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miércoles, 5 de febrero de 2014

Pipican II

Emma nació hace  34 años en algún lugar cercano al Círculo polar Ártico.
Tenía la piel blanca, los ojos  azules y el cabello suave y fino, los tintes habían acabado con su color original,  el castaño que siempre eligió camuflaba en cierta medida unos orígenes desconocidos para ella. 
Su madre había muerto en el parto, el nombre de su padre se lo llevó su madre a la tumba, ella siempre imaginó que era un hombre casado o con una situación tan difícil como para que no se hiciera cargo de ella.
Los servicios sociales escandinavos se hicieron cargo de ella y en cuanto tuvo la mayoría de edad le dijeron que  era apta para ser autónoma y vivir su propia vida.
... Y eso fue lo que hizo, fue dando tumbos,  recorrió toda Europa y parte de Asia.
El amor la trajo a España,  pero aquel sueño  de crear por fin una familia y ser feliz junto a alguien que la quería de verdad desapareció tan sólo en cuatro años.  En esos momentos conservaba un trabajo y algunos amigos. Denegó la idea de volver a marcharse, se quedaría en España.


Godzilla tenía tres meses cuando su mejor amiga se lo regaló. No tenía raza concreta,  sus progenitores estaban demasiado cruzados, a Emma no le importaba ese detalle lo más mínimo, al contrario, le gustaba que fuera mestizo, una mezcla indeterminada, esos  eran los perros fuertes.   
Emma llevaba varios meses queriendo dejar de fumar, no era fácil, pero sabía que lo conseguiría, había dejado atrás otras adicciones mucho mas peligrosas y adictivas, ese era su secreto. Nadie lo sabía y posiblemente ni se les pasaría por la cabeza algo así, ya que todos la veían como una muchacha delicada y sensible.  Ella a penas lo recordaba, aquello se quedó entre las paredes del orfanato y alguna que otra casa abandonada en sus primeros meses de autonomía.

Se sentaba en uno de los bancos del parque mientras Godzilla hacía sus cositas y jugaba con sus amigos del pipican. A menudo se salía del habitáculo y se sentaba junto a ella,  esperaba pacientemente a que Emma sacara los caramelos y golosinas que guardaba en los bolsillos para aplacar la necesidad de nicotina.
- Godzilla, tu no puedes comer caramelos ya lo sabes.

El perro la miraba y ladraba.

-Me da igual lo que digas, cuando lleguemos a casa comerás lo que debes.
El perro volvió a ladrar.
Emma miraba a su mejor amigo de reojo y no pudo evitar acariciarle, mimarle  y darle uno de esos achuchones que tanto le gustaba darle... sabía que se entristecía con facilidad, pero el veterinario le reñía a menudo por darle golosinas.
Desde hacía un par de semanas alargaba el momento de marcharse del parque y cuando se marchaba lo hacía con un aire triste, nadie podría notar aquel detalle, sólo ella y Godzilla sabían el motivo, Emma se lo había confesado aquella noche cuando volvieron a casa, esa noche que guardó el paquete de cigarros en un lugar que ya no recordaba.  Godzilla guardaba muy bien los secretos, conocía algún otro secreto inconfesable y nunca tuvo necesidad de cortarlo.


Emma escuchó a Godzilla ladrar en la distancia,  se levantó del banco y se dirigió presurosa hasta la valla color teja. Se tranquilizó cuando descubrió que no pasaba nada fuera de lo normal, estaban todos los de cada tarde, pero... el corazón se aceleró cuando vio el galgo olisquear la tierra. Tuvo que apoyarse en una de las maderas y marcó una visión general a todos los alrededores... Una mano alzada en forma de saludo un tanto infantil llamó su atención y confirmó sus sospechas,  ella no sabía muy bien como reaccionar; si quedarse allí o dirigirse a su encuentro.  Mil mariposas en su barriga la dejaron paralizada, él fue a su encuentro.

- ¡ Como me alegro de encontrarte! 
Aquella expresión le sonó  halagadora, le daba alas para dejarse llevar por ensoñaciones maravillosas. Intentó por todos los medios que no ocurriera, pero estas cosas contra más se quiera evitar con más fuerza aparece, notó como enrojecía. " Puede que no se haya notado" pensaba para autoengañarse.

- Es que esa señora me trae frito.  Todo es verme y empezar a hablarme de mil historias, una tortura. 

Emma no hablaba, se limitó a escucharle.

- No quiero molestarte, pero la verdad es que al verte ha sido como ver  mi salvación.

Godzilla se acercó a Nube y la olfateó.  Nube le mordió el rabo y Godzilla ni se inmutó.

Bruno silbó con su habitual discreción y Nube se dirigió a él con las orejas gachas,  "Que sea la última vez que le muerdes a ... "    "Godzilla"  
La perra volvió al lado de Godzilla.

- De verdad crees que te entiende.  

- Por supuesto, pocas cosas tengo tan claras  en  esta vida.

Emma pensó que era un tipo raro que hablaba con su perra como si fuera una persona. Estuvieron mas tiempo de lo razonable,  la conversación fluía  con  naturalidad. Bruno le dijo que si la podía acompañar a casa y ella aceptó.
Godzila estaba inquieto, no se dejaba poner la corea. "Mira Godzilla como empieces con tus rebeldías esta noche no ves televisión"
Nube andaba con su agilidad y rapidez de cada día, Bruno no entendía como aquella mujer podía reñirle a Godzilla como si fuera un niño pequeño.

Vivía demasiado cerca, apenas diez minutos después ya estaba camino de vuelta a casa. Desgraciadamente,  como esa pesadilla que vuelve martirizándote, de pronto se  encontró de bruces con la señora, si ...  la de los pechos gigantes,  su ridícula perra iba como a 5 metros delante de ella,  la cuerda de la correa se reliaba con cada farola, con cada  obstáculo que encontraba por su camino, era todo un espectáculo verlas.  "Eh muchacho eh"
Él se paró mas bien porque lo arrinconó entre la farola y la papelera.

- Te he visto en el parque... y  he notado  que la esquimal te ha acaparado, tiene unos bonitos ojos pero las esquimales nunca han sido de fiar...

Madre mía... aquello fue como si aporrearan su cabeza con un martillo de juguete, de esos que dan en las tómbolas de  feria. Una pesadilla si cae en manos de algún bromista pesado. ¿Esquimal? ¿Porqué no son de fiar los esquimales?

- Ay muchacho, por tu cara descubro que no sabes de qué hablo, bueno, que sepas que te lo cuento porque eres un buen hombre y me caes simpático. Veras,  ella... es esquimal, tiene una dieta rigurosa de pescado crudo y suele tener ciertas manías extrañas, ya sabes...

- No, no sé de lo que me hablas señora...

- Bueno, veo que estás mas perdido de lo que parece.  Suele bañarse en hielo y hace pócimas de belleza mientras murmura cántico de su tribu.

Bruno estaba atónito. No sabía si era mas extraño que fuera cierto o que esa señora tuviera toda esa información, como podía saber todo aquello de una hora al día mientras  su perra se mezclaba con toda la chusma  (como ella decía).

- Pero bueno señora, que es lo que lo que pretende que haga yo???!!!
- Pues que te alejes de ella, es una bruja, una arpía,  fug fug!  agitó las manos como espantando moscas.

De pronto tuvo un arrebato,  la adrenalina le hizo estallar,  hacía tiempo que no le sucedía, desde que su EX lo desquiciaba con sus endiabladas manías.

- Bueno señora, sé que debí decírselo antes pero no lo vi necesario, la mujer de la que me estás hablando es mi esposa y ...

- AY AY AY SEÑOR!!!  AY AY - Además de no dejarle terminar la frase  comenzó a hablar de una forma que no se podía entender, dando alaridos y  sacudiendo los brazos como si hubiera caído sobre ella la gran maldición de su vida.

Ya en casa,  no terminaba de entender como había hecho aquello,  puede que fuera algo que se veía venir, llevaba tres semanas aguantando a esa mujer y su cháchara inmunda. No sabía si reír o preocuparse, miró el reloj y no era demasiado tarde. El reloj marcaba las 22:26 h.    Otro nuevo impulso...
Cogió el teléfono y llamó a información tenía la dirección y el nombre, posiblemente le darían el número que necesitaba.  La operadora fue muy amable y tras unos breves minutos terminó con el número apuntado en un post-it  color naranja.  ¿La llamaba? ¿Lo tomaría como un gesto atrevido? ¿Se reiría cuando escuchara lo sucedido? ¿ O en cambio me tomaría como un chiflado al que tendría que mantenerse lejos? Bueno... y  debía contarle lo de su tribu, lo del  hielo y el pescado...


- ¿Diga?   La voz angelical sonó tras la otra linea.

- Buenas noches Emma, soy Bruno. Veras, perdona que te llame a estas horas pero es que ha sucedido algo que no me va dejar dormir esta noche sin saber tu opinión.

- ¿ Que ha pasado?

- Veras... cuando te dejé en casa me topé con la señora....   si esa.... y me dijo que ....










9 comentarios:

  1. Parece que comienza una historia compartida, viene bien, muy bueno Nieves, un abrazo!

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  2. Buena salida la de Bruno, esa señora es terrible, enterada y chafardera, no me gusta su forma de ser.
    Estaré atenta al próximo post.
    Besos

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  3. Qué cotilla metomentodo es esa mujer, ha hecho muy bien Bruno en mentirle y como decía mi querida abuela "quien quiera saber,mentiras a él".
    Mil besos!!!

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  4. Estuve sin Internet, este año viene complicado entre los cortes de luz y ahora la falta de señal...
    Me gustó como vas llevando la historia, me pareció un encanto que Nube fuera una "escuchadora" de lecturas.
    En los pipican se producen encuentros inesperados, tanto entre los perros como entre sus dueños... veremos qué pasa.
    Besazo, Nieves.

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  5. Muy buen relato. Y promete más. Y la señora aquella, hay muchas personas así. Yo las llamo metomentodo. Ellas sí qeu no son de fiar....

    Besos!

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  6. bueno nos dejas con la intriga
    Espero la proxima entrega
    Abrazos

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  7. Nieves como siempre sorprendiendo con sus relatos y este ni quepa duda que es muy bueno. Ahí vamos. Un abrazo

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  8. MUCHAS GRACIAS !!!
    Me alegra que os vaya gustando, os desvelo el desenlace de la historia que puede que como en la vida tan sólo sea el principio ... :)

    Mil besos amig@s!!

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Hola chic@s!!!!
Gracias por visitarme, por estar y compartir tus pensamientos....