Páginas

♥
Entra y siéntete en casa...

lunes, 17 de noviembre de 2014

Entuerto

Anduvo presuroso desde la plaza central hasta el número nueve de la calle Barquera.  Miró el reloj con inquietud al no verla sentada en el mismo lugar de siempre. Pasaban pocos minutos de las cuatro de la tarde.  Llegó al número nueve y llamó dando un par de golpes a la puerta -sabía que el timbre no funcionaba - .

- Qué pasó, me asusté al no verte en el sol.

Hoy Macarena tuvo visita, almorzó tarde y aún estaba fregando el plato y la cazuela.
Dejó el fregado y se detuvo frente al cartucho de castañas que Antonio le traía a sabiendas por lo mucho que le gustaba, cogió una, aún estaba caliente, no quiso demorarse en desprender la cascara y comerla. Le gustaban así calentitas. "Gracias Antonio".  Se acercó entonces a una de las sillas, puso en sus brazos las muletas y se dirigió a la calle, Antonio la seguía con cuidado, para no tropezar con las muletas. "Te sigue doliendo"  Preguntó el hombre con cierta preocupación.  Ella le respondió que ya no le dolía,  ahora comenzaba a picarle pero lo arreglaba con las agujas de tricotar. "Pues eso no debe ser bueno" "Ahora vas a ser tu mi médico o qué"  Refunfuñó cansada de escuchar sus constantes consejos.

Él sabía que se sentía agobiada con aquella engorrosa escayola que le cubría desde los dedos hasta la rodilla. Quedó en silencio para aplacar los ánimos.  A los minutos ella le cedió el cartucho y Antonio cogió un par de castañas.

- Hoy lo he visto. 

Marcarena subió la mirada y miró al fondo de la calle, un par de niños salieron corriendo y una mujer los gritaba para que parasen, miró al cielo y la luz del sol le hizo guiñar uno de los ojos.

- Me ha dicho que no puede esperar más y que ha encontrado otra chica para el despacho de la carne.

Macarena sin decir nada dio un par de golpes a la escayola culpándole por su nueva incorporación al desempleo.

- No te preocupes, cuando te quiten la escayola dentro de diez días todo irá a mejor, encontrarás algo y si no siempre puedes volver a las castañas.

Macarena le cedió el cartucho donde aún quedaban un par de castañas... ya frías.  El sol se coló tras el campanario de la Iglesia, eso anunciaba que eran las cinco y media, hora de volver a casa, darse un baño y preparar la cena. Antonio  entró en casa de Marcarena  dejándola a ella detrás, tiró el cartucho y las cascaras al cubito de basura y esperó que la mujer entrara, llevaba dos meses con las muletas y aún no se manejaba bien, tropezaba con todo y se cansaba muy pronto.

Antonio entró en el baño y abrió el grifo de la bañera. Volvió al salón y cogió en brazo a la mujer "Estoy cansada de esta mierda Antonio" "pues te aguantas"  Esperó en la puerta del baño mientras la mujer se desnudaba, se le notaba cansada, agotada de aquella situación.. Antonio cubrió la pierna escayolada con una bolsa, cogió en brazos a Macarena y la metió con cuidado en el baño dejando la pierna fuera del agua apoyada sobre uno de los lados de la bañera. " ¿Quieres un baño de espumas?"  " Hoy no estoy yo para baños de espuma".  La mujer se lavaba mientras Antonio recogía la ropa y preparaba un caldo para la cena.  Volvió para sacar del baño a la mujer que comenzaba a tener los dedos arrugados. La cubrió con el albornoz y le quitó el plástico de la pierna.  Hizo el gesto de secarla como se le hace a los niños, "Venga anímate mujer, te espero en el salón"



El reloj marcaba las once y media cuando terminó su serie favorita, basada en una supuesta apocalipsis zombie. Hablaron un poco sobre el capítulo y Antonio dijo que se iba a la cama, su despertador sonaba a las 4.30 A.M.
- ¿ No te marchas a casa hoy? 
- ¿Quieres que me vaya?
- No no, pensé que te irías, solo eso.
- En casa no me espera nadie, prefiero quedarme aquí contigo.



Ya en la cama, ella dormía pero Antonio recordaba la conversación con el ex-jefe de Macarena, los remordimientos le hacían no poder dormir; recordaba aquella madrugada, sonó el despertador como cualquier otro día, se preparó el desayuno y la mala fortuna hizo que se le derramara la botella de aceite. Antonio apresurado para no demorarse,  limpió el suelo con la bayeta  y unos cuantos papeles absorbente de cocina. Debió asegurarse pero llegaba tarde y salió corriendo al trabajo. 
Recordaba la llamada desesperada de Macarena,  que lo llamaba desde el Ambulatorio contándole que se había caído en la cocina de su casa y se le había partido la tibia. ¡ AY DIOS MIO! ... Si no hubiera derramado el aceite, si hubiera perdido un poco de tiempo en limpiar todo resto de aceite del suelo... nada hubiera pasado, no se hubiera caído, no hubiera perdido su puesto de trabajo...  Macarena no sabía nada de aquello, cuando regresaron juntos a casa,  Antonio se encargó de ponerlo todo en orden, pasó concienzudamente la fregona por el suelo, como el que quita las pruebas de un homicidio. Claro que todo quedó limpio como la patena, pero su consciencia tenía un gran nubarrón que no lo dejaba vivir tranquilo.
No descansaría hasta restablecer todo el entuerto.






10 comentarios:

  1. Que horror, cuanta culpa debe sentir
    Las muletas para mi fueron un infierno... que espantosos esos accidentes
    Me gusta tu manera de relatar, quedo atada al recuerdo de los cartuchos de castañas que ya no se ven mas en Buenos Aires y me encantaban
    Besos

    ResponderEliminar
  2. Y qué sería lo que había conversado con el tipo aquel??
    Tooooda una secuela de consecuencias...

    Pero sabes? Hoy en particular, voy a quedarme con un párrafo tuyo que me ha parecido espectacular en cuanto a su composición y la imagen que conlleva:

    "Macarena subió la mirada y miró al fondo de la calle, un par de niños salieron corriendo y una mujer los gritaba para que parasen, miró al cielo y la luz del sol le hizo guiñar uno de los ojos"

    La descripción del instante, Nieves, es como una fotografía en movimiento y casi casi es posible ver cómo se entrecierra el ojo de ella y como cae, sin inmutarse, el rayito de luz sobre su rostro; incluso, se puede oír, si uno se queda muy en silencio, la voz de la mujer en el fondo de la escena.
    Genial.
    Mis aplausos por ello.

    Un besito dulce dulce dulce, preciosa.

    ResponderEliminar
  3. Los accidentes son inevitables. La culpa de Antonio debe ser tremenda
    Saludos

    ResponderEliminar
  4. Debió ser sincero, la culpa debe corroerle aunque intente disimular.
    Bonita historia muy bien contada.
    Besos, buena noche Nieves

    ResponderEliminar
  5. Como han comentado los accidentes pasan, y es algo inevitable. Si se siente culpable, para quitarse esa pesadez debería contárselo y así se sentiría más tranquilo. Muy bueno Nieves. Por cierto yo no es que haya limpiado mucho, pero creo que el aceite para quitarlo tiene guasa.

    Besos Nieves.

    ResponderEliminar
  6. La culpa corroe y no ayuda en nada hasta que no se aclaran las cosas, para aliviarse Antonio tendría que decirle lo que ocurrió a Macarena.
    Coincido con Nicky, ese párrafo que menciona me pareció muy poético y bien insertado en el relato.
    Un besote, Nieves.

    ResponderEliminar
  7. Hola Nieves, me acabo de poner otra vez como seguidora para ver si así vuelvo a tener tus posts cuando aparecen, ahora mismo entré para ver si había algo nuevo y me encontré con este pequeño drama que ojalá pronto quede en el olvido de los dos protagonistas, claro que Antonio va a tener que decir la verdad, un abrazote!

    ResponderEliminar
  8. Tardará más en curar la conciencia del pobre Antonio que la pierna de Macarena.
    Muy bueno el relato,Nieves.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  9. Buen relato,niña.
    Hay cosas que no se saben, si es el destino o que hace, que pasen
    Bss

    ResponderEliminar

Hola chic@s!!!!
Gracias por visitarme, por estar y compartir tus pensamientos....