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jueves, 18 de diciembre de 2014

El hombre triste ~2~



El Temporal remitió.  Aunque había dejado de nevar la temperatura bajó drásticamente. Podría haber salido de casa pero la pereza se apoderó de mi además de que a mis huesos no le apetecían  pasar frío. No tenía que comprar más comida de la que ya tenía almacenada ni regalos... sólo iba a hacer un regalo y lo hice en los días de encierro.

María, vecina del primero, abuela de cuatro nietos llamó al timbre de mi casa la mañana de la víspera de nochebuena.

- Ay muchacha perdona mi abuso de confianza, mañana vienen todos a cenar y no encuentro tu receta, la del pastel de arándanos...

- No se preocupe María....   Cogí la chaqueta, las llaves de casa y bajé con ella al primero para hacerle la tarta, María me pedía constantemente perdón por hacerme trabajar y yo le expresé la verdad, que estaba encantada de poder hacer algo útil. 

Pasé toda la tarde con ella, es una de esas personas amables y encantadoras,  te hace imaginar porque la gente quiere tanto a las madres...

Cuando llegué a casa era primera hora de la noche, tenía sueño y el anís que me tomé no me había sentado especialmente bien, no me gusta esa bebida pero María se empeñó en tomar una copita y no se la quise despreciar.     Al entrar en casa tropecé con un papel tras la puerta.

"He bajado para asegurarme
 de que vas a venir mañana,
 lo comprenderé si te ha
 surgido otro compromiso. 
 Un Saludo...    
Fdo: Pablo"

Subí al ático.Quería confirmar inmediatamente que mi palabra seguía en pie. Que mi único plan era esa cenar  con su compañía.

Al abrir la puerta me sorprendió su dejadez, tenía la apariencia de no haberse peinado, ni afeitado, incluso podría asegurar que había dormido con ese chándal azul marino  (odio ese color).

- ... Viste mi nota...

- Si...  No estaba muy lejos, bajé al primero, María necesitaba ayuda en la cocina y fui ha echarle una mano.

- La de los cuatro nietos.

- Si.  -Hice una mueca de sonrisa porque pensé que no le gustaban los niños-.  Que no te preocupes que vendré a cenar,  no tengo un plan mejor que este. 

- ¿ Quieres entrar?  - se echó a un lado para dejarme paso-.

- Bueno... - en ese momento me volvió el sabor a anís a la boca, y dudé-  esta bien, pasaré un rato.

Planeamos la cena. Él dijo que lo prepararía todo. Yo llevaría el postre.

Tenía todo organizado a la perfección excepto el espacio del ordenador. Era desde donde estaba trabajando en estos días de "encierro". Mil papeles, post-it y libros inundaban aquel espacio.  Me pregunté como podría trabajar y encontrar algo en aquel montón desordenado.  Después pensé que sería una de esas personas que tienen controlado todo y si le mueves un papel de ese caos lo sabría tan pronto se sentara frente al pc.


- ¿Quieres tomar algo?

- Un vaso de agua por favor.  Le expliqué lo de mi desafortunado chupito de anís.  Me senté en el sillón. Bebí un poco de agua.  El hombre triste se sentó a mi lado.  Su rostro parecía mas envejecido que de costumbre pero hablaba sin parar, desde que me vio en la puerta no se dio un respiro, habían sido demasiadas horas en soledad hablando consigo mismo. Sólo paró un instante para buscar una postura aún más cómoda, se hundió en el sofá, suspiró... y entonces las campanas de la catedral sonaron,  nuestras miradas se cruzaron, así de repente, fue como encontrar un refugio inesperado, como quitar las cáscaras de falsos ideales,  como encontrar un nuevo manantial de donde nace un nuevo río, un río que nos lave, que nos sacie,  que nos lleve...

- ¿Qué ha sido eso? Preguntó Pablo en un alarde de seguridad.

- No sabría decirte lo que ha sido.  -Terminé el vaso de agua y me levanté para marcharme, al fin de cuentas sólo subí para confirmar nuestra cita de mañana por la noche-.

Pablo me acompañó hasta la puerta, tuve que esperar a que se adelantara para que abriera el pestillo. Entreabrió la puerta "Entonces hasta mañana" dijo a la vez que  una mueca en su rostro recordaba a un esbozo de sonrisa.
Justo en ese momento pensé que nunca había besado a un hombre mayor, bueno mayor....  con cierta madurez.  Fue uno de estos pensamientos míos a los que le doy poco margen para meditaciones.
Cerré la puerta y estirando mi cuerpo al máximo sin llegar a ponerme de puntillas mis labios llegaron a los suyos. Pablo era un hombre alto, no muy delgado, con los ojos marrones y las manos grandes. Sentí la rigidez de sus labios causada por la sorpresa, fue un simple beso, volátil, ligeramente húmedo a pesar de nuestros agrietados labios maltrechos por las temperaturas.

"Hasta mañana"  dije a la vez que yo misma abría la puerta y dejaba anclado al suelo un Pablo tan sorprendido que tardó más de un minuto en cerrar la puerta.

No sé lo que a él se le pasaría por la cabeza en estos momentos y más después de este arrebato mío. Yo estaba ansiosa porque llegara la noche siguiente. La noche de nuestra cita.










7 comentarios:

  1. Yo también estoy impaciente por saber qué pasará en la próxima cita. Cómo habrá encajado Pablo lo del beso?
    Mil besos!!!!!

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  2. Ya ha habido besito; ay yayay que estos acaban " tó retorcios" como las culebras. Al hombre triste ya lo veo con una risa de oreja en oreja, yo creo que como no está acostumbrado a estas cosas, me refiero ni a la risa ni a lo otro, se le van a hacer hasta dos "sebauras" en las comisuras de los labios. Y más te digo hasta lo veo acicalándose y cuidando más su aspecto, ya que para esa noche el "tristón" se nos va a poner hecho un pincel: y sino; ¡ya me contarás ya!

    Besos Nieves.

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  3. Caramba, no me esperaba ese arrebato, que interesante
    Sigo por aqui
    Besos

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  4. El hombre triste pronto dejará de serlo gracias a ella, espero impaciente la continuación, hoy se ha caldeado el ambiente pese al frio.
    Besos!

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  5. Ay que viene con suspenso! Vamos a ver qué sucede en la nochebuena, Nieves, un abrazo!

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  6. Gracias!!!

    Espero que os guste el final.

    Mil besos amig@s

    ;D

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Hola chic@s!!!!
Gracias por visitarme, por estar y compartir tus pensamientos....