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miércoles, 26 de abril de 2017

Y ahora... YoGa





Si algo había aprendido en esta vida era  que lo importante no era dejar ir a la gente que se quiere sino aprender a dejar ir el pedazo de ti que se quedó en esa persona.

Se dio cuenta mientras sentía como el que hacía de profesor de yoga le apretaba los tobillos para provocar un estiramientos menos forzado.  Mientras,  le daba las pautas para eso de no pensar en nada y ella justo en ese momento le daba por pensarlo todo. Y ese todo se basaba en mil y una imágenes de momentos tontos que se comparten con la gente que amas. Veía al pequeño Gonzalo pedirle que le encajara la rueda de su coche de juguete favorito.  A Marta y su mirada de "estoy enfadaba con el mundo" y su brillo en la mirada cuando le daba 20 euros para que pudiera ir a la burguer con las amigas. A  Pedro y sus espaguettis, como movía rápido el tenedor enroscando la pasta, y ella jugando a ser más rápido que él.  También le daba por recordar momentos de esos... cuando él  hacía descansar la mano en su pierna, o  le daba un beso en la mejilla después de salir de la ducha con ese olor a gel de fresas o el suave movimiento de sus cuerpos en mitad de la madrugada mientras compartían el mismo espacio en la cama con vistas a las estrellas por culpa de esa ventana en el techo... Pensó en uno de esos segundos de placer, mientras miraba la ventana con vistas a la luna.     Volvió a notar las manos en los tobillos.   Aguantó la respiración unos buenos segundos hasta que se removió como rabo de lagartija, notaba que uno de sus pies se le quedaba dormido, con hormiguillas y cierta sensación dolorida.
Terminó sentada con una pierna aquí y la otra por allí y recordó  al "maestro de Yoga" que ya llevaban hora y media de expansión espiritual.

- No puedo levantarme, tengo la pierna dormida. Demasiado rato en posturas imposibles.  Alegó  con expresión de queja.

Él se sentó frente a ella y le quitó el calcetín tobillero  rosa con unas rayitas azules.   Levantó el pie y le chupó el dedo gordo del pie

- Pero que haceeees!!! No seas guarro!!!.  Exclamó encogiendo la pierna y sintiendo esas hormiguillas dolorosas.

-  Anda,  no seas tiquis miquis, este es el trucho más viejo y efectivo para el hormigueo.  Y bueno ya sabes que yo soy muy guarro.

- Ya... ya.  Le miró si querer darle mucha importancia.  Después de unos segundos notó que ya volvía a sentir la pierna. La sangre volvía a circular.  Creo que ya está bien, menos mal. Volvió a su sonrisa habitual.

-  ¿Quieres que despierte algo más?

- No seas tonto...    Se levantó para ir a la ducha

- Pero porqué no?  Mira yo estoy bastante despierto

Le hizo  parar y mirarle, efectivamente se le notaba bastante despierto

- Creo que pusimos claro la norma de tomarnos los momentos del Yoga en serio.

- Y me los tomo...  las clases de Yoga han terminado hace 10 min.

- Relájate anda... dejémoslo para luego.

- ¿Para luego cuando?    Preguntó  mientras veía como ella se quitaba el top y cerraba la puerta del baño zanjando cualquier posibilidad.

- ¿Para cuando nena?  Preguntó a través de la puerta del baño

-Esta noche... a las 10h. cenamos.  Tendrás tu postre así que relájate, vete a casa  y esta noche nos vemos en el Restaurante.

________


A las 10: 28 min decidió llamarla...

- ¿Queda mucho que esperar nena?

- No...  Estoy llegando.

Muy de ella, eso de decir que ya llega cuando todavía le queda maquillarse, echar un zudoku y hablar dos horas con alguna amiga. Y él no podía pensar  con claridad, solo  estaba centrado en el postre. Así que cuando la vio llegar  respiró profundo para que la cena fuera de esas bonitas e inolvidable.

Ella estaba radiante.  Le encantaba  pasar estos momentos con él. No había dejado de pensar en la cena y en el postre claro. Había tenido tanta suerte en encontrarlo. No le pedía demasiado, simplemente compartir la vida y esos momentos que siempre buscaban con la escusa perfecta para echarse unas risas.   Tenían la edad y madurez perfecta para omitir aquellas actitudes quinceañeras que enmarañan la vida.  Él era un hombre sin demasiados proyectos, ni lujos.  Ella imaginaba que por eso la quería porque ella era así también, sin proyectos ni lujos.  Solo tenía claro el eterno ahora.  Y ahora lo miraba y lo quería. Si.  Y sabía que cuando ella quiere, lo daba todo sin miedo,  aún sabiendo que  parte de ese todo  implicaba perder partes de ti que nunca se recuperan.  Pero que más da...   La vida es eso.



Si algo había aprendido en esta vida era  que lo importante no era dejar ir a la gente que se quiere sino aprender a dejar ir el pedazo de ti que se quedó en esa persona.






martes, 25 de abril de 2017

Vida im-perfecta






Las palabras fueron como avispas.

Si, a veces las palabras suele causar ese efecto.  Pero ella con sus grandes OjOs y sus nuevas camisetas de primavera no dijo nada. Siguió adelante sin más... En su vida imperfecta.

Ella era como el verano.  Soleada, siempre preparada para la diversión, apacible como los largos atardeceres y fresca como el helado de menta, de menta con chocolate. También tenía sus tardes de tormentas, de esas que siempre terminan en arcoíris.  Si claro, podía ser una verdadera cabrona con apariencia de ama de casa ociosa, como Carol -Una de las protagonista de esa serie de los zombis- sin embargo ella había decidido hace años estar a otro nivel.

Aquella tarde uno de sus mejores amigos le hizo una visita. Café y bizcocho de naranja. Si algo tenían esas visitas eran que le hacía sentir brillante. Podía ponerse en posturas cómodas, esparramada en el sillón  y olvidar si estaba peinada o no. Después de varias horas de esas charlas inteligentes, espirituales y si, alguna tonta y divertida, acabaron sentados en el suelo.  Ella le pintaba los dedos de los pies  a él del mismo azul que llevaba ella.  

No te preocupes, le dijo él mientras miraba como ella le pintaba las uñas...   La respuesta no es importante, es probable que no la sepas o te mientan al responderla, la gente miente  de una forma recurrente.  Lo importante es la pregunta,  que hagas la pregunta, porque  tú misma tienes las respuesta.

Ella lo miró agradecida, y él la hizo reír con una de sus cosas.  Cosas tontas de amigo que tiene como ella sus propias reglas y su propia visión del mundo y sus vidas, vidas imperfectas que juntos por esas cosas curiosas del feeling, parecían perfectas. 

-Terminé... espera un momento para que termine de secarse.  

Se quedaron en silencio. Si algo le gusta a ella era compartir silencios.  No hablar de estupideces cuando por un momento todo parecía estar dicho. Y en ese silencio ella se incorporó hacia delante, él no se movió, permaneció semi-tumbado en el suelo, ella se deslizó hacia él, él se acercó y le dio un beso en la boca, suave, silencioso.  Esa clase de beso cómplice que sólo él le daba.


Las palabras fueron como antídoto para las avispas.

Si, a veces las palabras suele causar ese efecto. Siguió adelante sin más, en su vida imperfecta posiblemente para la mayoria... pero tan perfecta para ella y los suyos... esos que comparten café y bizcocho una tarde cualquier sin ningún motivo especial, simpletente porque sí.