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martes, 21 de enero de 2014

Ágata III

Había pasado justo una semana desde que llegó Ricardo, pese a lo que imaginaban a penas tuvieron tiempo de estar juntos,  a excepción del fin de semana en el que hicieron un poco del turismo tradicional y cenaron fuera para que Ricardo disfrutara de los momentos noctámbulos de la ciudad  no coincidieron en toda la semana más que en algún que otro momento fugaz.

Ágata estaba enredada en los inminentes cambios de temporadas, en las épocas en que las novedades textiles llegaban no tenía tiempo para nada y hacer horas extras era algo habitual.
Roberto  se tomaba con calma su trabajo, lo único que le producía cierta inquietud era el chico en prácticas, necesitaba encontrar una persona más para que el cuadrante de horas fuera aún mejor, sus dos compañeros de trabajo  le presionaron para que se tomaran en serio contratar a alguien más, pero encontrar la persona  adecuada no era tan fácil como parecía.
Ricardo tampoco paraba, el viaje resultó ser de negocios y cada día salía en busca de clientes, las citas con su abogado al parecer también fueron numerosas en la semana.   Las cosas parecieron complicarse y lo que se esperaba que fuera simple rutina se enredaba entre papeleos y laberintos jurídicos.

La noche antes determinaron ir a cenar al mismo lugar de la pasada semana, lo pasaron bien, la comida era deliciosa y las camareras guapas y simpáticas, detalle que Ricardo sabía apreciar. Los tres se reunirían allí después de terminar su jornada laboral.

Cuando llegó Ágata con su abrigo color mostaza la sonrisa del encargado del local fue instantánea, se dirigió a ella y le comentó que era un placer volverla a tener allí.  Ella le agradeció el comentario mientras se quitaba el abrigo dejando ver su corto y vaporoso vestido, unas medias tupidas y unos tacones de vértigo,  la larguísima melena, puede que por efectos climáticos, estaba ligeramente ondulada.
Se dirigió a los salones de la parte de atrás, eran más acogedores en aquella época del año.  Justo al entrar pudo ver a Ricardo sentado en un taburete, mirando por la cristalera que daba a las vistas de un  hermoso patio interior donde algún que otro árbol y miles de macetas adornaban aquel rincón de ensueño. Tenia la mirada perdida, pensativo, desde que llegó no se afeitaba así que la barba comenzaba a ser visible, tan ausente estaba que no se dio cuenta que Ágata había llegado hasta que la muchacha estuvo junto a él y saludó.

- ¿No ha llegado aún Roberto? 
- No.  Yo fui el primero, ¿Elegimos mesa o esperamos ?  Se levantó cogiendo un vaso con lo que parecía un gintonic.
- Nos sentamos en una mesa mejor.  
La muchacha fue directamente  hacia una de ellas, a esas horas  apenas había comensales y era un placer poder elegir el lugar donde pasarías buena parte de la noche.

- A  Roberto le gusta mucho esta mesa.  Comentó a la vez que se sentaba y miraba de reojo hacia la puerta para ver entrar a su compañero.

- ¿Por la chimenea?  el calor de las brasas hacía aquella mesa una de las más acogedoras.
- No...  si nos sentamos aquí no tiene que ir sorteando tanta mesa.
- Ah claro!!
El silencio envolvió aquel instante, Ricardo bebió un poco y Ágata miró el teléfono móvil para ver que no tenía  mensajes, lo dejó en un rinconcito de la mesa.   Una de las camareras llegó y preguntó si necesitaban algo. Ágata pidió una copa de vino, Ricardo estaba servido.
Ricardo siguió con la mirada los pasos de la camarera que justo antes de desaparecer de su vista la vio parar y dejar paso a Roberto que la saludó comentándole algo que la hizo reír a carcajadas.
Roberto miró donde estaban sentados y plegó el bastón metiendolo de inmediato en la pequeña mochila de cuero que era como una extensión de él mismo, nunca salía de casa sin ella.  Se acercó a la mesa y dijo que iría al baño.   Ágata se levantó y le pidió un beso, él se lo dio con cierta timidez.
Guardaba el móvil...

- ¿ Lo quieres mucho verdad?
Ella hizo una mueca  apretando los labios y afirmando.

- Mi hermano siempre es una caja de sorpresas, cuando vienes a verlo siempre tiene algo sorprendente que te deslumbra, pero esta vez la sorpresa ha sido mayúscula, eres una verdadera joya.
Ella simplemente le dio las gracias, era una de esas personas que se bloqueaba ante los cumplidos y nunca sabía bien lo que decir, siempre encontraba la respuesta a destiempo.


Roberto llegó y se sentó a la mesa, de inmediato fueron atendido y servidos.
La muchacha se quitó los zapatos cuando la  camarera puso en  la mesa los postres;  helado para ella, y chupitos para ellos.  Hizo descansar sus pies sobre los  pies de Roberto que la miró de reojo, ella lo miró cómplice. Aquella noche las conversaciones fueron banales,  sólo cuando Roberto estuvo contando alguna que otra leyenda de la ciudad Ágata prestó toda su atención, mientras, removía y trasteaba sus pies en los tobillos de su compañero.

Él la miraba sin mirar,  mantenía una divertida velada prestando aparentemente toda la atención a su hermano, sin embargo,  en un discreto  segundo plano  se recreaba con los juguetones pies de su muchacha que en apariencia sólo se entretenía comiendo esa gigantesca copa helada con mucho de todo que casi ocultaba  su hermoso rostro... primero comió la nata que rebosaba por los bordes como una montaña de cuento, después fue cogiendo cucharaditas intercambiando entre los sabores  bañandolo con el caramelo líquido que cubría cada rincón de la copa,  saboreaba cada cucharada como si fuera la última, pasaba la lengua por la cucharilla para que no quedara ni rastro...
 Hacia la mitad  balbuceó   "mmmmm este sabor es delicioso...  Pruebalo"  llenó una generosa cucharada y se la cedió a Roberto.  Éste dejó que fuera ella quien le diera a  probar, como esa imagen de las madres cuando le acercan a sus pequeños hijos una papilla nueva sin tener la certeza de que le fuera a gustar del todo.
"Pues si que está jodidamente bueno"
Después de este paréntesis todo volvió por donde aquella expresión tan deliciosa había interrumpido.
Minutos después Roberto dijo tener que ir al baño.
El local comenzó su metamorfosis y lo que era un restaurante ahora era un espectáculo de magia y variedades, las luces se apagaron y focos de distintos colores alumbraban el recinto.

Ricardo la miró y le sugirió si a él no le iba a dar a probar,  "claro,  pediré una cuchara"   Aquel comentario dejaba al descubierto su ingenuidad.  "No, no hace falta, seguro que con esa cuchara sabe mejor"
En ese momento tuvo unas incontrolable ganas de llorar,  frunció el ceño y preguntó que había querido decir con aquello, "llevas diez minutos lamiendo esa cuchara, sin duda debe estar deliciosa" lejos de mejorar, enturbió aún mas la situación.
En ese momento volvió Roberto y a pesar de que las luces habían cambiado y la penumbra primaba, descubrió el ceño de Ágata, "Que te ocurre" .    Ella no dijo nada Ricardo se adelantó, "Pues que tu muchacha no quiere darme a probar de su cuchara, y veo que me va a dejar con las ganas de saborearla"
Roberto la miró y no pudo evitar reír,  Ágata estaba empezando a enfadarse, no comprendía la situación.

- ¿ No habrás utilizado el tonito a  lo Michey Rourke en 9 semanas y media?

Ricardo miró a su hermano con el brazo sobre la mesa y mano en su mejilla y balbuceó "No lo he podido evitar, lo siento de verdad.... - reía junto a su hermano-  es que la situación era perfecta y bueno... lo siento Ágata, no quería ofenderte"

- Pero no entiendes que ella no te conoce lo suficiente como para saber que estas bromas son las que te divierten.

Ágata entendió que aquello era parte del humor de Ricardo, y si no lo era,  lo mejor sería dejarlo estar, pasar por alto aquel comentario que poseía demasiada carga emocional... para hacer las pases le regaló la guinda que coronaba la montaña de nata y estuvo esquivando la cuchara mientras se rebosaba con el caramelo y el helado. 

Ya en la madrugada, salieron del local, Ágata se cogió al brazo de Roberto, se agarraba a él con los dos brazos y apoyaba la cabeza en su hombro a cada rato. Roberto dejó dentro de la mochila su bastón,  Ágata se sentía tan protegida, aquella noche era ella quien se apoyaba en él, necesitaba tenerlo cerca.
Cuando llegaron a casa Ricardo volvió a disculparse, Roberto le quitaba importancia y Ágata aunque aceptaba el juego y la situación jocosa no terminaba de fiarse demasiado.

Roberto se metió en la cama de inmediato, con su pijama azul y los calcetines morados. Ágata se demoró un poco al desmaquillarse, se puso a los pies de la cama y se fue despojando de su ropa poco a poco, Roberto la miraba esperando a que se metiera en la cama para apagar la luz y descansar,  ella se queda desnuda y gatea desde los pies de la cama hasta entrar bajo las mantas.   Lo miró y  besó con pasión desmedida,  suavemente tendió su cuerpo sobre la cama, la mirada opaca de Roberto miraba con deseo los labios  entreabiertos de Ágata que esperaba su beso con vehemencia,   él se despoja de su pijama y aproxima su cuerpo a la de la muchacha hasta cubrirla entera, penetra lentamente su vientre, sus piernas se enroscan,  los brazos de la muchacha lo aprisiona y su lengua se aloca queriendo morderle, sus cuerpos se vacían sobre el deseo ya consumado, exhaustos se rinden al agotamiento y duermen...







8 comentarios:

  1. Por ahora todo va bien... esperemos, muy bueno Nieves! Un abrazo

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  2. Pues otra vez nos quedamos con ganas...
    Esperamos la IV entrega

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  3. Muy buena, Nieves.
    Ahora que duerman hasta la siguiente.
    Besos

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  4. Es muy tarde para ponerme al día con éstos tres pero la cosa promete...

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  5. Que broma, debió molestar a Agata. Seguimos con la historia, siento algo extraño a Ricardo :s, Abrazos Nieves

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  6. Ohhh apoteósico final!!!!!! Que sigan así me encanta esta relación..

    Mil besos!!!!!!!!

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  7. Ricardo me preocupa. Un final de capitulo sensual
    Espero la siguiente
    Abrazos

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  8. Ay que feliz me hacéis cuando os descubro, leo vuestros comentarios y me animáis a seguir.
    ;)

    Mil besos !!!

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Hola chic@s!!!!
Gracias por visitarme, por estar y compartir tus pensamientos....