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sábado, 17 de enero de 2015

El chico de la gasolinera


Ricardo -el chico de la gasolinera- nunca fue demasiado listo. Ya en el colegio fue objetivo de burla por sus continuos despistes. Él nunca se lo tomó a la tremenda, tenía un gran sentido del humor y solía reírse  al ver como se había puesto calcetines distintos o la camiseta del revés. 
A los 16 años comenzó a trabajar en la gasolinera para no estar de brazos cruzados mientras sus compañeros de colegio seguían estudiando en la Universidad.   Todos lo tenían como el fracasado del pueblo, "el pobre chico que no estudió y que seguía a sus treinta y tantos en su primer empleo".
Las chicas tampoco lo tomaban demasiado en serio, a excepción de Araceli, pero ella no contaba, a ella no le iban los chicos.  Eran amigos desde hacía ya diez años, desde aquella noche de invierno que Ricardo la atendió tras la discusión con su novia en pleno área de servicio, la novia llena de ira y rabia la dejó allí, la abandonó a su suerte a las 12 y media de la madrugada. Aquella novia nunca volvió, en cambio Araceli nunca marchó, se quedó en el pueblo trabajando en una librería y ambos construyeron una amistad que perduró en el tiempo y venció a las habladurías de las cotillas del lugar.

Con los años Ricardo había apañado uno de los cuartos trasteros para utilizarlo de cuarto de descanso, sobretodo para el turno de noche cuando apenas paraban vehículos... algún viajero de paso o camioneros que se desviaban para parar en el club de las chicas a medio kilómetro de la gasolinera.
En aquel cuarto  sin demasiados muebles; - un buen sofá para tumbarse, una mesita para el televisor que siempre estaba apagado, una silla, una mesita plegable y una pequeña estantería con libros que iban y venían,  de OVNIS, misterios del universo, novelas de intriga y misterio y algún que otro cómic-, pasaba las horas Richi -así era como lo llamaban todos de una forma jocosa-.
Araceli también había pasado allí alguna tarde.  El primer día que ella entró en el cuarto Richi pasó cierto apuro al ver que no había quitado el almanaque con una chica ligera de ropa, no quería que se sintiera ofendida pero no tardó en descubrir que compartían los mismos gustos.


Fundido en negro
...

Araceli estaba aquella tarde de Miércoles en la gasolinera, miraba por la ventana desde el cuarto de descanso a  su amigo despachar la gasolina y charlar con los conductores, poco a poco se le acumularon tres o cuatro vehículos. Le llamó la atención una familia, con niños, abuelo y perro, el padre de familia sacó al perro y le dio un paseo por la zona mientras todos los demás miembros de la familia permanecían dentro del coche. Lo llevó junto a la máquina de aire comprimido y lo dejó allí con la correa reliada a un hierro anclado al suelo. Araceli le siguió con la  mirada atentamente... fue atendido  por Richi ... Araceli salió afuera donde el olor de gasolina era fuerte, no le gustaba demasiado.  Vio entonces como el coche arrancó, lo perdió de vista en pocos segundos. Su amigo atendió a una moto y un último coche antes de volverse hacia Araceli y sorprenderse al verla allí mirándolo.
"¿ Qué haces aquí, te marchas ya?" Se pasó la mano por la frente dejando un rastro de grasa.
"¿ No te has dado cuenta a que no?"
"¿ De qué?"
La mujer hizo un gesto hacia el perro. Un chucho canijo, sin  pedigree, ya con ciertos años, cansado y desconcertado miraba a la nada con las orejas tiesas.
"Quien ha sido. la familia, a que si?"

Ella simplemente afirmo con la cabeza mientras se dirigía al perro que ya le movía el rabo.
"¿Te lo vas a quedar?"
"Yo no puedo tenerlo en el piso, pero podemos quedárnoslo, aquí andará libre y en tu casa también estará bien, tú no tienes ningún casero que te ponga normas"



Fundido en negro
...

Despertó aturdido,  se tranquilizó al mirar el reloj y ver que tan sólo habían pasado unos minutos. Mijita -el perro- dormía en su cesta. Richi se levantó y miró por la ventana para ver el exterior y comprobar que todo estaba en orden. Llovía con cierta fuerza.  Se preparó una taza de café. Bebía a sorbos amplios y descansaba para leer el letrero de la taza "  Para mi mejor amigo"  Araceli se la regaló hacía algunos meses, no era ni su cumpleaños ni navidad, un día llegó con la taza y la dejó junto a la cafetera mientras decía que cuando la vio se acordó de él.
Mijita se despertó y emitió un pequeño gruñido, Richi lo miró esperando alguna otra cosa. Gruñó de nuevo... en ese momento un coche paró justo en la puerta de entrada a las oficinas y donde él se encontraba, alejado de los expendedores de gasolina, eso lo puso sobre aviso, no era normal. Observó un momento para ver quien había en el coche, sólo le habían atracado una vez pero aún a pesar de los ocho años transcurridos no lo había olvidado...  Del coche bajó una mujer, con el pelo empapado de la lluvia, con el labio roto y la nariz con restos de haber brotado de ella sangre...

"por favor, necesito llamar por teléfono a la policía, por favor necesito ayuda, un teléfono"


Richi le abrió la puerta y la dejó entrar y le indicó donde estaba el teléfono.  A pesar de no querer ser entrometido, el silencio de la noche hizo que se enterase de que su marido le había dado otra paliza, había querido encerrarla otra vez en el sótano pero había podido escapar en el coche. No quería volver a casa, necesitaba ayuda...  "pero mañana no sé donde estaré, necesito ayuda hoy"  - escuchó decir llorando sin consuelo.
La mujer colgó y agradeció la ayuda. Se dirigía a su coche cuando Richi le dijo que se había enterado de lo ocurrido y que podía quedarse allí, lavarse la cara y él podía curarle el labio ya que tenía material de primeros auxilios. Ella atemorizada dijo que su marido podía ver el coche y saber que estaba allí... Richi la convenció y llevó el coche a un hangar que había en la parte de atrás, allí nadie vería el coche y al día siguiente cuando llegara la policía ya pensaría lo que hacer...  La mujer ascendió.
Cuando llegó de poner el coche a buen recaudo  Ana - que así se llamaba la mujer- estaba lavándose el dolorido rostro.  Mientras,  Richi sacó las gasas, los puntos de aproximación, el betadine...

- Siéntate y tranquilízate. Le esbozó una sonrisa a la pobre mujer que aún temblaba, no sabía si de frío o de miedo.

Richi le curó las heridas y la acompañó toda la noche, desayunaron juntos y vieron un nuevo amanecer en aquella gasolinera. Araceli pasó por allí como cada mañana, tenía la necesidad de saber que el turno de noche había sido tranquilo y sin incidencias, saber que su amigo seguía allí como cada día.
Araceli se sorprendió al ver a la mujer casi adormecida en el sofá, hubiera pensado que era un ligue de Richi sino hubiera sido por el lamentable estado de aquella mujer.
Ana pensó que era una asistente social y se incorporó a duras penas y agradeció que la ayudasen.
Richi no tardó en entrar para aclarar la situación.
Un par de horas después llegó la ayuda , el joven muchacho a pesar de todo no sintió alivio, todo lo contrario, al despedirse le dijo que si lo necesitaba podía volver...





8 comentarios:

  1. Un alma bondadosa, el mundo iría mejor con personas así.
    Espero impaciente la continuación.
    Besos, buen finde Nieves

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  2. Desde el comenzo del relato se notaba que era una buena persona
    Saludos

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  3. Qué lástima que cada vez va quedando menos gente con esa bondad.

    Besos Nieves.

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  4. Muchísimas gracias por vuestra visita y comentarios, me alegráis el día amig@s.

    Mil besos!!!

    Abrigaos que hace frío.

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  5. Me gusta este chico, menos mal que existen personas como él.
    Mil besos!!

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  6. Nieves, empiezo ahora esta historia y la sigo, un abrazo!

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Hola chic@s!!!!
Gracias por visitarme, por estar y compartir tus pensamientos....