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♥ Entra y siéntete en casa ...

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viernes, 29 de noviembre de 2013

Extraordinariamente divertido


Marisa era una mujer extrovertida, llena de vida y con un buen carácter. Aquella mañana de Lunes parecía pasear por la ciudad más risueña que la mayoría de los viandantes.
Portaba una gran bolsa para las compras, esa mañana no tenía tiempo para  tomarse su desayuno en la cafetería de las mesitas inglesas, fue directa a un par de tiendas  para volver de inmediato a su ático de la calle de los Robles.

Eusebio hablaba por teléfono cuando entró en casa, dejó las compras en la encimera de la cocina. 
La mujer abrió la ventana, organizaba la compra cuando Eusebio le anunció que tenía que marcharse, pero ya que lo habían planeado,  volvería para el almuerzo... a eso de las 14:30 h.

Escuchó cerrar la puerta y el sonido de la calle envolvió todo el solitario ático. Eran las diez pasadas de la mañana cuando el teléfono sonó, era  Celeste, una amiga con la que solía coincidir en la cafetería de las mesitas inglesas, hacía una semana que no se veían y llamaba preocupada por si le ocurría algo. 
Decidió bajar un rato para verse con su amiga.

Marisa trabajaba cuatro días en la semana en la taquilla de uno de los cinco cines de la ciudad, casi todos los amigos habían tenido que marchar por motivos laborales a otras zonas del país, su radiante personalidad le hacía encontrar amigos con facilidad pero la verdad es que su trabajo la absorbía demasiado. 
Cuando terminaba de vender las entradas de la última sesión, solía salir de la taquilla, subía hasta la última planta en el ascensor, recorría los mudos pasillos de moqueta roja hasta llegar a la puerta azul con el pequeño ojo de buey, allí se paraba y daba dos golpecitos...

Eusebio le abría, no hablaban, la pequeña sala estaba completamente a oscuras, a veces se daban un beso, otras directamente entraba y se sentaba junto al pequeño hueco de la pared.
Cuando tardaba en llegar,  Esuebio ponía más anuncios de los habituales y el publico comenzaba a murmurar sus quejas...
En la pequeña sala de proyección en la popular "hora Golfa" pasaban los dos ese momento que tanto les gustaba, veían las películas de estreno juntos , las comentaba, las criticaban. Su amor por el cine les creó un vínculo que surgió poco a poco, sin prisas, como surgen las amistades mas consolidadas.

El proyeccionista tenía el coche  averiado desde hacía semanas, desde entonces tenía que coger un tren y un autobús para llegar al cine.  En verano todo era fácil pero con el frío invernal volver a casa era un verdadero suplicio, así que Marisa le ofreció  su ático por si le apetecía quedarse alguna vez...
Un par de semanas después de su ofrecimiento, Eusebio y Marisa compartían el ático, al principio él volvía a su casa con asiduidad pero con el tiempo cada vez eran mas largas la estancia en la calle de los Robles.


Celeste alzó la mano para que su amiga la viera donde se encontraba, Marisa se sentó, dejó su bolso en el asiento de al  lado.  sonrió, "Que hay..."

- Eso digo yo... hace mas de una semana que no hay quien te vea...  -sonrió- y me haces pensar en aquello que me dijiste...

- El qué??

- como era? - pasó su dedo indice por los labios en modo de pensamiento-  sólo dejaría estas mesitas inglesas y sus desayunos por algo extraordinariamente divertido, y por tu cara veo que por fin lo has encontrado.

-el qué?

- Pues ya sabes,  lo extraordinario...  te lo estás pasando bien eh? ... ¿ y porque no te lo traes a desayunar una mañana de estas?


- A quién ?  Esta vez su media sonrisa la delató.


Celeste hizo una mueca como certeza de la evidencia de nuevos acontecimientos.

- Voy a pedirte el desayuno y cuando vuelva quiero que me lo cuentes todo todito...

Marisa miró el reloj. Tenía escasamente 45 minutos para contárselo todo. Tendría que resumir bastante...








martes, 26 de noviembre de 2013

Encrucijada

En ocasiones suele suceder.
La tormenta estalla en el momento menos esperado. Una vez más, así sucedió.

Laura y Susana eran amigas desde la infancia, uña y carne, no se habían separado mas que en las obligadas vacaciones de verano familiares. En la adolescencia ambas comenzaron a salir con sus respectivas parejas, que como no podía ser de otra forma tuvieron que hacerse amigos, a ambos no le quedaba otra opción, aunque por suerte Andrés y Francisco se cayeron bien desde el principio.  Los cuatro estaban muy unidos desde que eran veinteañeros,  habían pasado todo tipo de vivencias, de las mas alegres a las  mas tristes, las dos parejas eran como familia y parecía que el destino así quería que fuese, porque el hijo de Andrés y Susana pretendía a la hija de Francisco y Laura, y todos los indicios decían que ese amor era correspondido. -pero esa, es otra historia amig@s-


Habían planeado aquel viaje hacía meses. Cuatro días en la Sierra, en un pueblo donde solían ir a menudo, alquilaron una casa rural, harían senderismo, visitarían el pueblo vecino...  cada minuto del viaje estaba organizado.


El segundo día, Jueves por la tarde, estaban en la casa alquilada, un frío polar había invadido la zona inesperadamente, Francisco encendió pronto la chimenea y las mujeres los animaron para pasar el día en casa, pasar la noche junto a la lumbre tomando copas, y de tertulia noctámbula, era algo que siempre disfrutaban.
Susana se había torcido un tobillo aquella mañana en la visita de las Cuevas y aunque no era grave prefería reposar antes de que fuese a peor y fastidiar el resto de los día.
Francisco hablaba por teléfono en esos momentos con su hija.
Andrés y Laura  salieron de la casa para comprar bebidas y alguna que otra cosa para comer. Llovía con fuerza, las gotas de lluvia  golpeaban  las chapas, la mesa del jardín, el capó del coche... 

Andrés entró en el vehículo a carcajadas después de la amplia carrera que tuvo que dar para llegar, descubrió que ambos estaban empapados, "¿Volvemos?"   "No, que mas da, tenemos que ir de todas formas, en media hora estaremos aquí".   Emprendieron el camino,  diez minutos después estaban en el supermercado comprando y  media hora después de haber salido de casa ya estaban montados en el coche de vuelta. Lejos de amainar, la tormenta cada vez se hacía mas fuerte. Laura se asustó al ver que Andrés aparcaba en la calzada, la carretera estaba imposible de transitar,  la lluvia era tan intensa que no se veía nada, "Estamos tan cerca... "  la mujer comenzó a tener un poco de miedo. Andrés estaba callado, con las manos en el volante, se le notaba tenso, "Estoy enamorado de ti".  "¿ Qué estás diciendo? déjate de tonterías  estas bromas no me gustan" la mujer mantenía una pose de sonrisa.
"No es ninguna broma Laura, llevo años con este sentimiento dentro.  A Susana la quiero, si, pero no como debería, es a ti a quien amo. Sé que es una locura, que me arriesgo a perder mucho con esto que te estoy diciendo, pero siento que me quema por dentro, se está pudriendo dentro de mi. No puedo vivir con esto... "

Laura tuvo miedo, no sabía como reaccionar, que decir, que hacer. Sentía como si todo aquello fuese una terrible pesadilla.
"No sé que decirte Andrés, perdóname si he podido decir o hacer algo que te hiciera pensar algo que no es... Amo a Francisco con toda mi alma y a Susana para que decirte, es como mi hermana. No deberías haber dicho nada, tengo la terrible sensación de que lo has estropeado todo... "

Cuando volvieron a casa, ambos actuaron con sublime naturalidad, dos días después volvieron a su ciudad, comenzaron su cotidianidad, revelaron las fotos del viaje, quedaban casi todas las semanas para ir al karaoke, a fútbol,  o simplemente para pasear en el parque y tomar unas cañas de cerveza...
Pero...  a Laura no se le quitaba de la cabeza aquella tarde, aquella tormenta seguía dentro de ella, retroalimentándose, en muchas noches pensaba que debía ser sincera con su esposo y contarle lo ocurrido, pero sabía que ese acto sería el fin de su amistad, sus hijos... demasiado dolor estallaría con aquello. Así que vivía evitando los comentarios de Andrés que hasta entonces no tuvieron importancia, evitaba quedarse a solas con él, permanecía en una tensión constante que la estaba consumiendo...
Una autentica encrucijada de la que no sabía cual era el camino correcto, el camino acertado.