Déjame decirte que me
reconforta mi libertar y que no necesito tener ningún hombre que me saque de atolladeros,
que no sé como compartir la vida ni dar explicaciones de donde voy y con quien
comparto mis momentos del día. Mi cabeza piensa en unidad, le cuesta compartir,
no sabría como empezar, no sabría como cuidarte, ni que aportarte. No
encontraría ese momento para cogerte de la mano y darte un beso en la boca.
Me costaría actuar con esa naturalidad innata con la que viven todas esas
personas con las que tropiezo cada día, todas tan enamoradas y tan pensando en
dos.
Déjame
explicarte que mi corazón nunca ha sido descubierto, nadie lo ha acariciado
ni ha tenido la paciencia para conquistarlo. Sin embargo sabe bien lo que es
amar, ... tiene tanta cicatrices y remiendos, lo he dejado olvidado tanto
tiempo que se ha convertido en un viejo corazón de madera tallada bajo el
mando de una cabecita loca. Confieso que vivía bien, convencida de tener
un corazón infranqueable, bajo la llave de la incredulidad y el poder de una
mente libre carente de ataduras, impasible ante las tretas de los que llegan
queriendo conquistar lo que nunca descubren.
Déjame
decirte que tengo miedo, a que me descubras, a dormirme en la guardia, a
que abras las puertas de mis infiernos; de mis miedos, de mis inseguridades y mis vértigos, de que aún así quieras quedarte, de que me mires y me desborones, de que mi corazón vuelva a latir, de que no sepa darte lo que necesitas, de no saber encontrar el camino de para siempre, de amarte con desorden, de encontrar en tu boca la miel y el deseo, de sentir esa certeza, la misma que siento cuando sé que detrás de los demonios
se esconde lo mejor de mi, y ahí descubrirás el paraíso.

