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Entra y siéntete en casa...

lunes, 3 de agosto de 2015

VentanaS II



Aquel verano estaba trabajando  en el turno de noche. Me pasaba el día en casa, me levantaba tarde, dormía la siesta y salía un par de horas antes  de entrar en el hospital donde trabajaba de enfermera.
Lo veía continuamente en la ventana de la cocina con los pelos alborotados,  con la taza del café y expulsando el humo del cigarro fuera para que no se impregnara de olores el piso. Seguro que ese era el campo de batalla de su paciente esposa.
Me gustaba mirarle, era mayor,  pero con esos pelos y esa barba descuidada nunca se sabe.

Una tarde me lo encontré en el bar, entré para pedir unos refrescos, iba con mi amiga Elvira.  Le vi allí sentado en la barra, abatido como de costumbre,  como con la mirada perdida y queriendo escapar. Lo vi removerse en el taburete. Ese día descubrí  que no había esposa,  cuando te atrae un tío no puedes hacer nada,  es inútil luchar con ese sentimiento, pero yo soy de esas que respetan el estado civil  y tener la certeza que no tenía ese cartel de "Prohibido el paso"  me dio rienda suelta para que me gustara aún más, a que me recreara en sus movimientos y en sus rarezas.

Realmente os digo que no sé lo que me empujó a hacerlo. Lo vi allí mirando por la ventana  yo que sé qué y me dije  ¡ Ahora o nunca ! y lo invité a cenar, así sin más.  Me sorprendió que aceptara, noté de dudó pero lo importante es que lo tuve en mi mesa, no sólo esa noche sino muchas más.   Era un hombre inteligente. No era guapo, quiero decir que no era de esos que te hacen volver la mirada cuando pasan por tu lado.  Pero tenía esa perfecta "No Belleza" que tanto me pone a mi.  Si...  ya me conoces,  si hay algún tipo raro a mi alrededor mi radar lo detecta.  Y ya andaba cansada de esos tíos vacíos de coco, experto en todo.

Varios meses de amistad, día a día fui descubriendo que me molaba mucho, era correcto  y educado, nunca sacó conversiones incómodas ni quería saber más de lo que yo le contaba.  Una noche no pude más, me lancé, me comentaba algo mientras se acercaba a la puerta cuando le besé, así sin más;  noté sorpresa, sus labios rígidos me hicieron dudar de que aquel acto hubiera sido un grabe error, pero tras unos segundos noté que me besaba, me acariciaba, paró un instante para mirarme serio y quitarme la camiseta... notaba sus manos temblorosas y se le notaba concentrado, como si no pudiera olvidar ningún paso de algún extraño manual.   Fue rápido, precipitado, como un  deseo que se concede aquí y ahora...

A partir de ese día intenté aparentar normalidad, ya sabes... algunos tíos se agobian si se atraviesa esa barrera, se creen que ya hay algún contrato de algo. Lo dejé a su aire, cuando venía a casa me sentía bien, me gustaba verle por allí dando vueltas, me gustaba que supiera mis horarios cotidianos y se hubiera convertido en parte imprescindible de mi vida.   Me gustaba que llamara a mi puerta a horas de la siesta, que se sentara en el salón y me buscara la mirada, o que me agarrara por detrás y sin decir nada me pidiera intimidad.  " ¿ tienes ganas de reír ?"   Le preguntaba sabiendo la respuesta, pero él siempre me susurra con un "siiii" en el oído.
Ha descubierto que hacer el amor no es ninguna competición, ha olvidado ese  manual con el que se supone nada falla, esa mirada de concentración y ese rictus serio como si estuviera pasando el casting del amante perfecto desapareció,  con el tiempo pude escuchar su risa en mi cama, mientras me buscaba bajo las sábanas,  cuando tocaba ese punto donde  seguía teniendo las mismas cosquillas de cuando era un chiquillo,  cuando nos mordíamos en vez de besarnos, cuando en mitad de tanto amor hacíamos una pausa para mirarnos y  decirnos "Hola".

Cuando llegó el otoño volví a horarios de día, nos levantavamos demasiado temprano. Pero no podíamos  dejar de dormir juntos, en el sentido mas estricto de la palabra.

Un día lo  vi en el bar de la esquina de casa, donde le gustaba pasar lar horas muertas,  allí estaba como siempre, con su expresión ausente,  como perdido, me senté con él un rato  y me nació besarle allí delante de esos ilusos que lo miraban con esa expresión con cierta misericordia, sin saber que era el tío mas asombroso que había llegado a conocer y el amante que toda mujer desea tener en su cama.
Y  con el tiempo descubrí que me quería de verdad, más que cualquier otro tipo. No era perfecto, pero cuando lo miraba era como el reflejo de un espejo, ya sabes lo que quiero decir.... para verme tenía que mirarle.
No sé si esto será para siempre porque la vida trae tormentas y algunas desarman  lo que un día fue fuerte e indectuctible pero ahora... hoy, lo amo, me conquista en cada momento, es la persona que me complementa. Es el hombre con el que duermo como una niña, acurrucada escuchando el palpitar de su corazón, es el hombre que me venda los ojos, me ata las manos, me enciende como si fuera la luna y me extingue como si fuera fuego...





5 comentarios:

  1. El tiempo dirá, lo mejor es saberse amado y amar, Nieves, un abrazo!

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  2. aprecciate much your blog kisses

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  3. Las relaciones humanas son impredescibles, en un tiempo puede ser que todo florezca
    Besos

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  4. Muy bueno, Nieves, ahora tenemos la versión de ella.
    La frase final es sumamente amorosa y romántica.
    Besotes, linda.

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  5. Me gusta que estén juntos, dejarse llevar es un placer.....Mil besos!!!

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Hola chic@s!!!!
Gracias por visitarme, por estar y compartir tus pensamientos....