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jueves, 23 de noviembre de 2017

La bondad de la maldad



Javier había sido malo. La maldad había nacido con él.  Al menos eso era lo que decían todos.  Era el único  con la sangre fría para hacer cierto tipo de actividades bastante reprochables y ausente de toda moral.

Vivía en el campo, en aquellos años lejanos todos los vecinos lo llamaban cuando alguna de sus perras parían.  Metía los perros en un saco y paraba en el muro trasero del cementerio. Volvía sin el saco.
Esa era una de las actividades de Javier.  No se cuestionaba, no se reprochaba, era lo que había que hacer y punto.

Los tiempos pasaron. Javier creció, se hizo un hombre, evolucionó, y junto a él también evolucionó la sociedad y aquellos actos terroríficos y bárbaros eran ahora un delito.  Ahora aquellos actos normalizados en un tiempo de niebla ahora estaban encerrados en esa habitación que suelen guardar algunos, habitación de la vergüenza y los secretos.

Javier ahora  tiene pesadillas, recuerda a su padre borracho de vino de pueblo obligándole a coger  el saco, obligándole a realizar otras actividades no menos horripilantes.  Recuerda a las mujeres cuchichear en las tiendas que tenía la semilla de lo malo dentro. Y todas las niñas cambiándose de acera cuando lo veían coincidir en su camino.

Ahora está enamorado. Su chica, bonita y de corazón sencillo sabe bien quien fue, pero reconoce la bondad que hay dentro de ese hombre con el estigma de la maldad como sello de nacimiento.  Estigma heredado por un entorno hueco y sin valores, solo supervivencia. Ella lo mira con los ojos alegres porque solo le regala risas.  Hacen el amor en el pajar como lo hicieron sus abuelos. Ella siente esa clase de certeza que pocas veces te encuentras en la vida. Ella hace el amor  sabiendo que será el último hombre al que amará, con el que se quedará hasta que las canas tiñan su melena. Se paran un momento antes de salir de su trocito de paraíso, se despiden con esas palabras de amantes, él la peina para que nadie descubra que estuvo en ella.

El corazón de Javier late con la misma fuerza que cuándo tenía doce años, con la misma rebeldía, con la misma pasión. El odio, la rabia, la rebeldía y el amor. Javier vuelve al hangar de los temporeros, ella sube las escaleras de la casa de campo.






14 comentarios:

  1. Javier está vivo.
    Los que lo critican no sé si lo están tanto.

    Besos.

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  2. Muy bueno, Nieves. Me ha encantado.
    Besos.

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  3. Eso ha pasado siempre; mucha gente se ha dedicado a hacer el trabajo sucio, y quitarles la mierda a los demás, y encima resulta que es un bicho malo.

    Besos Nieves.

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  4. Hola Nieves

    Interesante el relato que nos regalas hoy. No todo es blanco o negro. Los grises, lo difuminado entre el bien y el mal... Todo eso da mucho que pensar. Me gusta.

    Besos

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  5. Gran relato, Nieves, para analizarlo en profundidad antes de hacer una crítica.
    Besos 🌹

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  6. Donde no hay amor, si pones amor, habrá amor.

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  7. Javier no es malo, solo recibió lo que su padre le enseñó, este amor lo salvará, un abrazo Nieves!

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  8. El amor no esta reñido, con lo que se puede considerar comportamientos "crueles" de hay a ser malo, va un camino, por ejemplo la matanza del cerdo en muchas partes del mundo es una gran fiesta y hoy en día poca gente de ciudad sobre todo, la aguantaría.
    Una buena historia, Gracias por compartirla.

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  9. Alguien tiene que hacer el trabajo sucio...pero no significa que sea malo.

    Bien por Javier y su chica!

    Besitos =)))

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  10. La perspectiva cambia con los tiempos. Se de un recodo del río donde los lucios medraban a costa de cachorros

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  11. Gracias por vuestras visitas y por tanto cariño.

    Besitos y mis mejores deseos para cada uno de vuestros días.

    :)

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Hola chic@s!!!!
Gracias por visitarme, por estar y compartir tus pensamientos....