Páginas

♥
Entra y siéntete en casa...

jueves, 4 de junio de 2015

Punto de inflexión




Ernersto era un hombre grande como un oso. Trabajaba en la construcción del puente del Norte, llevaban construyéndolo dos años y aún quedaba uno más para terminarlo. Desde entonces se hospedaba en una de las habitaciones de la planta superior de la cafetería Canadá la cual era económica y limpia. 
Al finalizar su jornada laboral, Ernesto se tomaba unas birras con los compañeros del trabajo. Después, una vez que todos marchaban pedía algo para cenar y se arrastraba escaleras arriba, con los pantalones medio caídos, bamboleándose hacia los lados preso del cansancio y el adormecimiento cervecero. Entraba al baño, se desnudaba, se sujetaba el pene frente al bater y orinaba, entraba a la ducha y tras ponerse unos calzoncillos, se desplomaba en el catre. Se aseguraba que el despertador estaba activado y dormía.
Ernesto no cerraba la puerta con llave, ni echaba el pestillo, sabía que de vez en cuando tenía visita.


Ella era menuda, delgada y exótica como bambú en los campos perdidos de china. Tenía unos ojos grandes y rasgados y una sonrisa que provocaba que se le marcaran los hoyuelos en las mejillas.
Tuvo que recorrer un largo camino de desventuras hasta llegar a la cafetería Canadá. Había pasado seis años de aquello, tenía un buen sueldo, un medio hogar en la habitación número 7 de la planta superior de la cafetería y una familia constituida por los compañero de trabajo y el matrimonio dueño de la cafetería. A sus 26 años no aspiraba a mucho más. 

Cuando vio por primera vez a Ernesto, preguntando por las habitaciones que se alquilaban,  le pareció el hombre más grande que había visto en su vida, le recordó a los dibujos de los leñadores que ilustraban sus libros de infancia, tenía acento extranjero y se le notaba que se esforzaba para hacerse entender. 
Carolina le atendió siempre. En las primeras ocasiones fue producto del azar, sin embargo, con el tiempo tan pronto le veía llegar le atendía sin hacerle esperar. Había comenzado a conocerle y a tenerle cierto cariño.  Más de una noche la había esperado hasta terminar el turno sólo para compartir cena y hablar de esas cosas que habían descubierto que les unía. 

Había noches que Carolina pasaba de largo la habitación número 7 y entraba en la del final del pasillo. Siempre estaba abierta. Se descalzaba y entraba al catre por la parte de los pies, gateando por el colchón hasta llegar a la altura de la almohada.  Ernesto se movía un poco para dejarle un poco más de espacio, le atusaba la melena, no hablaban, no se decían nada, rara vez el hombre le regalaba el gesto de darle un beso en la cabeza, se acoplaba a la espalda de la muchacha y dormían. Él nunca tuvo intensión de propasar ese gesto de compañía nocturna, veía a Carolina demasiado joven y vulnerable. Alguna noche tuvo que luchar contra el instinto.
Ella buscaba el cariño y la compañía sin explicaciones ni cláusulas, después de las primeras noches de incertidumbre, cuando descubrió que Ernesto no reclamaba sexo, todo fue mas fácil, mas cómodo y natural, veía a  Ernesto como un GiGanTe protector, demasiado hombre,  demasiado maduro.  Aún así... Alguna noche tuvo que luchar con las ganas de besarle.


*


Aquel años transcurrió rápido, Carolina había escuchado rumores, pero la tarde en que vio a Ernesto pagar la cuenta completa y despedirse de los dueños de la cafetería supo que había llegado el día de la despedida.
Le preparó un café como a Ernesto le gustaba. Él se sentó en un taburete de la barra.

"Te echaré de menos"  Le dijo al ponerle los dos sobres de azúcar junto a la taza.

Ernesto la miró. Deslizó la mirada hasta la taza y echó el azúcar.  En silencio daba vueltas con la cucharilla.
"Voy al norte, a Finlandia... dos años, no estoy seguro de que pueda dormir sin ti, no me he dado cuenta hasta  que he pensado que ayer fue la última... "

Carolina lo escuchaba al otro lado de la barra, con las manos apoyadas en la encimera, a pocos centímetros del café humeante.  Ernesto posó su mano sobre una de las de Carolina y susurró:

"gracias..."

"¿Volverás?" No quiso plantearle esa cuestión, lo ponía claramente en la obligación de decirle que sí, pero su  corazón traicionó a la razón.

"No lo sé, difícilmente. Pero quiero volver, quiero volver con Carolina"  Expresó con un lenguaje difícil de entender, como cuando era un recién llegado y chapurreaba el idioma.


*


Todo volvió a ser como tres años atrás, al menos aparentemente porque algo había cambiado, ahora debía aprender a vivir sin la presencia de aquel hombre rudo, el hombre más grande que había visto nunca, ahora tendría que retomar una forma de vida que había olvidado vivir...
Carolina no dejó de esperarle.

El nuevo proyecto finlandes hacía trabajar duro a Ernesto y sus compañero, cuando llegaba al catre, aunque estuviera muy cansado siempre tenía un segundo que pensaba en ella. Todo volvía a ser rutina en un nuevo país, pero él sabía que no era como siempre, ese último pensamiento era suficiente para saber que ahora tenía un lugar donde volver...
Ernesto no dejó de pensar en volver con Carolina.





8 comentarios:

  1. Hola Nieves, una historia extraña y hermosa la de hoy, me encantó y espero la continuación, tienen que reencontrarse! Un abrazote

    ResponderEliminar
  2. Pues con lo grande que es, más grande que un oso, y como tenga el pepino con arreglo al cuerpo, cuando se decida a empalar a Carolina, que más bien es poca cosa, lo mismo se la carga. Ya por no hablar de metidas por otros sitios. Hasta ahora, digamos que ha sido un "amor puro", y la cosa se limitaba, simplemente a un manoteo y a dormir más a gusto y relajadamente. Pero como el oso de Ernesto vuelva, esa no se escapa y le apaña bien el saquito.

    Besos Nieves.

    ResponderEliminar
  3. Qué lindo relato, Nieves. Sin tantas palabras ni gestos, sólo el deseo de sentir la presencia del otro por las noches. Él, para apoyarse en el afeto, ella en la protección del oso.
    Si reanudan la relación, ya se las apañarán para solucionar el problema que plantea Rafa... jajajaja...
    Besotes.

    ResponderEliminar
  4. is an honor to read you every day kisses

    ResponderEliminar
  5. Hermosa historia.
    Seguro que volverá.
    Besos Nieves, feliz noche

    ResponderEliminar
  6. Jejeje, vengo riéndome del comentario de Rafa, espero la continuación para ver si se cumplen sus dotes de adivino.
    Un beso.

    ResponderEliminar
  7. Muchas gracias por vuestros comentarios, amables y divertidos como el de Rafa, que siempre nos provocas una carcajada con tu versión mas terrenal de mis historias.
    Gracias de todo corazón a todos.

    Feliz semana, besitos :)

    ResponderEliminar

Hola chic@s!!!!
Gracias por visitarme, por estar y compartir tus pensamientos....