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Entra y siéntete en casa...

viernes, 31 de marzo de 2017

ConGelaDo






No le gusta estar triste ni enfadada.

Todo se quedó intacto, congelado como un gran mamut bajo el hielo del Ártico.
Todas las fotos, las meriendas, los libros en los estantes. 
Todos los ratitos a media tarde,  el cenicero junto a la ventana, las flores del jardín del vecino en el jarrón del salón.
Las conversaciones de buena mañana, todas las risas, todas las lágrimas, todo lo creado, lo que se hizo y se quedó por hacer. 
Todo lo que se contó, todo lo que se quedó por  decir, todos los días de sol,  todos los miedos y esas tormentas vencidas, todos los días grises, todas esas risas, todos nuestros nombres... todas esas alegrías. Todo.

Todo se quedó intacto, congelado como un gran mamut bajo el hielo del Ártico.
Perdurará en el tiempo, como en un sueño, siempre habrá una luz encendida por si un día vuelve y seguirá andando por  el camino del baldosas amarillas como Dorothy en Oz.

No le gusta estar triste ni enfadada.




miércoles, 29 de marzo de 2017

Como dios




Hoy he matado.
Estaba comiendo mis nueces cuando me di cuenta que en las cáscaras había un gusano.
Uh! ¿Habría más? ¿Me los habré comido? Da igual... proteínas son.
El caso es que el gusano se escapaba y yo lo devolvía al montoncito de cáscaras sin tener claro que hacer con él.

Se volvía a escapar dirección  a las naranjas que había en la mesa cuando sin pensarlo muy bien lo he metido en una servilleta de papel y... lo he aplastado. 

Si... he sentido su muerte bajo mi dedo índice que ha sido como el dedo aniquilador de dios y de golpe he sido consciente de que he matado. Y yo que no mato nunca ni a las moscas me siento culpable y aunque le dije... lo siento no quise hacerlo pero no sabía que hacer contigo. Ahora el remordimiento está en mí.








domingo, 26 de marzo de 2017

Cosas de familia



Diana apareció en la puerta de  casa de mi hermana. Abandonada. Sola, cansada y desorientada. Siempre he  pensado que el azar trae las cosas más importantes a tu vida y ella entre todos los caminos del mundo decidió coger el camino a casa.

Mi hermana tiene dos perros, así que con el desconcierto inicial y con la idea de que el dueño de la preciosa perrita apareciera   de un momento a otro, la cuidamos los primeros días.  Pero los meses pasaron y ahora Diana, la perra que llegó del viento pertenece a nuestra familia. Es como mi hija perro, a la que adopté sin tenerlo pensado, simplemente porque ella me eligió.

Han pasado muchos meses y podría decirse que se ha convertido en una adolescente, alocada y bien bonita, eso si.  Cuando te saluda quiere lamerte y lo consigue casi siempre, es una perra fuerte y fibrosa y aunque nunca hemos podido saber la raza que era pensamos por su actitud que es una perra de caza.  Estos días atrás le llegó el celo, ay dios!! y  el momento que siempre comentamos de una forma jocosa y picante  ha llegado.  Ella y Loki ( el perro de mi hermana) desde el primer día que se vieron tuvieron una conexión especial.  Desde el primer día  pasan día y noche juntos, duermen, comen, juegan y mantienen una relación inseparable, donde está uno está ella y viceversa.   A veces los podías ver dejándose llevar por el instinto   pero como eran pequeños pues...   pero ahora la cosa va en serio, ahora él está por  la labor y ella se deja sin miedo.  Él aúlla como el lobo que es y ella llora porque no quiere estar apartada para evitar la proliferación de perritos que no podríamos cuidar.  

Así que estos días está conmigo, en mi casa.  Ha crecido en una casa de campo y mi casita de barrio se le hace pequeña.  En ocasiones se sienta junto al coche... sabe que si vino en ese vehículo volverá con su loki en el mismo transporte.  Por las noches duerme conmigo,  en mi cuarto. No quiere estar sola en ningún momento. De madrugada la siento roncar y hacer sus ruiditos... Saco la mano de mi colcha y  ella la huele, la lame y busca el calor de mi cuerpo, a veces sube a mi cama y yo, a pesar  de que nadie quiere que se  suba a la cama yo la dejo un ratito. La acaricio y la dejo estar. Dormimos juntas y creedme que ella ocupa más espacio que yo.

Loki se lleva todo el día buscándola y ella se adapta a ser una perrita de barrio.  No  volverá a su campo hasta dentro de algunos días y no mucho tiempo después la operaré para que este desenfreno desaparezca y no tengan que separarse más.  

A mi me encanta tenerla en casa, es un poco loca y a penas atiende a razones pero cuando la miro siempre pienso donde podría haber estado si aquella mañana de octubre no hubiera parado en esa puerta. Si la brújula del azar la hubiera dirigido a cualquier otro punto del mapa.  Que desdichado destino le hubiese aguardado si las circunstancias y los momentos no nos hubieran unido.

Se llama Diana 2ª.  La primera Diana fue la perra de mi abuelo, él se la llevaba con él allá donde iba, un día paró  en una venta de carretera y bueno... se perdió, estuvo buscándola durante meses pero nunca apareció. De alguna forma es como si 50 años mas tarde Diana hubiera aparecido y no tenía otro lugar  a donde ir más que  a su casa, con su familia... 

Mientras que pasan estos días y su cuerpo de perrita adolescente vuelve a regularse se quedará aquí conmigo...   Y su amigo loki la espera con su apariencia de lobo feroz aún siendo el perro más noble y cariñoso que he tratado en muchos años.







viernes, 24 de marzo de 2017

Hacer las paces con Guisante


Guisante se ha enfadado. Y por una vez él era inocente.  Las mujeres suelen ser a veces raras, y su morena le soltó que ya no más.  ¿Pero que es lo que había hecho?  Nada... de echo en los últimos tiempo se estaba comportando tan decentemente que casi no se reconocía.  Sin embargo ella había decidido zanjar una historia que sin ser nada, era todo.

Dos meses, dos jodidos meses sin saber nada de ella y de pronto  vuelve a estar sentada en el sofá de casa,  descalza y con las piernas enroscadas de una forma imposible.  Sabe que su distanciamiento no tenía mucha explicación, más que el agotamiento de saber que su guisante no será nunca nada más allá que su amante divertido. 

Guisante a pesar de todo se alegra, olvida los constantes intentos fallidos de acercamiento.  Las mujeres suelen estar un poco locas y su morena no era excepción.  Así que aquella noche se esforzaría en dar esa versión de él que  sabía que a ella le gustaba. 

Una llamada interrumpe el reencuentro. Un amigo que regenta un bar de barrio necesita la ayuda de guisante para que le eche una mano  en la cocina, el cocinero le ha fallado.  Guisante y su morena van al bar.  Croquetas, pavías y aliños variados.    Hay tiempo  de sobra para su elaboración  y el dueño del bar los deja trabajando en la cocina con el bar cerrado.  No abren hasta pasadas las 8 de la tarde.  
Los dos trabajan sin descanso, la cocina termina  cubierta de harinas y masas.  Ella parece  dar por terminada su tarea, él descubre que su pelo está alborotado y  algún botón de su camisa  se ha desabrochado.  La abraza por detrás y le besa el cuello.  Aunque ella parece estar receptiva mira el reloj descubriendo que falta 15 min. para abrir el local.  Guisante le susurra y la voltea y la coge en brazos y la sienta en la encimera.  " Guisante, son menos diez"   él la besa, no escucha nada.  Ella se deja hacer, y se anima por momentos mientras observa las manecillas del reloj que avanzan frenéticamente.  "Guisante.... que es la hora, que van a llegar, que ... "  siente como sus bragas dejan de estar. Ella se deja caer y... olvida el reloj, los minutos que avanzan y tan solo siente a su amante guisante,  la hace reír  y olvida casi todo, hasta que el ruido de un portazo los alerta.  Saben que se tarda 7 segundo en llegar a donde ellos se encuentran. Guisante se desacopla,  se reajusta y ella da un salto para bajar de la encimera y busca sus bragas  descubriéndolas en la encimera bien cubiertas de harina.  El dueño del bar entra, ella en un último acto reflejo se mete las bragas en el bolsillo.  Todo aparenta normalita. El amigo saluda y se siente aliviados de que el asunto de la comida se haya solucionado.   Guisante y su morena aún están agitados y el dueño del bar disimula, hace creer que no ve como  están cubiertos de harina y masas por toda la ropa y que su amigo lleva el pantalón aún sin abrochar.

Ella se adelanta al coche, y él se queda rezagado despidiéndose de su amigo.  "Espero que termines la faena cuando llegues a casa". Guisante le guiñó el ojo dando por echo que así sería, pero cuando se acercó a ella y vio  con la carita que lo miraba, sabía que aquella noche al menos tendría que volver a escuchar los reproches y  ese enfado tonto que tienen las mujeres, que más da si el dueño del bar del barrio  sabía que llevaba las bragas en el bolsillo.   Las mujeres a veces no hay quien las entienda.







miércoles, 22 de marzo de 2017

Lo más bonito



Le gusta cuando la miras.

Era un día perfecto, un día de sol, de luz y el viento traía risas y charlas alegres.  Él deambulaba por el lugar, ayudaba un rato en la cocina o se sentaba en uno de los bancos a fumar un cigarro. 

A veces ella sentía que la miraba, sentado a distancia de ella, la observaba apacible, silencioso, con ideas y pensamientos  que brotan sin querer,  ideas y pensamientos que son difíciles de confesar, que se quedan para uno.

Ella lo mira y tiene sus propias ideas, sus propios pensamientos, quiere quedarse allí para siempre y que el tiempo se pare,  lo mira y no sabe muy bien que hacer con tanta felicidad.  De vez en cuando ella se sentía observada, protegida y cuidada por la persona que le hacia bonito su mundo, ella le reconfortaba y él le sacaba una sonrisa, ella  le sosegaba y le mantenía fuerte ante la vida.

Ellos eran esa clase de  gente bonita, la que aprieta la mano y cuando mira a los ojos llega hasta el corazón.  Su sola presencia emociona  porque respetan,  porque no juzgan y siempre dan margen y libertad. Eran de esa gente bonita que quieren de verdad, que regalan lo mejor de ellos y  que les cuesta que le broten las palabras.







sábado, 18 de marzo de 2017

Trocitos de paraisos II




A todo el mundo le gustan los giros inesperados, los " Y de repente todo se ilumina y todo cobra sentido y los porqués se rebelan ante ti como sabiduría ancestral"
Si, a todos nos gusta lo bonito, y los oasis en  el desierto y los contigo pan y cebolla, la personalidad y corazón  de las personas buenas... si,  a todos nos gusta que nos quieran y nuestro objetivo es encontrar a una persona que descubra nuestro interior olvidando nuestra nariz grande, las orejas raras, la tripa prominente o esa forma de andar como pato fuera del estanque. 


Aquella mañana de  Lunes de primavera el sol brillaba con más luminosidad que días atrás, al menos a ella se lo parecía.  Intentó hacer lo de todos los  Lunes en la mañana.  Abrió la ventana del salón y regó las macetas de la ventana. 
Habían llegado al acuerdo de no despedirse. Pero ella sabía que esa mañana él se marchaba.  Puede que aún estuviera en el pueblo, despidiéndose de alguien o tomándose un café antes de salir a la carretera.  No estaba triste, bueno quizás si un poco, estaba convencida que lo echaría de menos. Lamentaba que de pronto se hubiera dado cuenta que tardaría en verlo. Quizás demasiado. Quizás la distancia terminaría  por hacer olvidar todos esos momentos compartidos.  La distancia siempre hace olvidar cosas... los olores, las sensaciones, las voces.  Pensaba  que había sido una ilusa en creerse  especial. En creer en algún momento en ese oasis, en ese de repente. Aquella mañana se recordó que ella siempre supo que él no era un para siempre. Que eran cinco meses los que estaría allí destinado en la empresa  "MOTOR S.A.".   Que él  nunca la engañó y que  nunca le dijo cosas demasiado bonitas, ni de futuro, ni  le declaró la intensión de quedarse aunque ella lo intuyera, aunque ella  de vez en cuando fantaseara con la idea de que él podría convertirse en el hombre de su vida. 

Cerraba la ventana cuando lo vio pasar con el coche. Supo que él la había visto. Sabía que respetaría su acuerdo de no despedirse. Vio como  hizo un "Ceda el paso",  dos mujeres con carritos de bebé pasaron frente a su coche, esperaba, cuando de repente él levantó la mano para despedirse. Ella abrió la ventana y levantó su mano para decirle adiós. Allí se iba su amor, se iría para un hasta pronto, un hasta siempre, se iría a otros caminos y otros lugares donde encontraría otros amores y puede que alguno de ellos fuera el correcto, el que le hiciera quedarse y puede que esos caminos le llevara tan lejos como para olvidarse de ella y de todo lo que rieron juntos.  Incluso ella podía olvidarle. Encontrar otros caminos, otros amores, otros oasis en su vida de pueblo y flores.  Si, podía encontrar otros mundos y ser feliz en ellos porque ella era una mujer feliz en todos los aspectos. Sin complejos. Solía decir las cosas tal cual le venían, sin procesar y eso a veces le causaba ciertos quebraderos de cabeza. Que le iba a hacer, ella era así. 
Hoy no era tiempo de lamentaciones. La vida continuaba.  Tenía que procesar lo que en algún momento  dejó de hacer. Continuar adelante aún sabiendo que durante aquel tiempo, supo vivir y saborear sin pensar mucho que su historia tenía final desde el primer día. Podrá crear otras historias pero sabia que ninguna sería tan especial como la de aquél que desaparecía al doblar la esquina en su coche,  con él tuvo su mejor trocito de paraíso.


Si, a todos nos gusta lo bonito, y los oasis en  el desierto y los contigo pan y cebolla, lo inesperado, pero la vida no suele ser así.  La vida muestra con facilidad la cara b.  Nos recuerda constantemente que no es fácil vivir, ni coincidir, no es fácil...  Y nos recuerda de la forma mas cruel y desgarradora que lo que para muchos es fácil para otros es una quimera.








miércoles, 15 de marzo de 2017

Trocitos de Paraisos



Era demasiado pronto para enzarzarse  en cenas y citas nocturnas pero el comentario de Marco no daba pie a ninguna otra opción ni escusa barata de última hora.

"Esta noche mi Lucy prepara una de sus cenas de viernes, te presentará a Natalia una de sus amigas. Es simpática y... guapa. Es una de esas chicas divertidas, te caerá bien. Así que no te vistas muy formal y pásate por casa a eso de las ocho y media.  Y no traigas vino ni chorradas de esas". 

Durante toda la tarde  estuvo dudando de ir o no.  Pero pensó que si no iba tendría que estar escuchando mil comentarios durante toda la semana del porqué de su escaqueo, así que a las nueve menos cuarto llamó al timbre de la dirección que le había mandado por mensaje de texto junto a un comentario muy de Marco  " No me falles cabrón"

Había un número importante de comensales, vecinos y amigos del pueblo. Imagino  que en un pueblo tan pequeño todos deben conocerse bien. Natalia resultó ser un encanto de mujer, que aparentaba menos edad de la que le confesó tener y pese a que ninguno de los presentes parecía ser "bicho raro" ella no encajaba en aquel pueblo, parecía demasiado brillante y con una mente muy urbanita como para vivir en aquel pueblo con un puñado de calles.
Pero el caso es que allí estaba.  Le miraba, le sonreía y le trajo un par de veces un botellín de cerveza fría.   Llevaba un vestido azul con  un estampado indefinido y unas botas como para hacer el camino de Santiago. Las uñas pintadas de azul  y los labios de un rosa que no se iba por mucho que bebía y comía. 
Sobre la una de la madrugada él le comentó que debía marcharse. Aunque no trabajaba al día siguiente se sentía cansado del viaje pero estaba demasiado borracho como para recordar el camino de la casa donde viviría durante unos 6 meses. Natalia, tras preguntar a Marco la dirección se ofreció para acompañarle.  Andaban despacio y cotillearon sobre  alguna vida de los que había en la cena.  Natalia paró en la esquina y le dijo donde quedaba su casa. Ella debía seguir adelante para llegar a la suya.  Él se quedó parado bajo la farola de la calle.  Se le notaba el cansancio y lo achispado...      Ladeó la cabeza y dijo "Bueno, ya que estamos aquí ¿no quieres entrar?"  Ella sin moverse del sitio replicó. “Nos acabamos de conocer ¿No es demasiado atrevido?"   "Puede... pero estoy borracho y me gustas, me apetecía dormir acompañado. Siento haberte ofendido"  "No me ofendiste. Solo que prefiero que me hagas esa proposición cuando estés sobrio"

...


Aquella noche esperaba con ganas el sonido del timbre.  Ella llevaba  su vestido verde y esas botas todo terreno.  La dejó pasar en casa tras darle un par de flores silvestres que había cogido para ella un rato antes.  Ella no preguntó el motivo, lo sabía.  Había pasado un mes desde la noche que se conocieron. Puso las florecillas en un vaso con agua y pasaron una discreta e intima velada de Miércoles noche.  A las diez ella fue para la cama, se quitó las botas, se puso en mitad de la cama de rodillas esperando a que él entrara en el dormitorio.  Entonces ella se quitó el vestido, se  quedó tan solo con sus bragas rosa. Esperó con esa sonrisa amplia y divertida a que él llegara a ella.  A los dos le gustaba el sexo. A ella el sexo con risas y él nunca se había reído tanto en una cama hasta que la compartió con Natalia.  
  
Se desveló en la madrugada, se fumó un cigarro en el porche. Al entrar la luz tenue de lamparita de noche iluminaba el cuerpo de la mujer.  Se paró un instante y pensó que solo le quedaban cinco meses para disfrutar de aquel pueblo que se había convertido inesperadamente en su hogar y ella... en su trocito de paraíso.  Una pequeña punzada anexa con la idea de no volver  a ese lugar de donde vino le martilleó el pensamiento.  Se quitó los pantalones. No llevaba más ropa. Desnudo se acurrucó en ella.







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domingo, 12 de marzo de 2017

Fiebre





 Había llegado inesperadamente antes del trabajo. Estaba mal.  Demasiado esfuerzo, demasiado trabajo, demasiadas horas fuera de casa. La fiebre no tardó en llegar.  Dolor de garganta, escalofrío.... los medicamentos habituales se acumularon en la mesita del salón.  A penas tenía fuerzas, ni ganas, aún  tenía el recuerdo cercano de aquella epidemia de gripe que decidió  quedarse en su hogar durante algunos horripilantes días.  Apenas probó bocado... los escalofríos se apoderaban de su cuerpo esa noche de clima templado.

Ella sufría. Sabía que podía hacer poco, sabía que se había tomado los medicamentos y que tenía que superar una larga noche de fiebre y escalofríos bajo las mantas de primavera.  

Tras quedarse dormido en un primer momento en el sofá con la televisión puesta  a un volumen casi inaudible, decidió marcharse  a la cama. Encendió la lamparita de noche para no estar demasiado a oscuras, para tener una luz en su posible descanso. Entrecortado posiblemente, de vueltas y vueltas, de pañuelos, de mirar  el techo,  de esperar a que el cansancio venza a los virus  y pueda dormir, descansar, reparar las fuerzas y la vitalidad perdida.

Ella  esperaba en su desvelo que la noche pasara rápida.  Que las luces del día llegaran pronto y con  ese nuevo día  descubriera una clara mejoría. Se desvelaba constantemente. Quería que estuviera bien. Que los escalofríos amainaran, que durmiera, que descansara, que no pasara demasiado agobio, porque ella lo conocía bien y sabía que él era de agobiarse cuando los virus le elegían. 

Las horas pasaron lentamente, el día amaneció luminoso y con temperaturas suficientemente agradables para la manga corta.  Tan pronto ella despertó se aseguró de que él estaba bien, al menos mucho mejor. La fiebre había desaparecido,  con la precaución y las pocas ganas de salir a la calle cuando tienes que sonarte la nariz  a cada rato y con ese dolor de garganta persistente pero con ganas de conversar chistosamente.  Ella respiraba aliviada,  el virus había derivado a un buen resfriado común. Él respiraba aliviado, la fiebre había remitido y con unas horas de cuidados  y mimos posiblemente  estaría mucho mejor.

Él agradeció su preocupación.
Ella lamentaba no tener esa varita mágica para que ningún mal le rozara, para que siempre estuviera bien, para que todo le fuera rodado, y solo se tuviera que preocupar de ser él mismo y disfrutar de la vida y todas esas pequeñas cosas que él tanto sabe valorar.



viernes, 10 de marzo de 2017

Contigo




Recuerda haberlo dejado ahí detrás, en el pasado olvidado, sin embargo allí estaba en su presente más incierto.  Aquel muchacho perdido había resurgido como hombre reflexivo y con esa comprensión perfecta para esos momentos  que una mujer adulta y soltera necesita.
Aquél hombre había encontrado hábilmente una de esas grietas del corazón  maltrecho de ella.  Una mujer que se esforzaba en creer y no perdía la esperanza  de encontrar.
Ella no era religiosa pero había leído la biblia. Cuando tenía aquel tipo reflexivo y comprensivo junto a ella lo agradecía. Sin embargo era como el susurro de esos diablillos que te tientan con esos pequeños placeres de la carne. Era como aquella historia de serpiente y manzanas. Él se sienta junto a ella y comparte el tiempo, siempre encuentra ese momento perfecto para proponerle hacer esas cosas,  podrían hacer esto, aquello, le quiere hacer el amor todo el rato, quiere que ella se lo haga,  que olvide todo eso que le impide y que le frena llegar a ese momento de placer y sexo con él, y que él tanto desea. A veces ella detiene su cháchara de golpe, otras se siente más divertida y le deja hablar, y  escucha   todas esas cosas que quiere hacerle  y que a él le gustaría que le hiciera, escucha como le aclara que la tiene grande y que nunca falla.  Ella se ríe.  Y él sabiendo la respuesta le pregunta si la convenció.   Ella se pasa los dedos por su flequillo con una amplia sonrisa, llena de paciencia y comprensión vuelve a rechazar esas  lujuriosas siestas y madrugadas.  Él le coge la mano y pasa sus dedos por el esmalte de uñas color azul, si cambias de idea me llamas sea la hora que sea. Le da un beso en la mano.  Y la conversación deriva ágilmente a temas más mundanos.

No creáis que ella es una mojigata, ella tiene sus propias tentaciones, también le invaden esas ganas de hacerlo,  sus pupilas se dilatan  al pensarlo, un sutil escalofrío le invade al pensarle. Espera pacientemente que los tiempos le sean favorables. Que ese deseo no se pierda y poder fundirse en ese hombre por el que guarda las ganas. Espera que él la mire, la descubra y vea en sus ojos todas esas cosas que le guarda.  Ella no quiere perderse en los placeres y en las risas de esos momentos que todos alientan en aprovechar con un hombre destinado al  olvido.  Ella mira esa puerta roja... se atusa el flequillo, te piensa, espera, tenlo claro, no lo dudes.  Aunque insinue  historias para no pasar por mujer solitaria solo son cuentos que inventa.  En ella no hay mayor deseo y tentación que tú.  Pese a que en estos días que vivimos el sexo es tan fácil, ella hace  mucho que no lo hace. Ella quiere hacerlo si... quiere hacerlo solo contigo.






miércoles, 8 de marzo de 2017

HippieS Como nosotroS




¿Hippies? Nunca he tenido claro que es eso de ser hippie, a que se refiere la gente cuando me dice eso de... es que tú eres muy hippie.

Me gusta dejarle mensajitos en la pizarra del holl de la cueva.  Para que marche al trabajo contento o sonría cuando llegue.

Le gusta quitarse la ropa tan pronto llega a casa, ponerse esos pantalones tan viejos y la  sudadera que le mola, cuida su moto, su hierro, es su mejor novia, esa que no protesta, ni se enfada y siempre está dispuesta y preparada para ser montada.

Me gustan las piedras y las plumas y los cuentos y las flores del campo,  las fresas con miel y  algunas onzas  de chocolate para merendar por las tardes, me gusta que lleguen esos días de sol para ponerme camisetas y pantalones cortos.

Le gusta parar en esos bares cutres con gente peculiar que le arranca sorpresa, sonrisas y sabiduría popular, jugar a dardos, futbolín y no trasnochar demasiado.

Me gusta regalar las cosas. Mi perra que llegó un día para quedarse,  que llegó como el viento, sin saber de donde, sin nombre,  me eligió, se quedó. Me gustan las películas donde las mujeres son las protagonistas guerreras e invencibles.

Le gusta enredarse con los amigos y beber tapones y quejarse al día siguiente, y hacer planes de viajes. Reírse con las ocurrencias  de los demás y no dar importancia a sus propias ocurrencias brillantes. Le gusta esa felina que ha aprendido a cazar para él,  dócil, callejera y bonita como la luna.

Me gusta como me cuenta sus cosas, la pasión que utiliza para hacer y contar esas cosas que le gustan. Me gusta su sonrisa, esa que se le escapa cuando nadie le ve. Me gusta su música y el color naranja que siempre veo en él.  Me gusta su altuismo, su entrega y cuando me dice que me  quiere sin que se lo pregunte. Sus carreteras secundarias. Sus bares cutres, sus pantalones gastados y esa barba de tres días.

Le gusta que le diga esas cosas que se me ocurren, mis cuentos, mis trenzas que son suyas, las piedras, las plumas de mi pelo y que de vez en cuando le regale te quieros. Nos gustan los besos en la boca y los abrazos largos sin palabras. Nos gusta los pasteles y sabernos y tenernos, y querernos y  sentirnos de allí de aquí, tuyo, mío, nuestro.  Y crear, y querer y sentir y vivir...

No sé que es ser hippie. 
Solo sé que me gusto como soy, me gusta como eres. 
Me gusta mi mundo, me gusta el tuyo
Me gusta  compartir mi mundo y que me regales el tuyo
Me gusta quererte y que me quieras.
Me gusta haberme enredado en tus raíces.
No decir mucho para sentir tanto
Regalarnos amor y vida
esos poquitos que nos llenan tanto... tanto
si eso es ser hippie
compartir, regalar, querer,
tener libertar par ir, venir.
enredarnos y alejarnos, 
pero siempre sentirnos y sin miedo a perder
porque ya lo perdimos casi todo
si es eso...
me encanta ser hippies como nosotros





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http://encuentrosantesdelalba.blogspot.com.es




domingo, 5 de marzo de 2017

Fisura





 Antonio y Javier son compañeros de trabajo. Comparten el coche para ir a su gabinete de tatuajes desde hace 12 años. En este tiempo, son verdaderos amigos, hermanos, familia.  Comparten la vida, todo lo bueno, todo lo malo. 

Esta mañana llegaban tarde. Hacía una mañana atípica de primavera.  Frío, niebla y por muy extraño  que pareciera poco tráfico en la carretera.

Javier conduce y Antonio le habla de las anginas de su niña. El coche patina... - Joder, debía haber aceite en la carretera-  Vuelve a patinar, volantazo, izquierda, derecha. Un coche se le cruza, sienten el choque, salen de la carretera y el  vehículo se vuelca.

Antonio se toca las piernas, los hombros, está ileso, entero. Mira a Javier y descubre que tiene sangre bajando por la frente que ya baja por la mejilla. - Tranquilo, ¿Estás bien? ¿Que tienes, solo la frente o te duele algo?  -  Javier le dice que le duele el cuello.  Antonio sale del coche.  Llama al 112. Algunos coches han parado para ayudar, otros al ver que todo está relativamente bien prosiguen su marcha.  La Ambulancia no tarda en llegar. Verifican que Antonio está ileso pero Javier tiene  que ser llevado al hospital para hacerles algunas pruebas, lo han entubado y sedado para su traslado. Javier lo acompañará en la Ambulancia, no llamará a Carmen hasta que lleguen al hospital.

Uno de los asistentes de la Ambulancia le pregunta a Antonio si Javier lleva encima la tarjeta sanitaria.  Éste con la mayor tranquilidad y confianza busca entre los bolcillos  la cartera, la encuentra en el bolcillo interno de la chaqueta.  La abre y busca entre las tarjetas habituales.  Si. Allí estaba. Se la entrega al enfermero.  Hace por cerrarla y volverla a poner donde la encontró cuando le llama la atención una de esas fotos consecutivas de fotomatón, está doblada  un par de veces, por inercia la coge y la despliega.  Eran cuatro fotos de Javier con la esposa de Antonio.  Fotos de risas, mirada y beso, no en la boca pero ahí estaba ese beso. Antonio vuelve a doblarla, la introduce en ese  rinconcito oculto de la cartera y vuelve a meter  la cartera en el bolcillo de la chaqueta.  El estómago le da la vuelta. Un sopor le recorre el cuerpo. El tiempo parece ir ralentizado.  Se sube a la Ambulancia.  Nunca fue celoso, estaba convencido de que Ángela lo quería de verdad. No podía pensar que...
Esas cosas se notan, al menos él siempre pensó que se debe de notar.  No podía dejar de quererla de la noche a la mañana, no quería enfadarse, solo quería saber los motivos por los que su mejor amigo llevaba unas fotos de su mujer dándole besos en su cartera. Y porqué ninguno había dicho nada.

Cerca de tres horas después Carmen y Ángela llegaban las dos juntas al hospital.  Ángela se abrazó con fuerza a Antonio, le preguntó siete veces si estaba bien y le daba besos en la boca y en los ojos. Carmen aliviada por la noticias de que en un rato  darían el alta médica a Javier esperaba en la puerta mirando atenta el pasillo para ver aparecer de un momento a otro al amor de su vida desde los 14 años.  

No tardó en salir. Todos aliviados porque todo se quedara en un gran susto. Salieron del Hospital camino a casa.  Carmen conducía.  Hablaban del accidente,  de los motivos y de la suerte de que al final no hubieran consecuencias grabes...  Antonio permanecía en silencio en la parte de atrás del coche junto a Javier. Él si sabía que aquel accidente había tenido consecuencias, algo que no eran huesos se había roto esa mañana de frío y niebla.   Todos reían. Los ojos de Antonio estaban tristes. Ángela pensaba que era por el susto vivido.
Él en su silencio pensaba que tenía miedo a que este fuera el principio de una catástrofe. Quería saber. Sentía angustia y vértigo. Miedo a que toda su vida se desplomara como naipes.

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jueves, 2 de marzo de 2017

Su beso



Nadie presagió que aquella sería su primera noche, ni nadie ni ellos mismos.  Pero de pronto todos se iban, incluso ella.  Las risas  de los amigos volverían a ser eco tan pronto se despidieran y cerrara la puerta de casa.  Ella nunca se lo pediría, al menos la primera vez, él lo sabía así que casi en el último momento, como suceden las cosas más imprevistas él le preguntó si le apetecía pasar la noche con él.   Ella sonrió, aceptó, asintió con la cabeza como cuando le preguntas a una niña si quieres una piruleta de fresa y con forma de corazón. El caso es que ella había aceptado mucho antes de ese momento.

Todos se marcharon.  Recogieron juntos algunos vasos y platos olvidados.  Ella preguntó si podía darse una ducha y ponerse esa camiseta que tanto le gustaba para dormir.  Cuando entró en el dormitorio le pareció el rinconcito mas bonito del mundo, al menos el de su mundo.  Bordeó la cama, él estaba haciéndose el remolón sin saber muy bien donde ubicarse, ella miró por la ventana del dormitorio y oteó el paisaje nocturno.

Se sentó en ese lado  de la cama y se cubrió con las mantas. Él tardó un minuto en entrar.  Ella no tenía intensión, no la quería tener pero quien no tiene ese pensamiento cuando compartes cama con alguien del sexo contrario y los sentimientos van y vienen y son como huracán que se desata o como el atardecer calmado y naranja del mejor rincón de tu hogar.

Ella se giró hacia él justo en el momento que él se cubrió con las mismas mantas.  ¿ Estás cómodo, estás bien tapadito?  Se incorporó un poco para  asegurarse que estaba bien cubierto.   Se rieron. Hablaron un poco, de esto y de aquello,  mientras hablaban ella acariciaba  una de  las manos de él, el antebrazo, acaricio su espalda, su cara.  Él quiso abrazarla y ella se acercó  y se hundió en aquel hombre grande que tanto quería.  Ella le acarició la cara y le dijo algo. Algo que solo se puede escuchar estando en esa cama y en ese momento.  Él tuvo entonces la certeza de que aquella mujer lo quería. Que aunque no la amaba como se aman a las mujeres si la quería, la queria mucho.  Ella era  por muchas razones una mujer distinta a todas las mujeres que había conocido y que probablemente  fuera a conocer.  Y entonces él realmente no sabía explicar los motivos y los porqués le dio un beso, un beso en la boca, notó que ella lo quiso, notó como su cuerpo se relajaba y cerraba los ojos y él pudo sentir su húmeda y fresca lengua jugar  traviesamente.   Le atusó su pelo, enredaron sus piernas buscando comodidad. Siguieron hablando un ratito más, ella se quedaba dormida, no quería, quería estar y sentir ese momento más tiempo. Se quedó dormida  sin darse cuenta, lo descubrió de golpe cuando abrió los ojos en la mañana siguiente.  Era temprano, se dieron tan solo unos minutos para levantarse.

Ella siempre ve la vida como una sorpresa, como un juego, una aventura, la vida le sorprende a cada rato, y ella quiere  verse sorprendida.  Nunca espera nada. Ahora guarda ese beso, lo guarda en secreto, como si al decirlo se fuera a escapar todo lo hermoso que había en él. La historia de su amistad siempre resultó sorprendente. Y creedme cuando os digo que  por encima de todos esos momentos  grandiosos y unicos que han llegado a vivir  en su mundo compartido, aquel beso es lo más bonito que recuerda.  Ahora guarda ese beso, lo guarda en secreto, como si al decirlo se fuera a escapar todo lo hermoso que había en él. Porque no fue un beso cualquiera, los dos lo sabían, fue... el beso... su beso.




miércoles, 1 de marzo de 2017

Ganas





Mírame...   Lo único que quiero de ti son esas cosas cotidianas, el olor de tu cuerpo cuando me abrazas.  Saber lo que piensas de cualquier cosa. De ti, de mi, de nuestro entorno. Sigamos siendo lo que somos, hoy y siempre, regálame tu poquito de tiempo, tu risa y esas cosas que no se gastan.  Vive tu vida, como te guste, como te plazca.  No tengas miedo, yo seguiré aquí, estés donde estés y vayas con quien vayas.  Pon nombre a lo nuestro y vivamos a poquito, con armonía, sin suposiciones, con intensidad y ganas.  Quiero verte reír,  quiero verte vivir,  quiero que tengamos ganas, de eso, de todo, de compartir los ratos que robamos al tiempo y andar con la seguridad de compartir  esta vida que nos unió sin darnos cuenta.  No quiero ser más de lo que soy, no te voy a querer distinto. Seamos ese dulce amor con la distancia necesaria, quiero que me pienses con pasión, como esa mujer que aprendió a quererte, que te lo dice, te lo escribe y te lo canta.

Mírame...  Mi corazón ya no quiere amantes, de esos que  van y vienen. Ignoro todas esas proposiciones de esos a los que no siento. No quiero noches desenfrenadas ni siestas de censura. Puedo jugar y coquetear con ese tipo de hombres, puedo pensar hacerlo con ellos, en ese aspecto no hago coincidir pensamiento y obra,   para mi lo importante no son ellos, mi verdad es que es contigo con el único que quiero dormir. No quiero ser mas de lo que soy, no tengo miedo a lo que siento, mis ojos dicen todo lo que mi boca calla. Y si a algo tengo miedo es al tiempo perdido, a las ganas guardadas.

Él la miró sin saber que hacer muy bien con ella, con todo lo que sentía.  Pero la entendía claro que si. Sabía que los sentimientos van por libre, que él llevaba su vida, ella la suya, habían sufrido bastante. Valoraban la amistad y su amor, fuera el que fuera y tuviera el nombre que tuviera.  La entendía bien, en ella veía las ganas de vivir sin mas, sin miedo a  elegir, con esa locura suya tan controlada y respetuosa, con la intensidad de quien ya no cree demasiado en los amores, pero sabe que el amor es otra cosa, que nada tiene que ver con el sexo y los deseos de la carne. Que nada tiene que ver con lo bonito o lo feo, lo delgado o lo grueso, lo inteligente o lo básico.  Ese amor, el de verdad, tenga el nombre que tenga, es el que vale la pena.  Puedes pensar hacerlo con muchas personas pero de pronto encuentras a esa persona que marca la diferencia, esa que has elegido por los motivos más absurdos para la razón y  es  con la que quieres dormir. Eso es pasión, amor. Por lo que vale la pena arriesgarse, vivir y ser uno mismo sin pedir más de lo que la vida cotidiana y tranquila nos pueda dar.  Sin miedo al tiempo perdido, a las ganas guardadas y a esa bofetada del destino  de que cuando  tenga la certeza de que la quiere de verdad, ya sea tarde y ella ya haya aprendido a quererse por su cuenta.