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♥ Entra y siéntete en casa ...

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domingo, 4 de septiembre de 2016

El hoyo


Teniendo en cuenta los acontecimientos que sucedieron resulta curioso e inquietante que aquella escapada fuera la primera que se decidiera  ha realizar en solitario y no hablo de  la primera del otoño o del año, no, aquella escapada era la primera que decidía hacer sola en toda su vida.  Estaba cansada de tener que contar con las amigas y tener que cuadrar agendas,  discutir horarios y de esperar semanas para tener una simple escapada de 48 horas.

... ...

Con aquel terrible dolor que la atravesaba lamentó profundamente su estupidez... "Nunca más en la vida tendría aquella idea de marcharse sola... nunca nunca más".
La sangre le empapaba la ropa y sus dos brazos rotos impedían cualquier forma de movimiento, aunque pensaba que aún teniendo sus cuatro extremidades en perfecto estado no podría escalar  aquel hoyo donde calló.

Tras varias horas de gritos pidiendo ayuda e intentar dar vida a su móvil aplastado por la gran caída al vacío seguía como en un principio,  los gritos no fueron escuchados y el móvil seguía machacado...   Entonces fue cuando  la cabecita de un tipo se asomó arriba del hoyo.

Tras varias frases cortas y aclarar la inminente necesidad de ayuda, el chico intentó ayudar... dejó caer una cuerda que sujetó a un árbol y bajó hasta donde se encontraba la chica...
Al encontrarse en el fondo, en un húmedo y sombrío agujero en el bosque el hombre se dio cuenta de la gravedad de las heridas, tenía los dos brazos rotos, ya casi no los podía mover. Se apresuró en amarrarla con la cuerda para poderla subir...    Pero lo que parecía un héroe anónimo resultó ser el patoso rural ya que no amarró con fuerza la cuerda y al querer subir la cuerda se les calló encima serpenteando.

Así que los dos quedaron atrapados en aquel hoyo en el bosque.
El muchacho le hizo primeras curas y torniquetes haciendo que se sintiera más cómoda y menos dolorida.   Después de varias horas allí,  unas inmensas ganas de orinar le llegaron a la maltrecha muchacha, así que él con todo el pudor y vergüenza que podáis imaginar le tuvo que bajar los pantalones y sus bonitas braguitas negras... ella lloraba de vergüenza, de dolor, por sentirse ridícula y torpe.

Durante la noche él la animó;  al día siguiente pasaría alguien, era una ruta de senderistas.  La noche fue larga y fría, él se acercó a ella todo lo que pudo para calentar su cuerpo. El día llegó y con los primeros rayos de sol la esperanza de que los senderistas fueran madrugadores y pasaran por aquella ruta  pronto.  Pero las horas fueron pasando.  Él le hablaba de cosas de su vida, accidentes de amigos y familiares que resultaron felizmente resueltos. Ella por momentos olvidaba que estaba en una situación rocambolesca y que no tenía que estar allí sino  disfrutando  de la vida en cualquier otro lugar.   Pensaba que era de locos cuando escuchaba sus risas retumbar en aquella trampa de tontos.


Por la tarde cuando aquel niño  les tiró una bola de chicle gritaron tan fuerte que los padres del pequeño  asustados gritaron aún más que la parejita atrapada. Media hora después de ese momento ya estaban camino del hospital.  El hombre aunque no tenía un rasguño quiso acompañar a su nueva amiga.
El caso es que resulta curioso que desde el momento en que él bajó por aquel hoyo para ayudarla nunca más se ha separado de ella.  Del hoyo al hospital y del hospital a su casa. En aquellas horas metidos en aquella absurda trampa se descubrieron; ella descubrió a su héroe patoso y él descubrió a su Lara Croft hogareña.

Han pasado varios años y hoy ella ha roto aguas en mitad del salón, él la ha mirado con nervios  de no saber muy bien que hacer, él ha ido por el coche que descansa en una cochera a 500 m. de su casa, mientras,  ella se duchaba y ha recogido la casa para que cuando vuelvan los tres esté todo limpio y perfumado.   Él a penas la ha tenido que esperar. Ha cogido la maletita de la niña que ya tenían preparada desde hace dos semanas, han llamado a sus padres y se han dirigido al hospital.

Cuando ha aparcado lo más cerca que ha podido de la puerta de urgencias ella le ha cogido de la mano y le ha susurrado... "quédate conmigo,  no me dejes sola vale?"   "Estaré contigo"  él le ha dado un beso y ella ha tenido la seguridad que estará a su lado en todo momento... porque desde aquel día que cayeron en la trampa para tontos él no se ha separado de ella.  Ni ella de él.



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viernes, 2 de septiembre de 2016

Contratos




24 años de matrimonio y ambos tenían la convicción de que no se querían.  Sus vidas se habían convertido en una especie de acuerdo no hablado donde tenían una casa común, unos hijos en común, un baño y cocina comunes, donde ya no se  hablaba de planes para el Domingo ni se contaban ese chiste que escucharon el día antes.

Ella fue la niña preferida en una familia acomodada,  guapa, delgada y con todas las comodidades al alcance de su mano.  Él era unos años mayor que ella, fue delantero en el equipo junior de la ciudad,  parecía tener un futuro brillante en el deporte.

Decidieron casarse, demasiado pronto para la mayoría de sus allegados, se compraron una pequeña y bonita casa en una calle sin salida y allí criaron a sus cuatro hijos.   Ahora él está  trabajando en una empresa de conservas y ella es ama de casa, cuidó amorosamente a sus niños y mantuvo en orden y calentito el hogar hasta que sus niños marcharon a ciudades lejanas a estudiar o trabajar. 

Ahora él se había convertido en un hombre gordo y amargado que su único fin en la vida era volver a casa después de su jornada de 8 horas y aplastar su culo en el sofá hasta el momento de sentarse en la mesa para comer.  Ella aún mantenía esa  dulzura y belleza que tuvo en tiempos olvidados y perdidos pero ya apenas reía y su refugio era la cocina, donde había estado toda una vida, ahora era en el único lugar que se sentía ella, y hacía todo tipos de guisos y tartas...  Los Domingos, el día que su marido descansaba hacía deliciosos desayunos, con gofres rebosado en  caramelo, café y algún zumo ocasionalmente.  Él se sentaba leyendo alguna revista y comía.  Comía como si no hubiese un mañana, como si quisiera llenar con la comida todo esos huecos vacíos que cada año sentía mas grandes y pesados.

Aquel matrimonio envidiado por todas las chicas del pueblo se había convertido en el más vacio de la ciudad, donde ya todo era aceptación y espera.   Ella siempre tan hacendosa cuidaba que su hogar se mantuviera bien brillante y él trabajaba sus 8 horas esperando que su jubilación llegara pronto, solo faltaban un par de años, llegaba a casa, aplastaba su culo en el sofá y hacía engordar su barriga con los guisos y postres de su mujer.  Y allí estaban, los dos en su casita en aquella calle sin salida, esperando que la muerte los separara como el párroco de la catedral mas grande y poderosa de la provincia  les dijo el día que dijeron SI.




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