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domingo, 17 de junio de 2018

Vecinos VIII



De pronto lo tuve en mi cocina. Durante un instante nuestras miradas se cruzaron, noté su nerviosismo, lo conocía lo suficiente como para saber que mil pensamientos no le dejarían razonar con claridad. No tardaron en descubrir donde estaba el fallo del frigorífico.  Alain me miró cuando reafirmé  algún comentario de su jefe, intuyendo que no fue casual el estropicio del enchufe.  No puso ninguna objeción  cuando el jefe lo mandó volver solo a reparar la fuente de alimentación.  Sonreí por tener ese golpe de suerte que el destino me regalaba.  Aplaqué mis ganas de hablar para ese momento en que estuviéramos solos.  
Mientras esperaba su vuelta me pinté los labios y me puse  el vestido de flores. La verdad,  no sé por qué lo hice. Puede que simplemente sabía que aquel vestido le gustaba.

Le saludé con cierta ironía,  no me gustó nada que no me contestara, que simplemente entrara en la cocina con  esa naturalidad de saber exactamente donde estaba.  Cerré la puerta con energía. Ya estaba aquí, después de tantas noches vacías hoy me iba a escuchar, necesitaba una explicación.

- ¿Puedo abrir la ventana? hace calor aquí-  Alain intentaba crear un ambiente cordial.

No. No puedes abrir la ventana porque hace 8 meses se quedó encasquillada en los raíles y no tenía fuerzas para volverla abrir.   Posiblemente se había oxidado, como  mi  corazón cuando descubrió que habías alquilado el piso.  No  podré perdonarte nunca, descubrir que de pronto tu teléfono ya no está operativo, que tus amigos no saben donde estás... que simplemente desapareciste. Creía en ti, creía en nuestros planes de futuro. Yo... yo te quería, y me trataste como si fuera una de esas chicas de habitaciones por horas a la que no tienes que darle explicaciones porque solo es la chica del momento.  ¿Eso fui para ti, la chica del momento?. Mírame a la cara...  -esperó unos segundos retando su mirada con la de Alain con ojos vidriosos debido a tanto sentimiento acumulado- me partiste el corazón.

Alain estaba allí, sin decir una palabra, sólo me escuchaba con tristeza. Me odié cuando descubrí  que las lágrimas salieron furtivas resbalando por mi mejilla. Me las limpié con rapidez y rabia. 

Entónces fue cuando él con un tono de voz  apesadumbrado me recordó la última vez que estuvimos juntos.
Si, lo recordaba, había pensado en aquel día un millón de veces. 





7 comentarios:

  1. Están bien estos relatos a dos bandas.
    Besos.

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  2. "No sos vos, soy yo" de parte de él! Ese discurso no por favor! Espero de todos modos que termine mejor que eso, un abrazo Nieves!

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  3. Hola Nieves.

    La tensión se respira en el ambiente jajaja

    Besos

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  4. Hola Nieves

    Genial continuación de la intrigante historia que nos brindáis.

    Saludos

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  5. Parece que no hay muy buen rollito.

    Besos Nieves.

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  6. Alain está perdido ante esas lágrimas.

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Hola chic@s!!!!
Gracias por visitarme, por estar y compartir tus pensamientos....