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♥ Entra y siéntete en casa ...

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domingo, 23 de noviembre de 2014

Motivos



 Virginia sentada en su lugar favorito observaba a las personas de las otras mesas, reían y saboreaban los pasteles; de calabaza, almendras, chocolate, trufa...  
Ella imaginaba volver a un tiempo atrás, justo para resolver ciertos errores que guiaron desde entonces su desdichada e indigente vida. Daba vueltas al café ya frió y lo bebía justo en el momento adecuado.
Estudiaba minuciosamente el momento para levantarse y marchar a casa. Ocultaba las manos enrojecidas por los líquidos de limpieza en las mangas cedidas de tanto estirar de ellas.
El Gigante de la puerta no le había quitado el ojo de encima desde que entró en la cafetería.

Contuvo el aliento un instante, se mordió los labios presa de sus ocultos nervios. El Gigante se acercó a ella justo en el momento que iba a alcanzar el territorio del sol, una señora con un carrito de bebé la hizo parar justo cuando bajaba el escalón de la salida. El sol la deslumbró un instante por eso apenas pudo sentir el aliento del gigante  y una de sus manos apoyarse en su escuálido hombro. "Adonde vas tan rápido".  Volvió a quedarse sin aliento, presa del miedo, a las consecuencias que podía acarrear sus tontos actos.  
"No volveré a hacerlo" se gritaba histérica con apariencia tranquila y sosegada para el mundo exterior, ese mundo que solía mirarla con altivez y prepotencia.
Sus ojos brillantes miraron hacia arriba para ver la cara sudorosa del gigante."Se te ha caído, y estas mucho mas guapa con el pelo recogido"
Virginia se llevó las manos a su pelo y descubrió que lo llevaba alborotado, la gomilla se calló y estaba entre los dedos de aquel vigilante de la puerta. 
La muchacha le agradeció el gesto a la vez que volvió a recoger su cabello negro y rizado en un moño alto. No le dio conversación, bajó el escalón y volvió a casa presurosa, agitada por los nervios, presa del pánico por haberse creído descubierta. 

Al llegar a casa se dirigió directa a la cocina. Abrió su bolso y sacó un platito, una taza y una cucharita. Lo fregó todo bien, lo colocó en un mueble que recuperó del vertedero y lo restauró dejándolo como nuevo.
Al colocarlo en su sitio contó las tazas, descubrió con alivio que ya tenía el juego de seis tazas, ya podía invitar a sus amigas a merendar, miró  la alacena y verificó que tenía un paquete de café... 

Se sentó un momento en una de las sillas, aún se movía y crujía al sentarse. "Lo próximo sería arreglar las sillas, para que sus amigas, se sintiesen cómodas y seguras mientras se contaban las cosas que se cuentan las amigas" pensó 
Repasó mentalmente las cosas que necesitaría para poder arreglarlas.  Pronto tendría una casa, un hogar, sencillo y humilde pero limpio y alegre, por fin sus recuerdos de una vida en la indigencia comenzaban a verse lejanos ....  

Ahora sólo quedaba una cosa... tener amigas a quien invitar...








lunes, 17 de noviembre de 2014

Entuerto

Anduvo presuroso desde la plaza central hasta el número nueve de la calle Barquera.  Miró el reloj con inquietud al no verla sentada en el mismo lugar de siempre. Pasaban pocos minutos de las cuatro de la tarde.  Llegó al número nueve y llamó dando un par de golpes a la puerta -sabía que el timbre no funcionaba - .

- Qué pasó, me asusté al no verte en el sol.

Hoy Macarena tuvo visita, almorzó tarde y aún estaba fregando el plato y la cazuela.
Dejó el fregado y se detuvo frente al cartucho de castañas que Antonio le traía a sabiendas por lo mucho que le gustaba, cogió una, aún estaba caliente, no quiso demorarse en desprender la cascara y comerla. Le gustaban así calentitas. "Gracias Antonio".  Se acercó entonces a una de las sillas, puso en sus brazos las muletas y se dirigió a la calle, Antonio la seguía con cuidado, para no tropezar con las muletas. "Te sigue doliendo"  Preguntó el hombre con cierta preocupación.  Ella le respondió que ya no le dolía,  ahora comenzaba a picarle pero lo arreglaba con las agujas de tricotar. "Pues eso no debe ser bueno" "Ahora vas a ser tu mi médico o qué"  Refunfuñó cansada de escuchar sus constantes consejos.

Él sabía que se sentía agobiada con aquella engorrosa escayola que le cubría desde los dedos hasta la rodilla. Quedó en silencio para aplacar los ánimos.  A los minutos ella le cedió el cartucho y Antonio cogió un par de castañas.

- Hoy lo he visto. 

Marcarena subió la mirada y miró al fondo de la calle, un par de niños salieron corriendo y una mujer los gritaba para que parasen, miró al cielo y la luz del sol le hizo guiñar uno de los ojos.

- Me ha dicho que no puede esperar más y que ha encontrado otra chica para el despacho de la carne.

Macarena sin decir nada dio un par de golpes a la escayola culpándole por su nueva incorporación al desempleo.

- No te preocupes, cuando te quiten la escayola dentro de diez días todo irá a mejor, encontrarás algo y si no siempre puedes volver a las castañas.

Macarena le cedió el cartucho donde aún quedaban un par de castañas... ya frías.  El sol se coló tras el campanario de la Iglesia, eso anunciaba que eran las cinco y media, hora de volver a casa, darse un baño y preparar la cena. Antonio  entró en casa de Marcarena  dejándola a ella detrás, tiró el cartucho y las cascaras al cubito de basura y esperó que la mujer entrara, llevaba dos meses con las muletas y aún no se manejaba bien, tropezaba con todo y se cansaba muy pronto.

Antonio entró en el baño y abrió el grifo de la bañera. Volvió al salón y cogió en brazo a la mujer "Estoy cansada de esta mierda Antonio" "pues te aguantas"  Esperó en la puerta del baño mientras la mujer se desnudaba, se le notaba cansada, agotada de aquella situación.. Antonio cubrió la pierna escayolada con una bolsa, cogió en brazos a Macarena y la metió con cuidado en el baño dejando la pierna fuera del agua apoyada sobre uno de los lados de la bañera. " ¿Quieres un baño de espumas?"  " Hoy no estoy yo para baños de espuma".  La mujer se lavaba mientras Antonio recogía la ropa y preparaba un caldo para la cena.  Volvió para sacar del baño a la mujer que comenzaba a tener los dedos arrugados. La cubrió con el albornoz y le quitó el plástico de la pierna.  Hizo el gesto de secarla como se le hace a los niños, "Venga anímate mujer, te espero en el salón"



El reloj marcaba las once y media cuando terminó su serie favorita, basada en una supuesta apocalipsis zombie. Hablaron un poco sobre el capítulo y Antonio dijo que se iba a la cama, su despertador sonaba a las 4.30 A.M.
- ¿ No te marchas a casa hoy? 
- ¿Quieres que me vaya?
- No no, pensé que te irías, solo eso.
- En casa no me espera nadie, prefiero quedarme aquí contigo.



Ya en la cama, ella dormía pero Antonio recordaba la conversación con el ex-jefe de Macarena, los remordimientos le hacían no poder dormir; recordaba aquella madrugada, sonó el despertador como cualquier otro día, se preparó el desayuno y la mala fortuna hizo que se le derramara la botella de aceite. Antonio apresurado para no demorarse,  limpió el suelo con la bayeta  y unos cuantos papeles absorbente de cocina. Debió asegurarse pero llegaba tarde y salió corriendo al trabajo. 
Recordaba la llamada desesperada de Macarena,  que lo llamaba desde el Ambulatorio contándole que se había caído en la cocina de su casa y se le había partido la tibia. ¡ AY DIOS MIO! ... Si no hubiera derramado el aceite, si hubiera perdido un poco de tiempo en limpiar todo resto de aceite del suelo... nada hubiera pasado, no se hubiera caído, no hubiera perdido su puesto de trabajo...  Macarena no sabía nada de aquello, cuando regresaron juntos a casa,  Antonio se encargó de ponerlo todo en orden, pasó concienzudamente la fregona por el suelo, como el que quita las pruebas de un homicidio. Claro que todo quedó limpio como la patena, pero su consciencia tenía un gran nubarrón que no lo dejaba vivir tranquilo.
No descansaría hasta restablecer todo el entuerto.