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Entra y siéntete en casa...

lunes, 21 de agosto de 2017

GranDe



Fue en una tarde de verano,
Un impulso me incitó a seguir esa senda,
Un camino  que pareció ser eterno,
Pues no fue breve la contendía.

Me hice fuerte en el dilema,
Fueron mil y un desatinos,
Largas noches de desesperanzas,
Jugaba en contra de mi propio destino.

Y aquí me encuentro hoy,
 He llegado hasta este punto.
Por fin averigüe quien soy,
Ya nada más me pregunto.

Ante ti me puedes ver,
Es para ti mi presencia.
Por el camino dejé todas las cargas,
Estoy aquí en mi más pura esencia.

He saltado tus ramas,
Vine para no volver.
Te observaba desde aquella atalaya,
Contemplemos ahora juntos cada nuevo amanecer.

Algo floreció en lo más profundo de mi ser,
Más no sé si será para siempre,
Déjame que juegue en tus ramas, que duerma en tu sombra,
Unidos en este viaje… no me dejes caer.




domingo, 20 de agosto de 2017

Jones


El Sr. Jones entra en la oficina puntualmente como cada mañana.  Hoy lleva esa camisa de cuadros con tonalidades verdes.  Un pantalón gris clarito,  su maletín y su bolsa de viaje con la comida.

El Sr. Jones da los buenos y sonríe amablemente. Tiene un brillo en los ojos lleno de vida. Le doy los  buenos días con mi mejor sonrisa pero no sé si se dio cuenta. Sigo con  mis papeles y atendiendo el teléfono que  en estas fechas del verano siempre está perezoso.

El Sr. Jones llega a su mesa y deja su maletín y su bolsa de viaje en el mismo lugar de cada mañana. Se sienta, enciende el PC y mira su teléfono móvil. Sonríe. Escribe.  Vuelve a sonreír, esta vez mas  ampliamente. Vuelve a escribir y con esa misma sonrisa con la que llegó deja a un lado el móvil y mira el PC. 

Me pregunto que lee, qué o quien le hace sonreír de esa forma tan bonita.  Mis ojos se desvían  a cada rato, el Sr. Jones me parece tan sexy... le miro, muerdo el lápiz mientras trato de descifrar que guarda en esa mirada justo antes de sonreír. Busco una escusa para acercarme todas las mañanas a su mesa, siempre hay alguna pregunta  o alguna firma que pedir.  El Sr. Jones siempre me atiende con simpatía.  Se  levanta para explicarme,  señala con su dedo todos los puntos importantes del documento que le he llevado.  De pronto pienso que desearía que ese dedo, que ese dedo con todos los demás me acariciara un instante.  El Sr. Jones me pregunta si lo entendí.   No escuché casi nada, cuando estoy así cerquita de él casi no puedo pensar con claridad.  El Sr. Jones huele tan bien, se expresa tan bien,  ¡mmm!.  Vuelvo a mi mesa. Con mis documentos, mi PC y mi lápiz mordido por los deseos de me despierta el Sr. Jones.