A pico lo encontraron en la
calle, en uno de esos árboles de aceras de ciudad. Cuando llegó a casa de mis
sobrinos era un pájaro loco. Un pájaro con aspecto simpático pero con un pico
de acero que a la que te descuidaras te daba un buen picotazo. En poco tiempo
se convirtió en un agaporni que apenas salía de su jaula porque todos temían
sacarle. Los niños de la casa (mis sobrinos) temían acercarse a la
jaula y le metieron un muñeco de plástico dentro del habitáculo para que no
estuviera solo. A mi la imagen de aquel pingüino de plástico, ya medio
comido todo de los picotazos de Pico me resultaba tétrica, digna de la casa de
Norman Bates.
El
verano pasado cuando la familia se fue de vacaciones Pico se quedó en casa y mi
hermana que es mucho de pájaros se quiso quedar con ella... porque descubrió
que era chica y que le gustaba la música folclórica, su antigua dueña tuvo que
ser una de estas sevillanas de copla y flamenco. Poco a poco la fue sacando de
su jaula y le hizo entender que no se debía picar a diestro y siniestro. El
caso es que lo consiguió. Y un día le llevó a su nidito un amigo de
verdad.
Güendi
era muy guapo... y muy joven, era de un verde esmeralda precioso y cuando
salían a volar fuera de su jaula lo hacía raudo y notabas sus planeos sobre tu
cabeza como si fuera un águila. Con el tiempo han vuelto a mi
casa, y los dos forman parte de nuestro tiempo. Con el tiempo se han enamorado
y forman una familia de dos, les gusta meterse en casitas que se
construyen. Le solemos meter las publicidades que nos llegan a casa y se
las ponemos en forma de tienda de campaña canadiense. A ella le encanta y
de momento entra en su interior, él se sube arriba, hace tiras con las
hojas y provoca el enfado de su esposa, y él sabe que tiene malas pulgas
porque su instinto de picar como un buitre salvaje aún no lo ha perdido del
todo. Se pelean, se pican, yo les suelo reñir pero la mayoría del tiempo como
que ... ni caso.
Esas
peleas son parte igualmente del tema erótico festivo, él la persigue por toda la jaula,
ella según el día, huye o le pica pero en cuanto te despistas un poco en esos
momentos la vez a ella con sus alas desplegadas y él sobre ella todo entusiasta
y triunfador, después de ese momento se meten los dos en su tinglado y ea!!! no
hay pájaros en toda la tarde.
Imagino
que Pico es demasiado mayor, no sabemos los años que tiene. Cuando se
enamoraron y se hicieron novios pensamos que tendríamos que pensar lo que hacer
cuando comenzara a poner huevos... pero nada, debe de ser ya una señora madura
con un esposo jovenzuelo, porque no hay huevos pero si hay mucho amor,
muchas discusiones y arrebatos locos de matrimonio consolidado.
Me encantó esta historia de tus pájaros locos y enamorados, Nieves, que puedan seguir alegrándolos, un abrazo!
ResponderEliminarLo que me sorprendió es que salgan a volar y vuelvan al cautiverio.
ResponderEliminarBesos
Los agapornis son pájaros que no son de altos vuelos. Cuando conocen a su "dueño" no suelen alejarse de el. Son de esos pájaros que puedes llevarlos al hombro y no suelen escaparse. Por eso nos sorprendió al encontrar abandonada y sola a poco.
Eliminarun saludo ☺
Nunca había escuchado una historia tan entrañable, de una pareja de pajaritos!!
ResponderEliminarMil besos!!!
Amor emplumado, pero amor al fin y al cabo. Saludos.
ResponderEliminarLo siento, en la fotografía se ve a una cotorra.
ResponderEliminarNo es mi especie de pájaros preferida y eso que me encantan todos los plumíferos, pero a través de tu relato se vuelven muy queribles, con su comportamiento matrimonial, tan parecido al humano.
ResponderEliminarBesotes, Nieves.