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martes, 27 de diciembre de 2016

Petrificado



A veces solía recordar aquellos amores como la que mira viejas fotografías sepias de gentes que no llegó a conocer.
Suspiraba y miraba al horizonte como el guerrero que sobrevivió a la GRAN batalla.

El amor nunca se malgasta, aunque no te lo devuelvan con la misma medida que mereces o deseas.
Ella tenía un corazón tan bonito, tan lleno de cosas, tan cuidado y mimado, era un corazón de domingos en la mañana, de canciones para bailar, de fuegos artificiales en cualquier hora y lugar. Tenía un corazón alegre, soñador, loco, lleno de ganas para salir corriendo a abrazar a ese hombre atolondrado que la eligiera entre todos lo corazones del lugar.
Ella era romántica y cariñosa, siempre soñó con haber encontrado su rana y haber vivido en una casita en las afueras de cualquier lugar.  Sin embargo en aquella búsqueda maravillosa fue regalando todo lo mejor  de ella, toda su ilusión, todas sus ganas,  toda su inocencia la fue derramando en aquellos que dijeron un día elegir su amor lleno de jardines en primavera, de hamacas de verano, de hijos que nacerían, de canarios cantarines en sus hermosas jaulas colgantes, de  mascotas con nombres de dioses, de almuerzos al sol... de meriendas con tartas y noches con amor.
Todo se desvanecía con el tiempo. Descubrió que en su destino no habría nada de eso. Que todo ese mundo tan normal y cotidiano para la gran mayoría de los mortales para ella era un espejismo en un horizonte al que nunca iba a llegar.

El amor nunca se malgasta, aunque no te lo devuelvan con la misma medida que mereces o deseas.
Ahora no mira horizontes. Vive en su casita en las afueras de algún lugar.  Regalando todo lo mejor de ella, toda la ilusión, todas sus ganas y sus amores ahora son de cuentos. Su corazón ahora está lleno de sus mentiras. Sigue teniendo una imagen amable, romántica, sensible y sentimental.   Pero el núcleo de todo está petrificado.  Es una realidad, es un hecho.  Producto de tantas mentiras, de  tretas inteligentes  para ilusos corazoncitos soñadores, repleto de tantos espejismos y otras cosas inmundas que nadie alcanza a adivina,  de tantos capítulos sueltos que va  grapando para crear un libro raro de amores apasionados y locos que duraron lo que duraron. 
A veces pide con ganas que nadie llegue a descubrirlo.  Pide que todos se queden en lo mullidito de sus tonterías, de su risa y sus poemas románticos.  Y por ahora así estaba sucediendo,  todos se siguen quedando ahí, y ella se siente bien.  Muy bien, porque cuando descubre esas cosas que   no gustan descubrir se siente impasible, y ahí es donde se da cuenta que su corazón está petrificado.  Seguía siendo una romántica,  de enamorarse fácilmente, de idealizar, de vivir toda su historia de amor como si fuera la mejor del mundo mundial, está claro que esto tan bonito no se lo iba a negar nunca. Pero eso no quita que fuera consciente de que sus historias tendrá su fin desde el primer renglón.  

Estaba  acostumbrada a amar, a enamorarse, a dar todo lo que podía, muchas amigas le dicen eso de que "Era gilipollas en entregarse tanto en alguien que se nota no le importaba como ella merecía”...  
Ella sonreía, con la seguridad de haber descubierto  la realidad de su vida, por haber descubierto el espejismo que a veces seguía viendo pero en el que ya no hacía por alcanzar.  Solo temía en dormirse en la guardia, de que un  día alguien se acerque con un pico y una pala para derribar su corazón petrificado.  De que algún valiente quiera descubrir aquel viejo mundo soñado.  Mientras tanto seguirá teniendo esos amores  tan de pelis.  Y al final de sus días podrá decir eso de... Si, he  amado mucho y de verdad  pero  a muy pocos.  Y ellos me amaron a ratos.   Porque el resumen de todo es que ella está preparada y abierta a amar pero no para que sentir que un hombre la quiera de verdad.  
Dejó de creerles,  cuando una de sus ranas dice quererla, ella hace como que las cree. Vive la historia, ama, ríe, vive, pero ya no sueña. Porque sabe que todos  se quedan en ese espacio mullidito de risas y tonterías suyas...   Y al final.... todos se van cuando encuentran otros vientos favorables.   Esa es la verdad, ya no llora, ni se enfada, ni se entristece, ya no cree...  Eso es su corazón... corazón  petrificado.

No hay más,  es lo que hay.  
Ya no se siente tristeza en esta historia.
Es la realidad. 
Hay corazones rotos que se curan.
Hay otros que después de tanto sobrevivir, quedan petrificados.





5 comentarios:

  1. Le deseo a esta protagonista una buena DEMOLICIÓN!!!!! Un abrazo Nieves!

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  2. Hay que desarmar esafrontera que se puso en el corazòn
    Besos

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  3. El amor es dar sin esperar recompensa.

    Besos

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  4. Al final el corazón se queda solo... hasta la tristeza se aleja de la mano de los recuerdos.

    Besos.

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  5. Tiene razón al petrificar su corazón. hay que aprender de la experiencia.

    Pero que no se equivoque. si aparece "alguien" volver a despetrificarlo.

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