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Entra y siéntete en casa...

viernes, 23 de noviembre de 2018

Inexplicable



No era muy tarde, pero a esas horas del mes de Diciembre el sol se había ocultado hacía ya unas horas.
Veían televisión, fuera llovía, el sabor a chocolate aún permanecía en su boca, a veces le gusta  comer una onza de postre. Él acarició su pierna, ella apoyó su cabeza en el hombro de su esposo...

* ¡¡¡  AY, se fue la luz !!!  - Exclamó la mujer al ver que todo se fundió en negro-.

*¿ Que dices cariño?  -  Su marido la miró desconcertado-.

A veces el porqué ocurren las cosas es algo que se escapa a nuestro entendimiento. Así que aquella noche del mes de diciembre la visión de María se fundió en negro. El mundo siguió con sus colores, con sus formas y texturas pero ella nunca más lo pudo disfrutar. Aprendió a ver el mundo como si viviera en una noche perpetua y aunque al principio se preguntó mil veces porqué, porqué a ella, un día dejó de hacerlo, en ocasiones no hay respuestas para las pregustas más importantes.




miércoles, 14 de noviembre de 2018

El andén








Lo había olvidado todo.  Estaba vacía.  Su mente era un gran océano sin horizonte, un desierto de sal y arena.  Su mirada perdida era lo poco que le quedaba a aquella octogenaria mujer. 
Cuando su marido llegó después de haber estado perdido en una  de esas antiguas guerras que duraban media vida de un hombre descubrió con pavor que su amorosa mujer ya no estaba, se había perdido en algún momento de aquellos largos años.  
Alquiló un piso cercano a la casa de su esposa, le parecía pecaminoso yacer con una mujer que no lo recordaba pero que en cambio guardaba una de las pocas cartas que pudo llegarle, una carta donde le indicaba que volvía el 23. Camuflado en un hombre servicial que se ofrecía a ayudarla pudo entrar alguna vez  en casa y encontró la carta en la mesita de noche. Esa carta era lo único que unía a su esposa con el mundo porque a pesar de que apenas podía apañárselas sola cada 23 iba a la estación, esperaba la llegada  de todos los  trenes, sin comer ni beber, ya al anochecer de cada 23 volvía a casa y no salia más en todo el mes. 
En una  de esas esperas de anden  el marido la acompañó, camuflado de atento vecino.  

- ¿ A quien esperas?

- A mi esposo, llega de la guerra, recibí esta carta  hace 10 días, me dice que llega hoy. El 23

El hombre no pudo evitar derramar alguna lágrima. Su cariñosa esposa aún le esperaba. Había olvidado todas las demás cartas que llegaron después ,  y esa, justo esa era la que recordaba, convirtiéndose en su maldición.  En lo único que le unía con el mundo real... El 23 de cada mes.