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viernes, 20 de noviembre de 2015

Una vez en la vida




Ella era como cualquier mujer, como cualquiera de las que veis cada día en vuestra vida cotidiana; como vuestra vecina, compañera de trabajo, como esa que viaja silenciosa en vuestro mismo trayecto en el tren cada mañana para ir a trabajar.

Ella era sencilla, silenciosa, observadora y risueña.  Nunca tuvo esposo. Nunca lo echó en falta, cada cierto tiempo el camino de la vida,  la casualidad y el destino hacía que compartiera cierto trayecto con un hombre bueno que le robaba el corazón y le hacía creer que podía ser amada como ella amaba... Sin miedo,  sin ataduras, con la sensación de entregarse a un universo en el que llegas a él en caída libre. 

Ese día había sido como uno más, llegó del trabajo y tras el almuerzo se sentó en el sofá a estirar un poco las piernas  y a cerrar  los ojos durante algunos minutos.  El zumbido del timbre de la puerta la sorprendió, no era nada habitual que a esas horas llamaran a casa.  Miró su reloj de pulsera camino a la puerta - las 16,35 min.-   Al abrir la puerta un hermoso ramo de margaritas ocultaba el rostro del que lo portaba, su carita  se asomó  por un lado del ramo...

"Clarita Sánchez"

"si"   apenas pudo pronunciar esa afirmación.

El muchacho, muy joven, apenas tendría los 20 años, le cedió el ramo que Clara abrazó como si temiera estropearlo entre sus brazos.

"Puedes firmarme aquí"

Ella sin disimular lo extraordinario del momento firmó temblorosa  y el jovencito le deseo una buena tarde para de inmediato subir a la furgoneta de reparto y seguir regalando risas y sorpresas.

Clara entró, nerviosa, sorprendida, inquieta...   colocó con cuidado el ramo sobre la mesa un momento mientras buscaba el jarrón más bonito que poseía.  Las margaritas blancas le sonreían ampliamente,  las colocó con cuidado en el jarrón en el que previamente había llenado con algo de agua. Nunca... Nunca le habían regalado flores.  Las olió y estuvo allí mirándolas al menos media hora hasta que entre las flores pudo distinguir algo...  Se acercó y cogió  con sumo cuidado una tarjetita. La abrió deseosa por saber...  

*Espero que las flores sepan decirte 
lo que mis torpes palabras no saben*

Reconocía esas letras.
Su corazón latía fuerte.
Sentía como caía por el precipicio del amor.
Nunca antes, a pesar de sus cuarenta y tantos... nunca antes, ningún hombre  había tenido el detalle de regalarle flores. 
Ella siempre pensó que toda mujer debe saber que se siente  al ver un ramo de flores esperándote tras una puerta al menos una vez en la vida.  
Y  después de media vida, descubrió que ella también tenía su ramo.






6 comentarios:

  1. Hermoso relato, Nieves.
    Besos, buen finde

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  2. Ohhhh qué romántico!!! Sabremos un poco más de esta historia? Mil besos!!!

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  3. NUnca regale un ramo de flores a mujer alguna y por lo que leo a las cuarentonas les cae bien.

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  4. Acá estoy de vuelta Nieves! Siempre llega lo que no esperamos, muchas veces es lo más hermoso de la vida, un abrazo!

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  5. Muchísimas gracias por seguir estando siempre leyendo mis historias, he decidido escribir un poco más sobres estos personajes a petición de nuestra amiga Patry

    Mil besos a tod@s y feliz semana

    :)

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Hola chic@s!!!!
Gracias por visitarme, por estar y compartir tus pensamientos....