Páginas

♥
Entra y siéntete en casa...

viernes, 29 de enero de 2016

16 años






Semanas antes me había sorprendido comentándole a su mejor amigo que deseaba verle la próxima vez que volviera a la ciudad.  Hasta entonces preferí mantener las distancias, romper nuestra conexión y vínculo para poder ser libres y seguir con la vida que había elegido.

Aquella última semana de Enero estaba siendo semana de frío y niebla y cuando los vi en la puerta de casa entre la atmósfera blanquecina causada por la niebla, creí que eran dos ángeles que me visitaba.
Él estaba junto a la puerta y su amigo un par de pasos atrás,  dejando a Rodrigo en claro primer plano.

Apenas pude dar un paso durante algunos segundos. Habían pasado 16 años, recordé una vez más la última imagen que guardaba de él...
Al final de un pasillo en penumbra, desnudo, pidiéndome que no me fuera de su vida.  Y yo cargada de dudas y de miedo ante el  precipicio de enfrentarme a la vida sin él aguardaba junto a la puerta sabiendo que una vez que saliera de aquella casa nunca más regresaría.  Allí - yo junto a la puerta y él en el umbral de la puerta del dormitorio que había sido testigo de nuestra última tarde de amor y deseo-  me dijo las palabras más bonitas que un hombre se atrevió a decirme nunca, su desnudez no solo era física, en aquel momento siendo consciente del instante que vivíamos decidió despojarse de lo poquito que le quedaba por decir.  Un poquito que se grabó a fuego en mi corazón de madera.

Un quindenio después había escuchado mi deseo de querer verlo  y no había tardado más de un mes en tenerle frente a mí.  No pude evitar hacer una mueca de emoción y él dio los tres pasos que nos separaban y se fundió en un abrazo que rezumaba puro amor, sentimientos que no se extinguieron y que guardamos en nosotros pese a las circunstancias y el tiempo.


La comunicación y el compartir vida fluyó con naturalidad en los días y semanas siguientes.
Era las cinco de la tarde cuando avivó el fuego de la chimenea en aquel proyecto de casa, en la que apenas había muebles ni lujos pero aún viviendo con lo indispensable se le veía resuelto y con energía.   Y en ese momento sentí como si el tiempo no hubiera transcurrido, que nuestras arruguitas y las canas que se dibujaban ya en su pelo crecido era el resultado de la vida que transcurrió mientras jugábamos a alejarnos uno del otro, cuando la única verdad que existía era que los dos nos acoplábamos tan bien que no pudimos entender como una vez creímos estar equivocados.
Él me miró con sus ojos marrones esperanzados.  Le dije las palabras más bonitas que le he dicho a un hombre en mi vida, le dije mi verdad. La única verdad que nacía en mi corazón de agua salada.
Y él sin pedir permiso me dio un beso ahogado en sonrisas, interrumpido por palabras de alegría, de planes aún por inventar...


No mucho tiempo después me volvió a proponer aquello que me dijo cuando éramos atolondrados y arrasábamos como huracanes.   "Nuestro amor sigue mereciendo un hijo".
Volví a recordar aquellos días de pasión en los que planeamos la posibilidad de ser padres, aunque para él era como el regalo  que  podía hacerle a la única mujer que lo había amado incondicionalmente.  Ahora volvió a plantearlo,  y volví a recordar aquellas dudas y aquellos sueños que por exceso de responsabilidad se quedaron en hermosos pensamientos que nunca llegaron a realizarse ni en esos momentos ni en los nuevos tiempos que llegaron.
Ahora Rodrigo estaba allí, de nuevo, no sabía exactamente durante cuanto tiempo. Me cogió de la mano y me susurró que no habría otra madre más amorosa que yo para su hijo...  un hijo con el que soñamos hacía ya dos décadas y que volvía a nuestras íntimas conversaciones.

Y de repente lo descubrí en el otro lado de la cama,  tuve claro todo lo bueno que me ofrecía, que para la mayoría era poquito pero para mí era lo más grande que me habían ofrecido nunca antes... Le sorprendí haciendo planes, incluyéndome en su vida, yo me volví a fundir en sus hábitos, en nuestros sueños olvidados que nunca se extinguieron.  Y abre los ojos en las mañanas y conversamos en susurros, nos levantamos para desayunar siempre juntos.  Tienes la certeza, de que lo verdaderamente importante no es acostarse por las noches y pasar un buen rato, mucho antes de eso habíamos desnudado nuestras almas, habíamos volcado nuestras miserias, nuestras movidas y miedos al igual que nuestros sueños y todo lo bonito que aún nos quedaba después de un largo camino de desesperanzas.  
Cuando me miraba cada mañana, cada momento compartido sentía que ese sentir era recíproco, verdadero y excitante.
Nunca fui mujer de joyas ni restaurantes con estrellas, siempre fui mujer de poquitos, de vida sencillas, y ahora cuando me reflejo en sus ojos veo nuestro infinito.  Sus palabras siempre tan sabias y divertidas, esas que nunca  dejaron de guiar mi camino, esas que me hicieron volver  a mi hogar, a mi verdadero amor,  a su loco corazón de caramelo...








8 comentarios:

  1. ¡Ay, ay, ay el amor el amor, que tanto puede hacerte feliz, y a la vez mucho daño.

    Besos.

    ResponderEliminar
  2. Cuanto amor, preciosa historia
    Besos

    ResponderEliminar
  3. Un infinito muy bello. Besos.
    Enhorabuena por el relato.

    ResponderEliminar
  4. i consider a magnificet write kisses

    ResponderEliminar
  5. Ojalá este amor sea para siempre! Un abrazo Nieves!

    ResponderEliminar
  6. "Nunca es tarde si la dicha es buena"... Me encantan estas historias de reencuentros Nieves. Mil besos!!!

    ResponderEliminar
  7. Muchas gracias amig@ mi@s.

    Mil besos y feliz semana.

    :)

    ResponderEliminar

Hola chic@s!!!!
Gracias por visitarme, por estar y compartir tus pensamientos....