Páginas

♥
Entra y siéntete en casa...

viernes, 8 de septiembre de 2017

Musaraña





Simbad es un hombre guapo,  ya alcanzó los cuarenta y pocos años. Está casado y enamorado.  Se levanta a las seis y media de la mañana y lleva a su hijo al colegio antes de ir al trabajo.


Todos los días de lunes a viernes. También lo acompaña Sábados alternos a clases de tenis. Aprovecha para pasar el rato con Carlos, el padre de uno de los amigos de su hijo.

Aquella mañana era viernes. Se despidió de su esposa con un hasta luego y un suave beso en la mejilla.  Se paró en la puerta del colegio.  Le dijo adiós a su niño y lo miró hasta  que entró en el edificio. Recordó aquellos tiempos en los que lo acompañaba hasta la puerta y le daba un beso.

Comenzó a lloviznar. Lamentó que  se pudiera estropear los planes del fin de semana. Las primeras gotas de lluvia resbalaban por el cristal de su vehículo. Se disponía a arrancar cuando la vio. Allí estaba con una  falda larga y una camiseta blanca de manga corta,  con un collar de madera y todas esas cositas tan de ella  que la hace tan diferente a  todas.  Llevaba a su hijo de la mano, una de las madres de algún compañero del niño la esperaba.  Iban camino al edificio cuando hizo el amago de coger al pequeño pero la amiga se adelantó y lo cogió en brazos.  Ella sonreía y se atusaba el pelo que lo llevaba mucho mas largo.
Simbad la miraba desde el coche. Puso su brazo en el volante  y  pasó su mano  por la cabeza; desde la frente a la nuca.  La añoraba. De vez en cuando recordaba aquellas cosas que le decía, su forma de reír, de llorar y de amar. Pensó en como seria la vida con ella, levantarse con ella todas las mañanas. Pensó si seguiría oliendo igual y haciendo aquel gesto cuando estaba contenta y lo miraba. Pensó en si ella lo recordaba o lo había olvidado. Y de pronto lamentó no haberlo intentado un poco más.  Ella terminó viviendo tan cerca...  terminó amando a otro hombre, no podía imaginar con cuanta intensidad, terminó teniendo las paellas de domingo y un hijo que aunque no había estado en sus entrañas lo amaba tanto como cualquier madre que pare con dolor y lágrimas  de regocijo.  
Quizás tan solo no estaba preparado para verla hoy. No la veía desde el verano, en la piscina aquel sábado, llevaba un biquini selvático,  el pelo recogido y una tobillera de pescaitos.  Ella no lo vio. Estaba  demasiado lejos, pero Simbad la estuvo mirando como ahora, largo rato. En aquella ocasión  Claudia, su eficiente esposa lo sacó de las musarañas para que le abriera esa silla plegable que siempre cuesta tanto abrir.   Hoy en cambio la miraba con esos ojos de hombre que recuerda viejos capítulos casi olvidados por la vorágine de los días y los años.

Se quedó esperando  para verla salir.  Miró el reloj  - llegaba tarde al trabajo- .  Arrancó el coche y ella al escuchar el rugir del motor que arrancaba miró, por inercia.  El coche se incorporó a la carretera despacito, lo suficiente como para que ella lo reconociera. Ladeó la cabeza sonriendo -Así como ella hace- . El coche paró en el ceda el paso y esperó a que ella pasara junto a un grupo de madres charlatanas.  Simbad apoyaba las manos en el volante. Ella lo miró mientras cruzaba y levantó la mano a modo de saludo, él la saludó levantando igualmente su mano.  Definitivamente hoy no estaba preparado para volverla a ver.








12 comentarios:

  1. Aunque la vida nos lleve por diferentes caminos lo que un día nos envolvió queda flotando, muy bueno Nieves, un abrazo!

    ResponderEliminar
  2. ¡Hola Nieves!

    Me recordó un poco a la escena final de los Puentes de Mádison, cuando van con el coche xD Pero tu relato es mejor, desde luego ;)

    Besitos y buen finde!!

    ResponderEliminar
  3. Muy bueno, podrías dedicarte a escribir guiones de cine, o teatro. Vaya imaginación.

    Besos Nieves.

    ResponderEliminar
  4. Me parece que esa relación va a tener más capítulos.
    Besos.

    ResponderEliminar
  5. Muy bueno. Me parece que ésta le gusta más. Con el collar de cuentas de madera y no con la silla plegable de playa, que ya hay que ser cursi y viejuna!!

    ResponderEliminar
  6. Donde hubo fuego siempre quedan brasas.

    Besos.

    ResponderEliminar
  7. Ay ay ayyyyyyyyyyyyyyyyyyyy! jajajajaja ni te imaginas lo que me has hecho recordar.... :DDDDD

    Buenísimo Nieves, buenísimo.

    Besitos =))))

    ResponderEliminar
  8. Excelente relato, Nieves.
    Mejor no complicarse.
    Besos 🌹 🌸 💐 feliz noche

    ResponderEliminar
  9. Hay veces que mirar abre puertas de recuerdos.

    ResponderEliminar
  10. Hay algunos amores que nunca terminan de morir, quedan latiendo ocultos
    Buen fin de semana
    Besos

    ResponderEliminar
  11. Solo queda el saludo con la mano...

    Besos

    ResponderEliminar
  12. Imagino que todos hemos tenido esa sensación en algún momento de la vida.

    Gracias por compartir vuestras impresiones despues de leerme

    Besitos :)

    ResponderEliminar

Hola chic@s!!!!
Gracias por visitarme, por estar y compartir tus pensamientos....