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jueves, 24 de noviembre de 2016

La cita



Nunca había tenido una cita a ciegas. Esa experiencia siempre le pareció un riesgo innecesario, de hecho, hacia tiempo que no tenía una cita así  de ámbito romántico.

Él fue puntual.  Pocos minutos antes de la hora citada llamó al timbre de casa.  Ella abrió la puerta y sonrió ampliamente al verle tan arreglado y perfumado para la ocasión.   Siempre andaba con sus pantalones medio gastados y sudaderas con capuchas.  Se había apurado la barba y sus ropas eran hasta elegantes.

"¿Llego bien? "
"Si.  Déjame que coja la cazadora y salimos"

Era media tarde.  El sol aún entraba por las cristaleras de la cafetería Italiana.

Él con un café expresso. Ella capuchino con un gran trozo de pastel. Terminaron compartiéndolo.  Él quiso pedir otra cucharita para comer algún trocito pero ella no vio inconveniente de compartir la cuchara.  Incluso ella le daba a probar,  él simplemente abría la boca y saboreaba la deliciosa porción de chocolate.

No era ningún desconocido.  La conversación era fluida y animada.  Él consideraba aquella cita como el triunfo de meses de indirectas y proposiciones. Había tirado tanto tiempo la caña que por fin parecía haber picado.   Ella era una chica con la que podías tener una conversación animada durante todo el tiempo sin aburrirte y él era un hombre básico con un gran corazón con ganas de querer y sentirse querido.

El aroma a castañas asadas entraba en la cafetería cada vez que algún  cliente entraba o salía del  recinto.

" ¿Como huele eh?"
" Ahora vengo"

No dio pie a nada más. Salió de la cafetería. Atravesó la calle  y se paró junto donde vendían las castañas asadas. Con el cartucho en la mano atravesó de nuevo la calle esta vez con cierta prisa, lo observó  mientras daba una carrerita para que las castañas llegaran calentitas a la mesa.  Era un hombre resolutivo, no muy inteligente pero muy avispado para la vida. No muy guapo pero cuando le ponía interés podía ser un verdadero galán de cine.  Se sabía de memoría sonetos y viejas partituras teatrales que en las ocasiones adecuadas siempre recitaba y quedaba como un autentico titiritero  majestuoso.  En ese momento mientras lo miraba llegar ella volvio a sus dudas, a su no saber. No sabía si sí, si no.  No sabía si era  o podría ser.  No sabía... no sabía...

Imagino que cada uno enamora como sabe, o como puede y él  la iba enamorando a base de capuchinos y chocolates, a base de castañas asadas y viejas historias de correcaminos.
Después de toda una tarde de mil conversaciones, de esas divertidas, curiosas, inteligentes  e incluso de esas picante que dan vidilla y animan para dar pie a un algo más, a intentar dar ese paso que sin esa conversación siempre se ve francamente difícil ni siquiera intentarlo,  él le preguntó decidido que si le apetecía pasar la noche en su casa rústica en las afueras.

Ella ya había estado allí en alguna ocasión con amigos comunes pero nunca sola, nunca después de una cita que siempre pareció inviable del todo. 
Era una casa grande, de estas que parecen palacetes, había sido de la abuela y él había luchado  para mantenerla en la familia. Nunca quiso vender algo que sus abuelos trabajaron tanto para conseguirlo.  

Una vez más ella insegura, en ese remolino de no saber, con sus ojos brillantes y achispados por las copitas que llevaba tomadas.  Dijo aquello de...  "mejor que no, dejemos aquí el recuerdo de esta bonita primera cita así tal cual, así es perfecta. ¿No crees?"

Bueno si, había sido una tarde fantástica, había descubierto muchos matices desconocidos en ella,  pero hubo un momento de la tarde que pensaba que la cita no acabaría en el atardecer sino al alba.  
El hombre decepcionado y con cierta sensación de un nuevo fracaso  marchó a casa solo. Solito, con sus mejores pantalones y su radiante cazadora, con algunas monedas en el bolsillo y un montón de sueños y pensamientos no muy decentes.  Con una reflexión clara...  La verdad es que la mente e ideas de una mujer suelen cambiar más rápido que los vientos del desierto.





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11 comentarios:

  1. Bueno, que espere un poco...
    Hay que ser paciente y no forzar las cosas.

    Besos.

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  2. Como se suele decir, se quedó compuesto y sin novia. Bueno paciencia, que igual otro día, ya hay más suerte y moja el "churro".

    Besos Nieves.

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  3. Si tiene que ser, será... todo llega en su momento. Parece que tienen futuro. ;)
    Mil besos!!

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  4. Ay, tunante, se las prometía solito y sin consultar.
    Todo llegará si debe de ser.
    Besos

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  5. Y yo que creía que iba a haber tema.

    Esa manía de dejar para otro día lo que ya se sabe que pasará.

    Buen cuento, bien contado.

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  6. El se había hecho toda la ilusión, se tendrá que conformar y esperar una nueva ocasión, un abrazo Nieves!

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  7. Cuando no se está segura de nada sirve precipitar las cosas.
    Es evidente que no hubo química por parte de ella.
    Besos, Nieves.

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  8. Está claro que en esto del amor, quien espera desespera pero con un poco de paciencia y sicología se termina triunfando

    Muchísimas Gracias por vuestros comentarios y por no dejar de venir a visitarme.

    Sois muy amables y os o agradezco enormemente

    Mil besitos a tod@s


    :D

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Hola chic@s!!!!
Gracias por visitarme, por estar y compartir tus pensamientos....