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♥ Entra y siéntete en casa ...

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sábado, 6 de enero de 2018

La llave






He cerrado con llave. Para que no se pueda entrar. Para tener que abrirte, poder llevarte directo a nuestra cama y dormir contigo.
  
Una siesta de las nuestras, de las que dormimos poco, o nada, o a ratos. De esas que empalman con la tarde, o con la noche, y empapan las sábanas. De las que pones una película, y solo te enteras del título, porque lo siguiente que ves, es la pantalla en negro, porque los colores nos los hemos repartido nosotros.

De esas mañanas de cama en las que no te quieres levantar,  en las que sueñas despierto, y duermes en sueños. En las que hablamos y callamos, a un ritmo que marcamos nosotros, y nuestros besos, y nuestras manos. De esas en las que cuando despiertas quieres volver a empezar, y la empezamos.





lunes, 1 de enero de 2018

Ágape



Los milagros esperan al final. Al menos hasta que la esperanza agoniza como salmón en la boca del pardo justo un segundo antes de escurrirse entre sus fauces.

La radio suena de fondo,  a un volumen moderado. La luz de medio día entra por la ventana de la cocina. La puerta del patio interior abierta. El aroma de las plantas impregnan el ambiente.

Él corta la zanahoria, a ella le  hace llorar la cebolla,   él se acerca y le quita las lágrimas con sus besos. Ella introduce la  verdura en la salten y se lava  las manos, él saltea las verduras, las deja reposar mientras la abraza por la espalda y le hace sentir su sexo mientras muerde el cuello de la joven que siente como su cuerpo se eriza.  Ella corta los champiñones, él le echa la salsa especial, esperan...  él la abraza y ella se mueve como  mecida por el viento. Terminan bailando abrazados al ritmo de alguna melodía inventada.
Introducen los espaguetis en el agua hirviendo.  Beben agua del mismo vaso y se besan riendo después de alguna ocurrencia.
Ella añade los espaguetis a las verduras. Él pone la mesa.  Comen  entre planes medio construidos y risas amables y conocidas. Dejan los platos en el fregadero. Él la coge en brazos. La desnuda a los pies de la cama. Ella se desliza  y se tumba en mitad de la cama. Él la mira un instante  antes de ir a su encuentro.

-Eres una preciosidad. 


Ella nunca se vio demasiado bonita. Lo miró  con la sonrisa escondida,  él era un torbellino.
Hicieron el amor como aquella vez olvidada ya por tanto vivido.  Los milagros esperan al final. Al menos hasta que la esperanza parece agonizar.