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♥ Entra y siéntete en casa ...

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viernes, 12 de enero de 2018

30 segundos después




Te miré a los ojos y supe quien eras
Supe que ya no había más esperas
En tus ojos y en tu sonrisa 
Encontré mi hogar

No hubo mas mundo
ni mas calles
ni mas cielo ni mas vida
que la que compartimos

Dame un respiro amor
Dame tu aliento
la madrugada
El camino de la madriguera de conejos

Caminos que me llevaron a ti
A ser solo yo
yo contigo
envueltos en maravillosas escencias

Y todo cambió
el mundo,  el alma y la piel
Si me miras un instante
verás mi corazón abierto como un balcón
con vistas a ti

Si...
30 segundos después de ti 
descubrí el infinito




martes, 9 de enero de 2018

Nunca



Deja de llorar de una maldita vez.  - Le dijo una voz rotunda -

Ella se cubrió la cabeza con las mantas y se quedó dormida.
Nunca había sentido que algún hombre la quisiera de esa forma que los hombres quieren a las mujeres. Ninguno le regaló flores ni le habló de futuro.  Siempre tuvo la sensación de ser como una isla en mitad de alguna parte en la que los hombres perdidos se refugian un tiempo, algunos más que otros, según sus heridas y tristezas. Ese resultaba ser el momento en que podía escuchar alguna palabra amable y amorosa dirigida a ella.  Se acostumbró a ser isla, a ver llegar y marchar a los hombres que habían intentado vaciar su corazón de sal a cucharaditas.  Se acostumbró a su almena cerrada en su isla perdida. Esa era su vida y lo que conoció a pesar de las maravillas que algunas mujeres le habían contado. 

Un día un hombre llegó y abrió su puerta, la puerta de su almena cerrada en su isla perdida,  aquel hombre recorrió los laberintos de las sirenas, minotauros y duendes de las mentiras.  Llegó a ella, la miró a los ojos y le abrió la puerta.

Tenía tanto miedo a salir de aquel lugar que la hacía sentir tan protegida de todo, que tan solo podía mirar la puerta abierta a un mundo lleno de maravillas,  nunca pensó que estuviera reservado un trocito para ella.  Y así cada día se quedaba un rato mirando la puerta. Y así cada día volvía a su cama, con los ojos cansados de llorar. Nunca debió soñar con ese trocito de mundo. El mundo es para los que luchan. El mundo es para los que apuestan.  El mundo...  no es para los cobardes.

Deja de llorar de una maldita vez  - Volvió a decir la voz de su consciencia -