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martes, 20 de enero de 2015

El chico de la gasolinera ~2~



-Mira chico, yo ya soy mayor y si te haces cargo del negocio, la gasolinera es tuya.


Recordó aquella frase del viejo Lorenzo. Aquella oferta era demasiado buena para rechazarla, así que sin dar tiempo a pensárselo aceptó  como el que acepta el boleto premiado de la lotería.
Se convirtió en el  dueño de la gasolinera, a pesar de que Lorenzo no le había   pedido nada, ya que el viejo sólo quería que la gasolinera no desapareciera con él, Ricardo le daba una pequeña aportación económica a Lorenzo para que su jubilación estuviera más desahogada, a parte de eso todos los beneficios llegaban a su cuenta corriente. Siempre pensó que era demasiado para alguien que no podía tener vacaciones y apenas tiempo para el descanso.  Los chicos que contrataba no duraban demasiado, tan pronto el olor a gasolina se incrustaba en ellos sacaban a la luz una buena escusa para dejar de trabajar.
El cartel de "Se necesita persona para trabajar" era ya parte del decorado del lugar, como los árboles que daban sombra a los márgenes de la carretera, como Mijita, como Araceli o Richi con sus manchas de grasa el la cara y las manos.  Un buen día tropezaron con aquel lugar alejado de casi todo, en mitad de una carretera secundaria, como un extraño imán, una fuerza que no alcanzaban a comprender o simplemente el no tener a otro sitio donde ir todos quedaron allí, creando una peculiar familia.


Fundido en negro
...

Una tarde de finales de Enero una mujer  en un coche con ese brillo que sólo tienen lo coches nuevos llegó a la gasolinera, aparcó en uno de laterales y entró en la oficina.  Ricardo la vio llegar, aparcar y entrar.  Pensó que querría algún mapa de carretera...  Atendió al último coche,  cogió un trapo y se limpió las manos y la cara de la grasa que les dejaba algunos tapones del depósito de gasolina de los coches.

"Buenas, perdona  que no pudiera atenderte antes.  ¿Qué deseas?"

" Venía a darte las gracias"

Ricardo sonrió e hizo una mueca apretando los labios.

"Me tendrás que decir lo que hice..."  Se apoyó en un depósito de agua.

" ¿No me recuerdas? "

Arqueó las cejas... "créeme que si te hubiera visto alguna vez no te hubiera olvidado"

Tenía una melena color castaño que sobrepasaba los hombros y algunos reflejos, el maquillaje sutil y los labios con un tono de brillo. El abrigo polar dejaba a la imaginación su silueta pero las piernas eran delgadas, el pantalón vaquero era como una segunda piel. Le gustaban las botas que llevaba, negras con tachuelas en el tacón.

"Soy Ana, me ayudaste una noche hace ya algunos meses"

"madre mía.... no te había reconocido perdóname" Juntó las manos en forma de rezo.

"No importa, paso por aquí y siempre pienso en parar para saludarte y agradecerte pero me daba... no sé ..."
"Vaya, me has dejado noqueado, estás, estás guapísima"

"Gracias" La mujer se ruborizó.

"y bueno... como estás, ¿fue todo bien?"

"Estoy en una casa de acogida. Trabajaba en un supermercado. Ahora vengo de una entrevista de trabajo, en la conservera"

" No has tenido problemas con... "

"No... tengo una orden de alejamiento. No lo he  visto más, supongo que andará con una de sus amantes, no habrá querido buscarme, no quiero engañarme, sé que es cuestión de tiempo" el rostro le cambio a un gesto mas serio.

"No te preocupes Ana que no pasará nada. Y no estás sola" Expresó con energía y con la sensación de no tener la convicción de que sus palabras fueran ciertas.

"Lo sé... " Hizo el esfuerzo de sonreír   "No quiero entretenerte más, nunca olvidaré tu ayuda"  Se digirió al exterior para marcharse.

Ricardo la siguió mientras se frotaba con fuerza las manos en un grasiento trapo.
Tenía unos andares bonitos, movía las caderas como una modelo en la pasarela, obviamente aquella noche no estaba en su mejor momento.

" ¡¡¡ Necesitas chico para trabajar!!! "   Exclamó Ana señalando el amarillento cartel y acercándose a él.
"Bueno. Chico o chica...¿ te interesa? "

"Si... claro "

En ese momento el pitido de un coche que esperaba para ser atendido les interrumpió. Ricardo le atendió más animado de lo normal.  Ana esperaba junto al letrero.   Ricardo la observaba mientras vertía la gasolina.  Pensaba...  Llegó otro coche.... la observaba... pensaba...

" Ana, hace tiempo que vengo dándole vueltas, me vendrías de perlas para que te hicieras cargo de la tienda, bueno si se le puede llamar a eso tienda, yo no me puedo hacer cargo y como ves todo son máquinas expendedoras, si te interesa podrías mejorarla, tú te encargarías de todo la remodelación ..."

Ana aceptó de inmediato.


Fundido  en negro
...


La gasolinera había tomado una nueva imagen, más actual, más luminosa. Sin duda el toque femenino había dado luz y vida al lugar. Casi todos los que paraban se llevaban el pan y los pasteles del desayuno, el periódico y otras cosas que se les antojaban...

Ana estaba encantada, a las seis de la tarde dejaba de trabajar. Siempre se quedaba un rato en la sala de descanso. Antonio - hermano de una de las compañeras de la casa de acogida - había empezado a trabajar en la gasolinera, eso hizo que Ricardo tuviera más tiempo libre. Ahora sólo trabajaba una semana de noche al mes.

- Quieres un café.

- Si. Gracias...¿ todo bien? 

- Si. Cerré un poco tarde hoy, todos se han puesto de acuerdo para llegar a última hora... ¿  Todavía por aquí ?

- Si... Antonio me ha llamado porque tiene al hijo pequeño enfermo y llegaría un rato más tarde.


Ana acarició a mijita que estaba en su cesta con las orejas tiesas esperando que su dueño le diera la señal para volver a casa. Ricardo se tumbó en el sofá en silencio. Ana miraba atenta al exterior, sin demasiadas ganas de marcharse a casa sola.  Sintió el vuelco que le dio el corazón cuando vio llegar el coche azul de Antonio. No tardó en saludar para que Ricardo pudiera estar tranquilo y marchar a descansar.
Ana se puso su chaqueta polar y Ricardo chasqueó los dedos a mijita, el perro salió corriendo al coche, allí lo esperaba para que le abriese la puerta del maletero.  Al salir Ricarco cogió la mano de Ana.  Ella apretó la mano y seguidamente se agarró a su brazo, tenía mucho frío.
Al llegar a casa Araceli le había dejado dos mensajes en el contestador para invitarlos a cenar al día siguiente. Ricardo había ido directamente a la ducha, Ana calentaba la cena que había preparado antes del turno de tarde.
Cenaron comentando la preocupación de la gripe del hijo de Antonio. Ana recogió la mesa y Ricardo la ayudó. Ella estaba fregando cuando él la abrazó por detrás y sintió su beso en el cuello, inclinó la cabeza rendida, como las débiles muchachas que caían víctimas del vampiro en aquellas viejas películas.
"Que pasaría si te digo que te quiero"  Expresó  en susurro al oído de Ana.

"Que te diría que es muy mala idea... y que yo también te quiero" Respondió ella con voz entrecortada. Con cierto miedo. Con pudor. Con esa olvidada sensación de dejarse caer a un precipicio de emociones.

Ricardo volvió a darle un beso en el cuello  y ella se sintió rendida. Él volteó el rostro de Ana buscando su boca y la besó con la suavidad y ternura que merecía su primer beso. Él separó sus labios un momento para sonreirle. Ella recorrió con sus manos sensuales la firmeza del cuerpo de Ricardo y dejó que él la besara dulcemente.

A las cinco de la mañana el despertador sonó. Ricardo se levantó primero, raudo y dinámico como cada día. Ella se quedó unos momentos en la cama, con esa sensación de vértigo... de miedo a volverse a equivocar, a volver a recorrer un laberinto malévolo... a  no darse cuenta y no poder salir...
Se levantó y se vistió  con todas las pesadillas revoloteando sobre ella.

Ricardo la conocía bien después de dos años trabajando con ella cada día y después de ocho meses conviviendo juntos al tener que dejar la casa de acogida por cuestiones burocráticas.

- Ey que te pasa... 

- Nada.

La rodeó entre sus brazos y le dijo que no tenía que  temer nada. Todo iría bien.  Ella hundió su rostro en el tórax de Ricardo. Por un momento todo lo que le perturbaba,  todos los malos pensamientos, miedos y viejos fantasmas que retomaron fuerzas desaparecieron. Estar en sus brazos tenía ese extraordinario poder  de que todo los miedos desaparecían.    En sus brazos era el único lugar donde se sentía a salvo.                                                        




-continuará-



8 comentarios:

  1. Hermosa historia, te está quedando genial.
    Todo lo mejor para ellos.
    Besos, buena tarde Nieves

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  2. Bonita historia de amor y regocijo que les dure mucho años. Esta que te has montado si viviera Corin Tellado, y te la lee, fijo que la plagia.

    Besos Nieves.

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  3. Bueno pues nada, un beso y a seguir esperando, no se cómo te las arreglas pero siempre nos tienes enganchados.

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  4. Pobre Ana, la vida le está dando otra oportunidad, espero que poco a poco vaya venciendo sus miedos y sea feliz junto a Ricardo.
    Mil besos!!!!

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  5. Que tierno!!!
    Me encantó tu historia
    Besos

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  6. Bueno, despues de leer las dos entradas, que quedan ganas de mas
    Manejas muy bien la intriga
    Abrazos

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  7. Muchas gracias ami@s!
    Muy pronto tendréis la continuación.

    Mil besos y feliz fin de semana :)

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  8. Bueno, ahora voy a la próxima parte, espero que todo termine bien! Un abrazo Nieves!

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Hola chic@s!!!!
Gracias por visitarme, por estar y compartir tus pensamientos....