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jueves, 18 de agosto de 2016

Valores y Vacios


Ella era muy  sideral. Muy del cosmos y las estrellas, siempre las miraba con atención y asombro, se sabía la ubicación de muchas constelaciones y creía en los horóscopos.  Era paciente y entregada, sobre todo  con las personas cansadas, esas personas que cuando las miras no ves estrellas,  ni color en su interior. Ella veía o relacionaba a cada persona con un color, desde pequeña, desde siempre...


Cuando lo conoció pudo ver su color desgastado y desconchado, aún así pudo reconocer el naranja, y ella sabía que sólo una vez pudo ver ese color en una persona. La persona que la convenció de que no era ningún pato de parque sino Cisne de lago.
Cuando lo conoció supo que se quedaría  a su lado hasta que el naranja fuera brillante y luminoso.  Ella era de hablar y preguntar mil cosas como las niñas de 12 años. Ella era de esperar y escuchar, de estar ahí, ella estaba, para lo grande, para lo pequeño, para las dudas, para la miseria y para la ventura, todo pasaba por el filtro de sus manos. 

Él se acostumbro a ella,  se acostumbró a tenerla, a  que siempre estuviera ahí guiándole en los momentos confusos.  Descubrió con ella cosas nuevas y perspectivas brillantes, sin darse cuenta empezó a construir un mundo nuevo, ilusiones nuevas, todo cambió aunque él se empeñara en verlo todo igual.  Y ella lo sabía porque aunque él no fuera consiente de ello, su color comenzaba a relucir.

Durante años estuvo ahí como las estrellas en la noche, como la chamarra en las noches de invierno, como el vaso de whisky en el desamor...   Ella lo llenó, entero, hasta rebosar de cosas bonitas y cotidianas, de cosas tontas e importantes, de cosas de carne y de espíritu.    Y de pronto un día después de muchos años aquel hombre con su color naranja descubrió   un vacío extraño, hacía tiempo que lo venía sintiendo pero pensaba que era hambre, pero de pronto aquella caja de madera se calló al suelo y el viento arrastró un papel olvidado en el tiempo.... y de pronto un día después de muchos años leyó aquel poema y recordó que hubo un tiempo en que alguien le escribía  poemas y los dejaba en lugares insospechados para que él lo encontrara... recordó que hubo un tiempo en que tuvo uno de esos amores tontos que dejó se lo llevara la corriente.  Cuando leyó el papel escondido durante años intentó recordar en qué momento la dejó marchar, cuando dejó de estar y cuando dejó de necesitarla.
Ella lo llenó, entero, hasta rebosar de cosas bonitas y cotidianas, de cosas tontas e importantes, de cosas de carne y de espíritu.  Y cuando un día miró a aquel hombre con su naranja tan naranja supo  que si se alejaba quizás ni lo notaría, así fue, se alejó y durante un tiempo aguardó con la esperanza de que su ausencia produjera algún vacío.

Ella ya está lejos de él, o quizás no tanto, nunca más volvió a ver a nadie  que le trasmitiera ese color naranja.  Pero no se marchó vacía, no señor, aquél hombre también la convenció de algo,  aunque siempre dice que es tan tremendo que prefiere que se quede en ella. En ese lugar donde se guardan los cuentos y los secretos de verano.



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http://encuentrosantesdelalba.blogspot.com.es/



6 comentarios:

  1. Tan sutil como el vuelo de un colibrí. Un abrazo.

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  2. Es que siempre quedamos con cosas de quien nos inspira profundos sentimientos, emotivo relato Nieves, un abrazo!

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  3. Cuando lo conoció supo que se quedaría a su lado hasta que el naranja fuera brillante y luminoso.
    Nunca podría estar junto a una mujer que sabe todo de mi.

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  4. Ella también debía tener un hermoso y resplandeciente naranja.
    Un encanto de personaje.
    Besotes, Nieves.

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  5. Muchas gracias amig@s mios. Feliz Domingo, y un fuerte abrazo.


    Besos ;D

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