono en la oficina, mientras espera en la cola del supermercado, mientras hace la cena o juega a cartas con el pequeño Toni,  cierra los ojos y le piensa, piensa que es imposible tanto deseo,  siente como si hubiera estado siempre en ella, como si lo conociera de tiempo, como si fuera un amor antiguo que reflorece en esta primavera de forma inesperada, y le siente en ese instante, siente sus besos en el hombro, en su espalda y en su boca, y abre los ojos y se guarda las ganas.

Espera paciente ese momento, y él llega despacito, como brisa suave en noche de verano, como limonada en tardes de fiesta. Y comentan parte de sus vidas, se cuentan, se escuchan y la conversación se enreda como la serpiente en rama de árbol, y ella que se ha guardado las ganas todo el rato serpentea, se desliza hacia él, suave, suave, le mira en la penumbra de la noche, escucha sus palabras siempre en susurros. Ven, él se desliza. Dice las palabras mágicas, ella se abre como flor Cherokee, lo siente dentro, lo ha sentido dentro todo el día.

Otros días no pero hoy lo pensó  todo el tiempo, todo el día, casi todo el rato.





jueves, 1 de junio de 2017

Vecinos




Cerré la puerta de casa de golpe y me apoyé en ella sintiéndome a salvo.  Había sido un día especialmente largo. Hay días que resultan más duros que otros y la merienda con las chicas muy a pesar mío no me había hecho bien. No.  Respiré hondo y colgué las llaves en su lugar. Hoy leí aliviada la leyenda que rezaba " Bienvenida a casa Charlotte".


El reloj marcaba las 9 y media cuando me comía mi ensalada mixta. Odiaba el silencio de casa. Odiaba el sonido del segundero del reloj. Odiaba haber creído en él y saber que aún era pronto para haberle olvidado del todo. Odiaba esa sensación de pensar que en algún momento llegaría, o llamaría por teléfono o me abrazaría por detrás mordiéndome la oreja y diciendo alguna guarrada. 

Abandoné mi ensalada para quitarme los zapatos, me observaba los  dedos de los pies, mañana  pedicura -pesé- , me quité la blusa, me daría una ducha. Pasee  en sujetador recojiendo los platos de la cena cuando me fijé en la luz de la ventana del vecino, lo miré durante algunos segundos mientras parecía fregar los platos de su cena, tras la ventana de su hogar los ojos de mi vecino brillaban observando las vistas del tendedero.    Alain creo que se llama,  una vez un amigo lo llamó a voces desde el patio interior durante tanto rato como para no olvidar su nombre. No sé nada de él, solo que tiene siempre el televisor puesto y nunca está mirándolo. Que nunca está los fines de semana y si llega es porque pasará la noche acompañado. 

Fue tan solo un par de segundo, la luz de esa cocina hizo sentirme acompañada, pero no tardó en apagarse. Tuve entonces el loco pensamiento de que seguía alli, observando mi despistada desnudez, fui a darme mi ducha y tras ella sali solo con una toalla a modo  de  turbante. Había sido un día triste y demasiado largo y de pronto quería imaginar que él estaba mirandome sintiendose a salvo en la oscuridad, tras las vetana de su hogar, al igual que yo me hacía la loca mientras actuaba con naturalidad.  Nunca había hecho algo así en mi vida, al menos siendo consciente de que era observada.  Me miraba en el espejo desnuda cuando al igual que llegó ese arrebato exhibicionista me di cuenta de mi locura y me puse como un rayo la camiseta de pijama y mis bragas de lunares blancos.

Lo peor de todo fue que aquella noche no dormí, no solo por mi arrebato exhibicionista sino porque llevaba tres semanas con unos  calzoncillos de Alaín en el cajón junto a toda mi ropa interior,  seguramente él se hubiera dado cuenta y pensara que soy una especie  de pervertidarobacalzoncillos  cuando lo único que pasó es que no es fácil compartir el tendedero del patio interior y no llevarte algo de tu vecino por error.  Si hubieran sido uno de sus calcetines, pero unos calzoncillos me resultaba más complicado de devolver. Quizás pensara que se le habría caído o ni siquiera lo echara de menos.  Sin embargo para añadir más locura a todo esto, me gustaba. Ya sé, es un desconocido, no era demasiado guapo, no sabía lo que le gustaba ni lo que odiaba, o si era listo o atolondrado,  pero en esos momentos era lo de menos. Le visualizaba en el salón de casa, solo con la luz del televisor encendida mientras que su programación era yo. ¿Aquel acto de mirar sería ocasión o costumbre?.  Y de pronto sentí que todo aquello era una sensación que odiaba y que me excitaba a partes iguales.







miércoles, 31 de mayo de 2017

Mi pie de página





No hacemos las cosas según lo dicta la conciencia, no ... lo hacemos porque existe un manual de instrucciones de lo correcto, un manual que no ha escrito nadie pero que todos saben su contenido. Nuestra libertad se ha reducido a lo correcto, lo que haces se dicta por lo que dice el otro y ese otro a lo que dice otro y ese otro a lo que dice otro...  y así todos actuamos según las pautas de la supuesta corrección.  Si nos salimos de sus líneas solo nos dejaran que sea una nota a pie de página, pero nada mas.  Si te sales de la norma eres un asocial, si te sales de la norma eres un loco, si te sales de la norma eres un peligro, si te sales de la norma no te integras, si te sales de la norma eres un radical...  Debemos hacer lo que teóricamente es bueno, lo que teóricamente es la norma, lo que nos dicen, es lo que dice el otro, es lo que dice el libro de instrucciones para la vida supuestamente perfecta.

Lo que ese libro no suele decir, porque mirar a la realidad no está permitido  es que todos dejaremos este mundo; el que está arriba, el que está abajo, el que manda y el mandado, el que sufre y el sufridor, todos, el que piensa en qué comer mañana y el que no lo piensa. Debemos ser conscientes de que las veces que nos salgamos de la norma es lo que quedará de nosotros, nuestra inmortalidad quedará en las veces que nos salgamos de lo establecido, en las veces que seamos nosotros mismos y no escuchemos a los que nos dicen lo que hay que hacer, en las veces que tomemos nuestras propias decisiones y tomemos en nuestras manos el manual de la vida imperfecta.





domingo, 28 de mayo de 2017

Mieles


Yo también he estado triste y  he notado la ausencia del sentido de vivir,  me visualizaba como una moñiga seca en mitad de la acera, como una barrilla seca recorriendo desiertos.  Si, a veces suele suceder. Incluso tener ese suave pensamiento de que la muerte se apiade de ti y te abrace mientras duermes.  Sin embargo sabes que son solo malos pensamientos que la mente te susurra cuando no encuentras solución a una etapa que se te hace demasiado pesada para tus débiles hombros.

* No hay mal que 100 años dure.
* Ni cuerpo que lo resista.  Dijo él con expresión de sabiondo.

Yo empecé a escribir en ese momento, algunos años después, cuando todo pasó y olvidé los motivos de tanta tristeza me dio por leerlo y descubrí que era todo una basura de adolescente rebelde pero ya no pude de dejar de hacerlo.

* ¿El qué?
* Escribir.

Decidí tirarlo todo a la basura, un baúl de libretas con todos mis demonios dentro. Quiero pensar que ahora son libretas nuevas  donde los niños de infancia dibujan arcoíris y perritos, y a sus abuelos y...

*  A sus hermanos jugando en la piscina.
* Pues si

Recuerdo que estaba casi todo el tiempo enfadada y ahora ni siquiera recuerdo los motivos.  Me he convertido en una mujer sensata, que le encanta vivir y descubrir las pequeñeces de la vida.  Me gusta estar en el lado luminoso de la vida, conozco las sombras y por eso mismo permanezco alejada de ellas y de la gente que la portan.  Y no quiero decir que huya de la gente que por algún motivo esté triste, sino de la gente que abraza la tristeza como forma de vida. 

* ¿Porqué te has quitado la ropa?  Preguntó él en ese momento aunque llevaba ya rato pensándolo 
* Pues la fuerza de la costumbre, imagino.  Ahora me sentiría rara estando vestida mientras mantenemos nuestras íntimas conversaciones.
* A veces te miro y veo como se te escapa la mirada de uno de esos diablillos que permanecen aún dentro de ti.


Pues creo que eres el único que los ve, ahora soy una persona de risas y me siento alegre casi todo el tiempo. Ahora solo escribo de cosas bonitas, de las cosas tontas que llenan mi corazón de madera, de mis animales, del amor y de los momentos de intimidad con los hombres que me hacen reír. He descubierto que me gusta sentir esto.

* ¿QUE?

Estar aquí contigo, haberme desnudado sin darme cuenta y pasar media noche hablando de cosas que de entrada parecen insignificantes, pero no lo son...

* ¿Has escrito sobre mi?  Volvió a interrumpir la conversación de la mujer
*... Si. De hecho creo que escribía sobre tí incluso antes de que llegaras a mí.
* Perdóname, esta noche no tengo fuerzas ni humor para jugar contigo.

Que más da, cuando encuentras a alguien con el que conectas de verdad el sexo no es tan indispensable,  estar desnuda junto  a ti en la madrugada mientras hablamos de las cosas que llevamos dentro de nuestras almas no creo que sea menos placentero que unos segundos de infinito.  Para mí, hemos estado haciendo el amor toda la noche. 

* Pues este no ha sentido nada...   Él dejó a la vista  su pene durmiente. Se miraron y sonrieron, rieron.
* Lo ves... te estas riendo,  no estas tan triste como crees. 


Se recostaron para dormir y él como cada noche se agarró a uno de los pechos de ella, cubriéndolo todo con su mano, parecía un escalador afianzándose la escalada para no caer al abismo...






viernes, 26 de mayo de 2017

Las madrugadas de mi amante Guisante




Guisante llegó anoche, de madrugada.  Yo estaba en la cama pero me desperté al sentirle llegar.  No lo esperaba. Encendió la luz del baño y sin moverme un milímetro miré como se desnudaba del todo y entraba en la cama.  El verano ha llegado como cada año, de golpe. La ventana estaba abierta y mi camiseta de pijama en el taburete de Ikea.


Guisante sabe, porque es listo, que estoy despierta, apaga la luz del baño y enciende la lamparita anaranjada junto a la cama.  Ahora quiere ser escritor y me lee un poquito del texto que guardaba en un papel doblado un par de veces.  Sonrío porque escribe sobre mi, sobre mi cuello y sobre esa cicatriz que se dibuja en uno de mis pechos y solo  mis amantes saben que está. Sonrío porque parezco musa delicada, hermosa mujer de pelo caoba que espera las mieles de la vida saboreando café amargo.

Guisante me mira y pregunta si es bueno...  Aún con la mueca de sonrisa afirmo y subo mis brazos hacia la almohada sintiendo la suave brisa en mi cuerpo desnudo. Y me mira con ojos de guisante que desea, que tiene ganas y yo me quedo quietecita para esperar que me dice...  ¿Quieres reír un rato conmigo?  y me quedo quietecita para saber que hace... agarras la cintura y metes tus dedos jugando con el borde de las bragas, tus dedos son como hormiguitas que pasean organizadas, me besas y te beso, me miras y  no digo nada porque solo hay deseo en mi.  Me dices despacito eso, eso que solo tú sabes, eso que es como código que abre el cofre del tesoro, que hace abrirme  y subir en ti y danzar como indígena en su liana y voy y vengo y danzo hasta sentir tu infinito, cierro los ojos y estallo como si me abrazara al caos y a nuestro big bang...  habita en mi, amor, no te vayas, quédate un poco mas...

Guisante tiene una expresión rara, sus pelos alborotados y sus manos clavadas en mi piel me recuerda de pronto a uno de esos monos salvajes  de documentales de fauna y flora.  ¿Estas bien Guisante?  No habla. ¿Seguimos un poco más?  No creo que pueda morena...  Su cara es  de guerrero que vuelve de la batalla.    Cierro los ojos entonces y duermo.


Cuando abro los ojos guisante está en la ducha, se prepara para el trabajo.  Y entonces recuerdo que mi amante guisante no es muy diestro en esto del amor, pero que yo tengo inventiva y él le pone ganas, sus besos me alimentan de cariño y atención, de su fragancia. Siento que su tiempo es mi tiempo,  que me hace feliz, que deseo verle, tocarle, hablarle y compartir deliciosamente la vida con sus ratos tontos, los serios y correctos y esos... esos momentos que me regala mi amante guisante. De deseo y placeres en los lagos ocultos de nuestros jardines mas secretos.



martes, 23 de mayo de 2017

Bailarina


Que es más bello cariño mío, ¿el amor perdido o el encontrado?
No te rías de mí, amor...  Lo sé, soy rara e ingenua a lo que el amor se refiere y pregunto cosas que parecen sacadas de una canción pop de los ochenta.
Esta duda me abruma, me devora por dentro, ¿encontrar el amor o perderlo? 
Alrededor de mí la gente no deja este anhelo, ¿lo han dejado o lo han encontrado?
Aquella lejana noche quería que me tocaras, que me tocaras las piernas con la misma sutileza que me  hablabas, pero no te dije nada. Eso amor mío, es amor perdido.



Y ahora no dejo de pensar amor mío donde estás, Y pienso si tú,  brillante luz de mis malgastados momentos, ¿lo has perdido o lo has encontrado?
Imagino que no lo sabré...
Ya no recuerdo ni tu nombre, mi amor,  no tengo la respuesta, pero así es como me gusta imaginar esta respuesta.
Al final, mi amor, no tenemos elección,  debemos encontrar... y siempre lo encontramos  amor. 
En ese momento soy cual bailarina, suave como pluma de pájaro que planea hacia ese delicioso amor dejando atrás los delirios y se entrega con sus alas desplegadas al goce del nuevo amor encontrado.






sábado, 20 de mayo de 2017

De ensueño




Hoy se ha tumbado a la hora de la siesta. Miraba televisión sin mucho interés con el volumen casi inaudible.   Se dejaba llevar por una idea, un pensamiento, un recuerdo de esos de ensueño...

Pensaba en un campo de olivos, ella era de tierras de olivos y se pensaba bajo la sombra amable de uno de ellos.  Tumbada con los pies descalzos y el vestido subido hasta los muslos. Pensaba que estaba con él... con ningún otro, entre todos los que podía  elegir ella le pensaba a él.  Solo a él. Pensaba que estaba allí con ella, a la sombra de unos de esos hermosos olivos del sur.  Recostado en su  vientre, en silencio, sintiendo alguna esporádica caricia en sus suaves muslos.  Ella acariciaba la cabeza del hombre que compartía el gozo del momento.   No había charla ni conversación solo esa agradable sensación de estar  bajo el abrigo de la naturaleza, el aroma a hierba y tierra fertil, a vida, sintiendo el agradable calor de esa tarde templada, sentir la suavidad de sus dedos acariciando sus muslos y sentir su mirada cuando sube  deslizándose por el cuerpo de ella para terminar con esa sonrisa boba, esa sonrisa de novedad y ansias retenidas, ver el brillo delator de los ojos.  El brillo que todos desciframos y todos pretendemos ocultar.  Ese que delata el deseo y las ganas de  explorarlo todo, saborear el néctar a poquitos, de morder la manzana  como si fuera la primera.  Si...  porque a él lo pensaba tan deliciosamente, tan desatada por momentos que hacía olvidar a todos los demás. Lo pensaba  mirándola... Y  solo ese gesto la hacía estremecer.








miércoles, 17 de mayo de 2017

Instinto natural






Creedme que le llevó un buen rato reconstruir los últimos acontecimientos hasta llegar a esta mañana de miércoles.
No era que hubiera perdido la memoria o la voluntad de sus actos, sino que todo había sido tan inesperado que necesitaba ese momento de pensar, asentar todos sus pensamientos y poner hueco en su mundo para todo aquello tan nuevo, tan loco y excitante.

La ciudad estaba en ferias, pocos eran los que trabajaban aquella jornada, y los que lo hacían estaban con ganas de volver a casa pronto. Ella se despertó temprano, la calle que observaba aún estaba solitaria. Lo miró un instante mientras se levantaba de la cama y se colocaba una de las camisas de su recién estrenado amante. Optó por no ponerse nada mas. Solo la camisa.

Él aún dormía y eso era anormal en él porque solía dormir de cuatro a cinco horas. Eso sí, las siestas no las perdonaba. Pero claro, aquella noche toledana bien valía dormir la mañana. Cuando abrió los ojos su joven amante estaba junto a la ventana. La miró.  Sabía que no llevaba nada debajo  de su camisa. Se le intuía todo. Pudo ver parte de su pecho por la manga holgada al levantar  el brazo.  Volvió a tener ganas de hacerlo.

Ella pensó en los planes del día.  Pensó en como aquel hombre llegó a su vida de una forma tonta y como de una forma natural e instintiva fue quedándose  en ella, de como  sin darse cuenta fue acostumbrándose a  sus cosas, de como escuchaba sus palabras y leía sus letras y como le gustaba jugar a decirse todo lo que pensaban hacerse uno al otro.  Pensó en todos aquellos días que compartieron tiempos muertos y los convirtieron en deliciosos momentos  de complicidad y risas.   Porque ellos eran de reír.  Siempre lo habían sido cada uno en su pequeño mundo doméstico, así que juntos la tontería y los juegos tenían garantía.  

Aquél encuentro fortuito y casual no pasaría en vano, aquel tiempo era su tiempo, coincidían en pensamiento y riesgo. Sin ninguna prisa pero con ese poquito de miedo que daba tanta locura. 

Entonces él la llamó de esa forma  que solo él la llama.  Entonces ella volvió a la cama y se recostó toda sobre él.  "nos estamos enamorando un poquito".  Ella sabía que la mejor opción era que no fuera así, pero cuando la química y el instinto se desatan debes dejarlo fluir, es la mejor opción. Ella que no era demasiado enamoradiza, ni demasiado loca, ni demasiado dada a las relaciones esporádicas sabía de lo importante y mágico  que es vivir cuando se dan estas circunstancias.  Le gustaba como le decía todas esas cosas, cosas que son susurros como melodías en los jardines más alejados del Edén.  ”No te pares... “ Susurró ella con voz con cierta somnolencia mañanera.   “no olvides que estoy cerca de la tercera edad  y necesito un respiro".  
¿De qué tercera edad hablaba? Apenas se había dado cuenta de eso, era más joven que cualquier chiflado de cuarenta, que resultaban ser unos muermos. Su corazón era joven, más joven que el de ella, y tenía mucha locura en su alma, a ratos aún más que en la de su ricura de muchacha.  

Cuando se dieron cuentan siguieron acabando esa botella de placer y extasis que durante tanto tiempo solo fue  deseos y fantasías de seres libres, con poco miedo y mucha locura.



lunes, 15 de mayo de 2017

La Amistad Y el Amor



Me gusta la amistad. Creo en ella.  Me revelo ante los que afirman su inexistencia, en los que la culpan de ser el mural de los intereses propios y ajenos.  Me revelo ante  esa gente que la mancillan infravalorando su poder y su mágica existencia.  Me revelo contra los que no creen en ella porque  yo creo en ella ciegamente. Puedo decir después de media vida buscado mi propio dios, que mi religión es La AMISTAD Y EL AMOR.  Mis amigos son mis dioses y su amor, en todo su amplio abanico de posibilidades es mi templo, mi refugio.


*En cada etapa  de la vida hay diferentes amigos que te aportan. Para Pilar es Otto. 
Pilar y Otto se conocieron en una oKupación en los años noventa, creo. Convivieron en ella 18 meses, creo.  Y ahora después de varias décadas vuelven a encontrarse. En otro escenario muy distinto. Ambos son parte del redil durante gran parte de su tiempo.  Otto es empresario, pequeño empresario, no se creáis. Pilar administrativa. Se encontraron en una plaza de la ciudad comiendo su bocadillo  al sol de media mañana.  Desde entonces retomaron lo perdido allí, en aquel almacén  de aceitunas abandonado.*

Me gusta  la habitación de ese hotel en mitad  de la urbe donde perdernos un  momento en esos días en los que la jornada laborar se alarga. Me gusta cuando aún teniendo la tarde libre elijo quedarme con él porque sé que no estaré tan bien y divertida en ningún otro rincón del mundo.  La luz entra fuerte por la ventana y me tapo lo justo por comodidad.  La bandeja de la comida está abandonada en mitad del salón y él deambula contándome historias. Está en calzoncillos boxer, blancos. Con mi  pañuelo  de lino primavera liado al cuello. Me cuenta su última reunión, me pregunta, opino, me escucha...  Busca su teléfono, lo coge y se asoma  por la ventana esperando la voz al otro lado.  Anula todo, todas sus citas, todo su trabajo de aquel miércoles cualquiera.  Mientras habla me mira y se alborota su pelo.  Me recuerda entonces a los indígenas, a los indios, a los nómadas. Da las gracias educadamente y cuelga.  Juega con mi pañuelo deslizándolo por el cuerpo mientras hace uno de esos bailes de luces rojas.  Se mete en la cama, se encaja entre mis piernas que lo envuelven, nos abrazamos.

Me encanta haberte encontrado de nuevo
Y a mi.
No quiero separarme más de ti. Eres la mejor amiga que he tenido sabes?  Sentía como me atusaba el pelo
Lo sé... porque tú eres el mejor amigo  que he tenido.
Quiero quedarme en tus brazos todas mis tardes, todo mi tiempo de descanso y juegos los pienso así, abrazado a tí y  recostado en tu cuerpo.

Sonreí, Me reí.  No por lo que dijo sino por las cosquillas que me produjo su beso en uno de mis pechos.  No tardó en quedarse dormido. Yo tampoco tardé demasiado.  Escuchar la respiración pausada de una persona o un animal siempre me provoca una sensación de somnolencia.
Cuando despierto aún suele ser temprano.  Cuando llego a casa estoy tan animada que hago cenas especiales y al día siguiente todo en el trabajo sale a la primera.  La vida es fácil y llena de preciosos matices cuando despiertas con los buenos deseos y los buenos días de l@s amig@s, de los de siempre o de los que son tan tan nuevos que aún solo son proyectos de amigos.
Miro a mi alrededor  y NO me es  difícil encontrar mentiras y corazones feos. Hay gentes con el alma muy fea deambulando por las calles. La vida es tan tan efímera.  Tras mi etapa de niñez donde me creía inmortal, no tardé mucho en tener ese pensamiento de que la vida es sin duda demasiado corta. Somos  hormigas que se creen dioses durante su parpadeo de breve existencia frente a lo infinito del cosmos.  Miro con tristeza a los que se pierden la vida queriendo tener más, mas de todo, quien escucha cantos de sirenas y no a su propio corazón, a esos que se esfuerzan en llevar a cabo las normas ajenas olvidando las mejores, las leyes de su propia alma, de nuestros propios sentimientos.  Siempre pensé que si nada nos salva de la muerte,  al menos que el amor -sea cual sea- nos salve de la vida.


Y ahora quiero volver a perderme en esa habitación, con mi amigo Otto. Uno de mis mejores dioses. Quiero cerrar las puertas y quitarme los zapatos y el sujetador, quiero ver como danza descalzo  viejas músicas tribales,  quiero mirarle a los ojos y ver el amor, sentir el amor. Ese que mueve mi mundo y todos los mundos. Quiero olvidarme de todos los ruidos del planeta, noticias y normas que me hacen revelarme. Quiero quedarme ese instante con uno de mis mejores dioses. Quiero envejecer poco a poco y que todos  estén a mi lado.  Quiero cerrar las puertas y quedarme con él ya que en aquella habitación no somos parte de ningún redil.  Y todo lo  que se vive allí está bajo el acuerdo de nuestras propias leyes,  la tuya, la mía y en ocasiones los 15 minutos del bolero de Ravel.    Así que es inevitable cada vez que  paso momentos con mis amigos revelarme ante  esa gente que  mancillan la amistad infravalorando su poder y su mágica existencia. 







viernes, 12 de mayo de 2017

ReCreoS




Le dijo que desde que vio la casa por primera vez imaginó tener en ese rinconcito su cama. Le llevó todo un verano encontrar a alguien  que le hiciera la reforma de abrir el techo para hacerlo ventana.  Y poner justo bajo el techo inclinado  una cama rústica y nada convencional.

Él no era nada convencional y ella aunque intentaba serlo... tampoco lo era.

Cuando abrió los ojos era ya madrugada. Se había quedado dormida en algún momento de la noche en el sofá. Él le preguntó si quería que la llevara a casa. Ella no pudo evitar pensar en él, porque le piensa casi todo el tiempo.   Notó que tenía frío, se frotó los ojos con las manos mientras pensaba que no quería volver a casa, con frío y guardando el último pensamiento para su esposo que desde hacía algunos meses se había trasladado a otra ciudad por motivos laborales. Así que miró a ese amigo con el que había compartido cena, charla y película de viernes noche y le dijo que se quedaría con él aquella noche.

Ella se hizo bolita en la cama y se giró hacia el lado contrario de donde se encontraba él. Miró un rato la ventana  del techo, las estrellas brillaban silenciosas, como ellos.  Él apagó las luces en forma de cadeneta que él mismo había creado, porque sabía que a las chicas les gustan esas tonterías, entró en la cama y se  acurrucó en ella. Ella se dejó. Él le dio un beso en el hombro y se aseguró que estuviera cómoda y bien tapadita con las sábanas de primavera. Sabía que no podía aspirar a mucho más. Le había propuesto mil veces que deseaba hacerle el amor.  Que ella se lo  hiciera  a él.  Pero por alguna razón que no alcanzaba a entender ella siempre lo rechazaba, lo esquivaba, algunos días más seria y contundente otros de forma más jocosa y distendida.  Ella buscó las manos de él y la enlazó con la suya.  Tenía las manos heladas. Él se acercó un poco más para darle calor, ella le dio un beso en la boca. ¿Quieres hacer el amor?  Ella no dijo nada, miró las estrellas nuevamente. En silencio. Él tampoco dijo nada más.   Y ella se sintió lejos, lejos de cualquier camino.  Pensaba  que estando allí, aun con la premisa de no tener ningún tipo de intimidad, era como una especie de antídoto contra esos pequeños deseos que se atrevía a fantasear. Sabía que el desamor la acompañaría siempre. Que tendría que aceptar que por fin había encontrado un esposo que le daba una vida estable y sencilla, con quien ir a las cenas de empresa y las de familia, con quien hacer planes para el fin de semana, que por fin tendría una vida estable con pareja,  e igualmente aceptar sin dramas ni lloriqueos que en aquella relación había comodidad y no mucho amor. 

 Allí estaba, hecha bolita, con el calor de un hombre que la deseaba y que la abrazaba para darle confort y compañía en una noche regalada, allí estaba con esa pequeña punzada de tener ese pensamiento secundario permanente, ese sentimiento tan patético como conmovedor de lo imposible. Aquella noche se sentía lejos, lejos de ese hombre que era su esposo.  Ella no era nada convencional, y de pronto, mirando al que compartía cama aquella noche, se preguntó como se trata a un amor así, imposible del todo, eso era totalmente nuevo, nunca había saboreado el néctar de lo infiel y ella que no es nada dada al melodrama, recuerda que le atrae la idea de verse arrastrada por la posibilidad de un romance de esos bonitos, de esos que todos escuchan como relato de cuento con cierto regusto a envidia,  que ella nunca tuvo amores demasiados entregados pero esta vez pensó haber encontrado a ese hombre con el que compartir la vida según viniera y robarle tiempo al destino para tener noches de amor y deseo. Ella no tuvo amores románticos que la hicieran sentir que la amaban de verdad. Pero esta vez quiso soñar que si…

¿Crees que se puede querer  a dos personas a la vez?

Yo creo que si. Estoy convencido, solo que la gente no suele confesarlo.  Contestó él a pesar de haber estado calladito un rato largo allí en la cama en mitad de la madrugada.


Ella quería creer que era así.  Porque quería seguir adelante. Dejar a un lado todo ese sentir, sacar ese imposible de cuajo.  Quería descubrir nuevos amores, nuevos deseos y tentaciones, dejarse llevar por el coqueteo y la locura de los momentos que la gente como ella viven sin complejos, sin perspectivas de futuro y sobre todo sin demasiados compromisos.  Y sabía que había alguien, alguien que despertaba en ella cierto interés, curiosidad y deseo, deseo de pecado, de puertas rojas, de  esos de querer tener la oportunidad de abrazar y besar ese amor loco, amor censurado, amor mmmmm de risas y de juegos y de todas esas cosas de amantes deseados, soñados y fantaseados. Lo tenía allí junto a ella aquella noche. Era un tipo como ella, sin complejos ni perspectivas de futuro en esto del amor. 

 Se quedó dormida un rato con la certeza de no querer hacerlo, quería esperar,  ella siempre fue pasional, una chica sin suerte en el amor pero fiel a sus sentimientos.  Quería esperar a ese momento en el que sin miedo se descubre que sus mentes coincidían en tiempo y ganas, sin miedo ni mañanas.   Sonrió al pensarlo. Sonrió porque sabía que no era mujer de melodramas ni de patéticos imposibles, ella era de avanzar, de risas, de historias alegres. Así que después de sentir el cuerpo de ese amigo acurrucado en ella, en mitad de la madrugada acarició su nuca deslizando su mano hacia zonas mas divertidas. Él sorprendido decidió esperar, no mucho, hasta que su "indio" despertó.  Aquella noche comenzó una de esas historias alegres, de risas. Y terminaron siendo como el recreo que se  espera con ganas, donde se desataban todas sus diabluras, esas que solo se hacen con ese tipo de gente que se adentran a estancias no convencionales y que te dan el aliento justo para avanzar...