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jueves, 19 de mayo de 2016

Renacer



Un día
me robo un beso
(el miedo hizo que lo olvidaramos)

Años después
Me robo el corazón
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Ese podía ser el resumen de su historia. Porque Margarita siempre fue una de esas mujeres que se sienten distinta a la mayoría, que nunca se vio en la puerta de un colegio cotilleando el reality televisivo de la noche anterior con las demás madres de los compañeros de clase de sus hijos, ni siquiera se veía con marido a quien tener el puchero preparado a la hora del almuerzo, ni con almuerzos de domingo con suegros y cuñados.  Nada de eso había sido otorgado para ella, Margarita era una mujer libre, aunque siempre tenía novios que iban y venían como las mareas de verano. Tampoco fue mujer de buscar hombres en barras de bares nocturnos, ni los creía ni tenía tiempo para ellos, eso de conocer a personas  y contarle tu vida a grandes rasgos como si estuvieras en un casting de reality show nunca le funcionó.  Así que sus amigos especiales la hacían reír y la complementaban a ratitos y épocas.

Margarita estaba enamorada, llevaba años con ese hombre clavado en el corazón. Pero ese hombre no quería a nuestra Margarita, aún así ella durante mucho tiempo le fue fiel. Tenía la absurda idea que si su corazón lo amaba su cuerpo no podía ser de ningún otro, aquel hombre la completaba, la llenaba de todo él, de su mundo, de su historia. Compartían ciertos aspectos de sus vidas... y ella era feliz, soñando que algún día aquel hombre abriría los ojos y la vería a ella.

Aquel hombre no despertaba, o quizás si estuvo despierto siempre y nunca quiso verla, o estaba demasiado ocupado curando viejas heridas de su propio corazón y nunca tuvo el valor  de renacer y comenzar de nuevo.  Margarita  perdida en su amor imposible nunca tuvo claro nada.  sus amigos, sus amantes la buscaban, le regalaban flores y le decían cosas bonitas, esas cosas que  a las mujeres les gusta escuchar, pero ella durante mucho tiempo siempre encontró una excusa para no quedar con ellos y omitir  que no quería besarlos ni amarlos ni pasar ratos juntos en ningún parque ni en ningún cine ni en ningún restaurante. Ella quería hacer todo eso con el hombre que amaba tontamente.  
Sus dos amigos, a pesar de no ser consiente de la existencia uno del otro actuaban igual, la esperaban, la visitaban, querian entender aquella anómala situación repentina de su querida y amorosa Margarita.
Y una mañana, de repente, con la intensidad fulminante con que se enamora una, ella se desenamoró.  Comprendió que era absurdo guardar fidelidad con quien no tienes compromiso, con quien no te regala palabras de amor ni guiños amorosos.  De repente  supo lo absurda que había sido y lo extraordinariamente irracional que puede ser una mujer que escucha y atiende a su corazón loco.

Así que Margarita volvió a atender a esos chicos, ahora hombres que llegaban como la marea en verano, siempre contentos y llenos de sorpresa para dar lo mejor de si.  
Años atrás aquel hombre que no había desistido en la espera de ese momento incomprensible (para él) de su Margarita, le robó un beso en la puerta de un kiosco de barrio.  Ella se ofuscó. Él le sonrió y le dijo que la quería. En aquel momento eran demasiado jóvenes, y el miedo a estropear su amistad con un noviazgo fugaz hizo que aquel beso fuera la anécdota de su adolescencia, aunque después hubieran mas besos y que con la madurez llegó ese amor que permanece y se queda.  Era como el amor de la paloma a su casa. Por muy lejos que vuele, por muy libre que sea, siempre vuelve a casa. Margarita siempre estaba allí esperándole.
Después de un tiempo con la compañía cotidiana, de días de asueto y noches de charla Margarita comprendió lo fácil que es meterse en esa burbujita de amor, y soñar y creer  que todo es posible, que vas a recibir con la misma intensidad ese amor que das. Recordó lo absurdo que es atender  a un corazón tonto e iluso. Salió  de esa burbujita tonta en la que había estado soñando demasiado tiempo y  volvió a su Adán, a su manzana. Ese que iba y venía pero que en el fondo siempre estaba.
Aún así, el corazón es empecinado y a veces Margarita siente un pinchacito,  a mitad de la noche o después de almorzar.  Es ese amor imposible que le pellizca para  que no sea olvidado.






5 comentarios:

  1. A veces nos entercamos estúpidamente.
    Es que la imaginación es mas fuerte y placentera que el raciocinio.

    Besos

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  2. Esas obsesiones con lo que no es posible, con lo que se nos niega, puede hacer que la vida se convierta en algo muy vacío, porque se ha cerrado la puerta a otros visitantes.
    ¡Buen relato, Nieves!
    Un gran abrazo, guapa.

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  3. Es una pena dejar pasar la vida....por ese amor que no será...

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  4. Ah! Esos amores que quedan "clavados como una espina" precisamente porque no fueron correspondidos, las mujeres sabemos de eso, un abrazo Nieves!

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  5. Hermosos amores, mejores historia, linda casa....

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Hola chic@s!!!!
Gracias por visitarme, por estar y compartir tus pensamientos....