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viernes, 8 de abril de 2016

La casita del corazón verde




Siempre soñó con una casita no demasiado grande pero con un pequeño jardín donde su perro pudiera estirar las patas y gruñir a sus anchas.
Siempre se soñó volviendo a casa a alguna hora de la tarde, abrir la puerta de casa y sentir como su perro le lamía la mano moviendo alegre su cola y que su compañero de vida le diera un beso en los labios sin demasiada intensión.  Tener aún tiempo suficiente en la tarde para poder sentase en el pequeño jardín  en su silla favorita, esa que estaría estratégicamente colocada para poder sentir y aprovechar los últimos rayos de sol junto a alguna bebida y algún sándwiches.
Se imaginaba oliendo a tierra mojada en otoño, con su bufanda verde en invierno, oliendo  cloro y té helado en verano y a flores y pólenes desatados en primavera.  Observar con paciente contemplación las enredaderas que sembraron juntos en algún momento de primaveras pasadas,  escuchar alguna moto que pasa y los niños del vecino pelear por la pelota.  Esperar pacientemente la hora de la cena mientras mira las últimas luces del día como traspasan las hojas de las plantas del jardín, mientras escucha  las cosas de su compañero, el que llegó en un otoño para hibernar en su regazo y nunca encontró primaveras para alejarse.
Imagina como suena el teléfono y él lo coge, lo escucha hablar dentro de casa, mientras hace planes con los amigos para el fin de semana, mientras ella entra para preparar una cena rápida.   Él le cuenta en la cena todo lo comentado, lo planeado, las risas, lo que se sabe, lo que se intuye... los amigos y su mundo...
Se acuestan pronto, se enroscan, él le toca la tripa y ella le advierte que aún es pronto para sentir su presencia, pero aún así él le da las buenas noches acariciando la piel del templo en el que se encuentra su niño.
 Ella siempre quiso tener una casita con sus tazas en la cocina, su música en el salón y mesita en el jardín, con un perrito amigo con el que compartir la vida y un hombre a quien querer tanto como él la quisiera a ella, flores en el jardín, barbacoas los domingos, vacaciones en familia sin planear demasiado,  niños con los que practicar matemáticas y a los que aplaudir mientras jugaban a fútbol con su padre. Una casita con corazón, con corazón de dragón, con corazón verde esmeralda, verde esperanza, verde rareza, verde como los prados de esa Irlanda que siempre amó.


Hoy volvió a casa a alguna hora de la tarde, abrió la puerta y su perro le lamió la mano, y él... el que llegó para hibernar un invierno y nunca encontró primaveras para marcharse le dio un beso sin demasiada intención.








6 comentarios:

  1. Me quedo sentada en ese jardín que me recuerda al de mi imfancia
    Buen fin de semana
    Besos

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  2. Yo construí esa casita y su jardín florido, el perro hace años que murió y ella salió un día y nunca más volvió.

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  3. ¿Quien sabe?.Quizás sea esta la primavera que espera.
    Un abrazo,Nieves.

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  4. Qué bonita historia...preciosos sueños hechos realidad!!
    Mil besos!!

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  5. Nieves, la última frase me dejó sorprendida, espero que "sin demasiada intención" no se acerque a la frialdad, todos sus sueños se romperían en pedazos, espero haber entendido mal, un abrazo!

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  6. Muchas gracias por vuestras visitas y comentarios siempre tan bonitos.


    * Cristina, para nada he querido reflajar la frialdad en ese beso sino el cariño y la naturalidad del día a día, del amor asentado pero nunca perdido.


    Mil besos amig@s

    :)

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