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Entra y siéntete en casa...

sábado, 20 de mayo de 2017

De ensueño




Hoy se ha tumbado a la hora de la siesta. Miraba televisión sin mucho interés con el volumen casi inaudible.   Se dejaba llevar por una idea, un pensamiento, un recuerdo de esos de ensueño...

Pensaba en un campo de olivos, ella era de tierras de olivos y se pensaba bajo la sombra amable de uno de ellos.  Tumbada con los pies descalzos y el vestido subido hasta los muslos. Pensaba que estaba con él... con ningún otro, entre todos los que podía  elegir ella le pensaba a él.  Solo a él. Pensaba que estaba allí con ella, a la sombra de unos de esos hermosos olivos del sur.  Recostado en su  vientre, en silencio, sintiendo alguna esporádica caricia en sus suaves muslos.  Ella acariciaba la cabeza del hombre que compartía el gozo del momento.   No había charla ni conversación solo esa agradable sensación de estar  bajo el abrigo de la naturaleza, el aroma a hierba y tierra fertil, a vida, sintiendo el agradable calor de esa tarde templada, sentir la suavidad de sus dedos acariciando sus muslos y sentir su mirada cuando sube  deslizándose por el cuerpo de ella para terminar con esa sonrisa boba, esa sonrisa de novedad y ansias retenidas, ver el brillo delator de los ojos.  El brillo que todos desciframos y todos pretendemos ocultar.  Ese que delata el deseo y las ganas de  explorarlo todo, saborear el néctar a poquitos, de morder la manzana  como si fuera la primera.  Si...  porque a él lo pensaba tan deliciosamente, tan desatada por momentos que hacía olvidar a todos los demás. Lo pensaba  mirándola... Y  solo ese gesto la hacía estremecer.








miércoles, 17 de mayo de 2017

Instinto natural






Creedme que le llevó un buen rato reconstruir los últimos acontecimientos hasta llegar a esta mañana de miércoles.
No era que hubiera perdido la memoria o la voluntad de sus actos, sino que todo había sido tan inesperado que necesitaba ese momento de pensar, asentar todos sus pensamientos y poner hueco en su mundo para todo aquello tan nuevo, tan loco y excitante.

La ciudad estaba en ferias, pocos eran los que trabajaban aquella jornada, y los que lo hacían estaban con ganas de volver a casa pronto. Ella se despertó temprano, la calle que observaba aún estaba solitaria. Lo miró un instante mientras se levantaba de la cama y se colocaba una de las camisas de su recién estrenado amante. Optó por no ponerse nada mas. Solo la camisa.

Él aún dormía y eso era anormal en él porque solía dormir de cuatro a cinco horas. Eso sí, las siestas no las perdonaba. Pero claro, aquella noche toledana bien valía dormir la mañana. Cuando abrió los ojos su joven amante estaba junto a la ventana. La miró.  Sabía que no llevaba nada debajo  de su camisa. Se le intuía todo. Pudo ver parte de su pecho por la manga holgada al levantar  el brazo.  Volvió a tener ganas de hacerlo.

Ella pensó en los planes del día.  Pensó en como aquel hombre llegó a su vida de una forma tonta y como de una forma natural e instintiva fue quedándose  en ella, de como  sin darse cuenta fue acostumbrándose a  sus cosas, de como escuchaba sus palabras y leía sus letras y como le gustaba jugar a decirse todo lo que pensaban hacerse uno al otro.  Pensó en todos aquellos días que compartieron tiempos muertos y los convirtieron en deliciosos momentos  de complicidad y risas.   Porque ellos eran de reír.  Siempre lo habían sido cada uno en su pequeño mundo doméstico, así que juntos la tontería y los juegos tenían garantía.  

Aquél encuentro fortuito y casual no pasaría en vano, aquel tiempo era su tiempo, coincidían en pensamiento y riesgo. Sin ninguna prisa pero con ese poquito de miedo que daba tanta locura. 

Entonces él la llamó de esa forma  que solo él la llama.  Entonces ella volvió a la cama y se recostó toda sobre él.  "nos estamos enamorando un poquito".  Ella sabía que la mejor opción era que no fuera así, pero cuando la química y el instinto se desatan debes dejarlo fluir, es la mejor opción. Ella que no era demasiado enamoradiza, ni demasiado loca, ni demasiado dada a las relaciones esporádicas sabía de lo importante y mágico  que es vivir cuando se dan estas circunstancias.  Le gustaba como le decía todas esas cosas, cosas que son susurros como melodías en los jardines más alejados del Edén.  ”No te pares... “ Susurró ella con voz con cierta somnolencia mañanera.   “no olvides que estoy cerca de la tercera edad  y necesito un respiro".  
¿De qué tercera edad hablaba? Apenas se había dado cuenta de eso, era más joven que cualquier chiflado de cuarenta, que resultaban ser unos muermos. Su corazón era joven, más joven que el de ella, y tenía mucha locura en su alma, a ratos aún más que en la de su ricura de muchacha.  

Cuando se dieron cuentan siguieron acabando esa botella de placer y extasis que durante tanto tiempo solo fue  deseos y fantasías de seres libres, con poco miedo y mucha locura.