Páginas

♥
Entra y siéntete en casa...

viernes, 26 de agosto de 2016

La mano en el espejo



Llegaron a la vieja casa de tía Flor en primavera, cuando María empeoró de su asma  y los especialistas le aconsejaron alejarse de la ciudad.  La casa de tía Flor llevaba cerrada unos seis años, desde que falleció por culpa de su débil corazón.  

Al notar una considerable mejora María y su amigo  Daniel  decidieron quedarse en la casa de forma indefinida. Ella trabajaba en casa  y él se desplazaba a la ciudad, desde allí el viaje hasta el trabajo tan solo era de 20 minutos cuando desde su antiguo tercer piso tardaba una hora.

La casa era una casa grande, de campo y moderna, con algún toque vintage debido a esos viejos muebles de familia de los que ella nunca quería deshacerse.  En la entrada de la casa estaba el gran espejo rococó, así lo solía llamar Daniel, "el espejo rococó". Era una pieza de antigüedad, cinco generaciones de su familia habían porteado aquel espejo en cada uno de sus hogares, era la joya de la corona de su hogar y de la familia.  A Daniel nunca le gustó y ella estaba cansada de limpiar el cristal debido a las marcas de la mano que dejaba su amigo al apoyarse para coger las llaves de la mesita. Él le aseguraba que no tocaba ese espejo, sin embargo ella tenía que limpiar las huellas de dedos todos los días.
Fue el detonante de varias discusiones, Daniel se enervaba al verse el único culpable de aquel "delito doméstico" y María llegó a pensar que era asunto de las humedades, el tiempo habría provocado algún defecto en el cristal o algo así.  Cansada de tanto limpiar aquellas huellas  a principio de verano decidió cambiar el cristal del espejo. 

María se despreocupó pero a los pocos días encontró nuevamente la marca  de aquella mano en el espejo... otra vez.

Daniel la abrazaba por las noches y le convencía que era una casa vieja, con sus manías de casa vieja, las humedades del espejo y el desencaje de las maderas, uno de los peldaños de las escaleras estaba levantado y crujía constantemente...  Eran cosas de la casa. Además - añadía siempre- Esta casa es  muy de espejos, tu tía flor debió tener una vida muy loca.  Ambos se quedaban mirando el techo donde se veían reflejados en un gran espejo. María le preguntaba si quería quitarlo y él le decía que no, estaba empezando a apreciarlo. 

Vivir juntos fue la mejor decisión que habían tomado. Ambos eran almas solitarias, complejas y sencillas según los días, no habían tenido demasiada suerte en los asuntos del amor, así que pensaron que  estaría bien compartir la vida cotidiana, compartir gastos y compañía fue la mejor proposición que podían haberse hecho.  Eran amigos, solo amigos, aunque ellos sabían que a veces en aquel espejo en el techo se reflejaban imágenes lascivas y lujuriosas, imágenes de felicidad y pecado.  Los dos echaban las culpas a ese espejo de forma chistosa, nadie que duerma bajo un espejo así tarda en desbocar el mono salvaje que lleva dentro.


Pero aquella noche,  como la gran mayoría de las noches durmieron mientras la casa crujía y hablaba  bajo el manto de la noche...  Un murmullo, un quejido sutil en la distancia, el paso lento de zapatillas, el crujir del espejo y las marcar de esa mano en el espejo apoyada con fuerza para no desfallecer, los pasos en la madera de los peldaños de  la escaleras, crujir, crujir.... crujir, como si alguien estuviera subiendo esa escalera y no pudiera subir mas arriba de ese peldaño roto.  En ese peldaño donde tía Flor fue encontrada aquella mañana debido a su ataque al corazón.




~~~~~~~~~~~~~~~~~~~










martes, 23 de agosto de 2016

El aMante guisanTe




Llega sin avisar, con su pelo cortito casi rapado, con una de sus camisetas mas viejas, bermudas y chanclas de verano mordisqueadas por su perro.

Llega sin avisar, con su coche, las mochilas y nevera llena de hielos y  cervezas.  Siempre sé que vuelve, tarde el tiempo que pase siempre vuelve.  Se queda parado en la puerta de casa con esa sonrisa tonta de "¿pensabas que este verano no vendría?" con sus ojos negros como la noche más oscura y esas manos fuertes y grandes que siempre me gustaron tanto...

Llega  sin avisar,  y sin decir demasiado me invita a ese viaje, a ese rincón de la costa donde siempre nos espera la casita de pescador de su abuelo Agustín.  Y le abrazo en el portal de casa, recordando su olor, me da abrazos largos y pausados para que permanezcan en la memoria.
Me espera mientras ordeno mi vida y preparo la mochila.

Y marchamos a la costa, allí donde las olas del océano mueren salpicando las rocas y la fina arena de la playa solitaria. Allí donde me habló por primera vez de nuestro amor, donde me desnudé para él por primera vez, donde nos prometimos volver cada tanto para no olvidar el amor y el deseo.  
Allí nos espera la casita vieja y pequeñita, con sus vasos y platos desparejados que vamos dejando cada año, allí nos espera nuestra cama con colchón de ruidosos muelles. Allí nos espera las aguas saladas del océano salvaje, la música del viejo radio  oxidado por el salitre,  los bocadillos con latas de coca~cola.  Allí esperaremos sentados sobre la arena el fin de los días, y nos duchamos juntos por aquello del ahorro,  me acurruco en su cuerpo, él se acurruca en el mío,  vivimos esos días que nos regala la vida ya que nuestra forma de vida es imcompatible aunque nuestro amor sea fuerte y sincero. Nos despertamos antes de que el sol despunte, nos sentamos en el escalón de la entrada de nuestra casita y me besa y me dejo besar por su boca salada, me rindo ante él y nos enroscamos como las ramas de los viejos árboles, como las algas en los arrecifes, me susurra y le contesto, nuestras miradas se funden en ese universo nuestro, ese que construimos y que nadie conoce, reímos juntos mientras explora mis recovecos y huecos, mientras se adentra en esa cueva de vida, mientras le beso con mi boca  salada.

Y volvemos a casa con la certeza que volveremos cuando le robemos los días al tiempo, y lo miro con esa sonrisa mía y él pone su mano sobre una de mis piernas.  Y guardo en mi memoria todas sus palabras y todos sus gestos, todas esas cosas pequeñitas que solo él me regala.      Así es mi amante guisante, amigo y compañero de aventuras, ese con el que recorrería todos los infiernos y viviría todas mis vidas vividas y por vivir, es el hombre que balancea mi mundo imperfecto, él no me regala bombones ni joyas ni promesas que no cumplirá, él me regala sonrisas, ríe y pasea conmigo, es libre para marchar lejos y volver siempre, me enseña rincones nuevos y me cuenta secretos. Se moja conmigo bajo la  tormenta, aprende a pisar el césped descalzo conmigo de la mano y me hace sentir viva. Así es mi amante guisante.



~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~



http://encuentrosantesdelalba.blogspot.com.es/