Páginas

♥ Entra y siéntete en casa ...

♥ Entra y siéntete en casa ...

jueves, 17 de abril de 2025

Vislumbre




 El Hotel  llevaba cerrado casi veinte años. Las ventanas estaban cubiertas de polvo, y la hiedra trepaba por las paredes como si intentara ocultar un secreto antiguo. Cuando M heredó el edificio de su abuelo, decidió restaurarlo. Quería abrirlo al público de nuevo, pero antes debía asegurarse de que todo estaba en orden.

Mientras recorría los pasillos vacíos, con el eco de sus pasos como única compañía, llegó a una puerta que le pareció distinta.  La cerradura estaba oxidada y la chapa, rayada como si alguien hubiera intentado forzarla. M  no recordaba haber visto esa habitación en los planos.

Curiosa, sacó una llave maestra del llavero antiguo que había encontrado en la oficina del conserje. Encajó a la perfección. La puerta se abrió con un chirrido que pareció más un susurro que un sonido.

Dentro, el aire estaba estancado y frío. Había muebles cubiertos con sábanas y un gran espejo agrietado en la pared. Pero lo que más le llamó la atención fue un pequeño diario sobre la mesa, cubierto de polvo. Lo abrió con cuidado.

"13 de octubre, 1985. Hoy, otra huésped escuchó los susurros por la noche. Dice que venían del espejo. No saben que no pueden romperlo. Él sigue ahí, esperando."

Las páginas siguientes estaban escritas con trazos cada vez más desesperados. Nombres de huéspedes. Dibujos extraños. Y siempre, la misma advertencia: "No mires directamente al espejo después de medianoche."

Marta se rió nerviosamente. Viejas supersticiones, se dijo. Aun así, decidió cerrar la habitación y seguir con el recorrido. Pero algo la detuvo al salir: su reflejo en el espejo no se movía con ella.

Y estaba sonriendo.




miércoles, 18 de diciembre de 2024

Margarita



Como en esa maravillosa historia de Charles Dickens, el fantasma de las navidades pasadas me trae recuerdos a pequeñas dosis, como susurros en el viento.
Me trae el recuerdo de mi abuela paterna sentada en el porche de casa tomando el sol de medio día  y yo sentada en el suelo pidiéndole que me volviera a contar las historias de su pueblo natal . Como sacado de un spin off  del Quijote sus historias siempre tenían como protagonistas al alcalde, el cura y el médico. A mi las que me gustaban eran las del cura . Siempre eran rocambolescas y divertidas. Mi abuela Margarita siempre se las apañaba para crear una trama y algo divertido para hacerme reír. La recuerdo como una mujer risueña a pesas de la guerra y las penurias que le tocó vivir y eso dice mucho de ella.

Su amiga Remedios pasaba habitualmente por la puerta y siempre decía  'aquí estoy con la nieta ',  siempre me llamaba con mi nombre completo y eso  hacía verme a mi misma como una bonita muñeca.  La recuerdo en primavera dejándose poner en el pelo las flores del jazmín que mi madre tenía plantado. A veces Remedios pasaba encontrando a mi abuela llena de jazmines o de adornos navideños pero ella lejos de avergonzarse se reía con la amiga y yo las veía como esas amigas de toda la vida dispuestas a pasar el rato con los pequeños de la casa, y así enredandose con esos recuerdos de risas y juegos infantiles aparece el fantasma de las navidades futuras,  me envuelve con su niebla recordándo que no tengo hijos ni nietos,  pero no me preocupa porque estoy completamente segura que tendré niños a quien contar mis cuentos e incluso sentarme al sol del medio día mientras me dejo adornar mi pelo blanco con flores y adornos futuristas creando así recuerdos y sonrisas a generaciones futuras para que el espíritu de la Navidad nunca se desvanezca y brille como brilla hoy en mi corazón.