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miércoles, 12 de junio de 2019

Perdida


Todo comenzó con pequeños detalles, insignificantes gestos camuflados en los quehaceres cotidianos.  Si hago un ejercicio de memoria creo recordar que lo primero que me desconcerto fue el día en que fui a la cocina un rato y cuando volví el televisor estaba apagado.  Lo había dejado encendido, estaba segura pero ante tan sutil gesto piensas que lo apagaste sin darte cuenta... las luces se me apagaron alguna que otra vez... pensé que necesitaba alguna reparación eléctrica. Llame a mi hermano que es apañado para estas cosas y no vio nada anormal. La instalación estaba perfecta.  Perdía cosas ... simplemente desaparecían ; calcetines, pendientes y alguna que otra cosa más, pero nada era valioso  y simplemente lo daba por perdido sin darle vueltas ni importacia.

Aquel medio día cuando fui a la cocina encontré el armario de los platos abierto, supe que no lo había dejado abierto. Era una de tantas cosas sin sentido. El corazón me latio fuerte,  creo que me desmallé, era la primera vez en mi vida que me  desmallaba y fue de miedo o de impresión o de no encontrar una lógica razonable.

Cuando abrí los ojos, aturdida, supe donde estaba aunque no tuviera explicación de cómo pude llegar allí.  Siempre fui independiente, solitaria, nadie me buscó con demasiadas ganas. Ahora en casa vive una familia de 4 y un perro.  La madre reprime constantemente al animal para que no ladre.  El perro tiene la manía inexplicable de ladrar a la pared, puede llevarse horas parado frente a ese espacio y ladra con el lomo erizado. Todos lo comentan como las tonterías de un animal .
La vida sigue , apacible y luminosa, las familias con niños siempre son divertidas y ruidosa. El perro ladra cada vez que se aburre. Todos le recriminan para que deje de hacerlo. El perro me ladra y yo le sonrio. Nunca me fui, sigo aquí, en algún lugar de la casa.




miércoles, 5 de junio de 2019

... y ellos se juntan


Siempre fui y creo que sigo siendo un encanto de persona, con cara de pocos amigos pero con un corazón enorme y de verdad.  Imagino que no tenía una cara bonita y mi personalidad se pudo agriar a base de desplantes y desiluciones. Olvidaba con facilidad el arcoíris de la vida porque dentro de mi sólo había tormentas y terremotos.

Me aleje de todos. Nació como algo innato. Así que cuando lo vi a él en la puerta de casa  pensé que estaba  muerto y que ahora sólo me esperaba una eternidad de vagar como alma en pena recordando todos mis dramas. Era un perro grande y con cara de pocos amigos,  pensé que me iba a devorar de un momento a otro.

Me rendi ante mi destino despiezado como los restos de un naufragio y aquel perraco feo y terrorífico lamio mi mano. Sentí su aliento... Que asco. Y el tiempo pasó rápido como un relámpago y ahora, el Xolo, el perro considerado guía para los difuntos hacia el inframundo por los Aztecas es mi compañero de vida. Es feo y grande, con cara de pocos amigos pero tiene un corazón enorme y de verdad.  No me  devoró... sólo  sacó lo mejor de mi ... es mi mejor amigo   y ahora somos la pareja  perfecta.