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martes, 21 de octubre de 2014

Dos +uno



Andrés  recordaba perfectamente la respuesta pero aún así le formuló la pregunta a Valentina, el amor de su vida.

* ¿Sabes que día es hoy?

Ella dejó de mirar la carretera y puso sus pies descalzos sobre los de Andrés. Sonrió, giró hacia un lado su cabeza y balbuceó:

*No sé...

*Hoy hace 10 meses que vivimos aquí.

*Juntos. Terminó diciendo Valentina.

Se volvieron a recordar uno al otro lo que se querían, no hubo beso pero si miradas cómplices y silencios  amables.

Ella leía uno de sus libros y  en algunos momentos en los que creía que la lectura era interesante lo leía en voz alta esperando uno de los comentarios inteligentes de Andrés.

Él la observaba, fumaba o bebía un vaso de limonada casera preparada por su compañera. La saboreaba con ganas, sabiendo que sería una de las últimas que bebería, el verano se acababa y daría paso a la temporada de tés.

*
Habían comenzado la relación hacía un año.  Se conocían de toda la vida, incluso a los veinte y pocos tuvieron un romance veraniego, justo el último verano que Valentina estuvo en el pueblo, después de aquel verano marchó con su familia a la capital y no se volvieron a ver en décadas. La vuelta de Valentina supuso el renacer de viejos y olvidados sentimientos... ni el amable, conocido y pasional amor  de Susana pudo frenar ese sentir que volvió a brillar sin control.

Coincidieron en varios lugares e intercambiaron algunas palabras amables... Valentina fue receptiva a sus pequeños juegos y terminaron enredados en un amor puro, en el amor soñado.
Ella era generosa, siempre lo supo pero aquella mañana, - a pesar de los meses pasados no lo puede olvidar- Andrés conoció la pureza del corazón de aquella mujer.
Llamaron al timbre de buena mañana, Andrés fue a abrir, Valen (aveces la llamaba así cariñosamente) estaba en la cama aún dormida, apenas habían dormido.  
Tras la puerta encontró a una Susana triste, destilando amargura y desolación. Susana se esforzó en aparentar normalidad pero él no podía actuar como de costumbre, como en los último ocho años. 
Valentina salió en ese momento, abrochándose el último botón de la camisa, sorprende a "la pareja" en el porche de la casa,  ambas sabían quien eran, el lugar que desempeñaban en esa trama.  

*¿Eres Susana ?  Entra, Andrés me habló mucho de ti. Tenía muchas ganas de conocerte.

Susana podía haber sacado una buena escusa y marcharse, pero... no lo hizo... entró en la casa y desayunaron juntos, pasó todo el día en la casa.
El hombre sintió cierto apuro, cierta violencia en los primeros momentos. No era normal una situación así. Las dos mujeres de su vida sentada juntas hablando. conociéndose... 
Las observó a ambas, Valentina debía haberse puesto en el lugar de Susana, casi una década amando a un hombre que en la primera oportunidad la abandona sin contemplaciones. Susana debía entender a Valentina, un amor tan intenso como el de  juventud es casi imposible olvidar y la llama es difícil de apagar, aquella llama nunca se apagó, ella lo sabía porque Andrés nunca dejó de hablar de Valentina, pero fue tan ilusa como para creer que Valentina nunca volvería a aquel pueblucho,  pensó que se habría casado con un buen hombre y tendría su propia familia en algún rincón bonito del mundo. 


Era las diez y media cuando Susana se despidió dándole las gracias por todo. Se abrazaron, quedaron para el Domingo...   Valentina entró en la casa con toda la intención de dejarlos juntos a solas.  Andrés estaba silencioso, no sabía bien lo que decirle para que no se entristeciera. 

*Hasta el Domingo entonces. 


* Es estupenda, entiendo porqué la quieres tanto.


Andrés se enterneció, la recogió entre sus brazos y Susana se hundió en su pecho. 


* Lo siento Susi. lo siento...


Susana no quiso alargar más de lo normal un abrazo piadoso, lejos quedaban los abrazos con chispa y pasión. Aún así antes de alejarse lo suficiente le dio un beso en la boca.  Él lo tomó con gusto, sin remilgos, era un beso conocido, con un sabor que durante ocho años había sido su alimento, su vida, su todo. 


*
Aquellos recuerdos parecían lejanos y cuando miraba el calendario descubría  con asombro que sólo había transcurrido diez meses, intensos y cargados de emotividad. 

Valentina se había levantado, trasteaba en la cocina, seguro preparaba la cena.  
Andrés recogía la bandeja donde la jarra de limonada ya estaba vacía cuando vio entrar por la puerta del jardín a Susana. El hombre decidió esperarla sentado en una silla del porche, ordenó un poco la mesa con la bandeja y los libros de Valen.

No entendía muy bien aquella historia pero si algo le tranquilizaba era que no era cosa de él sino de ellas.  Se habían conocido y habían encontrado una buena amistad. Él era el punto de unión, el que en no pocas ocasiones parecía el tercero en discordia. Valentina le había echo entender que no se podían  olvidar ocho años de amor de la noche a la mañana, Susana tenía que tener su transición, su cambio, entender su  nuevo lugar.  Andrés lo llegó a entender y el cariño que le tenía lo hizo  fácil.  La generosidad de Valentina le sobrecogió en muchos momentos, sobretodo cuando con la sutileza que no todas las mujeres poseen  aceptó que en algunas ocasiones, no sé si especiales o anecdóticas, Andrés y Susana hicieran el amor con libertad y sin miedo. 

Andrés se ofrecía a acompañarla a casa y no volvía hasta el día siguiente después de la jornada laboral. Valentina lo sabía, lejos de sentir sentimientos tristes  aquellos días parecía estar mas contenta de lo habitual. En esos momentos Andrés se sentía extraño, desorientado, satisfecho a la vez que  utilizado.


Susana le saludó y pasó de largo, fue directa a la cocina donde las risas y la cháchara no tardó en dar vida a la casa. Él se encendió un cigarro. Las escuchaba...


*Chicas!!!


* QuEEEEE!   Exclamaron las dos al unisono.


* Voy un rato con Antonio. 


* Pues no tardes!  Dijo Susana


* No llegues mas tarde de las 9.  Terminó aclarando Valentina.



Las 9 era la hora de la cena.  Andrés sólo tenía que desplazarse unos metros para visitar a su mejor amigo Antonio. Con él podría hablar cosas de tíos y hacer cosas de tíos. Ahora tenía dos amores, si, pero también dos "marimandonas" que en ocasiones les agobiaba con sus normas,  esas normas de mujeres...   Ahora todo se multiplicaba por dos.










6 comentarios:

  1. Si, pero aunque lo mandusquearan se comía dos bacalaos. Genial el texto.

    Besos Nieves

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  2. Hermosa historia.
    Una situación muy peculiar.
    Al leer el comentario de Rafa una es incapaz de no sonreír, jaja.
    Besos, buenas noches

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  3. * Vero, Rafa; .yo también me he reido lo mio al leer a Rafa. És un buen resumen coloquial . No crees?

    Un besote a los dos ;))

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  4. Qué loca esta historia Nieves! Uno no puede dejar de sonreir al leerla, pronto va a ser una víctima de estas dos mujeres, un abrazo!

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  5. No cualquiera acepta con naturalidad esa especie de trío.
    No agrego más: Rafa lo dijo bien clarito... jajaja...

    Un besote, Nieves.

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  6. *Cristina, Mirella :
    Me alegra de que os hayáis reído un poco a costa de esta loca historia, porque yo con vuestros comentarios me he reído lo mío.

    Un abrazo amigas!!

    :)

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