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viernes, 4 de abril de 2014

Contemplación II

Aquella mañana de Domingo se había arriesgado a salir sin paraguas, así que como era de prever tuvo que refugiarse en los toldos de la cafetería Rosalinda
A penas le quedaban unos metros para llegar a su portal pero la experiencia le recordaba que si se mojaba en un par de día llevaría un buen constipado a cuestas.

Bajo el toldo estaba cuando  lo vio llegar,  parecía que venía de hacer footing, con chándal negro y deportivas gastadas, se cubría la cabeza con una capucha pero fue fácil reconocerle.

No sabía si intencionadamente  o no, el hombre se paró bajo los toldos de la cafetería Rosalinda.
Se pasó las manos por la cara para retirar la lluvia de sus ojos, se dirigió directamente a ella, que notaba como sus pies se sujetaban fuertes a un suelo que parecía perder estabilidad...   él pasó de largo ignorando que la mujer recuperaba el aliento, descubriendo que eran su piernas las que perdieron la estabilidad  y no el mundo que giraba a su alrededor...

La camarera lo saludó con simpatía.  Él le preguntó algo y la chica rió a carcajadas.  Mientras el hombre se tomaba su café  la lluvia comenzó a amainar, se disponía a dar una carrerita hasta el portal cuando una voz tras ella la sorprendió  "¿ Te puedo acompañar con el paraguas?" 

La camarera le había dicho que llevaba un buen rato esperando que dejara de llover, él tubo la gentileza de pedir un paraguas para que la mujer no tuviera de demorar más la llegada a casa.



Al llegar al patio interior de los bloques, zona común de los vecinos, andaron parte del trayecto juntos, él se quitó la sudadera empapada de lluvia.  No hablaron mucho, sólo de lo engorrosa que era la lluvia, después se presentaron, Azucena supo que se llamaba Pelayo.
 Se despidieron cuando una voz anciana agitada gritó :

_ ¡¡  Padre Pelayo ayúdeme por favor!!!



El hombre dejó apoyada en una columna el paraguas y la sudadera, corrió presuroso hacia la anciana en mitad del patio y bajo una lluvia que volvía a ser fuerte,  luchaba para sacar las ruedecitas del carro de la compra que se atascó en una rejilla.

"padre Pelayo"  ¿Padre?  Aquello dejó kao a Azucena, que se había vuelto sobre sus pasos y aguardaba junto al paraguas y con la sudadera en sus brazos.  La lluvia había vuelto a empapar las ropas del hombre que un vez más  dejaba su cuerpo a la vista de los mortales.  
Él le sonrió y le dio las gracias por esperar con la sudadera en las manos. La anciana se despidió agradecida y recordando que el próximo Domingo no faltaría a misa.

- ¿Eres cura?

- Si,  veo que te sorprende

- Pues si.  nunca lo hubiera dicho

-  ¿Me ves mas con otra profesión?

- si... Cualquier cosa menos... eso...  no sé... 



Ahora a las cinco de la tarde  Azucena se sienta un rato a leer.  Es parte de su rutina. Ella lo mira semioculta en su sofá,  camuflada entre los visillos blancos.   Ahora sabe que llega de la parroquia.
Ahora sabe que debe alejarse de ese hombre como si fuera el mismísimo.... si ese...
Los curas no le gustaba, les tenía verdadera animadversión... desde que se topó con uno a los siete años.

_________


Fin

5 comentarios:

  1. Nieves, muy interesante historia.
    Me preocupa que le sucedió con siete años, por culpa de ese otro.
    Besos, buena noche

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  2. Esta historia tiene su costado triste, esperemos el desenlace, un abrazo Nieves!

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  3. Qué sorpresa, Nieves, un cura con cuerpo de modelo que hace soñar a la vecina indiscreta.
    No creo que tengas que continuar la historia, me parece que ese final es el adecuado, porque deja al lector intuyendo lo que le pasó a la protagonista con otro cura cuando tenía siete años.
    En los próximos días no voy a poder conectarme mucho. Te dejo un enorme besote

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  4. Oh!! una pena que sea cura, no se podía ni imaginar...bueno, nadie es perfecto, no?
    Mil besos!!

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  5. Hola chicas!!!

    La verdad es que cuando imaginaba este espisodio, esta historia, de pronto lo imaginé cura, porque era algo que ni yo lo podía haber imaginado en la primera entrega, me sorprendí ante mi inesperado pensamiento, así que no luché para buscar otra situación y así os lo presenté.

    Después surgió ese pensamiento de ese cura a los 7 años, cuando leo el texto reflexiono... pienso que elegí una palabra perfecta para resumirlo todo, todo lo que puede sentir esa mujer, ese rechazo y total ausencia de posibilidad a ni siquiera conocerle como persona, "animadversión" pocas palabras hay tan fuertes y pesadas como esta.
    No creo que haga falta contar más, todos podemos imaginar aquello... no quise ni quiero herir sensibilidades, no creo que sea necesario.

    Un beso a todas y muchas gracias por vuestra opinión.

    Mirella, estaremos por aquí a tu vuelta que espero no se demore demasiado.

    :)

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