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lunes, 16 de junio de 2014

Tropiezos II


Claudia aún andaba con precaución a pesar de que habían pasado un par de semanas de su percance.
Fue el Miércoles al entrar en el grandioso hall del bloque de pisos cuando el recepcionista la saludó y le comunicó que tenía algo para ella.  
Alfonso era un hombre amable,  tenía una pequeña recepción donde pasaba toda su jornada, recogía las cartas, dejaba pasar  o no a las personas que no eran vecinos del inmueble y arreglaba los desperfectos que eran normalmente alguna bombilla fundida.  Cuando Claudia llegó al edificio le resultó extraño  que en estos tiempos aún hubiera demanda de este tipo de trabajo pero con el tiempo se acostumbró,  incluso lo agradecía.  En el edificio vivían personas con altos cargos y algún actor secundario, las fans se agolpaban   para pedirle autógrafos,  Alfonso las mantenía fuera del edificio donde reinaba la paz y la tranquilidad .

Claudia abrió los ojos con asombro y sorpresa,  el recepcionista le puso en el mostrador una caja color cereza aterciopelada, la abrió de inmediato, eran las perlas del Caribe, las mismas que rodaron escaleras abajo, estaban engarzadas y brillaban con la equivalencia de su precio.  "el Sr.Mejías le ha dejado una nota". La mujer le dio las gracias a Alfonso y con la caja aterciopelada y el sobre con la nota aún cerrado se dirigió al ascensor.  Desde la caída había optado por utilizarlo para que su tobillo no sufriera demasiado, ya apenas le dolía, quizá un poco a últimas horas del día. Para entonces procuraba sentarse en el sofá y ponerlo en alto.
Fue en el sofá, después de una ducha y con el pijama de chanel cuando volvió a mirar el collar de perlas. Lo enredó en sus manos y entre los dedos, recordó por pura inercia el día que lo compró. Abrió el sobre en el cual Anselmo se preocupaba por la evolución de su tobillo y le pedía perdón por atreverse a mandar  engarzar el collar, solía llegar  tarde del trabajo y no se atrevía a visitarla a horas intempestivas.
Nunca hubiera imaginado tanta amabilidad en un desconocido, apenas se lo había cruzado un par de veces en cuatro años.  
A la mañana siguiente deslizó por la puerta de Anselmo una nota de agradecimiento.  No le apetecía que Alfonso el recepcionista supiera de  sus intercambios de notitas.



Después de varias semanas al llegar al portal,  Claudia descubrió  un tumulto de personas, policías y un grupo numeroso de alocadas fans siendo detenidas.  Habían entrado al inmueble y Alfonso al ver que se le iba la situación de las manos optó por llamar a las fuerzas del orden.  Tan sólo había ocurrido una vez anteriormente, pero en esta ocasión parecía que las jovencitas estaban exaltadas al máximo.
Algunos vecinos se encontraron al igual que ella con la situación, uno de los agentes les había pedido que esperaran fuera.  Claudia conversaba con Doña Adela que se había enterado de su accidente...  
Una mano le rozó la cintura y seguidamente pudo oler el sutil perfume, casi evaporado por el día,  pero ella lo podía oler perfectamente, se giró y descubrió que era Anselmo,  su mano no se despegaba de la cintura de Claudia, saludó con amabilidad a Doña Adela y preguntó a Claudia que tal tenía su pie... en unos minutos pudieron entrar al inmueble, Anselmo cogió las bolsas que portaba Doña  Adela y los tres subieron en ascensor, Claudia había querido portar una de las dos bolsas de la Doña.  La anciana agració a los jóvenes la amabilidad. 

La Doña  vivía entre los pisos de ambos, Anselmo debía bajar un piso y Claudia subirlo. Se quedaron parados en el descansillo. Claudia volvió a agradecerle el gesto que tuvo con el collar. "Eran unas perlas demasiado hermosas como para no volverlas a convertir en collar"  " te vi en televisión, agradeciendo el premio que recibió tu organización" ... 
En ocasiones tus pies andan solos, sin necesidad de que tu cabeza le indique el camino, aquella tarde los pies de Anselmo siguieron a los de Claudia terminando en el salón de ella. Era un piso moderno, con tonalidades pastel, y con multitud de fotos  de familia y amigos por cada rincón, cosa que a Anselmo nunca le había gustado, él pensaba que las fotos eran para los álbumes y no para las paredes y mesas.   La conversación fluía fácil y cuando se vino a dar cuenta el elegante marchante de arte  ya estaba sentado tomando un vino en copas de cristal de bohemia.  Ella abrió las puertas del amplio balcón donde una mesa y sillas de jardín esperaban ser ocupadas.  La luz de la noche comenzaba a iluminar la ciudad, el tintineo de las farolas, las luces de las ventanas vecinales y los focos de los coches hacía olvidar las luces de las estrellas, que hacían años que no se veían.  
Los ojos de Claudia advertían que el vino ya la había achispado. Anselmo vertió lo que quedaba en la botella en su copa, anunció que no deberían beber más.
A media noche él miraba los viejos discos de vinilo que claudia guardaba en un coqueto mueble. Unos instantes después se besaban, con suavidad, armonía, sin prisas,  en ropa interior  y en perfecta penumbra,  él acariciaba la cintura de ella,  que sentía como se erizaba cada vello de su cuerpo, cuerpo hermoso, suave, cálido, no demasiado delgada, eso la convertía  en mas bonita, mas real, sus besos sabían bien, tanto que Anselmo no veía el momento de dejar de besarla.   Claudia sentía la calidez de su vecino, sus pautas,  su mirada, sus palabras en susurros,  descubrió un cuerpo más musculado de lo que esperaba,  lo observó a intervalos, mientras le hablaba, tenía un par de cicatrices, una de ella claramente de una operación de apendicitis. Les gustaban sus manos y como la entrelazaba en las suyas, le gustaba su olor, porque ya sólo olía a Anselmo. Cuando llegaron al dormitorio ambos estaban tan excitados que por un momento pensaron que no serían capaces de seguir adelante. Ella era tan bonita que no podía imaginar una vida sin ella. Él era tan paciente, tan correcto, en tan poco tiempo le había demostrado tanto que quería saber lo que era tenerle a su lado cada día.  Se tumbaron en la cama, se abrazaron un instante, ambos quedaron inmóviles,  ella tumbada miró al techo y las sombras que creaba la  lámpara, él se quitó el reloj y lo puso en la mesita de noche, se deslizó unos centímetros para darle un beso en el ombligo y apoyar su cabeza en el vientre de la mujer hasta quedarse dormido.
Aquel gesto hizo que Claudia lo deseara aún más e incluso pensara por un momento por primera vez en años que amaba a aquel hombre,  un sentimiento que casi había desterrado de su corazón y ahora resurgía como magia.  " No quiero poseerte sin más, quiero desearte, conocerte, amarte antes de tener la máxima intimidad"    Esas palabras fueron como  mágico elixir, como extraordinaria contraseña para el comienzo de una vida compartida.







5 comentarios:

  1. Qué bien que siga la historia.
    Son puro fuego, ojalá les vaya muy bien.
    Besos, buena noche Nieves

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  2. Ah, cuántas mujeres querrían conocer a un hombre así, tierno y delicado en el amor, muy bien Nieves!

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  3. Que suerte que se cayo, pobre Claudia.... espero mas, siiii
    Abrazos

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  4. No hay mal que por bien no venga!!! Quien le iba a decir a Claudia que con su caída iba a conocer al hombre de su vida....no? o al menos tener una de su experiencia más maravillosa. Me encanta!!!!
    Mil besos!!

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  5. Muchas gracias por vuestras letras, me alegra vuestro entusiasmo, como el de Lapislazuli, que me anima a seguir un poco más, tendré que pasarme por el bloque haber que me cuentan, haber que veo.

    Mil Besos!!!

    :)

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Hola chic@s!!!!
Gracias por visitarme, por estar y compartir tus pensamientos....