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martes, 16 de agosto de 2016

El AlmuerZo






No recuerdo el tiempo que hacía que me levantaba de buen humor.  Hacía meses que estaba constantemente enfadada y que saltaba a la mínima. Muchas veces no me aguantaba ni yo. Me estaba convirtiendo sin lugar a la duda en una cuarentona cascarrabias.

Mi marido siempre fue un hombre bueno, de estos de pueblo, sencillo y conformista pero en los últimos tiempos como que prefería estar en las clases de cocina y con las amigas antes de escucharle hablar siempre de sus mismas cosas del trabajo, una y otra vez, como si fuera mi condena en el purgatorio.

Aquella mañana cuando me dispuse a preparar el almuerzo bien pude elegir una de sus comidas preferidas, se levantaba a las 6 de la mañana y llegaba a las cuatro después de un buen trecho de carretera a 40 grados del Agosto mas soporífero de los últimos tiempo, sin embargo preferí hacerme mis fideos con huevo y picatostes, a él no le gustaban, bien que lo sabía pero "que se joda" pensé.  Demasiado que le hago de comer, mantengo la casa limpia y le he dado dos hermosos hijos.

Cuando llegó yo ya había comido y hablaba con Estefanía por teléfono.  Lo vi entrar sudoroso y con los ojos rojos, seguro que diría eso de "estoy muy cansado, la carretera... bla bla bla, bla bla bla"  Se sentó en la mesa y al ver que yo estaba ocupada hablando fue a la cocina y volvió con el bol de fideos.  Lo vi darle vueltas, una y otra vez con esa cara de perro abandonado y quejica.  Pero terminó comiéndoselo, ¡¡¡ claro que si!!!.

...

Aquel día comiéndome aquellos fideos templados, la miré buscando a mi chica, a esa que un día me robó el corazón y siempre encontraba un momento para mi. Aquella chica enamorada y risueña había desaparecido.  Nuestro amor estaba tan frio como esos fideos y nuestra convivencia tan tostada y dura como aquellos picatostes.  Me quedé sentado en la mesa 40 minutos y no me miró ni una vez.  Imagino que lo sabía desde mucho antes, ¡¡¡ claro que si !!!  Pero fue en aquel almuerzo cuando descubrí el abismo que nos separaba.  No tenía ganas de hablar, ella siempre terminaba gritando y  yo en el bar.  Supe que todo había muerto y que aquel sería nuestro último almuerzo compartido...  La próxima vez que hablara con ella sería para decirle que me iba de su vida.

7 comentarios:

  1. Las dos caras de un amor que se murió.

    Buen relato.

    Saludos.

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  2. Una de esas historias que nadie quiere vivir, un abrazo Nieves!

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  3. Un gesto vale más que mil palabras

    Besos

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  4. Qué triste!!! Es una pena que todo se termine así..
    Mil besos Nieves!!

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  5. Todo tiene un principio y un fin, aunque nos cueste reconocerlo. Saludos.

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  6. Muchas gracias por vuestros comentarios tan amables y las visitas que tanto me gustan y alegran.

    Besos!!!

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