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Entra y siéntete en casa...

lunes, 30 de enero de 2017

Espacio reducido



Era su primer despertar juntos.  Ella se había levantado temprano, quizás demasiado, pero tenía ya ese despertador interno que la hacía despertarse a la misma hora a causa de la rutina.

Él dormía cuando ella salió de la cama dirección al baño.  Habían llegado tarde, de madrugada y solo alcanzaron a comentar las risas de la noche. En aquel momento de la mañana, deambulando por el pasillo recordó el instante en que él le dio un beso en los labios mientras que nadie miraba y la propuesta en compartir la noche. Para nada hubiera pensado que  se les haría tarde, que la gastarían en risas y charlas, que se quedarían dormidos dados de la mano  y que a lo sumo él la abrazó por la espalda, dejando caer uno de sus brazos en la cintura  de ella, rozando con las yemas de alguno de sus dedos uno de los pequeños pechos.

Ella estaba en la ducha. Aún tenía incrustado en ella el olor al humo de cigarros, a bares y nocturnidades.  Necesitaba una de esas duchas largas.

Podría decirse que ella estaba en mitad de esa ducha cuando la puerta, que había dejado encajada porque ella nunca cierra las puertas,  se abrió de golpe.  Él entró, sabía que estaba allí, en la ducha, pero aún así entró.  Descalzo, en pijama, bajándose un poco los pantalones mientras daba los buenos días.  Subió la tapa del váter, se agarró el pene  y orinó mientras la miraba...  ella se había quedado parada un instante, el agua caía sobre su cuerpo desnudo mientras tenía la esponja en una mano y  tapaba con cierto pudor los pechos con sus brazos. Él aún con las manos agarrando su pene le preguntaba si había dormido bien y ella le contestó que había olvidado que estaba fuera de casa, no había despertado en toda la noche.  Cerró la tapa de váter, se lavó las manos y mirándose al espejo preguntó que si creía que debía afeitarse hoy. ¿Te afeitas todos los días?  Ella desconocía totalmente esos detalles cotidianos.  No siempre, según el día y los compromisos que tenga. Yo te veo bien. Respondió ella. No quiero pincharte cuando te bese. Dijo mientras se quitaba la camiseta de pijama perdiéndose la expresión de sorpresa en el rostro de la chica.  Se quitó los pantalones.  ¿Puedo acompañarte? Si nos duchamos juntos ahorramos agua. Se quedó desnudo, esperó que ella abriera la puerta de la ducha para entrar.



Justo aquella tarde tomaban café con unos amigos, ellas en una mesa junto a la ventana  y ellos en la barra, cada uno en sus conversaciones de género.  Algunas de las chicas se levantaron para ir al baño, juntas, para no perder el hilo de la conversación.  Entonces ella pudo darse cuenta que él la miraba desde su ubicación en uno de los extremos de la barra de la cafetería.  Le transmitía confianza,  solía tardar meses en conseguir sentir esa confianza en alguien, le gustaba su sonrisa y como la miraba con serenidad mientras los amigos que le acompañaban estaban inmersos en apasionada conversación.  Ella le sonrió y él le guiñó un ojo.  Entonces ella intentó recordar en qué momento lo había encontrado, se había dado cuenta que lo había olvidado, realmente había olvido como un hola se había convertido en conversación, en confianza, en alguien conocido, que le gustaba,  el tiempo parecía ir a otro ritmo entre ellos dos.    
Él no pudo evitar pensar en aquella mañana mientras la observaba reír con las amigas, solo unas horas antes, cuando compartieron ducha y algún beso.  De pronto le entraron ganas de volver a casa, con ella.  Vio como se atusó el pelo y lo miró sonriéndole.  Era una mujer distinta, todas los son pero ella te miraba a los ojos y veías sus ganas de quererte y tenía ese puntito tan divertido...  Entonces él le guiñó un ojo y se acercó a ella, le preguntó  si quería algo de beber, si necesitaba algo.  Le dio un beso en los labios. Ella le acaricio la cara.  Le gustaba esas carisias inesperadas, abrazarse antes de dormir, las lágrimas provocadas por las risas, los "estoy aquí" en esos días duros, sus mensajitos mientras estaba trabajando,  las ganas de compartirlo todo.  Recordó la ducha de aquella mañana, el espacio reducido del pequeño habitáculo que había anulado desde el primer momento otra actividad que no fuera el simple acto de ducharse y algún que otro beso mañanero.   En aquel momento  a  pesar de que la prisa no había estado en el pensamiento de ambos tuvo unas irresistibles ganas, de hacer esas cosas que aún no habían hecho.



Aquella noche no se dejaron  llevar por los amigos y la diversión. Volvieron a casa pronto. Pusieron música, hablaron poco, la lamparita de mesa encendida, tonos anaranjados hacía la luz adecuada para mirar y ser mirado, la música tenía la velocidad perfecta, agradecían poder tenerse así, en esos espacios reducidos donde tan solo eran ellos,  cuerpos imperfectos, corazones agotados y sus ganas que querer, de seguir siendo, agradecían haberse encontrado y vivir sin pensar en nada mas que en hoy, ahora.  Él la mira, es la primera vez que vive con ella esos momentos de intimidad, descubre como ella lo mira, la besa, descubre como su mirada se pierde, como se deja ir exhalando suspiros de vida y de risa,  él la cubrió y la envolvió con la fuerza justa y ella…  Ella le dijo cosas que nunca antes le habían dicho.




viernes, 27 de enero de 2017

Soplos de verdad



No, no me reconozco.  Dijo con sus ojos bien abiertos queriendo que su amiga y confidente encontrara la solución que ella no tenía.


Ya me conoces, me rendí respecto a eso del amor. He olvidado el tiempo que hace que no tengo una cosita especial con un hombre.  En mi vida cotidiana no hay nadie.  Nunca  hay nadie nuevo a quien conocer. Ninguno me mira con los ojos  que se mira a una mujer.  Bueno...él,   pero por él no siento nada, es mi piedra en el zapato. Y la verdad es que no tengo ganas de hablar de él ahora.

Se dejó caer sobre la mesa de la cocina  apoyando su cabeza sobre sus brazos. 

Y ahora de golpe, como un torbellino inesperado aparece él.  Y a ratos tengo miedo. Porque me gusta.  Y  no estoy acostumbrada a que me guste de esta forma alguien, hace años, demasiados que no me pongo nerviosa al pensar que voy a verle, me siento frente a él y hablamos de sexo.

¿Tú hablando de sexo? ¿Pero de sexo como?  La amiga se inclinó hacia adelante totalmente asombrada.

Bueno tenemos conversaciones picantes.   No siempre claro, pero es nuestra conversación recurrente. Yo nunca he tenido esa clase de conversaciones con un hombre que no fuera mi pareja y de eso hace ya, hace ya...  seis o siete años.   Por eso no me reconozco. Porque yo no soy así, sin embargo no lo puedo evitar, de pronto un día coqueteamos, tanteamos y nos dimos cuenta que los dos aceptamos sin remilgos ese juego, ese tonteo.
Me da miedo, reparo de que  piense que soy una mujer demasiado ligerita o que suelo actuar con cualquiera como lo hago con él. Porque la verdad es que ha sido todo como un relámpago, como algo que no he controlado y sigo sin controlar.  Y la verdad es que mi actitud con él es inexplicable. No me reconozco.  Me da miedo que tenga una percepción equivocada de la clase de mujer que soy. Me gusta tener ese juego  a pesar de todo, a pesar de saber que puedo quemarme, y puedo quemarme fácilmente.  Cuando estoy en casa, a veces pienso en él... y me ruborizo. 
Me gustaría decirle que en el fondo soy una mujer sensible, que no he tenido suerte en el amor y que a pesar de lo que cuente ningún hombre me ha querido demasiado. Nunca me regalaron flores ni palabras cariñosas. Que mi corazón se rompió en pedazos y el que tengo ahora está reconstruido de viejas historias, de retazos de esos poquitos capítulos bonitos que recuerdo.  Me gustaría decirle que me tratara bien. Que me hiciera sentir especial, que tratara de conocer la mujer insegura que soy, con dosis extra de cobardía, con sus limitaciones  y sus viejas ganas de amar siempre guardadas en el bolsillo.  Me gustaría decirle que soy una mujer que creyó que no tendría mas conversaciones picantes, que me rendí a encontrar un hombre con quien reír, que tengo miedo que me traten con ligereza y que tenga una percepción errónea de quien soy en verdad.

¿Y por qué no se lo dices?

Porque esa es mi debilidad, mi talón que Aquiles. Tengo demasiado miedo a que vuelva a tener una historia sin flores, sin palabras cariñosas, porque me da vergüenza que piense que aspiro a algo más que tener una bonita historia, una de esas que guardamos en el corazón las mujeres románticas sin suerte en el amor.  Porque ya a estas alturas no aspiro a encontrar un hombre que me ame un para siempre, solo deseo un hombre que construya conmigo una bonita historia, que sea antetodo amigo, que me aprecie,  que me tenga cariño, que me quiera lo suficiente, lo justo... solo deseo un hombre con el que además de todo eso pueda compartir intimidad, aunque la historia solo sea un capitulo de esos que el corazón de las mujeres no olvidamos.

El silencio cubrió  aquella cocina durante un momento

Bueno pero...  ¿De que habláis, cuales son esas conversaciones picantes que tenéis?

Entonces ella se reclinó en su asiento. Pero no dijo nada. Esbozó una mueca de sonrisa y sus mejillas subieron dos tonos.


¿Me lo vas a contar no? Prepararé una infusión... La amiga se levantó y la dejó con esa mueca de sonrisa.













jueves, 26 de enero de 2017

Comienzos




Los comienzos siempre asustan. Es inevitable echar la vista atrás y recordar los intentos fallidos, los desastres desastrosos, las putadas del destino. Te recuerdas que te prometiste tener cuidado, no lanzarte a lo loco dejándote llevar por las risas y esos momentos tontos.

Los comienzos siempre asustan.  La casualidad siempre reina en los caminos del que espera. Y de pronto descubre que cuando todo fluye la vida es sencilla, cuando las mentes coinciden en tiempo y ganas no hay razón ni advertencias,  ni experiencias, ni recuerdos, ni caminos que obstaculicen las irresistibles ganas de  querer conocer y explorar lo nuevo. 

Los comienzos siempre asustan. Y todo cobra sentido y todos los caminos llegan aquí, las risas se pierden en la almohada y quieres más y conoces más y los caminos angostos quedan en el olvido, compartes momentos y preguntas y conoces y te inquieta  y te gusta. 



Cae desplomada en la cama de un hotel en mitad de algún lugar.  Con una de las  camisetas de su acompañante  y calcetines, no más. Él la mira un instante desde los pies de la cama.  Es inevitable echar la vista atrás un instante.  La casualidad siempre reina en los caminos del que espera. Está un poco asustado, inquieto.  Se tiende junto a ella. Hablan, se ríen. No hay intención de más, o quizás si...
Ella le toca una de sus orejas y le confiesan que le gustan mucho.  "son unas orejas muy bonitas".

Él le dice algo que la sonroja y ella le mira a los ojos,  y esa mirada los hace enmudecer y escuchan el sonido de las sábanas al moverse sus cuerpos,  "dame un beso"  le pide él como  el que pide algo deseado. "Dámelo tú"...   Ella se acercó y él se acercó.  Sus labios se encontraron a mitad de esos centímetros de deseo.   En esos momentos no se sabía si era amor o deseo, no sabían si  seria eterno o un capítulo delicioso, pero si... sus mente coincidieron.



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martes, 24 de enero de 2017

En la habitación contigo


Me gusta jugar. Y sé que la vida es puro juego. ¿Sabes jugar al póker? - preguntó mientras expulsaba el humo de su cigarro-
"Un poco. No soy profesional. Juego para divertirme" Respondió la chica con cierto reparo, no le gustan la gente  de apuestas y timbas.

"En la vida y en el amor sobretodo, es como en el juego de póker, hay que apostar todo, con el riesgo de perderlo  todo"  Sentenció como si aquella frase fuera la ley.
Apagó el cigarro en el cenicero junto a la mesita donde estaba sentado y se levantó buscando algo.

"A mi siempre me ha dado miedo apostar demasiado, soy una perdedora innata. Yo no suelo triunfar, ni en la vida, ni en el amor ni en nada"

Él se paró entonces. Encontró la botella de agua, la cogió y bebió.  Se le notaba aún más flaco que lo recordaba.  Le gustaba la silueta de su cuerpo desnudo  en la penumbra de la habitación. Era un hombre no muy guapo pero con un cuerpo razonablemente bonito. Era un hombre de conversaciones. Era un amigo discreto  y un amante salvaje.

“Pues no  te veo como una perdedora joder. De hecho tengo que decirte que no suelo gastar mi tiempo en perdedores. Eres una mujer que me deslumbra a cada rato. Tienes la sabiduría y la parsimonia del que  observa. Sabes que cuando algo se me tuerce no busco a nadie más que a ti.   Y ni yo ni nadie busca a cobardes o perdedores para que les saque del embrollo"

Deambuló mientras hablaba por la habitación.  Se paró a los pies de la cama. ¿Te gusta estar conmigo?  Cogió el dedo gordo del pie de la mujer y lo acarició de una forma cariñosa.  "claro que si... "
Le pidió que volviera a la cama. Hacía ya un buen rato que se había levantado. Se deslizó hasta apoyar su cabeza en su vientre.  "Eres la única mujer que no me pide que le haga el amor"  Dijo mientras  acariciaba las braguitas.  " Pero... - no pudo evitar soltar una carcajada mientras él levantaba su mirada hacia ella para reír  también-   Pero si quieres hacerlo constantemente". 
"Me gusta ver tu cara mientras lo haces"
" No me digas eso que me da vergüenza"
" Y me gusta esperar para que seas tú la que me pidas que te haga eso que te gusta tanto..."
" Anda callante !!!  que me da vergüenza !!! "  Se tapó el rostro con las dos manos.  Él aprovechó para escalar un poco más por su cuerpo y besar uno de sus pechos desnudos.  Cubrió  entonces sus cuerpos con la colcha. 
" ¿Me quieres? ..."
" Claro que si tontito..." 


Poco a  poco  la conversación fue a menos hasta quedarse dormidos.  Ella tardó en conciliar el sueño.  Recordó a  esos pocos hombres que creyó haber amado,  esos que su corazón había elegido de forma atolondrada y el tiempo los condenó al olvido. A veces abres los ojos y descubres a alguien frente a ti que aspira a ser algo más que un amigo más, te das cuenta  que en la vida real no se dicen esas frases de película, que difícilmente encuentras a alguien que atraviesa un océano de dudas  para darte el calor y el apoyo  que  tantas veces necesitas y tan pocas veces encuentras. A veces piensas que las historias de amor solo se encuentran en las canciones, que las personas son de contar mentiras,  que la gente suele omitir las cosas... y eso casi es mentir  y entonces las cosas ya no suelen ser lo mismo. Que un día abres los ojos y encuentras alguien tan imperfecto que resulta perfecto para ti.
Olvidó a todos sus amantes.  Se acurrucó en el cuerpo desnudo de aquel amigo discreto y amante salvaje. Se debe ser un hombre valiente para amar a una mujer que le han ido vaciando el corazón a cucharadas. De carácter fuerte pero de corazón bueno. Se necesita mucho amor para curar las heridas de las desiluciones. Él había sido inteligente porque sabía que ella había dejado de creer en los sentimientos,  solo creía en lo que estés dispuesto a hacer por ella.  Por suerte  ella ya no era una niña, su corazón era el de una mujer abandonada tantas veces como rescatada.

El suave roce de su cuerpo hiso reaccionar al durmiente...

"¿Quieres hacerlo?"  Giró el cuerpo hacia ella




sábado, 21 de enero de 2017

Gotas de amor y cobardía





Ella nunca fue valiente.  Se empeñaba en serlo pero no lo era. Vivía una vida sencilla, familiar y hogareña. Nunca necesitó de grandes viajes, proyectos  de ensueño, ni propuestas de cambio.
A ella le gustaba su vida tal y como estaba, aún sabiendo que deseaba ciertas cosas tan inalcanzables como soñadas.

Solía coincidir con Fernando en la cafetería de la Calle donde trabajaba.  Él la alagaba con gracia y ella coqueteaba sutilmente.  Nunca llegaban a más.  El respeto y la inseguridad de ambos hacían que pensaran que cada uno tenía su propia vida, incluido algún amor escondido  entre lo cotidiano y lo conocido.  Así se lo preguntó uno de esos días entre el café y el croissant con margarina. 

Ella se ruborizó, porque el único hombre que le decía cosas bonitas era él.  Ella respondió con un tímido " No... no tengo a nadie esperándome, bueno ningún hombre" - volvió a ruborizarse-
"Eso me da ciertas esperanzas. A veces nos enredamos demasiado y no sé si estamos jugando o va la cosa en serio".   Aquél día la conversación tenía tonalidades distintas.
"¿Tienes miedo de quemarte?" preguntó ella con cierta seguridad mientras daba un bocado a su croissant.
"Claro,  ¿Tú No?"  Expandió su tórax en una respiración profunda.
“Bueno... a veces. Pero he aprendido que el fuego de la pasión quema tanto como el hielo de la soledad. Y a la soledad le temo"  Helena tuvo su dosis de verdad en aquel momento.
"¿A la pasión no le temes? 
“No, para nada. ¿Me estas diciendo que tú si? Me sorprendes!!! “  Esbozó una amplia sonrisa.
"Si la desato contigo seguro que no. Eres la única mujer que se queda conmigo más de 15 min. sin perder la sonrisa y mirándome a los ojos" 

*

Fernando cerró la puerta con media vuelta de llave.  Ella lo miraba con ojos brillantes y alegres. 
“¿Quieres un vaso de agua, una cerveza, quieres tomar algo?  Dijo mientras dejaba las llaves de casa en la mesita de entrada y dejaba en una silla su bandolera.
"No... gracias" 
Se acercó a ella y le atusó el cabello. Acarició su mejilla y la besó.  Tropezaron con todos los muebles hasta llegar a la habitación donde  el huracán de sus besos y sus manos se recorrían  e hicieron despojarse de sus ropas.  "¿Estás segura de querer quemarte? le susurró él a los pies de la cama mientras bajaba la cremallera de la falda de Helena.  ”Ya estamos en las brazas tontito..."

Él la miró tumbada en la cama con aquella deliciosa ropa interior negra.  Ella abrió sus piernas y él se deslizó lentamente sobre ella hasta llegar a su boca para poder besarla de nuevo. "Me gustaría tenerte así toda la vida".

*

Ella soltó una carcajada y fue entonces cuando volvió a la cafetería, cuando volvió de su ensoñación.  Fernando estaba allí como cada mañana alagándola con gracia y ella coqueteado sutilmente.  Nunca llegaban a más.  El respeto y la inseguridad de ambos hacían que pensaran que cada uno tenía su propio amor escondido  entre lo cotidiano y lo conocido. 
Y en verdad lo tenían.  
Él lo sabía cada mañana cuando despertaba entre sábanas blancas y pensaba en ella. Recorría toda la ciudad para coincidir en el espacio y el tiempo justo para su café del descanso.
Ella lo sabía cada mañana cuando miraba el reloj de la oficina constantemente para no llegar  tarde al desayuno en aquel bar que nunca le gustó demasiado pero era donde la casualidad les hizo coincidir, donde cada mañana compartían risas y conversación, donde cada mañana compartían  sus cafés con gotas de amor y cobardía.








viernes, 20 de enero de 2017

Alimentos





Siempre supe que eras un error,
pero fue un placer comerte.
Aún así
Mi fantasía textual
siempre seguirá siendo
que me comas y punto.


~~~~~   O   ~~~~~





miércoles, 18 de enero de 2017

El entusiasmo del aventurero



Nadie podría decir que aquel día fue el que se conocieron.  No fue una cita a ciegas ni tuvieron que hacerse pregustas personales para intuir que tipo de persona se encontraba al otro lado de la pequeña mesa del  restaurante.  Sin embargo era la primera vez que podían ver el destello de sus miradas y sentir la suavidad de sus manos.

A ella siempre le gustaron los hombres que miran a los ojos. Sabe que los que no lo hacen llevan la cobardía en su alma. Agradeció a los avatares del destino que fuera uno de esos hombres que te miran. Que te hacen reír y que guardan celosamente sus intensiones haciendo creer que todo surge y fluye como los afluentes del rio sagrado aunque estés controlando la euforia interior.

Todo el día callejeando con los amigos y una cena que se había alargado más de lo esperado no hicieron que en los últimos minutos de aquel sábado ella no pensara en las miradas cruzadas durante todo el día,  los chistes que solo ellos entendían,  el trayecto que él la cogió de la mano.  Deseaba más tiempo, un tiempo sin bullicio, sin amigos revoloteando como pajaritos de colores distrayendo y amenizando el paisaje. Deseaba un tiempo, un tiempo de los dos.

Él eligió el último aliento del día para preguntarle, en la esquina del hotel donde se alojaba aquella noche le consultó si pasaría la noche con él y ella aceptó.  Aceptar la proposición quizás la hacía parecer demasiado atrevida y haría olvidar a la señorita que llevaba dentro. Pero  pocas veces se siente la euforia que sentían en aquel momento, euforia que venían arrastrando en sus conversaciones diarias y que en esos momentos solo podía sentir ese entusiasmo olvidado... el entusiasmo del aventurero.

Por suerte el hotel era de los buenos, equipado de todo detalle y lujos para el cliente.  Ella se duchó primero y se colocó un albornoz que recordaba a los kimonos orientales.
Él sentado en el único sillón de la habitación, ella en el suelo, si podía elegir ella siempre elegía el suelo para sentarse.  Hablaron de cosas no muy importantes pero si muy divertidas.   Durante buena parte de la noche olvidaron los verdaderos motivos por los que estaban allí, en la habitación de un Hotel,  en albornoz, sin ropa interior y con la madrugada tan avanzada que se intuía el nuevo día.
Ella se había desplomado en el suelo.  Lo miraba con esos ojos suyos de  "a partir de este momento lo que me cuentes no me va a interesar demasiado".  Él notó su silencio. La miró entonces con esa sensación que creía olvidada, el deseo despertó en lo más profundo de él.   Se sonrieron en mitad del silencio. Se levantaron y se tumbaron en el cómodo colchón. Uno junto al otro. Ella le tocó una de sus orejas y le declaró que le encantaba.  A él le gustaba su nariz.  Ella no pudo evitar reír, nadie le había dicho nunca que le gustaba su nariz.  "puedes tocarla si quieres, yo te toqué las orejas" .  Los dos  tenían esa risa entre cortada por las ganas, el deseo y los nervios del explorador ante su aventura. Él tocó su nariz como un niño toca algo desconocido, con el dedo índice y como si al tocar la nariz fuera a tener algún tipo de sonido o reacción inesperada, pero ella no se movió, miró  su dedo y juntó su mirada bizqueando. 

Lo pasaron tan bien que olvidaron hacerse fotos, olvidaron contarse algunas cosas, pero no olvidaron los besos ni dejaron para un mañana lo que deseaban aquella noche de exploradores y curiosidad.
Al día siguiente llegaron tarde a todos los sitios.  No les importaba, porque ambos sabían que para el regalo del amor habían llegado a tiempo.



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lunes, 16 de enero de 2017

Algún día...






Eso fue  lo que le dijo sentados en aquella bonita plaza adornada de plantas estacionales. Sus ojos se cubrieron con esa nebulosa emotiva. Él pensó que había despertado en ella una  de esas emociones románticas.

- Algún día viviéremos juntos con nuestro perro y nuestros niños. Con tu cocina en forma de isla y mi garaje...


Algún día....

Algún día  es lo que dice la gente cuando saben que nunca ocurrirá.
El viento frío del invierno secó la nebulosa de sus ojos convirtiendo en pequeños cristalitos de tristeza muda colgando de sus pestañas de hada rota.








viernes, 13 de enero de 2017

Bollito con agujero




Él le había confesado su timidez, ella no le había creído demasiado. Sus conversaciones en la nube en ocasiones se veían enredadas en ese  juego de doble sentido que tanto divierte.

En aquella cafetería llamada nube la gente iba y venía pero su mesa siempre estaba vacía, como si siempre estuviera esperando su llegada.

*Me gusta tu bollo glaseado.  Escondió la sonrisa tras el sorbo de su café

*Me gustan cuando meten en el agujero estas cositas.   Ella cogió la gomita y se la comió.

*Debe estar tierno y jugoso. Sería capaz de comerme mil.  Declaró sin remilgos.

*Pídete uno si te gustan tanto.  Dijo ella antes de beber un poco de su té.  Hay muchas variedades en el mostrador.  No pudo evitar que se escurriera una mueca de sonrisa.

*Es que no quiero ninguno del mostrador.

*Prefieres mi bollito con agujero...

*¿De que estamos hablando?

*De mi bollito con agujero ¿No?

Los dos rieron a carcajadas. Ella cogió el pastelito y se lo acercó a él, que le dio un bocado descubriendo lo delicioso que estaba.Tan tierno y dulce como había imaginado.

*¿Te gusta?

*Me encanta... de echo me sabe a poco.









miércoles, 11 de enero de 2017

Los campos dóciles



Ella tenía un amor.
Un amor de esos que se anhela,
que se sueñan y se cuidan tanto, 
de esos que nunca llegan a ser.

Ella tenía un amor que florecía y cuidaba
un amor apañao de todos los días
de risas y muchas ganas
de esos de querer perderte en sus ojos
de abrazar, de buscar, de besar,
de reír y hacer el amor porque si,
de vivir sin más.
Un amor de esos que se anhelan, que se sueñan, un amor por estrenar,
un amor de esos que no se llegan a alcanzar.

Ella tenía ese amor y el tiempo pasó despacito
como las tardes anaranjadas de los días que recuerdan a la primavera.
Y se perdieron...
Se perdieron en los campos dóciles de la amistad.
Y el deseo de fue perdiendo, y las ganas de querer se fueron difuminando hasta convertirse en un pensamiento tan lejano que fácilmente piensa que lo inventó. Y entonces recuerda que el amor es de dos y que no se puede obligar a querer, ni a sentir mariposas y que se escapen sonrisas al mirarse.

Y de pronto está con alguien que anhela, que quiere y tiene ganas de vida.
Está sentada en una mesa frente a ese hombre nuevo, pero tan conocido y cuidadoso en sus gestos y modales.
Tarde  de café y pasteles, de atardeceres con nubes rosadas y con él de la mano supo que se había dejado arrastrar. Estuvo atento como cuatrero en el valle   y supo bien cuando echar el lazo a sus soledades. 
... Y el tiempo pasó despacito
como las tardes anaranjadas de los días que recuerdan a la primavera.
Y se perdieron...
Se perdieron en los campos salvajes del amor desbocado. 

Él se levanta un instante para ir al baño antes de marchar a casa.  Ella sentada en la mesa frente al café humeante de su acompañante mira  a esa pareja que bebe vino a deshora y ríe bajito para no molestar.   Piensa un instante en aquel amor, piensa un momento que quiere volver a él, amor tonto pero apañao, de  todos los días, amor que se soñaba, aquel amor  que solo era de ida, amor lejano, de cuento...  
Él vuelve rápido, se bebe el café  y lee en voz alta  el programa del Teatro Nacional.  Ella se siente aburrida. Siente la mano del hombre en su pierna mientras le pregunta que si se marchan ya a casa y ella  asiente pero le aclara  que volverá a su casa.  Aquella tarde no volverían juntos a la casa de él, no saludarían  a su perrito siempre en el jardín, no subirían apresurados las escaleras ni harían el amor sin deshacer la cama.

Aquella tarde ella volvía a su casa con la imagen de aquella pareja que bebía vino a deshora y reía bajito para no molestar. Aquella tarde aún sabiendo de lo lejano y lo imposible de un amor solo de ida, logró  escurrirse del lazo oportunista y se abrazó a aquellos perfumados campos del amor verdadero, ese amor que se rindió esperando y terminó perdido en los campos dóciles de la amistad.





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lunes, 9 de enero de 2017

Solo ámbar




No lloro por mi, lloro por ti.  Dijo ella con la mirada helada como un iceberg

Dicen que grandes bestias poblaban este mundo, que eran como montañas. Pero de ellas solo quedan huesos y ámbar. El tiempo acaba incluso con los más poderosos, algún día perecerás, yacerás con el resto de los de tu clase. Tus sueños olvidados, tus horrores borrados, tus huesos se tornarán arena... Y caminando sobre esa arena habrá un nuevo Dios, uno que nunca morirá.  Este mundo no te pertenece, ni a la gente que vino antes, ni a la que vendrá después de ti.

¿Quien eres?  Preguntó él con rostro petrificado


No soy nadie. Al menos nadie importante...


viernes, 6 de enero de 2017

Contrareloj


De vez en cuando encuentras tesoros.   Aquella mañana no era una mañana al uso, era una de abrir regalos.  Él apareció  cuando el reloj marcaba más allá de medio día. La quiso besar en la boca como de costumbre pero ella aquella mañana se sintió incómoda. A mil años luz de su bohemio y encantador mundo de pinturas y titiriteros.

Ella agradeció su personalidad previsora. Le dio uno de esos regalos que guarda para códigos rojos. Para esos momentos en que tiene que regalar y careces de tiempo y ganas.  Él le dijo una de esas cosas que suele decirle para arrancarle esa sonrisa tan  de muchacha pudorosa.  Ella cogió la cajita aterciopelada color dorado y la abrió…
Cuando lo vi supe que llevaba tu nombre. Comentó satisfecho de haber encontrado un verdadero tesoro para esa mujer que intentaba conquistar a diario.
Ella se colocó en la muñeca  el reloj más bonito que había tenido nunca.  Tesoro pirata… un par de tibias y una calavera dorada.
Él la miraba.  La quería, la deseaba en  cada momento.  Notaba que a veces la percibía lejana, como si sus ojos quisieran mirar a alguien que claramente no era él.  Pero no le importaba, sabía que solo eran algunos días raros. La mayor parte de los días era risueña y siempre dispuesta para llevar a cabo todas sus propuestas.  Había conocido a muchas mujeres pero ninguna como ella, calmada y pacífica como el océano de oriente, comprensiva y soñadora como las hadas del bosque. Y poco le importaba aquella mirada perdida, como mirando sin mirar, poco le importaba que su sonrisa no fuera tan amplia y su beso hoy  no tuviera sabor a  cerezas sino a desgana.  Poco le importaba que hoy no aceptara sus propuestas y marchara a su guarida pirata  con la misma soledad con la que llegaba. Poco le importaba porque aquella sensación no era  nueva y como tal sabía que en unos días, en unas semanas esa marea tan cercana hoy,  volvería a alejarse y nadie más excepto él estaría frente a ella, susurrando  esas palabras tan hipnotizadoras y abrazando sus soledades y pesares.   Para él todo eso eran insignificancias,  de vez en cuando encuentras tesoros.  Y él ya había encontrado el suyo.

Ella miraba el reloj.  Brillante y reluciente como tesoro desenterrado de la mas valiosa guarida del más oportunista de los saqueadores.  Ella miraba desconcertada como el segundero avanzaba entre las dos tibias cruzadas… Y sintió como si su vida fuera contrareloj y tuvo miedo de que aquellas manecillas la alejaran de su verdad.
Si... Hay tesoros que llevan tu nombre.  Su mirada estaba perdida, lejos, demasiado para una simple hada de bosque. Pero ella igualmente sabía que  de vez en cuando encuentras tesoros.



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martes, 3 de enero de 2017

Frecuencias y Códigos



No sé nada de él. Podría decir que es un completo desconocido.  Sólo algunos detalles y esas casualidades que la vida propone y nosotros de pronto elegimos explorar me hicieron prestarle la atención que merecía.

Lo siento cercano, como si fuera ese vecino nuevo al que observas para averiguar si tiene cualidades para ser un vecino corriente o de esos especiales a los que llamar cuando necesitas ayuda, compresión o un poco de azúcar para el bizcocho de los domingos.

Yo que soy como la Mary Poppins para los niños y se decir supercalifragilisticoespialidoso sin trabarme  y canturreando la melodía que todos conocemos, yo que soy fortaleza vikinga y morada de piratas conozco bien a las personas.  Conozco bien a  ese tipo de personas que aún guardan dentro de ellas las ganas de jugar. Que son afables y resueltas en su trabajo. Formales y serias en su trato más oficial pero cuando  están en casa saben despojarse de las corbatas y los nudos de la sociedad.

Sé que tiene motivos para estar triste, veo en lo más profundo de su alma la piedra angular de su pesar. -No hablaré de eso. No.  Todos tenemos nuestra propia piedra angular-. Aún así escucho su risa tras las ventanas de su hogar, y la música de zarzuelas clásicas.  Zarzuela... yo nunca había conocido a nadie que le gustara la zarzuela tanto como Darth Vader, las motos y la ciencia ficción  y todo mesclado dieran  con una personalidad tan espléndida y llena de genialidad.

No sé nada de él. Podría decir que es un completo desconocido.  Yo soy de no parar por el día.  Solo por las noches descubro mis pies frio, la soledad de mi cuarto y alguna que otra noche las ganas de pasar el rato riendo con alguien que mantenga tu misma frecuencia de humor y ganas.  Ya no tengo edad para ciertas cosas lo sé... pero me gusta llamar a su ventana  y entrar por ella como Tom Sawyer entraba al dormitorio de sus amigos. Me gusta sentarme a los pies de su cama, y hablar de cosas.  Cosas sin importancia, tonterías nuestras.  Aplacar la curiosidad de lo nuevo, descubrir que le gusta reír y pasar  un rato distendido olvidando las formalidades del mundo de fuera. Sorprendernos mutuamente de lo que vamos descubriendo poco a poco.  Descubrir que encontraste a alguien muy diferente a ti, pero que de pronto sientes como si a los cuarenta y tantos hubieras encontrado a ese amigo con el que jugar después del curro, pasar algún rato echándonos unas risas tan espontáneas que no te das cuenta que la madrugada avanza y nos descubre riendo. 


Aún no sé de qué Tierras lejanas llegó. No sé que mares ha surcado antes de llegar a este presente. Sólo sé que me gusta su frecuencia, me gusta su código aún por descifrar.  Solo sé que no sé nada de él. Podría decir que es un completo desconocido.


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domingo, 1 de enero de 2017

Rojo






Habías bebido  mucho, lo sé, lo suficiente como para no tener apenas fuerzas para llegar al dormitorio, despojarte de la ropa y desplomarte en la cama.  Lo sé porque yo estaba en las mismas. Me desmaquillo sin ganas, me quito la ropa rápido.  Hace frío. Me meto en la cama y siento el calorcito de tu cuerpo. Ojos achispados por el champán y el ron.  "Me gusta el rojo". Dices al ver mi cuerpo antes de entrar bajo las mantas.  Nos miramos y reímos. Lo hemos pasado bien. Lo miro y  deseo bucear en sus secretos hasta quedarme sin aliento.  Conocer todas sus sonrisas y todas sus muecas.  Quiero abrazarle en las tormentas y que sienta cuando lo miro que no existe nada más en la vida. Descubrir su locura como la que entra de golpe en agua fría.  Romper las normas y exprimir todas las ideas que nos inventemos. Quiero que dibujemos garabatos en las hojas del destino. Que las montañas no nos parezcan altas ni el mar tan salado. Que hagamos travesuras juntos y que los demonios no nos quieran en el infierno por desalmados. El tiempo pasa rápido y hemos perdido demasiado en miedos y callejones sin salida. Lo miraba y sentía que lo quería todo con él.... que me quedaban tantas cosas por desear, por sentir y por hacer.... y todas contigo...
Se levantó de la cama.  La habitación en penumbra. Fue al baño. Calcetines y calzoncillos. No tardó el volver. No encendió luces, imagino que para no molestar. Volvió solo con los calcetines. Enlazamos nuestras manos.  Se acurrucó en mi espalda y me besó el hombro. Creía que  dormía.   Y la verdad es que no tardé en dormir. 
Al despertar, él estaba esperando a mi lado. Con voz ronca de trasnoche.  Buenos días. Beso en la boca.  Siempre pensamos que nos queda tiempo, pero tiempo es siempre lo que nos falta.  Tiempo es el que solemos perder en  miedos y suposiciones, en prejuicios y vergüenza a no ser correspondidos.  Ahora quedaba todo el tiempo,  nos quedaba  tantas cosas por desear, por sentir y por hacer.... y todas contigo...


En ese momento me di cuenta que entre los dos, hundido entre las mantas estaba nuestro bote de cristal Me senté apoyada entre los almohadones. Él abrió la tapa.





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