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sábado, 20 de febrero de 2016

Hogar




Hoy desperté con cierta lucidez.  Con la música de springsteen en la radio, con el aroma a café recién hecho,  con la luz de media mañana en un día helado, con el regalo de uno de esos días festivos. Pan tostado y una pizca de margarina y mermelada... 
Nuestra pequeña bebía en su bol  su leche especial. Deambulaba sigilosa por la cocina olisqueando algún rastro... se aburría y me miraba con sus ojitos egipcios.
Comenzó a llover débilmente justo cuando él llegó a la cocina, cogió en brazos a la pequeña que se  había sentado en su silla para comerse las tostadas aún humeantes.  La acarició y la dejó en el suelo donde maulló con cierto enfado. 
Me senté con mi café demasiado caliente, miraba por la ventana las gotas de lluvia golpear los cristales.
Apoyé mi mano en la mejilla mirándole como comía las tostadas y me contaba cosas. Y  mientras se  escapaba una sonrisa por la comisura de mi boca, intentaba recordar, pero no conseguía retornar a mi vida sin él. Sé que fue arduo el camino, solitario y angosto en muchos momentos, pero allí estaba, regalándome su vida, sus momentos, compartiendo mañanas invernales, pidiéndome besos con sabor a fresas y escuchando palabras que nunca creí escuchar en mitad de la cocina de nuestro hogar.

Hoy desperté con cierta lucidez. Junto al hombre más bueno del mundo, en nuestra pequeña casita con jardín, una cocina grande donde era fácil sumergirse en recetas deliciosas, un salón donde perder el tiempo viendo televisión, leer o escuchar viejos vinilos  y un dormitorio donde en el techo había una gran cristalera para ver mi cielo en verano  o sus tormentas en invierno. 

La lluvia chafó los planes de barbacoa, pero él no parecía estar demasiado desilusionado.  Llevó los platos del desayuno al fregadero y mirando por la ventana dijo que llamaría a los amigos para aplazarlo. 
No le importaba no tener esa fiesta - me dijo -  podríamos  volver a la cama y hacer el amor. Buscó mi abrazo, susurrando pequeñas delicias mientras me besaba.
Teníamos tan pocas ocasiones para estar con los amigos que le propuse pasar el día fuera, almorzar en alguna de esas ventas de carretera todos juntos, pasar la tarde todos con nuestras historias y nuestras risas y volver a casa tarde, un tanto achispados con alguna cerveza de más, y con la sensación de haber vuelto a casa desnudarnos por los pasillos hasta llegar a la cama.



Encontrar su amor fue un agradable accidente,  despertar cada día con el hombre de mi vida, el que tiene mi corazón entre sus manos, el mejor amigo y compañero que soñé tener, nuestra historia es flexible, adaptable, siempre creciente y cambiante... despertar en cualquier lugar, con lluvia o con sol, con mucho o con lo justo, juntos hemos crecido y evolucionado, el mundo resultó ser distinto cuando decidimos compartir el camino... y tengo la mágica idea que allí donde estemos, allí donde me refleje en su mirada será nuestro hogar...





6 comentarios:

  1. Vaya despertar más bello.
    Un abrazo,Nieves.

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  2. Compartir el camino. Ahí està la clave. Besos.

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  3. Viva el amor y las buenas parejas...
    Mil besos!!!

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  4. Que siga así que eso es fantástico.

    Besos Nieves.

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  5. Muchas gracias amig@s!!!

    Besitos a raudales :)

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