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lunes, 26 de enero de 2015

El chico de la gasolinera ~3~




Aquel día tenía turno de noche. Estaba en casa descansando cuando su teléfono comenzó a sonar incesantemente. En el primer  momento pensó que era el despertador y cuando después de unos segundos aún aturdido fue consciente de que era su teléfono lo cogió de inmediato sin salir de la cama. Era Ana.

-  ¿Qué te pasa amor? Sabía que si ella lo llamaba era porque habría algún contratiempo, ella era muy resuelta y apenas lo había llamado en un par de  ocasiones.


La voz de Ana era entrecortada,  no entendía nada. Se incorporó pensando que era problema de cobertura.  Se dirigió a la ventana, el día estaba nublado. En calzoncillos recorrió nervioso varios puntos del dormitorio.

-  ¡¡¡ Qué te ocurre Ana!!!

- Me Ha eNconTraDo RicaRDO.  Ha entRadO y Al verME... No he ReaCcionado, no Me hA dadO tiempO RiCardo. Por FavoR Ven rápido. Antes de que LLEGue la PolicíA y la AmbulancIA...


Al llegar a la gasolinera ya advirtió cierto revuelo, gente agitada que iba y venía, entraban en sus coches y se marchaban acelerando y sin casi hacer el STOP para incorporarse a la carretera.
Ricardo entró en la tienda, donde varias estanterías estaban venidas abajo y todos los productos esparcidos por el suelo.

- Tranquilo Ricardo. Mejor espera a que llegue la ambulancia.   Antonio con las manos ensangrentadas y el mono del trabajo impregnado en rojo lo intentó frenar a medio camino para que su jefe no viera aquella imagen dantesca.

Ricardo lo miró con tristeza, con los ojos desencajados, impotente ante la situación. Lo agarró del brazo y lo apartó a un lado sin decir nada,  con rabia contenida.  Dio unos pasos más hasta llegar al final de la barra del despacho.  Ana yacía aún en el suelo, sobre un gran charco de sangre,  una de las cejas, la nariz y el labio rotos, una de sus mejillas también parecía estar abierta, una toalla empapada en sangre daba la vuelta al cuello.
Ana lo miró. No dijo nada.

Ricardo separó un momento la toalla y vio una brecha en la parte inferior del cuello, casi en la clavícula.    El pánico se apoderó de él, no podía perderla, no  podía esperar más tiempo.  La cogió en brazos para meterla en su coche y llevarla él mismo al hospital.

- Tranquila cariño, estoy aquí contigo,  no tengas miedo... todo va a salir bien, todo va a salir bien... le susurraba a Ana,  se susurraba a él mismo.

Cuando salía a la calle la ambulancia aparcó, Ricardo presuroso con ella ya con la consciencia perdida la subió en la camilla y se montó con ella dirección al hospital...  Pudo escuchar que Antonio le deseaba suerte y que no se preocupara por el trabajo, él se encargaría de todo...


Necesitó transfusiones de sangre, Ricardo fue el donante, aunque necesitó un poco más del banco de sangre del hospital.  Tuvo que ser intervenida porque tenía un par de dedos de la mano rotos, una fractura difícil... se defendió con fuerza...


Un par de días después Ana yacía cesada en una cama de la tercera planta del hospital. Ricardo no se había separado  ni un segundo de su lado, tan sólo se había ausentado para declarar lo ocurrido en la comisaría.  El agresor estaba ya detenido...  ¿pero por cuanto tiempo? eso era lo que le perturbaba...

Ana abrió los ojos despacio, con gemidos que parecían llantos mudos...

- Estoy aquí... Se levantó del sillón y se puso en su campo visual.

- Tengo sed...

Preguntó  si podía beber a las enfermeras...

- No puedes beber ahora cariño, te van a quitar el gotero del brazo y en unas horas podrás beber.

Pudo ver como un par de lágrimas salían de los ojos de Ana. Ricardo impotente ante la situación, intentando mantener la calma cogió la mano que Ana le estaba ofreciendo "estoy muy mal verdad" apenas pudo vocalizar correctamente.   "No te preocupes por eso ahora, no tienes nada que no se cure con un poco de tiempo"  "¿ Y si vuelve..?"  No supo que decirle. Acarició la frente de la muchacha mientras buscaba una respuesta que no tenía.

- Por favor puede salir un momento...

Las enfermeras llegaron cargadas con un carrito lleno de instrumental médico.

- Estaré fuera, voy a hacer una llamada y ahora vuelvo.

- Sólo tardaremos un momento... Aclaró la enfermera mas joven.



Pocas veces se había sentido tan derrotado. Sabía lo que era el dolor de una buena paliza, su padre le regaló esa experiencia. Sabía lo que era el miedo de que volviera a ocurrir,  en cualquier momento, cuando menos lo esperabas.  Mañana, pasado, dentro de un mes, al cruzar la esquina, en la boda de un vecino... Ahora...  Sabía la clase de tortura que era.
Cuando llegó a las escaleras de emergencias, en el exterior del edificio encendió un cigarro. No fumaba desde la adolescencia, desde que comenzó a trabajar, lo dejó para no tener ningún tipo de accidente.  La imagen de Ana en esa cama de hospital, en el estado en que se la encontró...  se torturaba con ello.  Le daba caladas al cigarro pensando en hacer esa llamada de teléfono.  Metió su mano en el bolsillo interior de la chamarreta. Marcó un número de teléfono que no estaba en la lista de contactos.

"Quiero abrir una puerta"   Dio otra calada expulsando el humo con fuerza.


...


Un par de semanas después Ana y Ricardo volvieron a casa. Aún llevaba la mano enyesada,  las marcar de la paliza estaban amoratadas y algunos puntos estaban por quitar.
Ricardo trabajaba menos horas que de costumbre. Le estaba infinitamente agradecido a Antonio por  implicarse tanto en la gasolinera, sin quejarse de todas las horas de trabajo. Sabía que se sentía culpable de no haber podido acudir a tiempo para que no hubiera llegado a tanto, se lo confesó con lágrimas en los ojos al día siguiente de la agresión.

Desde que volvió del hospital Ana estaba silenciosa. Ricardo llamativamente tranquilo.  Iba y venía del trabajo. Cuidaba con amor y mimos a su querida Ana. Apenas la dejaba mover un dedo.

- Cómo te encuentras hoy.  Preguntó al verla moverse con expresión de dolor.

- Mejor... si olvido que me duele todo al andar, hablar o respirar...

Ricardo se acercó para mirarle los puntos de la mejilla. "mañana iremos a quitarnos estos"  Intentó sonreirle. Ella le cogió las manos y se las besó agradecida. Ricardo se sentó a su lado, la miraba en silencio. "Ni te imaginas lo solo que he estado sin ti" .  Dijo como el que revela un gran secreto.  Ana le dio un beso en la comisura de los labios y hundió su nariz en el tórax de Ricardo, quería sentirle cerca, quería volver a recordar su olor, quería volver a sentirse bajo su protección.

...

Algunas tardes después, una patrulla policial aparcó frente a su casa.  Ana estaba mucho mejor, apenas quedaban moratones, todos los puntos estaban quitados, tan sólo la mano enyesada era lo que quedaba por curarse.
Tuvo miedo al ver a la pareja de agentes.  Una mujer y un hombre, se acercaban a casa y llamaron al timbre. Se lo comunicó a Ricardo y éste fue el que abrió la puerta con Ana discretamente oculta tras el sofá del salón como una niña temerosa.

- Ana Alcadia

- Si... es mi compañera, entren por favor.

- Venimos para comunicarle  que la demanda impuesta a  J.Antoio R.  ha quedado anulada...
El rostro de Ricardo fue de enfado y Ana comenzó a llorar, sabiendo que en horas estaría en la calle y el día que menos esperase...

- Esta mañana nos ha llegado el informe del fallecimiento de J. Antonio R. , ha tenido un accidente alimenticio...

- ¿ Accidente alimenticio?

- Por lo que podemos saber era alérgico a algún alimento, estaba en el menú de prisión y le ha producido una parada respiratoria.

Ana dejó de llorar, tapaba su boca con una de sus manos temblorosa, sin salir de su asombro.

- Muchas gracias agentes. -recogió los documentos- Comprenderán que no esperábamos esto, nos hemos quedado sin saber muy bien como actuar...

- Lo comprendemos.  Si no necesitan nada más no molestamos más.


...

Aquella noticia produjo una extraña sensación de alivio en la maltrecha Ana.

Ya en la cena mientras comía el puré de calabazas declaró a Ricardo que "No hubiera querido nada malo para él, y que se sentía mal por sentir aquella sensación de descanso y alivio. No podía imaginar lo que se sería vivir sin ese miedo, sin tener que mirar atrás  todo el tiempo"

"Tu bondad me desconcierta Ana. Estuvo a punto de quitarte la vida y aún puedes sentir compasión por él... Eres hermosa... "

No hablaron demasiado más de aquél episodio. Aquella noche marcharon a la cama tarde, Ana se acurrucó en Ricardo y éste la abrazó con ternura, le dio un beso en la frente, en la mejilla y en los labios.

"ya no habrá más problemas cariño, ahora todo irá bien. El monstruo de tus pesadillas se fue"

Ana lo besó, con la pasión y las ganas de hacía mucho tiempo. No tardó en quedarse dormida.

Richi velaba sus sueños.

"La puerta volvía a estar cerrada"  y esperaba de todo corazón no tener que abrirla más.




6 comentarios:

  1. Ricardo cerró una puerta que esperamos no tenga que volver a abrir, que su vida con Ana sea un remanso para los dos, hermoso relato Nieves, un abrazo!

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  2. Larguísimo pero interesante relato, que bueno que tiene un final esperanzador y donde se vislumbra una buena vida
    bESOS

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  3. Antes de comer los alimentos hay que olerlos.

    Besos Nieves.

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  4. La pesadilla del miedo acabó.
    Que sean felices.
    Muy buena historia, Nieves, por larga que sea bien merece ser leída, ayer vi la publicación pero la he dejado para hoy para leerla con atención.
    Besos guapa, buena semana

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  5. MUCHISIMAS Gracias por vuestras visitas y comentarios.

    Gracias Cristina por tu interés por leerme a pesar de las dificultades que nos pone "El señor bloguer"

    Gracias Cantares por tus palabras siempre tan amables.

    Gracias Rafa por tu humor y simpatía.

    Gracias Mar por llamarme escritora :)

    Y Gracias Vero por tu fidelidad y amistad.

    Mil besos y feliz día!!

    :D

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Hola chic@s!!!!
Gracias por visitarme, por estar y compartir tus pensamientos....