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lunes, 12 de diciembre de 2016

Cerezas




Las calles en estas fechas están preciosas, llenas de luces, de guirnaldas, de música, de gente haciendo cola para todo... para ver portales de belén, para meriendas gratis, para comprar la lotería... 
Nosotros no hacíamos cola.  Simplemente paseábamos y veíamos las estrellas de la ciudad ya que las del cielo desde el casco metropolitano no se ven ninguna. 
La noche está templada, no hace frío,  deambulamos por laberintos de callejuelas, esas que solo las gentes del lugar conocen.  Entramos en un  bar de estos con chimenea, tan acogedor que cuando te acoplas en el lugar te cuesta marchar. 

Me quité el abrigo  color mostaza y lo  dejé aún lado, junto al  bolso y el abrigo de él.  Elegimos una de las mesas más cercanas de la chimenea.

"Me gusta cuando te vistes así"
“¿Así como?
“Transparente"
Reí....
"Con trasparencias querrás decir..."
"bueno ya me entendiste..."

Si, lo entendí, la blusa de gasa, negra, con modelo cerrado a la caja y con pedrería brillantes en el cuello dejaba parte de  la espalda descubierta y la lencería más sexy que se podía encontrar intuyéndose de una forma sutil.  La luz de las brazas de la chimenea y las bombillas anaranjadas del local hacía que todos tuviéramos una tonalidad bonita.

Él miraba la carta de pedidos... ¿Pedimos lo de siempre?  
“Pues si..."
"¿Con extra de queso?”
"Y una heineken"

Mientras esperamos  que nos traigan la cena él  me habla de algo de su trabajo, pero aunque siempre suelo atender sus explicaciones,  en ese momento recordaba la puesta de sol que habíamos visto en mitad de algún lugar. En mitad de una carretera cualquiera, donde decidimos pararnos en el alcen para ver los últimos destellos de luz del astro sol en aquel sábado cualquiera. 

Un par de horas después seguíamos junto al crepitar de la chimenea y una copa de helado de menta y chocolate frente a mí.  Con una montaña de nata y coronándola una cereza en almíbar.
Antes del postre había ido al baño, había retocado mi maquillaje y dado color a mis labios de ese Rusian red, rojo intenso,  dando una explosión de color a mi look negro y plata.
Él había encendido un cigarro,  aquel bar además de un fantástico local era un club de fumadores, hay quien sabe escurrirse por los recovecos de las leyes para seguir siendo libres.  
Fumaba  esperando que su expresso se templara.  Yo probé la nata, fría y deliciosa... cogí con los dedos la cereza y lamí la nata que la bañaba.   "Ay Dios que buenas están las cerezas...  ¿Quieres probarla? " indiqué con el dedo a la otra cereza que quedaba coronando la montaña de nata  y que no la había visto antes porque se había hundido por su propio peso.
“No  - me dijo en voz tenue, recostado en su asiento, dando una calada a su malboro gold-  Créeme que prefiero verte como te las comes tú".

En ese momento era yo quien le hablaba y le contaba mis cosas pero por su mirada, denotaba que apenas me estaría prestando atención a mis argumentos.  Me miraba con esos ojos lascivos, con mirada de querer salir de allí y llevarme a su casa, donde las estrellas de plata, decoraban e iluminaban más de una estancia de su hogar.  Invitarme a una última copa con cerezas.   Llevarme a su alcoba y quitarme la lazada de la blusa, dejar a la vista esa lencería a la que no había quitado el ojo de encima en buena parte de la noche y dar rienda suelta  a esas ganas de madrugada.

Lamía la cucharita con las últimas porciones de la menta con chocolate cuando él me insinuó lo tardísimo que era, el frío que hacía para andar por las callejuelas de bareto en bareto.  Se levantó y se dirigió a la barra.  Lo vi hablar con uno de los camareros mientras me ponía el abrigo y me colgaba el bolso...

“¿Que llevas ahí?"  Pregunté al verle con un vaso cerrado para llevar.
No me dijo nada. Lo dejó un momento en la mesa mientras se  colocaba  el abrigo y su bufanda gris recién estrenada.  Aproveché ese momento para ver que había comprado....  Cerezas en  maraschino.

Al salir del local me cogió del brazo,  salimos a la calle cubierta por una espesa niebla.   ¿Vamos a casa, no?   A la nuestra me refiero...    Se empeñaba en llamar nuestra casa a su casa. Mía no era claro, pero sabía que a él le gustaba pensar que entre los dos la convertíamos en un hogar costumbrista.  Yo me dejaba llevar por sus cosas, porque ante todo me divertía.   Aceptar pasar la noche juntos, él, yo y ese vaso de cerezas era la certeza  de diversión garantizada.


Cuando quitó el lazo de la blusa dejándola caer al suelo alfombrado sus ojos se iluminaron, acarició con suavidad el encaje color malva.  Delicioso envoltorio para su preciado tesoro.






11 comentarios:

  1. Visto ese final adivino que las cerezas quedan para después.

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  2. Me parece que ese bar es el Hope, no??? :P

    Muy bueno Nieves!!!

    Besos =))))

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  3. Qué envidia...

    Vamos... igual que mi día de hoy, grrrrrrrr

    Besos.

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  4. Yo siempre le dije que mi casa era nuestra casa. Hoy 20 años después ella viene de vez en cuando a asear su casa.


    Besos

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  5. Incluso sin el vaso de cerezas.
    Besos.

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  6. Me temo que las 🍒 tendrán que esperar para ser comidas.
    Feliz 🌃 a la parejita.
    Besos

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  7. Así de felices deberían ser todos los días.

    Besos Nieves.

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  8. Delicioso tu relato romantica amiguita
    Besos

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  9. Nieves, mi comentario no había llegado a salir, justo se cortó internet! Hermosa historia con final feliz, un abrazo!

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  10. Muchas gracias amig@s, espero que todos tengais vuestro momento cerezas, porque ni la edad ni los momentos son imppedimentos si hay ganas e ilusión.

    Besos a tod@s

    :)

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  11. Se me ocurren algunos momentos cerezas.... :)
    Mil besos!!!

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Hola chic@s!!!!
Gracias por visitarme, por estar y compartir tus pensamientos....