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Entra y siéntete en casa...

domingo, 30 de julio de 2017

Muelle



Eres fortaleza para mi castillo, combustible de sueños que están por llegar.
No importa por donde me guie el destino, allá donde vaya tu fuerza me acompañará.
Serás  bálsamo para mis miedos.
No cabrán en mi alma lamentos, el espíritu de tu lucha será mi ejemplo hasta alcanzar el final.

Serás el azote de los gélidos vientos, la esperanza del navío perdido en las Bermudas de un lejano lugar. 
Luminoso faro que alumbra en mis desatinos, mi antorcha será tu fuego, ese que jamás me podrá quemar. 

Nada temas nunca... 
Si alguna vez te sientes solo, recuerda aquel faro con el que solías soñar. 
Ese que alumbra tu camino, el que ilumina los días oscuros e inmensos como el mar. 
Solo cierra los ojos y pronuncia mi nombre... a tu lado siempre me vas a encontrar.



jueves, 27 de julio de 2017

Sintiendo


Hay rumbos que se toman con los ojos cerrados, solo sintiendo.

En estas fechas del año las altas temperatura hacen que lleve el pelo recogido, enroscado en un moño descuidado cogido por unas pinzas. Me gusta salir de la ducha sin cubrir, sentir en mi cuerpo la agradable sensación de estar en mi hogar, el cual he mantenido estratégicamente cuidado para que el infierno de la calle no entre por ninguna rendija. En ocasiones ocurre que me quedo un rato desnuda comiendo uno de esos vasitos de helado, lamiendo la cuchara lentamente.  Sonrío al ver que me observas, con una mirada serena, guardando en delicioso silencio, posibles impulsos  que prefieres contener.

Mi cuerpo es  como la Rosa de vientos, donde cualquier rumbo que elijas se convertirá en un buen destino. Si decides mi Norte verás mis ojos de color cambiante según las luces y las sombras del momento y el lugar. Mi boca que se muerde cuando te pienso, mi lengua helada con sabor a chocolate y caramelo. Si elijes el Este o el Oeste encontrarás mis delicados y suaves brazos, dedos que buscan acariciarte, manos que aprendieron el oficio de costurera y cocinera en sus tiempos ociosos.  Pero si elijes el Sur encontrarás montañas imperfectas, llanura inmensa donde recrearte y descansar  recostado en ella en esos días donde el cuerpo no pide más, aún sabiendo que más al sur se encuentra ese oasis, esa cueva ancestral de tesoros y deseos, placeres y delirios.  Y más al sur, esos pies delicados y patosos, dados a tropezar en la misma piedra, una y otra vez,  con sus dedos erguidos por el  sentir de ciertos pensamientos íntimos que delatan la suavidad del momento.  Me pierdo en tu mirada, me ruboriza entonces el momento.  Dejo el vasito de helado abandonado y me pongo el vestido blanco con flores rosas, ese que deja ver mis rodillas, no me pongo más, quiero que sepas que no hay más debajo de ese vestido de saldo.

Y la tarde avanza, posiblemente alguien llame a la puerta y deba atenderle o simplemente pase la tarde en el jardín arreglando las macetas y las flores. Y  te sentarás en tu silla favorita con una de tus infusiones esperando que algún viento levante mi vestido, que creas ver lo que no has vistos, y esperes pacientemente el mejor momento. Lo sabes al igual que yo...


Hay rumbos que se toman con los ojos cerrados, solo sintiendo.





lunes, 24 de julio de 2017

Calabacín aventurero




Eres mi pensamiento secreto, como secreto es este deseo loco y sin medida que guardo en esta vieja cueva de susurros y caricias.

Has sido uno de esos amores a primera vista. Tan solo con un puñado de conversaciones me di cuenta. Me acaricias constantemente con tu voz,  y tus letras son el veneno que recorre mis venas galopando desbocadas hacia mi corazón sediento de todas esas cosas tuyas.

Me abrazas fuerte y me avisas que la voy a liar, sonríes.  Tienes razón. Y aunque la líe una vez más nunca te marchas.  Quieres quedarte, yo  quiero quedarme contigo. 
A veces en esta vida hay caminos que se cruzan en un punto para no volver a separarse jamás.  El deseo no es una ciencia exacta, pero la ecuación es la más simple de todas...

Si, ya lo sé. Me pierdes... me pierdo en toda esa sensatez tan tuya.  Solo veo tus ojos cuando me miras en esos ratitos de intimidad, esos momentos en los que solo estamos tú y yo, sin más mundo. Y te veo como ese cowboy que regresa a casa, siempre mirando un horizonte lleno de aventuras y venturas.  Deseo que llegues a mis tierras, a mi mundo, a mi cueva secreta con secretos pensamientos, todos tuyos.

Te deseo, te pienso y sueño que has llegado pronto, no te esperaba. Cuando entro  en casa te veo dormido en ese rinconcito tuyo. Te dejo dormir, los cowboys cuando llegan a casa siempre quieren dormir.

A media tarde te preparo un café, lo he puesto en la mesa donde estas sentado y dejo que acaricies mis piernas con esa suavidad y confianza del amante  que conoce el camino. Has bebido y has comido, los cowboys cuando llegan a casa siempre tienen hambre.

Y entonces me miras, con esos ojos de mirar, me encuentras en la cocina, te acercas por detrás y me dices eso, "mmm", me sonrojo al mismo tiempo que me muerdo la boca por dentro, me besas el cuello, acaricias los hombros y resbalas tus manos por mi silueta, llegas a los muslos y subes el vestido, bordeas con los dedos las bragas. Te acercas, lo noto, noto tu calabacín aventurero.   Me vuelvo hacia ti, te ríes, te sorprendes.  Nos quedamos en silencio unos instantes. "Corazón mío, mírame".  Me miras, veo tus ganas, tu deseo que es el mío.  Cojo tus manos y las llevo a mis pechos que se hacen pequeños en el hueco de tus  caricias.  Me desabrochas los cinco botones del vestido. El vestido cae.  Te abrazo y tú buscas mi boca. Saciamos la sed del tiempo perdido. Me coges en brazos, a horcajadas,  mis piernas rodean tu cintura y mis  manos rodean tu cuello.   Me dejas en mitad de la cama. Te deseo...  mi corazón late desbocado,  siento esa pesadez entre el miedo, y las ganas.  Te  quitas la ropa y veo tu bonito calabacín siempre tan alegre y contento,  gateas hacia mí, entre mis piernas.  Acaricias mis muslos, los besas. Cierro los ojos y pienso lo mucho que deseo que lo hagas.   Besas mi vientre que tiembla por pudor y excitación. Subes un momento hacia mi rostro, me susurras, me haces sonreír,  yo te contesto y tú... tú te ríes a carcajadas.  Me miras, te miro.  Durante un par de segundos sabemos que solo estamos tú y yo. Olvidando el camino que nos trajo aquí, a este delicioso instante.  Vuelves a mi vientre, acaricias mi silueta y deslizas mis braguitas hasta despojarme de ellas por completo.  Te encajas en mí, mis piernas te abrazan, mis manos te acarician.  Ahora todo está en manos de calabacín el aventurero, ese que sabe tan bien el camino a las delicias,  los placeres y a las mejores  mieles.

Te sueño y sé que  aunque todo se desbanecerá  con el tiempo, hoy eres mi pensamiento secreto, como secreto es este deseo loco y sin medida que guardo en esta vieja cueva de susurros y caricias.





viernes, 21 de julio de 2017

Largo día de verano





Hoy pienso en nosotros. En nuestro lago secreto donde soy ondina que juega enredando mi melena y mis piernas en el único hombre que ven mis ojos. En nuestro lago donde nos sentimos a salvo del mundo, donde solo estamos tú y yo.

Hoy pienso en nosotros.  Todo ha sido fácil y espontáneo, natural y sin saber  donde llegaban esas ganas que de pronto despertaban en forma de curiosidad y diversión.
Las mismas ganas, diversión y curiosidad que cuando éramos niños y pasábamos sólo un día en la playa, un día que había que apurar y disfrutar al máximo, donde conocías a algún  niño y le preguntabas  "Si quería ser tu amigo"   él decía que si, y durante ese día éramos los mejores amigos del mundo mundial, compartiendo juegos, risas, miedos, y algún secreto, olvidando que el día, en algún momento acabaría.

Hoy pienso en nosotros. Ya no somos niños ni nuestro tiempo es un día de playa, ni nuestros juegos son juegos de arena, conchas y olas.  La inocencia que aún queda en mí como pequeños residuos de oro y perlas ve al niño, al joven, al hombre que hay en tu mirada.  Y vivo contigo mi largo día de verano compartiendo todo eso que cada día vamos creando a poquito y ya olvidé quien hizo la pregunta, ¿Quieres ser mi amig@? ya olvidé quién respondió con ese si, olvidé nuestra primera conversación y esa primera mirada. 
Siento, eso sí con mucha fuerza, las ganas de querer  quedarme contigo a jugar, a reír, y compartir, como no,  algún secreto. 
Siento,  con la misma fuerza, ese pensamiento de estar con el mejor amigo del mundo mundial. 
Siento, dejándome llevar por una dulce locura, - con la inquietud de no saber donde nos llevará las aguas de la fortuna, ni  la borrachera de los besos que damos y de los que deseamos,  ni los dátiles del amor y  los placeres que nos estuvimos guardando -, que hoy más que nunca quiero vivir contigo nuestro largo día de verano. 






miércoles, 19 de julio de 2017

En mitad de ningún lugar




Ella estaba desnuda, cuando está con él la mayoría del tiempo prescinde  de la ropa, con él solo posee piel y corazón.   Lo miró como  rendida, con la necesidad que él la entendiera.  Ella era ingenua, aún no había descubierto que él ya la entendía desde hacía tiempo y con esa carita tan suya, la escuchó con parsimonia.


Yo no soy una mujer con suerte,  al menos  con esa suerte estándar  y de manual, que la sociedad marca como buena.
Yo no soy valiente, me aferro a mi zona de confort, donde me siento segura, fuerte y a salvo de cualquier infortunada sorpresa.
Sin embargo, considero que tengo una buena vida. Sin lujos, una vida cotidiana y domestica, familiar y de amigos; no demasiados, pero todos sabemos que los amigos que quedan a los 45 años son los de verdad. Soy positiva, risueña, tengo empatía con la gente,  debilidad por los casos perdidos, quizás demasiada, también tengo mi momento cascarrabias, cabezota y la sombra de la inseguridad  me sobrevuela alguna que otra vez.
Lloro con tanta facilidad como me río,  solo que no lloro más que cuando el agobio me supera.
No me gusta el dinero ni las cosas nuevas, ni las cosas caras, ni los lujos exagerados,  ni el tanto tienes tanto vales. Siempre fui rebelde.  Pasé una infancia enfadada casi todo el tiempo, y una adolescencia  estando en todos los fregaos.  En los asuntos del amor tengo mis historias, historias bonitas que guardo con delicadeza y una sonrisa.
Durante mucho tiempo me he sentido lejos, lejos de cualquier camino. Incluso ahora, siendo mujer adulta, en algunos momentos no sé hacia donde dirigir mis pasos. Y yo solo camino. 

En mi vida llena de cosas y de gente maravillosa con la que comparto risas y preocupaciones.  En mi vida llena de tiempo ocupado; "de esto, de lo otro, de aquí y allá", siempre sentía un hueco vacío, no era hambre, ni sed  ni frío.  Era un hueco que siempre  sentí  y con el que aprendí a vivir. 

Sé que las cosas, son solo cosas, que se gastan, se estropean y se cambian por otras nuevas. Que el mejor legado que puedes dar es tu forma de ser y tu corazón. Veo a ese niño que fuiste, al adolescente rebelde y entregado que  construyó su propio mundo. Veo el hombre que eres. Descubro en ti un hombre con magia. Un hombre lleno de imperfecciones perfectas. El que me hizo un poco suya y encajaste a la perfección, en ese hueco vacío, como pieza de puzzle.  Por eso deseo que la vida sea amable con nosotros, y que  hagamos por vivir una vida bonita, y  estemos siempre a gusto en nuestro mundo, en nuestra burbuja propia y compartida.  Siento que cuando me pasan cosas buenas siempre pienso en ti, y cuando estoy enfadada con la vida, también corro a decírtelo como la niña pequeña que busca consuelo. 
No es que te necesite en mi vida, pero sin ti (y por eso me gustas) soy como una niña que se queda sin el rato de recreo.  Eres el patio donde puedo ser yo en estado puro y hacer lo que quiera.   Imagino que sigo lejos de cualquier camino, pero hoy tengo todas esas cosas, cosas que no son cosas, que me encantan, que veo, que toco y me llenan... 


Con 20 años sentía un hueco vacío. No era hambre, ni sed,  ni frío.  Era un hueco que siempre  sentí  y con el que aprendí a vivir.  A los 40 años ocupas ese hueco, encajaste suave y sin darme cuenta.  Ese hueco era el tuyo y nadie podía ocuparlo. A penas soy consciente de estar aún en mitad de ningún lugar...  y ya no me importa demasiado...   


Él seguía plantando allí sin saber que decir ante ese momento donde ella había derramado casi todo lo que llevaba dentro.  No pudo decirle mucho. En ese momento, solo la abrazó. 



lunes, 17 de julio de 2017

Ratitos - Tabulé -





Creedme cuando os digo que no había  un hombre que  le aportara tanto  en toda su vida. Para ella; todo él es intimidad. Todo él es sabiduría.  Todo él es generosidad.  Aunque sé que él  diría con cierta compasión al  sentir la dulzura de su amada eso de: Todo lo mío son años.

Él llegó un par de horas más tarde  con un libro; un par de bombillas para reponer las que se fundieron hace tres noches, y tabulé.  A ella le encanta el tabulé, es una ensalada fría ideal para los meses de calor.

Ella sale de la piscina cuando él se asoma al jardín; la observa como se tumba al sol, como se desprende de su pinza dejando su melena agitada al viento cubriendo sus hombros bañados por el sol de medio día.

Él se quita la ropa y se refresca de la mañana en la ciudad en la ducha del jardín.  Ella lo mira.  Lo mira... lo mira.  Coloca una toalla en la hierba cerquita de ella y él se sienta  a su lado y se recuesta, apoyando su cabeza en su vientre.  Juega con el borde de las bragas del biquini con sus dedos, se gira, quiere ver lo que hay más allá de la frontera que miman sus manos, sus dedos bordean la línea del biquini, eleva la gomilla y otea la inmensidad de Venus y su monte. Ella le deja sintiendo como su cuerpo se eriza, sonríe con los ojos cerrados al sentir las cosquillas cuando  roza su cintura, justo en ese punto que sólo él conoce y guarda celosamente como si fuera la X de un mapa con tesoros.
Deciden levantarse, ella se quita el biquini mojado y se cubre con un pareo rosa con grande flores blancas.  Comen  en la cocina.  Ella le ha hecho fiesta  al tabulé. Se ha bebido un par de cervezas. A él le gusta que coma tabulé desnuda cubierta tan solo con ese pareo.
  
Todo se ralentiza entonces. Él deambula sosegado  por la casa.  Ella se ha tumbado en un sofá con un libro que ojea sin demasiada atención en ese momento.  Espera justo que él pase por su lado para abrirse el pareo, ese rosa con grandes flores blancas. "Ven mi vida, ven".  Y él va hacia ella. La libera del pareo, quiere mirarla, así tal cual.   Ella le atrae con sus brazos para sentirlo sobre su cuerpo, sobre sus pechos templados.  Todo en él es íntimo.  Todo en él es extremadamente sensual. Sus manos son suaves y recorren su cuerpo  como un explorador en tierras vírgenes. "Look at me".  Ella abre los ojos y lo mira. El tiempo pasa despacito, él le dice cosas al oído, ella... ¡Ains!, ella se deja acariciar como si fuera una gatita dócil.  Se arremolina, se agita, le gusta sentirse uno.  A un ritmo, con dos corazones.  Los dos beben el mismo aire. Se ahogan en el mismo suspiro.  Calma, el tiempo pasa despacito, todo se acompasa...   "Look at me"  Y puede ver su propio infinito en  aquellos ojos verdes que le desean.  Vuelan ingrávidos.
  
Él cubre a su gatita salvaje con el pareo. Vuelve a sus rutinas. Nunca hubiera imaginado tanto deseo y tanto gozo en estas lunas. 
Para ella; todo él es intimidad. Todo él es sabiduría.  Todo él es generosidad.  Aunque sé que él  diría con cierta compasión al  sentir la dulzura de su amada eso de: Todo lo mío son años.








jueves, 13 de julio de 2017

Ratitos -Champú-


Él entra a orinar.  Ella está en la bañera.  Mientras él está en lo suyo la observa en aquel ritual íntimo de geles con aroma a coco y esponjas naturales.  "Amor... ¿me puedes acercar el champú?”.

Coge el bote; blanco con letras doradas. Ella alarga su brazo y lo deja en el borde de la bañera.  Él no se guarda las ganas y se quita los pantalones mientras le pregunta si quiere que le lave el pelo.  Ella no dice nada pero  el gesto de dejar espacio en la bañera a su amor advierte su aprobación.

Encajan perfectamente en esa bañera de dos.  Deja caer suavemente el agua sobre la cabeza de la hermosa mujer que siempre será muchacha.   Él se ha colocado a su espalda,  con sus piernas franqueado el suave cuerpo de ella. La muchacha acaricia los pies de él mientras siente el agua tibia , el champú y los dedos masajeando con suavidad la nuca, la sien, toda su melena color chocolate con alguna cana furtiva.   Aclara el cabello, desliza sus dedos entre los mechones mientras ella desliza sus manos hasta los tobillos de su amor, acariciándolos  con sus dedos arrugados como tentáculo de pulpo.

Él suspira al ver que terminó. Se desliza y se acomoda hacia atrás,  ella se desliza y se acomoda sobre él.   La espuma cubre sus cuerpos.  La abraza, juega con sus pezones sin ninguna otra intención. Ella gira la cabeza y le da un beso en la mejilla, de esos con ruido, de  esos que gustan y con los dedos de unos de los pies tira hacia arriba del tapón para que el agua desaparezca, dando por zanjado aquel momento de ritual íntimo de geles con aroma a coco y esponjas naturales hoy con el extra especial de saberlo compartir. Salen de la bañera, se visten.


Ella se está  secando el pelo cuando él aparece por la puerta  "Voy a eso, no tardo".   Ella asiente con la cabeza. El ruido del secador apenas le hace oírle. Él  se acerca,  le da un beso en el cuello y le anuncia que cuando vuelva seguirán por  donde lo dejaron. Ella sonríe coqueta, con las ganas guardadas en sus ojos verdes aceituna.






martes, 11 de julio de 2017

Los vacíos de Guisante



Andaba yo dispersa en aquellos días;  mi guisante estaba desde hacía algún tiempo en esos vacíos existenciales,  en esos retiros que acostumbra a tener. Retiros del mundo, de todo lo que ama y de todo lo que odia. Y yo como todo lo  del mundo,  también entro en ese retiro.  


Hoy he ido yo a él.  Lo primero que he visto es mi cuadro: yo desnuda en mitad de su salón, es el cuadro más grande de la casa.   Mi guisante pintaba pero ya no pinta. Ahora es un hombre nuevo de historias y libros.  Recordé aquel guisante que pedía que me desnudara para él y  me  quedara sentada en la cama cubriendo lo mínimo entre sus  sábanas, quietecita, sin moverme demasiado y sin hacer mis travesuras, esas de la niña inquieta y juguetona que soy, solo con él, mi amante guisante.   Recuerdo su mirada, serena y concentrada, sus manos manchadas de óleo y sus ojos llenos de deseos guardados.
La casa en silencio me anunciaba que guisante no estaba... me he asomado  por  la gran ventana del salón.  Lo he visto allí abajo.  Tumbado al sol de la mañana. Contemplando el amanecer de un lunes de Julio.  He ido a su encuentro.  Me he quitado los zapatos antes de entrar en la zona de césped.  Si hay algo que me guste es la sensación del césped mojado en los días de calor.   Guisante se ha incorporado al ver como me acercaba.   Me he quedado de pie al llegar a él.  Con mi vestido de flores y cremallera en la espalda.  Guisante deja su libro en el suelo y se levanta.  "What´s wrong with T.?" 
-Solo quería volver a ti.  Solo quería escuchar tus palabras.  Solo quería mirar tus ojos.  Solo quería sentir que de alguna forma estaba en tu corazón-.

Acaricio la cara de guisante.  Ese amante tan mío que se siente viejo y cansado  de una forma tan graciosa y a la ligera. Sin pensar demasiado que él es mi pensamiento mas íntimo y secreto, mi pensamiento más divertido y agradecido.  Guisante se acerca y me miraa los ojos, sabe todo lo que  dicen mis ojos.  Se acerca. Más cerca, piel con piel pero,  sin rozarnos, y me canta esa canción al oído, la sonrisa se nos escapa.  Guisante hace descansar sus manos en mi culito mientras el susurro de su canción es como la melodía de todo lo que nos gusta compartir. Roza su boca en la mía sin besarla.   Deja de cantar y nuestras miradas llegan a ese acuerdo. Sube mi vestido suave y baja mis bragas que caen gracias a la gravedad hasta mis tobillos.  "Guisante... "  Le digo flojito  mientras paso mis manos por su cintura hasta su espalda, abrazándole.  Le beso mientras él explora bajo el vestido con su mano.  "Guisante... vida mía, estamos rodeados de las ventanas de los vecinos... ". 

Mi amante guisante es olvidadizo en esos momentos de deleite y placeres pero parece  volver un instante a ese espacio común del mundo, donde pronto llegarán todos los demás para darse baños de sol y cloro. Vuelve un momento a la realidad de las ventanas y viejos visillos.  Solo un instante. El justo para cogerme  a horcajadas  como si fuera la niña que no es difícil encontrar en mi.  Me coge en brazos y me lleva a casa olvidando mis bragas y su libro en el césped comunitario.



Andaba yo dispersa en aquellos días.   Mi guisante estaba desde hacía algún tiempo en esos vacíos y yo... yo he ido a él. Para sentir esa deliciosa sensación  que encuentro en él.    Es Lunes, casi la hora de comer.  Y vuelvo a tener esa agradable sensación de estar desnuda bajo el manto protector del hombre que deseo. Guisante me acerca uno de esos libros que andan por casa, de esos que nunca deja de leer.  "Lee un poco de este, te va a gustar"  Dice a la vez que pellizca uno de mis pezones que miran al techo luciendo júbilo y cicatriz.

 Guisante pasea desnudo mientras abro el libro, se acerca a la ventana y mira esos espacios comunes a estas horas concurridos de niños y madres ociosas. Mira el césped... mira su libro y las bragas abandonadas en el césped de la comunidad.



domingo, 9 de julio de 2017

Remolino de viento



No sé demasiado de amor, lo he gastado todo en desiertos de hielo.
El tiempo ha pasado demasiado rápido y ya dejé de otear el horizonte esperando no sé qué, no sé a quien.

Su nombre siempre lo pronuncio en susurro, como si fuera un remolino de viento en las tardes de verano que remueven mi flequillo, que siento pero no veo. 

No sé demasiado de realidades ni de planes,  los olvidé bajo alguna piedra del camino.  El tiempo pasó demasiado rápido y el hielo se acumuló en mi horizonte...
Pero tengo un espacio fantasma disfrazado de hogar. Una laguna en mitad de la nada, un lugar donde las melodías  se mezclan con el olor a tu cuerpo y el mío, el sabor a ensaladas y libros acumulados en las mesas.

Es curioso, pero a veces,  mirando esa vida que no me es ajena me descubro desierta... masticando las letras de su nombre, como si me supieran a   luz y a agua fresca.  Y entra en mí por las grietas de mi corazón de hielo, y me quedo varada como sirena de cuento. 
Y sueño con verle reír a carcajadas, sin miedos y con el corazón atolondrado en esos momentos de la vida donde no se requiera la sensatez del hombre que es. 

Hay tantas cosas que me gustaría decirle...

Y así suele suceder, así suele ir el mundo. Solemos tomar caminos que nos distraen y terminamos perdidos en lugares que no reconocemos como nuestros.  Los nubarrones nos invaden con viejas emociones, atiborrándonos de recuerdos abstractos e ideas confusas y entonces me descubro desierta... masticando las letras de su nombre, me saben a vida, me saben a tí.





viernes, 7 de julio de 2017

AfeiTado





Llega ese momento en que el tiempo se ralentiza. La casa se calma.  Los sonidos se silencian, incluso nuestros corazones parecen ir a un ritmo distinto.



Me quedo en la puerta del baño. Te miro.  Mis ojos son como los de una adolescente que nunca vio. Tu cuerpo me embelesa. Paso mis dedos inconscientemente por mi boca haciendo el amago de morderme las uñas sin romperlas, sumergida en tu cuerpo  sin camiseta y con la espuma de afeitar cubriendo parte de tu cara. Me miras.  Tus ojos sonríen a través del espejo porque sabes las ganas que me guardo. Te rasuras la barba despacito. Mi corazón se acelera.  Tu pausa me hace salir de mi ensimismamiento.  Dejas la maquinilla olvidada en el mármol del lavabo.  Sabes que me muero de ganas.  Me acerco, despacio, sin decir nada.  Cojo la maquinilla, te miro... te dejas, dejas que pase suave la cuchilla y rasure tu barba. Yo dejo que tus dedos rocen suave mi barriga y m¡ cintura.  Después de algunos minutos termino.  Paso  mis manos por tu rostro. Todo está en calma.  Me muerdo la boca por dentro y tú, tú que lo sabes esperas  el momento. Esperas que mi boca llegue a la tuya, dejas que el beso se alargue. Dejas  que el beso dure. Sabes que me gusta, sabes que después de este momento solo hay un camino al que dirigirnos...  tu cama.





miércoles, 5 de julio de 2017

El oasis de cada día




A veces, cuando las palabras se agolpan en tu pecho
Y las ideas se alborotan en el interior de tu mente,
Solo tienes la necesidad de apreciar 
Esos momentos de soledad y reflexión...

A veces,  solo podrás  ver mi sonrisa
Agradecida por despojarme de las realidades y traerme el verano.
Por decirme bonita aún sin serlo.
Por saberme en tu alma, por besarme con tus palabras aladas para evadirme de las pesadillas.
Por haberme encontrado, por quererme y querer jugar conmigo...

Por darte a mí y ser tú.



domingo, 2 de julio de 2017

Vecinos V y último





Había pasado tiempo...   puede que más de lo que mi mente creía. Había pasado de las chanclas a la bufanda y nuevamente a las camisetas de tirantas sin apenas darme cuenta.  Cuando una es feliz el tiempo es fugaz.

Desde hacía tres meses trabajaba en una clínica veterinaria. Era la primera persona que veían los animales enfermos que llegaban con sus dueños asustados la mayoría de las ocasiones.

Hoy  no trabajo. Es día de fiesta. Me encantan estos días y no solo porque no tengo que atravesar media ciudad y abrirme paso entre el bullicio de gentes que deambulan sin ton ni son  hacia un destino desconocido para mi, sino porque me quedo en casa y eso es equivalente a compartir algún tiempo regalado con mi Alain.

Me he levantado temprano. He limpiado los platos y vasos de la cena de ayer. Esperé tomando un café  a que terminara la lavadora. Pensaba qué regalo sería el ideal para Alain.  Faltaban cinco días para su cumpleaños.   He tenido que comprar un cesto para la ropa  más grande. Alain la deja olvidada y desde hace ya algún tiempo tiene sus espacios en casa;  cepillo de dientes, maquinilla de afeitar, un par de cajones para sus camiseta y calzoncillos...
Agradezco que hubiéramos tenido esa  idea. No hubiera sabido que decir cuando descubrió sus calzoncillos perdidos entre mis bragas.  Aquél día ya existía su cajón  y el despiste fue mi mejor argumento.  Aún así  supe  que detrás de  la risa que esbozó en ese momento estaba el Alain discreto que no quería ponerme en aprietos, porque sabía bien que era fácil avergonzarme con ciertos aspectos como aquél.  Me miró y me buscó para abrazarme, me dijo algunas palabras cariñosas, palabras de complicidad.



Terminaba de tender cuando Alaín se asomó por la ventana. Me dio los buenos días y ponderó el olor a café.  - Ven. Ven conmigo y te preparo el desayuno-  Dije mientras recogía mi melena en una coleta.  Él aceptó, dijo algo que no entendí y desapareció de mi vista.     Cerré la ventana, y me subí uno de los tirantes de la camiseta que se resbaló por mi hombro dejando, creo, parte de mi seno al descubierto.
Creo que  vino corriendo. Nadie tarda tan  poco tiempo en recorrer tan largo trecho de pasillos. Cuando abrí la puerta tenía esa sonrisa de pícaro tan suya. Me acorraló entre sus brazos tan pronto la puerta se cerró y se sintió bajo el cobijo de la intimidad.  Me abrazó, me besó en la comisura de la boca y me dijo que era lo mas bonito que había visto aquella mañana.  Sin alargar demasiado los tiempos fue a la cocina y se sentó mientras le preparaba el desayuno, él me contaba algunos planes, eran muy divertidos.  Planes con sus amigos del pueblo que pasaban aquellos días en la ciudad.

- ¿Quieres que hagamos algo juntos?  Podemos ir a esa exposición que tanto te gustaba, han abierto un par de salas nuevas-.    Tenía ganas de pasar momentos con él, compartir esas cosas que nos unían.

Alaín miró la tostada, no me miró a los ojos, dijo que no tenía mucho tiempo. Me enumeró multitud de cosas importantes. Cosas que ocuparían mucho su tiempo. Un tiempo en el  que yo parecía no estar. Imagino que tendría que asimilar que ya no era novedad. Que la pasión se asentaba y nuestra relación ya era cotidiana, no teníamos necesidad de ser prioridad  ya que sabíamos que estaríamos uno para el otro en algún momento del día.

Alaín bebió su café y se tomó su tostada.  Entró al baño para cepillarse los dientes mientras yo escribía mensajes de textos que me hacían sonreír de una forma tonta.  Alain se despidió con un beso en la boca. Olía bien. Iba muy guapo para ir al encuentro de sus amigos del pueblo.  Me pellizcó el glúteo y  me preguntó si  nos veríamos a la noche.  Dudé  de esa posibilidad, tenía esos mensajes de texto en la mente.  -Posiblemente hoy llegue tarde- Comenté.  Él no dijo nada más.  Sentí cierto alivio  por tener un margen extra de libertad.

Lo vi pasar por el patio interior. Era el hombre  bueno y atento en todos los aspectos de la vida.  Deseaba tenerle  durante toda la vida a mi lado, sin embargo intuía que todo tenía su tiempo. Y yo con todo mi amor también terminaría siendo un capítulo más. Al menos ese era mi miedo porque comenzaba a sentirme como una mujer enamorada.

El teléfono sonó en mitad de la tarde, mientras pasaba la tarde en la cafetería con las amigas. Era un mensaje de texto...  era Alain.  Cuando lo leí sonreí, puse esa cara boba. Contesté.  En ese instante supe que Alain se quedaría a  mi lado. Que compartiríamos la vida mucho tiempo más. Él era mi amigo, mi cosita dulce, mi pequeño amante.




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