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sábado, 21 de enero de 2017

Gotas de amor y cobardía





Ella nunca fue valiente.  Se empeñaba en serlo pero no lo era. Vivía una vida sencilla, familiar y hogareña. Nunca necesitó de grandes viajes, proyectos  de ensueño, ni propuestas de cambio.
A ella le gustaba su vida tal y como estaba, aún sabiendo que deseaba ciertas cosas tan inalcanzables como soñadas.

Solía coincidir con Fernando en la cafetería de la Calle donde trabajaba.  Él la alagaba con gracia y ella coqueteaba sutilmente.  Nunca llegaban a más.  El respeto y la inseguridad de ambos hacían que pensaran que cada uno tenía su propia vida, incluido algún amor escondido  entre lo cotidiano y lo conocido.  Así se lo preguntó uno de esos días entre el café y el croissant con margarina. 

Ella se ruborizó, porque el único hombre que le decía cosas bonitas era él.  Ella respondió con un tímido " No... no tengo a nadie esperándome, bueno ningún hombre" - volvió a ruborizarse-
"Eso me da ciertas esperanzas. A veces nos enredamos demasiado y no sé si estamos jugando o va la cosa en serio".   Aquél día la conversación tenía tonalidades distintas.
"¿Tienes miedo de quemarte?" preguntó ella con cierta seguridad mientras daba un bocado a su croissant.
"Claro,  ¿Tú No?"  Expandió su tórax en una respiración profunda.
“Bueno... a veces. Pero he aprendido que el fuego de la pasión quema tanto como el hielo de la soledad. Y a la soledad le temo"  Helena tuvo su dosis de verdad en aquel momento.
"¿A la pasión no le temes? 
“No, para nada. ¿Me estas diciendo que tú si? Me sorprendes!!! “  Esbozó una amplia sonrisa.
"Si la desato contigo seguro que no. Eres la única mujer que se queda conmigo más de 15 min. sin perder la sonrisa y mirándome a los ojos" 

*

Fernando cerró la puerta con media vuelta de llave.  Ella lo miraba con ojos brillantes y alegres. 
“¿Quieres un vaso de agua, una cerveza, quieres tomar algo?  Dijo mientras dejaba las llaves de casa en la mesita de entrada y dejaba en una silla su bandolera.
"No... gracias" 
Se acercó a ella y le atusó el cabello. Acarició su mejilla y la besó.  Tropezaron con todos los muebles hasta llegar a la habitación donde  el huracán de sus besos y sus manos se recorrían  e hicieron despojarse de sus ropas.  "¿Estás segura de querer quemarte? le susurró él a los pies de la cama mientras bajaba la cremallera de la falda de Helena.  ”Ya estamos en las brazas tontito..."

Él la miró tumbada en la cama con aquella deliciosa ropa interior negra.  Ella abrió sus piernas y él se deslizó lentamente sobre ella hasta llegar a su boca para poder besarla de nuevo. "Me gustaría tenerte así toda la vida".

*

Ella soltó una carcajada y fue entonces cuando volvió a la cafetería, cuando volvió de su ensoñación.  Fernando estaba allí como cada mañana alagándola con gracia y ella coqueteado sutilmente.  Nunca llegaban a más.  El respeto y la inseguridad de ambos hacían que pensaran que cada uno tenía su propio amor escondido  entre lo cotidiano y lo conocido. 
Y en verdad lo tenían.  
Él lo sabía cada mañana cuando despertaba entre sábanas blancas y pensaba en ella. Recorría toda la ciudad para coincidir en el espacio y el tiempo justo para su café del descanso.
Ella lo sabía cada mañana cuando miraba el reloj de la oficina constantemente para no llegar  tarde al desayuno en aquel bar que nunca le gustó demasiado pero era donde la casualidad les hizo coincidir, donde cada mañana compartían risas y conversación, donde cada mañana compartían  sus cafés con gotas de amor y cobardía.








viernes, 20 de enero de 2017

Alimentos





Siempre supe que eras un error,
pero fue un placer comerte.
Aún así
Mi fantasía textual
siempre seguirá siendo
que me comas y punto.


~~~~~   O   ~~~~~