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sábado, 20 de junio de 2015

CereZos en flor


Tenía que marcharme sin ti.
Tomé un camino desconocido  aquella mañana  de cuervos negros,  el whisky de la noche anterior aún corría por mis venas, metí todas mis pertenencias en la vieja mochila y arranqué el Volkswagen que te regalé en navidad.
Sentía con alivio como la carretera me alejaba de tu lengua de arpía,  de tu belleza de sirena y tus malignos planes de devorar mi alma de hombre.
Después de varias horas, de un tiempo sin reloj,  decidí desviarme por los caminos comarcales. Esos que se adentran por los más bonitos rincones del territorio nacional.
Algo me hizo parar junto a ese puente, bajé del coche, cansado y entumido por las horas de conducción.  Pasee por la orilla de un afluente desconocido. Una tarde sin viento  y un paisaje de postal, sólo se podía escuchar el rumor del agua y el crujir de mis pisadas en el suelo. Recordé a Eva, mi hermana, le encantaba  pasear entre los cerezos en flor en el pueblo de padres. Mientras cruzaba el puente de madera, pude recordarla aquella última primavera, ya enferma y agotada, paseando entre el malva de las flores tan efímeras como su delicada y débil existencia.
La puerta carcomida que esperaba al final del puente estaba encajada y mi curiosidad hizo que la empujara para ver más allá...

Una muchacha enclenque, con el pelo rizado hasta cubrir sus prominentes pechos me sorprendió, terminó de abrir ella la puerta, y me miró con sus grandes ojos rojos.   Fue entonces cuando tuve que dar un par de pasos atrás, volteé mi mirada y descubrí petrificado que no había nada más allá de ese jodido puente, ni campos, ni carreteras, ni tan siquiera mi  flamante Volkswagen.
 Volví a mirar a la mujer que me esperaba aún tras el umbral de la puerta, la reconocía perfectamente, ella por su expresión de satisfacción también debía reconocerme.

"Bienvenido a casa"  Esbozó con voz pausada.

Era ella, la última vez que la vi fue en aquel hostal de mierda, rebosada de whisky y pastillas,  la emborraché lo suficiente y un poco más para que no recordara al día siguiente las cosas que iba a aprender aquella noche.
Ahora estaba allí, en un lugar indeterminado en mitad de la nada.

Una ráfaga de aire hizo que los árboles se agitaran y las flores fueran arrastradas por el viento, como una lluvia de recuerdos, los únicos que tenía con sentimientos nobles y amorosos. Miré por última vez los cerezos en flor, que se  desvanecían como el recuerdo de mi hermana, de padres y de ciruela - mi perro a los 8 años- . Atravesé aquella puerta... un alma seca,  llena de tretas, odio y cuervos negros.  Atravesé la puerta masticando azufre y gruñendo el nombre de quien me había arrastrado a los infiernos.

Tomé un camino desconocido  aquella mañana  de cuervos negros,  el whisky de la noche anterior aún corría por mis venas... este viaje se hace solo, así que...
Tenía que marcharme sin ti.




* a M. Vera
Gracias por el reto*


9 comentarios:

  1. cuanto misterio...me quedo con ganas de seguir leyendo....

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  2. aprecciate much your blog kisses

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  3. De cabeza al infierno.
    Misterioso relato.
    Besos Nieves, buen finde

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  4. Salir el infierno es un logro
    Excelente relato, con ganas de ,as
    Abrazo

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  5. Muy buen relato, Nieves. Tienes un blog muy bello... Te acabo de conocer en la casa de Verónica O. M. Me quedo si me lo permites.
    Un besanis.

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  6. Muchas gracias por vuestras visitas y buen humor.

    mil besos!!!

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  7. Bienvenida sara!!
    Estas en casa y entre amigos ;)

    Un besote

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  8. En el infierno se pasa mejor, hay mejor ambiente.

    Besos Nieves.

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  9. Nieves, cuando se te da el terror te sale bárbaro, da escalofríos, un abrazo!

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Hola chic@s!!!!
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