Yo tenía 9 años, la calle donde vivía estaba en obras, habían puesto alcantarillado nuevo y aquel día unos camiones inmensos habían derramado gravilla por todas las calles para poder asfaltar posteriormente.
Permanecí un buen rato comiéndome el bocata de la merienda sentada en el suelo de la acera, tomando el sol de Febrero y mirando aquella piedra. Me preguntaba porqué la miraba. Porqué me llamaba tanto la atención. Había cientos, miles por no decir millones de piedra en toda la calle, sin embargo aquella piedra; inerte y muda llamaba mi atención, quería que la rescatara de su destino... el abrazador asfalto, y con él... su entierro y el olvido. Sin embargo, yo la había descubierto y ya pasaran los años que pasaran yo iba a saber que estaba allí.
El sol se ocultaba ya en el horizonte, tras las casas vecinales, hice una bola con el papel de plata que había envuelto el bocadillo, me levanté y fui hacia la piedra. La cogí y la sentí por primera vez en mi mano. Sin duda fue mi primera vez, mi primera piedra. Entré en casa para hacer los deberes del colegio, la guardé en el estuche de bolígrafos, durante años estuvo ahí, en toda la etapa de estudiante guardaba la piedra en cada estuche nuevo, después pasó a los bolsos, siempre la guardaba en uno de esos bolsillitos ocultos que tienen los bolsos. y ya en los últimos años en una caja, una caja que de normal va conmigo donde esté.
Llevo con ella y ella conmigo 40 años. Me he preguntado muchas veces porqué me llamó la atención. Porqué quería venirse conmigo y para que tuve el cuidado de no perderla nunca. Por que durante una vida se pierden mecheros, lápices, pendientes... Yo como tú he perdido muchas cosas, sin embargo la piedra sobrevivió a todas mis épocas. Os hablo de ella hoy porque en estos días no está conmigo pero está a buen recaudo. Siento que me ha dejado de pertenecer en estos días. Si se pierde o no es cuestión de ella. Si quiere volver a mi o quedarse en el camino es cosa de ella y de las vibraciones de su portador... Ahora en estos días está en el camino, si... en ese camino.
Hola Nieves! Qué buena historia! Me recuerda a mi nuez, mi suegra todos los fines de año nos daba una nuez a cada uno y nos decía: hasta el año que viene tienen que llevarla siempre en su cartera, tengo la última que nos dio antes de partir hace ya casi diez años, está en la que más uso, no sé por qué la guardé, un abrazo!
ResponderEliminarSomos también parte del mundo natural, por lo que no es extraño. que nos gane el corazón un objeto, para algunos nimio. Un abrazo
ResponderEliminarCarlos
Cuando era joven siempre llevaba una piedra en el bolsillo, una piedra negra.
ResponderEliminarBesos
Cuando era niño, después de las vacaciones de verano, me traje como recuerdo una piedra del idílico lugar donde las disfrutaba. Enseguida me dio pena de ella, que podía estar allí los 365 días del año. Lo primero que hice en las siguientes vacaciones fue depositarla en donde la había cogido.
ResponderEliminarMe ha encantado la ternura de tu relato y me ha recordado a aquella piedra de mi niñez.
Un abrazo.
eres un encanto de escritora
ResponderEliminarte dejo mis huellas
para que no te pierdas
Siempre llevo una en mi monedero, tiene un brillo especial de tanto manosearla y camina conmigo.
ResponderEliminarBesos.