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viernes, 5 de agosto de 2016

GaTos de callejÓn




 Yo nunca lo vi como gato de callejón... pero puede que lo fuera porque yo siempre fui de gatos de callejón, puede que en el fondo incluso yo también lo fuera, por eso conectamos tan rápido y encajamos de forma tan natural y escurridiza en nuestras respectivas vidas.

Si... me cuido, soy mujer de libros, de maquillarme, de ir bonita a los sitios, de nunca dejar de estudiar, de asegurarme que todos los míos estén bien. Soy de evolución continua, nunca me estanco ni en momentos ni en lugares.

Pero sí suelo estancarme en los corazones,  nunca  he tenido claro si yo los encuentro a ellos o ellos me encuentran a mí, solo sé que cuando coincido con alguno  enseguida sé que es uno de los míos.
Ese tipo de personas que cuando llegan a casa se ponen la camiseta mas vieja y los pantalones mas dejados, no se gastan el dinero por mucho que tengan en cosas caras para alardear, les gustan los bares pequeños, más bien cutres y de barrios, de esos que te conocen por tu nombre y te preparan el desayuno sin preguntar porque ya saben lo que te gusta,  son dejado para sus cosas, perezosos para ciertas tareas y remolones para ir a según que lugares pero dispuestos para tomar cervecitas con los amigos. Ese tipo de personas que vuelven  a casa los sábados de madrugada disimulando su chispa, que parecen ir a lo suyo, que son independientes y parcos en palabras pero cuando los necesitas... cuando los necesitas pueden recorrer cualquier desierto de hielo o fuego hasta llegar a ti.

Si... me cuesta contar mis cosas y ser protagonista, me gusta pasar desapercibida aunque nunca lo consigo, me gusta sonreír y aparentar que voy a lo mío, hace tiempo que me cansé de ir mendigando cachitos de amor y noches de luna, aprendí que me merecía esas cosas bonitas que siempre se me escurrían, dejé de perder el tiempo y ahora solo quiero ser yo con mi edad, mi piel y mis noches de luna.

Pero no suelo ver la edad ni la piel de nadie, me quedo con la gente con alma, con la gente rota, con los que no piden nada, con los rebeldes con o sin causa, con los raros, con los que preparan bocadillos imposibles, con los que se levantan a las cuatro de la madrugada para apuntar algo en un papel, con los que les da vergüenza decir te quiero, con los que te piden amor sin miedo.  A los que tardan una vida en tomar una decisión y los que deciden sin pensar más allá del deseo del momento. Y entre todos siempre hay uno... el más gato, el más negro, el más loco, el más serio, siempre hay uno...

Yo nunca lo vi como gato de callejón... pero puede que lo fuera porque yo siempre fui de gatos de callejón, puede que en el fondo incluso yo también lo fuera.




6 comentarios:

  1. Si así son los gatos de callejón, yo también.


    Besos

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  2. Vaya, un corazón que escribe.
    Estoy de enhorabuena.
    No suelen abundar.

    Cuídalo mucho.

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  3. Qué lindo lo que dijo Toro ahí arriba, me uno a ese piropo del alma, un abrazo Nieves y que nunca te falten los gato de callejón!!!!!

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  4. Los gatos de callejón llegan a ser viejos sabios. Y cuentan de ellos que tienen siete vidas, así que preparate...Saludos

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  5. Muchas gracias por vuestra vicita y comentarios siempre tan amables, Un fuerte abrazo amig@s.

    Mil besos!!!

    :)

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