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Entra y siéntete en casa...

lunes, 1 de diciembre de 2014

Motivos ~ 3 ~





Tenía miedo.  Era un miedo oculto, irracional, después de todo había conseguido una estabilidad.
Había conseguido un nuevo trabajo que le ocupaba menos tiempo con un mayor sueldo, había conseguido tener una casa decente aunque sin lujos, había conseguido desterrar la mayor parte del tiempo los recuerdos del pasado y se aferraba al presente, ese que brillaba con nombre de hombre.
Javier siempre había pensado que enamorarse era una mala inversión. Cuando la conoció tan sólo tenía curiosidad por lo que había escuchado de ella. cuando supo la verdad no se pudo marchar, por eso no dudó en aceptar la llave de aquella casa sencilla,  llave que abría una casa, un corazón y una vida.

Se levantaban aún de noche, trabajaban duro todo el día. Virginia estaba mas bonito que nunca, se había dejado crecer el cabello, aunque seguía igual de flaca. Comía un pajarito. Había crecido sin apenas alimentos y su cuerpo nunca se llegó a acostumbrar a comer cantidades normales.
Por la noche Virginia se sentaba en el sofá y se cubría con una manta que ella mismo hizo. Miraba a Javier, que siempre tenía algo que hacer y andaba por toda la casa hasta que ponía la mesa y por fin descansaba un rato contando las historias que había traído el día.  "Su primo había dejado embarazada a una chica de 22 años del pueblo de al lado", no es el primer hijo que tendría, había otro crío por el Norte del país. Javier recriminó la mala cabeza de su primo.
Virginia dejó medio plato de sopa  sin comer. Javier preguntó si quería una infusión y ella negó con la cabeza al tiempo que se levantaba para recoger la mesa, fregar los platos y dejar la cocina ordenada.
Cuando volvió al salón Javier estaba en el sofá, esperaba a Virginia que no tardó en sentarse a su lado, él miraba la televisión como si no le importara nada más, al tener a Virginia  a su lado le cogió una de las manos y la acarició con delicadeza y con cierto análisis... alargó una de sus manos para coger el tubo de pomada y se la untó en las enrojecidas manos de Virginia." Debes ponerte los guantes Virginia y no me sirve que digas que no trabajas igual con los guantes puestos"  "ya las tengo mucho mejor" Su tono de voz fue temblorosa,  como la de una niña que busca el perdón al descubrirse su travesura.  Javier se aseguró que la crema se absorbiera del todo. La miró y la sonrió."¿Te duelen?" "No, ya no"  Dijo mientras las miraba con cierto rechazo.  Javier se relajó y dejó caer su cabeza sobre el hombro de ella. Ella sintió confort, le gustaba su olor, le gustaba esa forma de ser como si no esperase nada, simplemente se limitaba a estar... y eso a Virginia le daba la vida. "Quiere que pongamos esta noche la radio, puede que hoy ..."  "NO" respondió la mujer antes de que terminara la frase. "no" volvió a decir esta vez en susurro.. "Que te pasa Virginia... hace semanas que no escuchas esa radio. Cuando te conocí no te despegabas de ella y ahora de pronto dejas de escucharla, no debes perder la esperanza, puede que un día hables con alguien que sepa algo, que lo conozca, no sé... el destino a veces te hace regalos inesperados. Pero hay que estar en el sitio adecuado para que te ayude. Sino enciendes la radio no lo encontraras nunca " "lo sé..." "Entonces ¿la enciendo?" " NO... balbuceo,  no quiero encontrarlo. Han pasado muchos años Javier, once años... él habrá muerto y si está vivo creerá que yo estoy muerta, tiene treinta años y con esa edad le falta poco para ser abuelo. Yo... ya no soy aquella niña, no podría estar con él, mi hidjab* se quedó enganchado en aquella alambrada del desierto, no me reconocería, de echo yo no podría volver allí, ya no..."   Tras unos segundos en silencio Virginia besó la frente de Javier, éste reacciona y se incorpora, "ey.. que me he perdido.." susurra con una mueca de sonrisa, Virginia no habla, le coge una de sus manos y se la lleva a su mejilla donde la deja reposar un instante antes de besarla, "¿Me amas?"  A Javier aquella pregunta le rondaba desde hacía mucho tiempo, la pensaba cuando la veía salir corriendo a él cuando la recogía del trabajo, cuando se levantaba con él para prepararle el desayuno antes de ir a trabajar a pesar de que podía quedarse dormida un par de horas más, cuando pidió días libres para poderse quedar con él cuando tuvo la gripe, cuando se le quedaba mirando silenciosa con esa expresión, como la que tenía en ese momento.
Javier se sorprendió de si mismo al escucharse en voz alta hacer aquella pregunta, Virginia se quedó  en silencio, inexpresiva, le recordó aquella noche en la playa pero esta vez podía ver sus ojos,  "¿A que llamas tú amor?"  Javier jugó con los mechones del cabello de Virginia, le explicó todos los motivos por los que él pensaba que lo suyo era amor. "Ninguna mujer me ha cuidado como tú, quiero ser un buen hombre para tí, quiero estar contigo siempre, cuidarte y compartir la vida tal y como ahora hacemos. No quiero perderme en silencios ni suposiciones... " 
Ella gesticuló afirmando y después le dijo que nunca había conocido a un hombre tan bien como a su padre y sus cuatro hermanos, había asimilado una vida de soledad y nunca imaginó que se quedara tanto tiempo a su lado, tenía miedo a perderle, tenía miedo a que un día ocurriera algo terrible y volviera a perderlo todo... otra vez, no quería amarle para no perderle,  pero no podía evitarlo, lo quería, lo amaba como nunca amó a nadie, ni siquiera a ese que estaba predestinado a ser su esposo desde el mismo día de su nacimiento...    Javier silenció sus palabras con un apasionado beso, ella entre besos le pidió ir a la cama, él la cogió a peso, las piernas de Virginia abrazaban la cintura de Javier que con cuidado la dejó en la cama, desnudos en la penumbra del dormitorio se acariciaron con las yemas de sus dedos los límites de sus cuerpos, él la cubría mientras descubría que las líneas de su mujer estaban hechas para él, manos temblorosas que se buscan, respiración entrecortada que se mezcla con sabores nuevos, ella  rodea su cintura y él explora adentrándose en lugares nuevos,  sus cuerpos se funden hasta llegar a esa sensación de vacío, de calma, esa calma que se torna sentimiento y el sentimiento en amor...




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Hidjab: velo islámico, cubre los cabellos, las orejas y el cuello, sólo permite ver el óvalo del rostro.




10 comentarios:

  1. Precioso relato Nieves!!! Curioso el ser humano, cuando estamos a gusto siempre revolotea ese miedo a perder lo que tenemos, y como no lo espantemos nos puede hacer perder momentos maravillosos.....Hay que vivir el presente y disfrutar los buenos momentos!!! Besos

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  2. "Ahora que tengo un alma que no tenía, ahora que suenan palmas por alegrías...."

    Hay cosas que es preferible ya dejar en el pasado (joder! yo estoy diciendo eso????) para poder continuar. Y parece que se terminó tomando la decisión correcta.

    Linda historia, Nieves, buen final esa de llegar a vacíos llenos de sentimiento.

    Ha sido un placer las tres entregas :)

    Bonita semana, preciosa!

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  3. Qué arte tienes¡
    Bss ( ven a surfear)

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  4. No será feliz del todo hasta que empieze a olvidar.
    Hermosa historia, te está quedando genial.
    Besos, buenas noches

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  5. Poco a poco irá olvidando y será feliz de todo; eso esperamos.

    Besos Nieves.

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  6. Preciosa historia, que complejos son los semtimientos humnanos
    Besos

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  7. Nieves, esta historia tiene un misterio que espero se revele en próximos capítulos, un abrazo!

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  8. Interesante tu relato, lleno de sensaciones.
    muchas gracias por visitarme.
    saludos

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  9. Buenas !!!

    Me alegran vuestros comentarios y el interés en el seguimiento de la historia.
    Sólo queda una entrada más y la doy por terminada, espero que os guste.

    Mil besos amig@s!!!

    ;D

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Hola chic@s!!!!
Gracias por visitarme, por estar y compartir tus pensamientos....