Páginas

♥
Entra y siéntete en casa...

domingo, 18 de mayo de 2014

La cerveza de Marcial

En las afueras de un  perdido pueblo, en la verde ladera, junto a un centenario árbol gigante había construida una casa, vieja como el lugar pero reformada por las artesanales y trabajadas manos de Marcial.
Marcial era hijo del pueblo, había nacido y crecido allí, tan sólo estuvo fuera un par de años. Regresó sin contar donde había estado y con una cicatriz en la barbilla, apenas se le veía porque siempre se dejaba crecer la barba.

Había alguna que otra leyenda sobre su persona, a él lejos que molestarle u ofuscase le divertían. Federico, Agustín y Carmela se las contaban en sus tardes de cartas, y placeres en general.

Era el único en el lugar que a sus cuarenta y tantos seguía en estado de soltería, todos sabían que por las calles del pueblo correteaban un par de hijos suyos y de un par de incautas que cayeron en sus redes.


El sonido de las chicharras acompañaban buena parte del camino a  Federico, Agustín y Carmela; la pareja de chicos y la chica  con el tiempo se convirtieron en amigos, los tres solían quedar para visitar a Marcial, que normalmente paraba sus quehaceres cuando los veía llegar.

En aquellos tiempos nuevas extrañas prohibiciones habían llegado a consternar a la población. Una de ellas era la ausencia de venta de alcohol. Marcial tras decenas de pruebas fallidas habían conseguido destilar una cerveza razonable.
Las tardes-noche de los Viernes siempre eran especiales, Carmela llegaba de la Universidad y tras dejar la mochila en casa la primera visita era para Marcial.  Los cuatro se sentaban en el porche de la casa, las altas temperaturas hacían que Carmela se quedara descalza  y Agustín siempre se quedaba sin camiseta.  La baraja de carta siempre estaba en la mesa, siempre terminaban jugando algunas manos.  Marcial se liaba tabaco y lo encendía, fumaba, lo cedía a alguno de los tres y desaparecía unos momentos para volver con un bote de cerveza que repartía en unas viejas jarras que un día Federico encontró en el viejo almacén de su tío Antonio.

Agustín no tardaba en desvariar, se desinhibía y perdía todo el miedo en expresar su amor por Federico, hijo del  farmacéutico,  codiciado soltero deseado por las mas bonitas jovencitas del pueblo. Su amigo le correspondía, amaba a Agustín desde que estaban en la escuela, desde que jugaban a fútbol y sin tener el mínimo interés por ese deporte no faltaba ni un día al entrenamiento aunque supiera que se llevaría más de un pelotazo y mil  patadas en las espinillas. El día que volvieron juntos después del entrenamiento y Agustín se dejó besar tras una de las encinas del camino viejo fue el último que tuvo que darle patadas a esa estúpida pelota.

Carmela sabía saborear aquella cerveza, fuerte, con un sabor peculiar  pero que conseguía su cometido.  Las chicharras no paraban de sonar aquella tarde aunque el día se escapaba en el horizonte naranja.  Se había sentado en uno de los escalones mientras liaba un cigarro y dejaba  a los chicos sentados  en la mesa, besándose y susurrando palabras de novios.

Marcial que volvía de cerrar algunas verjas se sentó junto a Carmela.  "Puedo quedarme contigo hoy" ella sabía que no habría inconveniente, nunca lo había.
Los azules ojos de Marcial la miraron risueños. "Creo que esta noche os quedáis todos" Respondió haciendo un gesto cómplice a los dos que no paraban de mimarse.

En esos momentos la luna llena se había colocado en el cielo como si fuera un gran foco plateado. Marcial apuró el líquido de la jarra anunciando que  no bebería más, " Ya está bien por hoy, si sigo bebiendo me quedaré dormido antes de lo debido" .

Varias horas después los cuatro descansaban en una enorme cama que había construido Marcial, los chicos se empeñaban en dormir juntos y siempre juntaban las camas, así podían hablar relajados en mitad de la madrugada sin tener la sensación de estar en mitad de la plaza del pueblo.
La luz de la luna entraba por la ventana y cada tanto la suave cortina se movía por una tímida brisa, hablaban de sus planes, de sus miedos, de sus sueños...  los cuatro sabían que sus vidas retomarían un rumbo difícil de afrontar, en un mundo donde ciertos amores estaban condenados duramente  debían aceptarlo si querían seguir siendo hombres libres.  Mientras llegaba ese día intentaban pasar el mayor tiempo posible en aquella casa junto al árbol gigante, bajo la protección y complicidad  de Marcial.
Carmela acurrucada en Marcial escuchaba silenciosa las conversaciones jocosas de los tres hombres.

 - ¿ Pero de verdad nunca has estado con una mujer?  Preguntó de forma  jocosa Marcial.
- No...  Para mi  es algo razonable,  tanto como que tu no hayas estado con ningún hombre. Comentó Agustín
- Lo que si me sorprende es que a tu edad seas tan... 
- ¿ Tan qué?
- Tan ardiente, tan atractivo.
- Joder... ¡Te gusta Marcial!  Exclamó  con sorpresa Federico
- Bueno, si no te conociera a ti y hubiera alguna posibilidad... no rechazaría el momento,  vamos no lo rechazarías ni tu .
- Algún día tendréis mi edad,  incluso más que la mía,  alcanzaremos una etapa en la que la barriga será tan prominente que no podremos ver nuestras pelotas,  tendréis las orejas grandes y os saldrán pelos de ellas, entonces descubrimos que nuestra  vida se nos escurre y lamentaremos no haber hecho el amor lo suficiente, así que hay que amar y vivir tan intensamente como podamos.  Encontraremos una solución a  nuestras vidas,  no os preocupéis....   - Había estado acariciando  mientras hablaba la espalda de Carmela, ella le miró creyendo firmemente en esa posibilidad.  Marcial la besó con suavidad, la amaba como creía no haber amado a nadie en sus 46 años-

...

La boda de Carmela fue todo un acontecimiento, prácticamente todo el pueblo fue invitado, era una de las novias mas bonitas que habían pasado por la capilla de Sta. Lucía. El novio  firme  y apuesto la esperó frente el altar y la besó con pasión cuando el párroco dio permiso, todos aplaudieron efusivamente, todos menos algunas candidatas  que aspiraban a cubrir ese puesto.  Federico sorprendió a su padre cuando le dijo que amaba a Carmela, y aún más cuando quiso construir su casa junto a la de ese tipo raro, el soltero, el que vivía junto al árbol gigante.  Pero Federico que era un hombre a pesar de sus 27 años supo bien administrar y convencer a los suyos... Había apurado mucho la soltería y no era conveniente esperar mucho más.

La noche de bodas la pasaron en casa,  no en su nueva casa sino en la de Marcial, sacaron un par de botes de la cerveza destilada, bebieron para celebrar su boda hasta caer rendidos los cuatro sobre la cama.
Los cuatros estaban bastante perjudicados por el alcohol.   Carmela, tendida, semidesnuda al igual que sus acompañantes  se quitó el anillo de su dedo anular y se lo colocó a Agustín. "Es tuyo, a ti te pertenece" .  Agustín dejándose llevar por la emotividad se acercó a ella y la besó en los labios, agradeciendo todo lo que había hecho.
"Espero que seáis felices, para toda la vida"  "Yo también deseo que seas feliz toda la vida y que permanecemos juntos aquí en en nuestra casa"

...

Pasaron los meses y los años, el matrimonio vivía bajo la sombra protectora del árbol gigante, Federico heredó la farmacia de su padre, Carmela cuidaba a los dos hijos que eran terriblemente traviesos,  los pequeños estaban todo el día en casa de los  vecinos,  donde vivían Marcial y Agustín que tras una enfermedad que nadie comprendió le dejó con una impotencia que lo abocó a la soltería y terminó viviendo de los trabajos artesanales, carpintería y demás junto a su jefe Marcial.
Cuando pasaran los años puede que todo cambiara,  y que el mundo volviera a ser razonable,  que no tuvieran que inventarse matrimonios ni impotencias, algún día le dirían a esos niños que Marcial era su padre,  y que todo lo que hicieron fue por amor y por creer en la libertar, aunque sólo se viviera  en el espacio de la gran sombra del árbol gigante...
Y ninguno podrá olvidar que todo empezó gracias a la cerveza de Marcial








6 comentarios:

  1. Esta historia podría ser verdadera, hay tantas cosas secretas en las vidas de las personas... Grande imaginación Nieves, y hermosa casa en el comienzo invitando a entrar, un abrazo!

    ResponderEliminar
  2. Grandiosaa historia Nieves!!! Una pena que no pudiesen vivir cada uno su amor en libertad, pero se las ingeniaron muy bien para ser felices a su manera...
    Mil besos!!

    ResponderEliminar
  3. Nieves muy hermosa historia, me ha encantado, felicitaciones.
    Besos

    ResponderEliminar
  4. Después de unos días sin pasar, me encuentro con la casa renovada... qué bueno Nieves, cambios primaverales.
    ...Y todo quedó en familia, porque todavía hay lugares en que ser diferente es poco aceptado.
    Muy buena historia.
    Besos.

    ResponderEliminar
  5. La libertar y la felicidad de cada uno está reinada por sus propios sueños... todos aquellos que lo busquen debería tener su propio árbol gigantes, uno que lo proteja y le conceda libertar y con ella la felicitad de vivir.

    Besos a tod@s y gracias por estar!!!

    ResponderEliminar

Hola chic@s!!!!
Gracias por visitarme, por estar y compartir tus pensamientos....