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Entra y siéntete en casa...

jueves, 29 de septiembre de 2016

Intimidad





Poco importaba lo que eran fuera de casa, si tenían más o menos relevancia social uno más que otro.  Cuando llegaban a casa y se quedaban a solas en la intimidad de casa eran Mariela frente a Hugo.


A Hugo le gustaba llegar un poco mas tarde que ella, a veces se demoraba a posta, solo para que cuando llegara a casa pudiera  verla  en camiseta y bragas después de haberse duchado tras  todo un día de trabajo.  Le gustaba verla sonreír cuando le sentía llegar, le gustaba, aunque a veces fuera él el que tenía que acercarse a ella para obtener su beso en la boca.   Le gustaba sobre todo los viernes por la noche, cuando tenían tiempo para trasnochar.  Y las siestas del Sábado cuando a ella siempre se le ocurrían esas cosas que solo se le podían ocurrir a ella.

A Mariela le gustaba mirarlo llegar sin que se sintiera observado.   En ocasiones pensaba que lo quería demasiado y si algo debe no saber un hombre es lo mucho que se le quiere, siempre debe tener esa duda que se convierta en su pensamiento intimo.   Los Sábado en la siesta siempre lo miraba durante un buen rato y terminaban descansando en el sofá viendo alguna peli,  a ella le gustaba recostarse en él o dejar que él descansara en ella.   
 ¿Puedo  maquillarte los ojos?   ¿Ahora? Solo un poquito...

Hugo se dejaba pintar con esa sombra de ojos negra, sabía lo mucho que le gustaba a ella, aunque a él le pareciera ridículo y se sintiera como un mapache... pero a ella le gustaba tanto, le divertía y Hugo sabía  que aunque fuera "un mapache patoso" ella se volvía  aún mas apasionada.  
Su cuerpo inmóvil y desnudo espera a que la tormenta  se desate, se deja llevar por la marea y por todas esas imágenes que ha estado pensando casi todo el día.  Hugo se deja de igual forma, sexualidad pura y profunda.  Hasta que Hugo con su cara ennegrecida por la sombra de ojos impregnada por  todo su rostro descubre cuando ella se deja volar unos segundos, exhalando un profundo  y largo suspiro con la satisfacción dibujada en sus ojos, verdes y hermosos como toda ella.
Mariela lo miraba y reía, le acompañaba a la ducha, terminaban compartiéndola y la vida continuaba a poquitos, con su estrés diario, con todas sus decepciones, con todo sus días locos con sus locas gentes. Todo volvía a ser vida cotidiana y amable.   
Todo volvía a ser vida y en ella un refugio en los brazos de Mariela, en los brazos de Hugo.




 El amor de una sola de las partes no basta, no es suficiente. 
No se regala el alma a quien no está dispuesto a regalar la suya. 
No puedes abrirles todas tus puertas, a quien sólo te abre una ventana. 

El amor necesita pasión, ayuda, amidtad, entrega y lealtad . 

Necesita tiempo, risas y largas charlas...

Para que nos entendamos… 
“El amor es un dialogo, no un monologo”.



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lunes, 26 de septiembre de 2016

El avispero



Guillermo pasaba los veranos en la granja de los abuelos, a muchas horas de coche  entre el parque donde juega con sus amigos a fútbol los viernes por la tarde y el gallinero de la abuela.   Siempre se quedaba dormido en el viaje...

Guille solía andar solo  y trastear por todos los recovecos de la granja, le gustaba correr tras el pollo, jugar con negro -el perro- y esconderse en la cuadra de la  yegua cuando su madre lo llamaba  para bañarse.

Hoy Guille estaba sentado en una silla en una esquina del gran salón  de la casa. Su madre le había recriminado por no querer saludar a Patricio.  El niño sentado en su silla con los pelos en la cara miraba hacia el suelo, miraba algunas hormigas que porteaban trocitos del  desayuno.  Escuchaba la conversación  que no entendía de ese hombre con el abuelo al igual que  no entendía porque tenía que saludarle, darle un beso y quedarse en esa silla calladito en presencia de ese señor de pelo rojo y olor raro, que pinchaba con su beso y agarraba fuerte por los hombros con sus manos deformadas diciendo  " este hombrecito tiene pinta de ser muy bueno".
Después se sentaba con las piernas bien abiertas y se bebía un vino mientras parecía pasárselo muy bien mientras Guille estaba en la silla sin moverse todo el rato.

A Guille no le gustaba saludar, cuando saludaba quería decir que tenía que estar una tarde sentado esperando que la visita decidiera marcharse.  Su madre siempre lo llamaba y él tenía que ir corriendo por muy divertido que fuera aquello que estuviera haciendo. Le decía quien era la persona que lo miraba con los ojos desorbitados,  empeñados todos en decir gritando lo grande que estaba y él debía decir algo y dejar que le besaran, le pellizcaran y que le apretaran con sus grandes manos sus hombros de seis años.

De todas las visitas Patricio era el más extraño.  El abuelo decía que era su amigo y vivía justo al otro lado de la verja de la granja. Siempre se empeñaba que se sentara en la mesa con ellos y cuando el abuelo se iba por otra botella de  vino siempre le preguntaba por el colegio y  por los amigos, le acercaba el vaso y se empeñaba que probara un culín de su vino.
"No le des vino al niño, que la madre me va a matar"  Decía el abuelo. 
Después aquel hombre decía algo de las mujeres que nunca entendió pero que era muy gracioso porque los dos se reían mucho  y Guille paladeaba el regusto a vino  que no le gustaba nada y escuchaba las charlas lejanas de las mujeres en la cocina preparando una cena especial.   Patricio siempre contaba chistes de tetas o de culos, y su abuela siempre les reñía y cogía de la mano al niño  y le llevaba a la cocina a ver como cocinaban o en el peor de los casos a ayudar a pelar hagas.
"¿Puedo salir a jugar?"
" No, ya sabes que cuando hay visitas debes estar aquí portándote bien"

Guille miraba de reojo por un ventanuco al abuelo con su amigo hablando de tetas y a la abuela con mamá hablando de la comida, Papá se había llevado todo el día con su amigo en el pueblo y él se sentía  aburrido sin poder jugar con sus amigos, sin poder correr tras el pollo, sin poder esconderse con la yegua.  
"Debes ser mas obediente y saludar a las personas cuando te hablen..."


Guillermo asentía con la cabeza sin ganas, sintiendo el enfado dentro de él como si un avispero estuviera a punto de estamparse sobre el suelo...



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viernes, 23 de septiembre de 2016

Corazón paTaTa






Si.  Creo que es complicado conocer a un hombre tan temeroso.  Sin embargo yo duermo a su lado cada vez que la ocasión y el momento lo requieren, cada vez que nos echamos de menos, en realidad cualquier escusa es buena para atravesar un cuarto de ciudad y dormir en el mismo colchón. Es mi corazón patata.

Es divertido. Creo que no hay un hombre más chistoso y amigable, charlatán que convierte cualquier tema en debate y conversación.  Me sorprende a cada rato.  Es sencillo, no le gustan las complicaciones ni la gente cotilla, gruñe con facilidad, es un gruñón cuando algo se le tuerce.  Le sienta mal que comparta momentos con mi amiga Clara, no le cae bien... nunca me ha dicho el motivo pero siempre cuando nos quedamos solos me pregunta porqué tuvo que venir ella...

Es poco romántico. Casi nada la verdad, una vez me escribió una carta de amor,  pude descifrar el amor porque era en papel rosa y al final se despedía con un corazón y un te amo.  Te amo... nunca me lo dice, me resulta extraño decir esa expresión en voz alta, es como sacado de una telenovela.  Sin embargo él no encontró otra despedida más loca que un te amo y ... un   ♥ .

Es un desastre. Desastre para casi todo, para recordar fechas, para elegir la ropa antes de salir, para preparar la cena cuando se presenta  voluntario para hacerla,  para arreglarme esas cosas que se estropean en casa y decide ser manitas por un día para terminar de estropearlas del todo.  Sin embargo, hay otras cosas que hace muy bien. Es mi corazón patata.

Él tiene un gran corazón.  Es padrino de un niño en la India. Cuelga orgulloso en la nevera de casa los dibujos que le manda el pequeño cada tanto. Trae a casa todos los pajaritos que se encuentra caídos de su nido y los alimenta hasta que echan el vuelo.  Colabora en causas sociales; algunas las comenta otras se las queda para él.  Es un tipo de buen corazón, con un rico corazón... corazón de patata.

Si. Como os decía al principo creo que es complicado conocer a un hombre tan temeroso.  Es habitual que yo llegue a la cama un rato antes que él. Lo siento llegar con pasos rápidos por el pasillo a oscuras. Se mete  como un rayo en la cama y se tapa hasta las orejas, yo intento hacer como que no me doy cuenta, pero le veo mirar las puertas del ropero para asegurarse que están cerradas.  En ocasiones dejé encajada alguna puerta y el espejo interior refleja la habitación.    Se levanta como el niño que sigue dentro de él;  rápido, descalzo, corre hacia el ropero lo cierra y vuelve corriendo a la cama.    Muchas noches escucho en la radio programas de radio de misterios, de fantasmas, chamanes y exorcismos, cuando escucha la música de la cabecera del programa se cubre la cabeza.  Al segundo día de quedarme en su casa me regaló unos auriculares para que solo yo lo escuchara.   A veces me digo, pero que clase de hombre es este, que tipo de personaje es este hombrecillo del que me enamoré.   Es un hombre común,  divertido, poco romántico, un desastre para según que cosas y con un gran corazón, un corazón grande, generoso y nada remilgado, es de esas personas que no se le impresiona con escotes, que sabe que  no a todas las mujeres se las conquista con flores y chocolate. Muchos preferimos las acciones, más sonrisas y menos lágrimas, más detalles sentimentales y menos detalles materiales. Y es que, como sabemos la gente rara, siempre será mejor alguien que nos haga creer cien por cien en el amor, alguien que sepa seducirnos el alma, la mente y el corazón. Por eso él será siempre mi corazón mas simple y rico...  él es  mi corazón patata.




Gracias a mi Amiga Patry
Por regalarme esta foto
que tanto me gustó
Para poder escribir algo sobre él...
Corazón paTaTa
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miércoles, 21 de septiembre de 2016

Conexión primiTiva



Mi sobrino de siete años trae palitos del colegio, todos metidos en la mochila, algunos en la mano. Imagino que los coge del recreo.   Es fácil  caer en la idea que son cosas de niños. Palos sin  valor que terminan en la basura, sin embargo cuando lo veo llegar con sus palos, le entiendo perfectamente, le gusta su tacto, su forma, son geniales para ese juego que ha pensado, atrezo para sus fantásticos montajes de legos. Cuando llega a casa, él que me conoce tan bien como yo a él, me pide que se los guarde, que no los tire, que son muy importantes.


Ya lo sé, ya...


Yo que soy su tía,  hacía lo mismo... y aún con cuarenta  años cumplidos sigo haciéndolo. Lo mío son las piedras, siempre lo fueron, desde pequeña soy de las  personas que van andando mirando el suelo, nunca me encontré como tantas personas; dinero, carteras ni nada de valor, creedme que lo pienso mucho, como alguien que mira tanto al suelo nunca encontró nada. Sin embargo  de vez en cuando me encuentro piedras, no piedras cualquieras, no piedras comunes, claro, de esas hay millones, su forma  me llama la atención, después,  su textura al cogerla me convence para hacerla mía  o devolverla al suelo.  Mis amigos cuando hacen viajes siempre me traen alguna piedra, ellos saben que no debe ser una piedra cualquiera, y es que quien me conoce saben bien cuando se cruzan con ese trozo de tierra,  que es esa la que deben traerme.  Ellos lo saben y yo se los agradezco aún más que si me trajeran  regalos de esos valiosos o suvenir de recuerdos.

Yo soy mujer de piedras y plumas.  En cada rincón de mi casa hay piedras y plumas.  Para todos son simples piedras, todas iguales... Yo sé exactamente cual son cada una de ellas, de donde llegaron, algunas tienen su propia historia, otras no, para esas yo soy su historia.  Aún guardo la primera, esa primera piedra que guardé en el bolsillo cuando era niña, esa que estuvo en el estuche del cole algunos años y de ahí a la cajita de cromos y de ahí a la cajita joyero y de ahí a la caja de cartas de tarot... y ahí está, y ahí  se quedará imagino.  Creo que es un bonito lugar para una piedrita de 35 años, una cajita tallada y forrada en su interior de terciopelo rojo.

No me considero rara ni pondero mi diferencia porque estoy convencida  de todos tenemos nuestras propia conexión con el ser primitivo que aún duerme en  nosotros, ese ser que pese a todo lo siglos pasados sigue conectado con la esencia del planeta que nos acoje. Hay quien recupera las hojas caída de los árboles y las guarda en libros...  Hojas, piedras, plumas... los palitos de mi sobrino, son un claro ejemplo de que lo más simple puede ser lo más valioso.  





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lunes, 19 de septiembre de 2016

Delirios



Un beso es donde tú terminas,
y un abrazo tuyo, mi abrigo.
Tu boca donde allí germina
mi delirio y mi muerte… si es contigo.





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sábado, 17 de septiembre de 2016

Alianza

Nunca podrá olvidar aquel verano.  
Justo el cuarto día de sus vacaciones cayó en desgracia.  Aquella tarde al llegar a casa con su bici después de haber pasado casi toda la jornada con sus amigos, resbalo  con la gravilla de la carretera y fue a dar con sus huesos al suelo. Brazo roto,  mes y medio de yeso.  Prácticamente todo el verano.  Adiós piscina, bici,  pantano... Adiós al verano de aventuras, bienvenido al más jodido verano de tu vida.

Los amigos lo visitaban y compartían grandes ratos jugando a cartas en la cabaña.  Pero la cabaña era para el invierno, en verano molaba la piscina o el pantano y aunque los primeros días nuestro desdichado amigo se animaba a ir, pronto descubrió lo aburrido que es eso de mirar mientras otros se divierten, sentado a la sombra de un árbol no se vive el verano igual que chapoteando en el agua o pescando en el pantano después de un largo tramo de pedaleo...

Pronto prefirió quedarse en casa. Hacer nada divertido era el maravilloso plan que vivía aquel verano.
Una  de las tardes más calurosas de todo el verano se sentó en el porche de casa,  ella pasó con su vestido de florecitas,  tres libros en la mano y con el pelo recogido con una trenza.

- Que chulo!! ¿Te lo has hecho tú?

Él la miró desconcertado, sin saber muy bien de qué hablaba.

- La escayola, ¿ Iron-man,  no?

- Ah!. Si, tengo mucho tiempo libre. Demasiado...  Contestó disimulando la sorpresa de que una niña tan de vestidos de florecitas supiera de la existencia del superhéroe más genial de la historia.



Aquel verano terminó siendo demasiado corto.  Septiembre llegó con la pereza de cada año. Comenzó el curso y todo volvió a esa rutina conocida. Pero él sabía que aquel verano había sido distinto, había conocido algo increíble.  Había abierto una puerta que ya nunca podría cerrar.   Aquella niña con su trenza y sus vestidos de flores le había conducido a un camino maravilloso, lleno de sensaciones y una vez que comenzó no pudo parar en todo el verano.  Olvidó la piscina, las tardes de pesca en el pantano,  apenas recordaba a los amigos y sus locuras veraniegas.  Había tardes que quedaba con los amigos, claro, pero no era de extrañar que recordara por donde lo dejó la noche antes y un fuerte deseo de seguir  en el mismo punto hacía que su mente hirviera en posibilidades y fantasías.
Aquel verano se inició en algo que nunca más pudo dejar de hacer.  Y es curioso porque no recuerda el nombre de aquella chica pero si recuerda los nombres de los tres libros que llevaba aquella primera tarde.  Porque fueron los tres primeros libros que leyó en su vida. Todo el mundo puede leer, pero pocos son los que saben disfrutarlo de verdad.  Devorar libros para descubrir el sobresaliente mundo que se encuentra en cada una de sus hojas.  Él se convirtió en una de esas personas.  Y fue en ese verano a los 13 años cuando lo descubrió.  Un verano muy distinto al de los amigos... él no tuvo besos, ni cigarrillos a la luz de la luna, ni pudo deleitarse  con el trocito de teta que pudo salir del biquini de la chica que te gustaba, no... él no tuvo nada de eso.  Él tuvo la compañía de aquella niña que pasó el verano de alquiler con su familia en una de las casas del barrio,  le gustaban los comic y los tenía todos de "la chica maravilla", recordaba que solía decir que era la superheroína mas extraordinaria de todos los comic, recordaba que solían hablar de las peleas y alianzas de "la chica maravilla con Iron-man", nunca antes había tenido este tipo de conversacines con una niña.  Y después de media vida le fastidia saber que olvidó el verdadero nombre de aquella chica maravilla.  Aunque no puede olvidar el gran regalo que le hizo...   Con ella aprendió  los placeres del leer, de los libros, descubrió que con ellos... viajas a un mundo lleno de imaginación en un abrir y cerrar de HOJAS.
Aveces suele pensar que aquella alianza aún perdura.



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miércoles, 14 de septiembre de 2016

Tan solo... vivir.


Había querido otras veces pero no con la misma intensidad. Realmente no habían sido tantas. Era una chica complicada.

Cuando encuentras un amor siempre se piensa que es el último, que los demás no fueron, que no sentiste lo mismo con ellos que con el que encontraste hoy, que siempre es el mejor, el más autentico y potente.   Y la verdad es que todos son diferentes, por la persona, el momento y las ganas. Ningún amor debe ser comparado con los que se fueron  porque morirá en ese instante, al igual que si admites que no existen las hadas una de ellas caerá muerta en algún lugar de algún bosque lejano. 

Como expresar la diferencia... Lo quería, pero como amigo. Quizás fuera el momento, el aburrimiento de amantes desenfrenados con poca conversación, diversión y cosas comunes más allá de las cuatro esquinitas de su cama. A él lo quería, le gustaba... y mucho, como las palomitas de maíz en una sala de cine que se abre solo para ti, con su  delicioso aroma y ese existante crujir de maíz calentito recién hecho.
Lo miraba detenidamente y justo después de ver su media sonrisa, sabía que lo quería, como amigo;  esa clase de amigo  que viven juntos, que se abrazan cada noche y disfrutas cada día, cada momento, -los buenos y los malos-, esa clase de amigos con el  que se tiene la certeza  que queréis haceros viejos juntos, hacer el amor como capricho, elegiros uno al otro todos los días, compartir la vida sin miedo, sin pensar en noviazgo ni relaciones abiertas, cerradas, clásica o alternativa. Sin miedo a perder espectativas porque simplemente no las hay. Sin pensar en lo que vendrá después de este arcoiris. Este sentir era distinto, quizás fuera el momento pero esta vez no quería un novio al que llevar los domingos a las barbacoas familiares. Esta vez lo  quería todo, -amor, vida e intimidad- creyendo no tener nada.  Solo quería sentir y saber que lo quería, pero ante toda las cosas de este mundo... como amigo. Sin miedo a perder, sin pretender nada... solo vivir y compartir junticos su pequeño mundo feliz.





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lunes, 12 de septiembre de 2016

Los atajos de la imaginación



A veces suelo recordar cosas lejanas. Es curioso como casi siempre solemos recordar las mismas cosas, como si el celebro eligiera por algún motivo que se nos escapa a nuestro entender unas cosas si y otras no. ¿Cuantos momentos y sensaciones habrán quedado en el más absoluto de los olvidos?  Demasiados imagino.

Sin embargo hay momentos vividos que recordamos con total nitidez sin importar los años que hayan pasado.
Un día en clase, sentada en uno de esos pupitres de cole ¿os acordáis? Escuchaba a la señorita, el sol templado entraba por la ventana.  No recuerdo porqué pero el caso  es que me quedé dormida...
A veces suelo pensar en ese momento.  No sé porqué, y me da por pensar que puede que  en algún momento, voy a despertar... Allí en aquella clase, en aquel preciso instante y que por alguna mágica razón despertaría con la experiencia y el saber de la mujer de cuarenta años que soy ahora.  Sabiendo el camino correcto de mis propias baldosas amarillas. Sabiendo qué sendero  es el correcto; los que son callejones sin salida, cenagales, los que de alguna forma sabes que no llegan a nada fructífero pero aún así te apetece divertirte...  Y sobretodo el camino correcto, ese al que llegamos todos después de recorrer mil caminos y senderos fallidos.

A veces suelo pensar en ese pupitre, aquella mañana  en que me quedé dormida puede que tan solo un instante, a veces suelo pensar que en algún momento... voy a despertar.



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jueves, 8 de septiembre de 2016

Media vida



Hace tres décadas Manuel era un hombre perdido entre los restos de su propio naufragio.  Nadie apostaba por él, ni él mismo.    Considerándose un hombre de edad madura no tenía el arrojo ni las ganas de reinicios ni comienzos.  Él tenía esa edad donde ya lo tienes todo organizado y comienzas a velocidad de crucero y con el piloto automático puesto, ya me entendéis.
Sin embargo el destino le guardaba una solitaria travesía...  Travesía que odiaba y aceptaba resignado a partes iguales.

Las mujeres ya no eran como las mujeres de cuando tenía veinte o treinta años, eran distintas y no se había dado cuenta hasta ahora. Tantos años viviendo bajo el mismo techo con la misma mujer había hecho que perdiera en interés por las otras, habían permanecido invisibles durante tanto tiempo que ahora eran como seres de otro mundo que no sabía como llegar a ese entendimiento tan necesario... le resultaba agotador y se aburría de intentar acercamientos nada fructíferos con mujeres que para nada tenían lo más mínimo en común con él.

Resignación.

...

Marisa estaba en mitad de la cocina cuando escuchó el quejido de su  Manuel.  Fue con sus pasos lentos debido a la limitación de sus ochenta años y vio a Manuel de rodillas levantándose.  "No es nada, resbalé con estas zapatillas" .  Se sentó en el sofá y ella le preguntó si se había hecho daño.  " No es naaaaada" insistió.  Ella paró a medio camino, abrió un gran cajón lleno de pastillas y ungüentos y cogió el bote de crema para todos los dolores.  Llegó junto a él, se sentó a su lado, le subió el pernil del pantalón y le untó cuidadosamente la crema.  Sabía que si no  se la ponía ella,  él no lo haría y mañana le dolería.

Entonces él la cogió de la mano y acarició la vieja pulsera de cuero que llevaba puesta. Desentonaba con ella;  era una pulsera gruesa, bastante masculina y deshilachada por uno de sus extremos. 
"La encontré ayer en el joyero y me apetecía ponérmela"
"Pero porqué no te pones las otras que te regalé"
"Me gusta esta Manuel"

Los dos sabían porqué. Se quedaron un momento en silencio, esperando que la crema absorbiera en la rodilla del viejo Manuel.  Ella guardaba cuidadosamente todo en su cajita.
" ¿Te acuerdas de aquél día?"
"Claro... "

Ella se recostó en su hombro, él buscó su boca y le dio un beso.

...

Era un día de otoño cuando todo comenzó,  un día cualquiera sino fuese porque fue el día en que Manuel le dijo por primera vez  a Marisa que la quería.  Ella siempre fue una mujer decidida, de las lanzadas que sin miedo proponían sin embargo con  Manuel se mantuvo distante, silenciosa y guardó para ella todas sus ganas de descubrirle. Le gustaba y lo quería lo suficiente para no querer perderle por asuntos del corazón.   Era una mujer de pocas relaciones, no le gustaba cualquier hombre, todos resultaban demasiado para ella.  Demasiado básicos, demasiado listos, demasiado alocados, demasiado salvajes, demasiados tontones... siempre demasiado. Así que ella también se había abrazado a su resignación.

Quizás comenzaron a ser pareja  mucho antes de lo que ellos imaginaron porque cuando expusieron sus sentimientos y comenzaron a reconocerse como pareja no experimentaron ningún cambio, tan solo esos deliciosos momentos de intimidad les hacían creer que algo nuevo y muy bonito estaba comenzando. 
Por aquellos entonces la estupidez los hacía verse demasiado mayores para bodas y banquetes, demasiado mayores para tener hijos... como veis él también resultó ser demasiado  pero este demasiado le gustaba, y ella resultó ser tan rara como todas pero era una rareza conocida y que no le hacía sentirse incómodo.

Aquel día Manuel le propuso  pasar un fin de semana para celebrar su segundo aniversario juntos.  Marisa aceptó encantada.
El frío del invierno era latente, aún así a ellos les gustaba almorzar en la terraza, él la miraba comer, ella le llenaba su vaso cada vez que se vaciaba, le ponía más en el plato si creía que era poco lo que comió...   Después de comer siempre les gustaba tomarse un café y quedarse hablando un rato...
"¿Quieres ser mi esposa?"  El frío de la terraza de aquel bungaló de fin de semana desapareció. 
"Creí que habíamos hablado de esto... que éramos demasiado mayores para bodas y banquetes y..."
"No... no hablo de eso.  Hablo de ti y de mi, de ahora.  ¿Quieres ser mi esposa, mi mujer, mi chica para toda la vida?"
"pues si, claro.  Para mi ya lo soy... sin dudas.  ¿Y tú quieres ser mi marido, el chico que me abra las latas de atún y las botellas de refrescos toda la vida?"
"Claro"  No pudo evitar sonreír.

Él le puso la pulsera que llevaba puesta en ese momento y ella le regaló el pañuelo que llevaba puesto, el que compró en aquel viaje al norte. Se declararon su amor y sus miedos, sabían que tenían muchas batallas perdidas y mucha cicatriz por curar. Aún así  sellaron su amor, se propusieron un para siempre con no poco miedo a que todo volviera a ser un espejismo, porque el amor da miedo, sobretodo a los que conocieron sus zarpas. Sin embargo ellos que se resignaron a vivir con los restos de sus naufragios y sus rarezas,  encontraron sin darse cuenta esa persona compatible, y la vida fue pasando sin darse cuenta que seguían allí uno junto al otro pese a las tormentas y vicisitudes de la vida.  Una vida que transcurrió como ocurre con las cosas buenas como un parpadeo...  y  aún hoy, con ochenta años ella prefiere la pulsera de cuero porque es la pulsera de bodas. 


Marisa se levantó y volvió a la cocina, él prefirió quedarse en el sofá viendo las noticias  hasta que llegara la hora del almuerzo. Miraba su rodilla brillante por la crema,  pensaba que no hubiese sobrevivido sin ella a su lado cuando escuchó la voz de su chica octogenaria... "Manuel, puedes venir y abrirme esta maldita lata... "   "claro cariño... voy"
Hoy almorzarían en la terraza, al calor del sol templado de finales del verano.


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miércoles, 7 de septiembre de 2016

Debimos


Nosotros debimos estar juntos, permanecer juntos a pesar de  que todo se empeñaba en alejarnos, a pesar de que todos nos recordaran nuestras discrepancias, diferencias y distancias...


Yo debí buscarte menos, debí no haberte querido tanto, no haberte hecho sentir  necesario, debí haberte conocido más antes de enamorarme.

Debí ser paciente, haberte dado tu tiempo.  Dedicarnos a viajar por el mundo juntos, dormir en la misma cama, deshacer las almohadas, soñar, volar, quedarnos.  Debí hacerte reír aquellos días complicados, tomarte de la mano  y recordarte que seguía aquí. Tú debiste contarme, pasar las noches en vela contando esas viejas historias que aún guardabas como secretos. Debiste permanecer sin miedo, debiste buscarme más, haberme deseado desde la habitación de al lado, mirándome  a los ojos  regalándome te quieros mudos esquivando a las gentes de nuestro mundo desordenado.

Creímos a este mundo perfecto y a todos los que escuchamos, olvidamos que el amor es locura y no cree en imposibles.
Ahora añoro esperarte.
Ahora añoras aquel hogar que soñaste.
Ahora deambulamos como ovejas en rebaño desorientado.

Nosotros debimos estar juntos…  Debí, debiste...


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domingo, 4 de septiembre de 2016

El hoyo


Teniendo en cuenta los acontecimientos que sucedieron resulta curioso e inquietante que aquella escapada fuera la primera que se decidiera  ha realizar en solitario y no hablo de  la primera del otoño o del año, no, aquella escapada era la primera que decidía hacer sola en toda su vida.  Estaba cansada de tener que contar con las amigas y tener que cuadrar agendas,  discutir horarios y de esperar semanas para tener una simple escapada de 48 horas.

... ...

Con aquel terrible dolor que la atravesaba lamentó profundamente su estupidez... "Nunca más en la vida tendría aquella idea de marcharse sola... nunca nunca más".
La sangre le empapaba la ropa y sus dos brazos rotos impedían cualquier forma de movimiento, aunque pensaba que aún teniendo sus cuatro extremidades en perfecto estado no podría escalar  aquel hoyo donde calló.

Tras varias horas de gritos pidiendo ayuda e intentar dar vida a su móvil aplastado por la gran caída al vacío seguía como en un principio,  los gritos no fueron escuchados y el móvil seguía machacado...   Entonces fue cuando  la cabecita de un tipo se asomó arriba del hoyo.

Tras varias frases cortas y aclarar la inminente necesidad de ayuda, el chico intentó ayudar... dejó caer una cuerda que sujetó a un árbol y bajó hasta donde se encontraba la chica...
Al encontrarse en el fondo, en un húmedo y sombrío agujero en el bosque el hombre se dio cuenta de la gravedad de las heridas, tenía los dos brazos rotos, ya casi no los podía mover. Se apresuró en amarrarla con la cuerda para poderla subir...    Pero lo que parecía un héroe anónimo resultó ser el patoso rural ya que no amarró con fuerza la cuerda y al querer subir la cuerda se les calló encima serpenteando.

Así que los dos quedaron atrapados en aquel hoyo en el bosque.
El muchacho le hizo primeras curas y torniquetes haciendo que se sintiera más cómoda y menos dolorida.   Después de varias horas allí,  unas inmensas ganas de orinar le llegaron a la maltrecha muchacha, así que él con todo el pudor y vergüenza que podáis imaginar le tuvo que bajar los pantalones y sus bonitas braguitas negras... ella lloraba de vergüenza, de dolor, por sentirse ridícula y torpe.

Durante la noche él la animó;  al día siguiente pasaría alguien, era una ruta de senderistas.  La noche fue larga y fría, él se acercó a ella todo lo que pudo para calentar su cuerpo. El día llegó y con los primeros rayos de sol la esperanza de que los senderistas fueran madrugadores y pasaran por aquella ruta  pronto.  Pero las horas fueron pasando.  Él le hablaba de cosas de su vida, accidentes de amigos y familiares que resultaron felizmente resueltos. Ella por momentos olvidaba que estaba en una situación rocambolesca y que no tenía que estar allí sino  disfrutando  de la vida en cualquier otro lugar.   Pensaba que era de locos cuando escuchaba sus risas retumbar en aquella trampa de tontos.


Por la tarde cuando aquel niño  les tiró una bola de chicle gritaron tan fuerte que los padres del pequeño  asustados gritaron aún más que la parejita atrapada. Media hora después de ese momento ya estaban camino del hospital.  El hombre aunque no tenía un rasguño quiso acompañar a su nueva amiga.
El caso es que resulta curioso que desde el momento en que él bajó por aquel hoyo para ayudarla nunca más se ha separado de ella.  Del hoyo al hospital y del hospital a su casa. En aquellas horas metidos en aquella absurda trampa se descubrieron; ella descubrió a su héroe patoso y él descubrió a su Lara Croft hogareña.

Han pasado varios años y hoy ella ha roto aguas en mitad del salón, él la ha mirado con nervios  de no saber muy bien que hacer, él ha ido por el coche que descansa en una cochera a 500 m. de su casa, mientras,  ella se duchaba y ha recogido la casa para que cuando vuelvan los tres esté todo limpio y perfumado.   Él a penas la ha tenido que esperar. Ha cogido la maletita de la niña que ya tenían preparada desde hace dos semanas, han llamado a sus padres y se han dirigido al hospital.

Cuando ha aparcado lo más cerca que ha podido de la puerta de urgencias ella le ha cogido de la mano y le ha susurrado... "quédate conmigo,  no me dejes sola vale?"   "Estaré contigo"  él le ha dado un beso y ella ha tenido la seguridad que estará a su lado en todo momento... porque desde aquel día que cayeron en la trampa para tontos él no se ha separado de ella.  Ni ella de él.



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viernes, 2 de septiembre de 2016

Contratos




24 años de matrimonio y ambos tenían la convicción de que no se querían.  Sus vidas se habían convertido en una especie de acuerdo no hablado donde tenían una casa común, unos hijos en común, un baño y cocina comunes, donde ya no se  hablaba de planes para el Domingo ni se contaban ese chiste que escucharon el día antes.

Ella fue la niña preferida en una familia acomodada,  guapa, delgada y con todas las comodidades al alcance de su mano.  Él era unos años mayor que ella, fue delantero en el equipo junior de la ciudad,  parecía tener un futuro brillante en el deporte.

Decidieron casarse, demasiado pronto para la mayoría de sus allegados, se compraron una pequeña y bonita casa en una calle sin salida y allí criaron a sus cuatro hijos.   Ahora él está  trabajando en una empresa de conservas y ella es ama de casa, cuidó amorosamente a sus niños y mantuvo en orden y calentito el hogar hasta que sus niños marcharon a ciudades lejanas a estudiar o trabajar. 

Ahora él se había convertido en un hombre gordo y amargado que su único fin en la vida era volver a casa después de su jornada de 8 horas y aplastar su culo en el sofá hasta el momento de sentarse en la mesa para comer.  Ella aún mantenía esa  dulzura y belleza que tuvo en tiempos olvidados y perdidos pero ya apenas reía y su refugio era la cocina, donde había estado toda una vida, ahora era en el único lugar que se sentía ella, y hacía todo tipos de guisos y tartas...  Los Domingos, el día que su marido descansaba hacía deliciosos desayunos, con gofres rebosado en  caramelo, café y algún zumo ocasionalmente.  Él se sentaba leyendo alguna revista y comía.  Comía como si no hubiese un mañana, como si quisiera llenar con la comida todo esos huecos vacíos que cada año sentía mas grandes y pesados.

Aquel matrimonio envidiado por todas las chicas del pueblo se había convertido en el más vacio de la ciudad, donde ya todo era aceptación y espera.   Ella siempre tan hacendosa cuidaba que su hogar se mantuviera bien brillante y él trabajaba sus 8 horas esperando que su jubilación llegara pronto, solo faltaban un par de años, llegaba a casa, aplastaba su culo en el sofá y hacía engordar su barriga con los guisos y postres de su mujer.  Y allí estaban, los dos en su casita en aquella calle sin salida, esperando que la muerte los separara como el párroco de la catedral mas grande y poderosa de la provincia  les dijo el día que dijeron SI.




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