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Entra y siéntete en casa...

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Vuelta a casa





Él había salido unos días de viaje.  Ella amablemente se había encargado de pasar por su casa para  que la pequeña felina no se sintiera sola, aunque ya era una gata adolescente e independiente.  
Hacía  meses, escudriñando en la buhardilla encontró unas cajas grandes y con aspecto de olvidadas, cuando ella le preguntó el hombre respondió que eran " Las cosas de navidad, el árbol y los adornos", pero tres o cuatro años era el tiempo que  no salían de aquel oscuro rincón.

Lo había estado pensando, el  día en el que su amigo volvía a casa lo organizó todo para tener tiempo libre y ese espíritu navideño de sorprender y hacer cosas bonitas.
Decidió subir a la buhardilla en busca de las cajas olvidadas y dormidas en el tiempo.  Le costó bastante... eran pesadas.

La gata miró hipnotizada las pequeñas luces blancas del  árbol verde abeto. Cogía las bolas y las hacía rodar jugando y la mujer la dejaba...  
Puso algo de música y  escuchándola fue más ameno colocar los adornos y espumillones.  Algunas horas después tenía todas las cajas con las cosas sobrantes en el lugar donde las encontró y el árbol iluminando la oscuridad del salón.  Las luces eran blancas y daban calidez a un hogar silencioso.

Miró el reloj.  Aún era  media tarde y hasta bien entrada la noche no estaba prevista su vuelta. Así que sacó todas las cosas que trajo  con ella y las colocó alineadas en la encimera de la cocina.  Tenía un margen de tres horas para hacer esas deliciosas galletas.

Tardó en hacerse entender con el horno pero  cuando se vino a dar cuenta sacaba la bandeja con galletas navideñas horneadas.  Las dejó enfriar mientras terminaba de limpiar todo los rastros de harina y cremas.  Se tomó una infición mientras esperaba un rato para meterlas en una caja de lata y colocarlas estratégicamente para cuando él entrara fuera lo tercero en descubrir.  Porque lo primero sería su amiga felina y el árbol, no sabía con certeza el orden exacto, pero después seguro que vería las galletas...
Al final del día ella marchó a su casa después de advertir a la gata que se portara bien dándole un besito y confirmar que todo estaba en orden.


Algún rato después él entró en su silencioso hogar,  algo le hizo ponerse en alerta porque un segundo antes de encender la luz de la entrada notó una iluminación desconocida, sutil y lejana, al final del pasillo,  su gatita tampoco  estaba tras la puerta como siempre, dándole la bienvenida al escucharle.  Dejó la maleta a un lado y la llamó.  Fue allí de donde provenía las lucecitas, su casa olía a hogar, las luces de un precioso árbol daba calidez  a ese espacio donde pasaba ratos largos en casa, viendo televisión o con el pc cotilleando las cosas de la red. 
Se quedó pensativo, emocionado ante la sorpresa.  Se acercó a la mesa y cogió una de las galletas.  Le dio un bocado saboreando dulces hechos con amor y alegría.   No podía haber sido otra persona claro.  Pensó mientras le daba un nuevo bocado a la galleta y miraba a su gata ronronear a los pies de ese  árbol de navidad  que  por fin lucía en su salón tras algunos años dormidos.
"Bienvenido a casa"  era lo que retunbaba dentro de él aquella noche al llegar a casa.


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martes, 29 de noviembre de 2016

AzucaRados






Si te gusta el dulce como a mí
pero lo evitas por salud, como yo
siempre podrás venir a este lugar.
Donde pondremos todo lo dulce...
de nuestro corazón.



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sábado, 26 de noviembre de 2016

Énfasis




No podía pedir que todos los hombres fueran  como Marcelo,  ni siquiera como Andy.  Ellos eran hombres especiales.  Únicos y extraordinarios.

Ella siempre andaba con pies de plomo. Para no verse envuelta en esa situación tan jodida, esa situación en la que cierta chispa salta pero que todos terminan esquivando,  algunos con más arte que otros.  Todos querían ser sus amigos, sus mejores amigos eso si. Todos ponían énfasis en eso.
Ella que era mucho de teatro interpretaba su mejor papel, ese que representaba con sutileza y gran realismo cuando veía como eludían  la evidencia.  Realmente era inmune ante esa absurda negación a querer adentrarse junto a ella  en madrugadas de placer y pecado. 
En ocasiones se sentía una niña eterna ante los ojos de los hombres. Todos veían su silla con claridad pero ninguno parecía ver su pasión ni sus ganas de divertirse entre las sábanas de algún hotel tras varios vodkas con hielo. Ninguno parecía tener curiosidad por sus tetas o por el color de sus bragas. 
Que hartazgo de hombres. Ella no quería amores eternos, ni un marido con el que no pudiera compartir aficiones.  Ella solo quería divertirse como todo el mundo cuando conocía a algún tipo que le llamaba la atención, uno de esos tipos que sobresalía del resto y con el que solía haber filling.  Sin embargo ellos la veían como una carga explosiva que le estallaría en las manos en cualquier momentos o como una delicada urna de cristas que se fuera a quebrar tan solo con rosarla o como una eterna quinceañera que termina llorando enamorada  después de sentirse utilizada tras cuatro noches locas. Al menos esa era su percepción.
Todos querían ser sus amigos, sus mejores amigos eso si. Todos ponían énfasis en eso. No querían hacer daño a un corazón tan noble y bondadoso...   Es lo que tiene interpretar el mejor papel con tal sutileza y realismo.  En ella ya no había corazón. Ni sueños, ni eso tan estúpido como es la esperanza.  Ella simplemente quería vivir.

Estaba claro que no podía pedir encontrar muchos hombres como Marcelo. A él si le gustaban sus tetas. Cuando iban a cenar y ella se ponía bonita y sexy no paraba de mirarlas todo el rato.  Intentaba disimular con conversaciones apasionantes. Era un hombre culto. Educado. Formal.  La trataba con respeto, incluso con cierta distancia protocolaria.  Siempre se ofrecía amablemente para acompañarla a casa.  Y nunca iban a casa.  Terminaban en la cabaña de Andy. Borrachos y exhaustos.

Andy era un pintor canadiense que llegaba en verano  y le daba las llaves de su cabaña en el bosque a  Marcelo  para que la visitara cada tanto y no se convirtiera en una casa dormida.  Andy era ya un hombre maduro.  De vuelta de casi todo. Cansado de sus tres ex- esposas y ocho hijos.  Durante 4 meses venía a España a desconectar.  A descubrir el azul del cielo, el calor del sol y la compañía de sus locos amigos.  Andy venía a vivir.  A pintar en la terraza y cenar a eso  de las 11 de la noche.  Venía a beber vodka con hielo y a hacer el amor con ella. 

Ellos eran hombres especiales.  Únicos y extraordinarios.







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jueves, 24 de noviembre de 2016

La cita



Nunca había tenido una cita a ciegas. Esa experiencia siempre le pareció un riesgo innecesario, de hecho, hacia tiempo que no tenía una cita así  de ámbito romántico.

Él fue puntual.  Pocos minutos antes de la hora citada llamó al timbre de casa.  Ella abrió la puerta y sonrió ampliamente al verle tan arreglado y perfumado para la ocasión.   Siempre andaba con sus pantalones medio gastados y sudaderas con capuchas.  Se había apurado la barba y sus ropas eran hasta elegantes.

"¿Llego bien? "
"Si.  Déjame que coja la cazadora y salimos"

Era media tarde.  El sol aún entraba por las cristaleras de la cafetería Italiana.

Él con un café expresso. Ella capuchino con un gran trozo de pastel. Terminaron compartiéndolo.  Él quiso pedir otra cucharita para comer algún trocito pero ella no vio inconveniente de compartir la cuchara.  Incluso ella le daba a probar,  él simplemente abría la boca y saboreaba la deliciosa porción de chocolate.

No era ningún desconocido.  La conversación era fluida y animada.  Él consideraba aquella cita como el triunfo de meses de indirectas y proposiciones. Había tirado tanto tiempo la caña que por fin parecía haber picado.   Ella era una chica con la que podías tener una conversación animada durante todo el tiempo sin aburrirte y él era un hombre básico con un gran corazón con ganas de querer y sentirse querido.

El aroma a castañas asadas entraba en la cafetería cada vez que algún  cliente entraba o salía del  recinto.

" ¿Como huele eh?"
" Ahora vengo"

No dio pie a nada más. Salió de la cafetería. Atravesó la calle  y se paró junto donde vendían las castañas asadas. Con el cartucho en la mano atravesó de nuevo la calle esta vez con cierta prisa, lo observó  mientras daba una carrerita para que las castañas llegaran calentitas a la mesa.  Era un hombre resolutivo, no muy inteligente pero muy avispado para la vida. No muy guapo pero cuando le ponía interés podía ser un verdadero galán de cine.  Se sabía de memoría sonetos y viejas partituras teatrales que en las ocasiones adecuadas siempre recitaba y quedaba como un autentico titiritero  majestuoso.  En ese momento mientras lo miraba llegar ella volvio a sus dudas, a su no saber. No sabía si sí, si no.  No sabía si era  o podría ser.  No sabía... no sabía...

Imagino que cada uno enamora como sabe, o como puede y él  la iba enamorando a base de capuchinos y chocolates, a base de castañas asadas y viejas historias de correcaminos.
Después de toda una tarde de mil conversaciones, de esas divertidas, curiosas, inteligentes  e incluso de esas picante que dan vidilla y animan para dar pie a un algo más, a intentar dar ese paso que sin esa conversación siempre se ve francamente difícil ni siquiera intentarlo,  él le preguntó decidido que si le apetecía pasar la noche en su casa rústica en las afueras.

Ella ya había estado allí en alguna ocasión con amigos comunes pero nunca sola, nunca después de una cita que siempre pareció inviable del todo. 
Era una casa grande, de estas que parecen palacetes, había sido de la abuela y él había luchado  para mantenerla en la familia. Nunca quiso vender algo que sus abuelos trabajaron tanto para conseguirlo.  

Una vez más ella insegura, en ese remolino de no saber, con sus ojos brillantes y achispados por las copitas que llevaba tomadas.  Dijo aquello de...  "mejor que no, dejemos aquí el recuerdo de esta bonita primera cita así tal cual, así es perfecta. ¿No crees?"

Bueno si, había sido una tarde fantástica, había descubierto muchos matices desconocidos en ella,  pero hubo un momento de la tarde que pensaba que la cita no acabaría en el atardecer sino al alba.  
El hombre decepcionado y con cierta sensación de un nuevo fracaso  marchó a casa solo. Solito, con sus mejores pantalones y su radiante cazadora, con algunas monedas en el bolsillo y un montón de sueños y pensamientos no muy decentes.  Con una reflexión clara...  La verdad es que la mente e ideas de una mujer suelen cambiar más rápido que los vientos del desierto.





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martes, 22 de noviembre de 2016

El bote de cristal





Cuando aquella mañana dominical le propuso poner el bote de cristal en la estantería del salón, supo que aquello implicaba muchas cosas, entre ellas, la más importante... un comienzo, no sabía exactamente de qué, pero un comienzo era. 

No pudo evitar recordar otro tiempo, tiempo lejano en el que los dos  tuvieron un bote parecido.
No pudo evitar recordar aquella tarde lejana en la que entró en casa contenta. Como era ella. Siempre dispuesta a contar las diferentes conversaciones que había tenido con las diversas personas con la que se cruzaba a lo largo de todo el día.
Precisamente esa tarde llegaba más temprano  que de costumbre y eso la hacía estar más radiante aún.
Tenía ganas de contarle que había visto a Juan y que habían planeado para el fin de semana. Irían a su casa en el campo, a las afueras de la ciudad.
Tenía ganas  de contarle que en el trabajo había conseguido acabar con todo el papeleo acumulado y que por fin estaba al día después de dos meses estresantes.
Tenía ganas de contarle que había visto los juguetes perfectos para los niños de su vida y que posiblemente no se demoraría demasiado en "escribir la carta a Santa claus".

Tenía ganas de contarle todo lo sucedido... que encontró el paraguas que perdió, estaba en la oficina, que el camarero de donde desayunaba  comunicó que  iba a ser padre, que había comprado los caramelos que le gustan tanto a él, esos que le suavizan la garganta y alivian la tos del fumeteo...

Entró en casa contenta. Dejó la bandolera en la silla de la entrada, la bufanda naranja y el paraguas rescatado del lugar de donde van las cosas perdidas. Entró al salón y lo vio sentado en el balcón fumándose un cigarro, con el periódico en la mesita como de haberlo estado leyendo. Ella fue a la cocina y abrió el frigorífico mientras comenzaba a contarle con su alegría y energía habitual.
Le puso un botellín de cerveza en la mesa y dijo:  "Ya sé que solo es Martes pero creo que hoy es un buen día para una cervecita furtiva".   Seguidamente cogió el abridor y plum... abrió los botellines.  Se sentó y le contó un poco, hasta que descubrió su mirada de otoño triste. Se notaba que intentaba disimular, que quería escucharla y sentir que la vida era una aventura tal y como la relataba ella, su chica de cuentos y cascabeles, su chica de pies fríos y corazón... caliente.

Ella lo notó, cualquier persona hubiera notado esos ojos de recuerdos antiguos y melancolías enquistadas.   Ella entonces reaccionó, dio un trago a la cerveza y dijo como si fuera uno de esos arrebatos de ella.

¿Por qué no abrimos el bote? Ya sé que no es Nochevieja. Pero que más da. Este año el bote está lleno y creo que hay más papelitos blancos que rosa... - hizo una mueca divertida-

Debemos esperar.

Ella sin apenas prestarle atención fue al salón, cogió el bote de cristal de la estantería y lo puso en la mesita, dobló con cuidado el periódico y colocó en el centro de la mesita el precioso bote de cristal, dentro un buen puñado de papelitos doblados, rosas y blancos.

Si lo abrimos ahora, que haremos  cuando volvamos a casa después de la fiesta de fin de año...

Bueno, siempre se puede innovar, se pueden hacer otras cosas y mucho mas divertidas. - Hizo una  vez más una de sus muecas-  Se me ocurren un par de ellas en este momento.


Se quedaron un instante en silencio. Mirándose, sonrientes. Después ella le preguntó si en algunos de esos papelitos blancos estaba ella.  Él no pudo evitar reir.  ”No lo sé, imagino que sí... en un año hay muchas posibilidades  de que hayas hecho algo guay".  Ese guay sonó forzado, no era una palabra de él sino de ella y él la utilizaba en momentos distendidos para provocar simpatía.

Ella se relajó poniendo las manos en la mesa y la cabeza apoyada en ellas, a la altura del bote miraba con ojos brillantes todo  su interior, con una media sonrisa provocada por el recuerdo de todos sus papelitos,  papelitos rosa.

En un momento él le preguntó si le parecía bien tener el bote, sacándola de la ensoñación del recuerdo. 

Era una tradición, un juego que inventaron hace muuuuchos años.  Cada vez que les pasaba algo divertido, sorprendente, chulo, guay... algo que valiera la pena recordar, lo apuntaban y lo metían en el  bote de los recuerdos.  El día de fin de año cuando volvían de la fiesta de Nochevieja, se metían en la cama, los dos y el bote y cada uno leía los papelitos del otro.  Después hacían el amor con  los recuerdos y sensaciones de todo un año.

Ella sabiendo lo que implicaba aceptó.

Bueno, estaría bien tener el bote para que nos recordara todas esas cosas casi siempre insignificantes, que un día, en un momento, nos hacen felices. Él puso el bote en la nueva estantería de un nuevo hogar con naturalidad y ella sabiendo que aquel día sería un domingo hogareño debido a las lluvias y tormentas, Lo animó a que la acompañara a la cocina, le ayudara aún sabiendo su poca experiencia gastronómica. Él tenía experiencia en muchas cosas, era maestro en  muchas materias de la vida pero en la cocina era un espanto. Allí pasaron la mañana, entre harina, salsas y sartenes. Entre risas, cariños y besos.

La mejor terapia.



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lunes, 21 de noviembre de 2016

Ciclos -Haiku-






Solo dos años
sus historias de amor
 es lo que duran



Como si fuera una alegoría magistral, ayer se le acabó la pasta de dientes, se le acabó el desodorante, se comió las tres últimas mandarinas para cenar.   Tiró los envases  ya bien escurridos. Le había gustado tanto ese sabor a menta fuerte de la pasta de dientes, había sido la que se llevó en vacaciones de verano al igual que el desodorante. Hoy iría a comprar más fruta fresca. 
Ayer como si fuera una alegoría magistral todo se le acabó, aunque no hubo tiempo para despedidas dementes, simplemente se estrenaron nuevos envases.  Un nuevo sabor de pasta dental, un nuevo olor a desodorante marino... hasta un nuevo amor, de esos tontos que te adornan la cama para hacerte sentir la princesa de su cuento.
Ayer todo se acabó.
Hoy  todo es nuevo.


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viernes, 18 de noviembre de 2016

Week -end
















La noche fue larga, cuando llegaron a casa el sol brillaba fuerte en las calles.
Llegaron al dormitorio  aún con bastante Vodka en las venas...

Besayúname.


Él la miró como lobo a caperucita.



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jueves, 17 de noviembre de 2016

Realidades y laberintos















Hoy me pinchan y solo sale amor.

Esas fueron sus palabras justo antes de abrir el paraguas y salir a la calle, donde los charcos de la lluvia adornaban las aceras y las gotas de agua caían por los canalones de los tejados.
No podía negarlo,  sus ojos expresaban todo  esos sentimientos con claridad. Si hay algo en este mundo que brota descontrolado es eso que llaman amor.

Llegó a casa, dejó el paraguas en la entrada y fue directa a la cocina. Hoy tenía invitados a comer, no eran invitados cualquiera, eran sus tres amigas del grupo de literatura. Todas muy bohemias, muy de teatros, como rescatadas de  alguna de sus propias historias.  

No tardaron en llegar, eran de puntualidad británica.  Rosa  hablaba y hablaba, las demás la escuchaban y asentían sin a penas crear debate.  Ya en los postres fue cuando Clarisa le preguntó si sabía algo de él y ella miró su trozo de tarta, tomó una porción con su pequeña cucharita y dijo...

Bueno, va y viene...

Como Peter a la ventana de Wendy...  puntualizó una de ellas.

Marina, que no se había quitado la bufanda amarilla en toda la noche, hizo un gesto de negación.  Esto acabará mal, los amores platónicos solo funcionan en nuestras historias.  Remató


No me importa - dijo ella-  nunca he tenido un amor  de esos, imposibles.  Soy consciente de la inviabilidad. Los romántico y soñadores siempre darán esperanza, siempre querrán ver los colores del arcoiris y creen en eso de "un día de estos".  Pero la vida  no es fácil. Todos sabemos que la realidad es complicada y ciertos laberintos solo son para  esos valientes que se abrazan "al nada que perder". Yo... no soy valiente y lo poco que tengo no lo quiero perder.

Puso el brazo apoyado en la mesa y la mano sobre su barbilla.  Suspiró.

Claro, me gustaría que actuara con más naturalidad  y sencillez, sin esos miedos tontos,  porque yo sé que me quiere. Vosotras los sabéis.  Me gustaría que expresara al menos una vez, una noche de esas de vodka y madrugada, esas cosas que se les dice a las chicas cuando gustan, cuando descubres que es bonita por dentro más aún que por fuera. Cuando descubres que te ha robado el corazón poquito a poquito, sin darte cuenta, que ya los días a cada rato llevan su recuerdo,  su pensamiento.  Que la quiere, sin más, sin saber muy bien porqué.  Incluso que lamentara no saber dar solución  a los avatares de la vida, que lamentara no saber desenvolverse en este laberinto  que le tocó. Me gustaría que todas esas palabras fueran para mi al menos una vez.  Aún con la convicción de lo imposible, cubierta con el manto de lo platónico y la abrumadora realidad de la vida.

 Esto acabará mal, los amores platónicos solo funcionan en nuestras historias.  Remató de nuevo marina


¿Jugamos un rato a cartas?  Rosa quiso no dar importancia al comentario de Marina.  

...

Minutos después de media noche las amigas se fueron.  Ella fue directa a la cama.  Dejó sobre la mesa del salón las cartas  y un par de vasos.
Prescindió del pijama. Sus braguitas rosa con lunares blancos y su nórdico serían suficientes. Se notaba achispada. Había sido un día largo.  Tenía ganas de que amaneciera.  Al día siguiente lo vería, si... a él.
Y creedme, pese a toda sobredosis de realidad ella sentía la plenitud dentro de ella.



Hoy me pinchan y solo sale amor.




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martes, 15 de noviembre de 2016

In - Grávido


Hoy siente como sus mariposas caen desplomadas sobre sus zapatos.
Esas que nacieron atolondradas aquella mañana fría.
Esas que crecieron con pequeñas historias. 
Con  buenos días azucarados y con esas canciones regaladas porque si.

Hoy siente una grieta  en ese lugar indeterminado donde revoloteaban.
No se quedan escondidas avergonzadas en la garganta,
No provocan vértigo ni cosquillas como si bajaras por Furius Baco*
Hoy caen como hojas secas sobre sus zapatos de princesa triste.

Hoy siente  un hueco  grávido, despintado, descolorido, casi olvidado.
Espacio de aquellos besos, de aquellos cuentos, de todo ese amor que se había guardado.
Ahora ingrávida se abandona al delirio de querer colmar con espejismos lo que ya no está.
Hoy sus mariposas caen desplomadas sobre sus zapatos de princesa triste.




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Furius Baco* - Montaña Rusa








domingo, 13 de noviembre de 2016

La Lentilla

A Juan se le perdió una lentilla en mitad de la oficina.  No pude evitar poner esa mueca de sonrisa muda mía.   Viejos recuerdos me habían sorprendido sin previo aviso.  Mi compañera me miró arqueando sus  cejas con  sonrisa ladeada pidiendo que se lo contara.  Disimulé, son de esos recuerdos que nunca se cuentan, que quedan en un@. Siempre me pongo un poco triste al recordarlos.


...

En aquella época vivíamos en un piso todos juntos, nunca había un número de inquilinos fijos. Íbamos y veníamos según las necesidades de cada uno.

Aquella tarde estaba estudiando para un examen.  Habíamos almorzado y todos menos yo estaban en la siesta.  Hacía esa calor de Mayo. Los exámenes finales me martirizaban.
Escuché como mi amiga Sol me llamaba. La ignoré,  no quería jugar, no tenía tiempo para tonterías pero su voz volvió a retumbar como eco por el pequeño pasillo del piso.  Escuché como la puerta de Fran se abría, "tía te están llamando..." su voz cansada me hizo mirarle, me levanté y fui a mi dormitorio, que era desde donde provenía su voz. Fran cerró la puerta de su tétrico cuarto gótico a mi paso, su cara expresaba agradecimiento por acudir y hacer que  dejara de gritar.
Abrí la puerta y allí estaban, los dos desnudo, a cuatro patas sobre el colchón buscando algo.  "No tengo tiempo de tonterías, tengo que estudiar".
- Se me ha caído una lentilla, mi madre me va a matar si llego a casa diciendo que la perdí, no veo nada y éste no me ayuda.

Él me miró con esa carita suya de gamberrillo.

- Anda ven y busca la lentilla. Sol comenzaba a hacer pucheros.

- ¿Donde estabais?  Pregunté para acercarme por el lado contrario.
- ¿Estás segura que no la tienes puesta?

-  Y tanto, no veo una mierda

- Yo le he dicho que para jugar no hace falta ver...   - Se agarró el pene que aún estaba contento-.

Eché una camiseta sobre el pene del hombre de mi vida.  "anda tápate y ten respeto ante señoritas"

Inspeccioné toda la cama, un buen rato. Sol comenzaba a lloriquear mientras, aún desnuda,  se sacudía la melera sobre la sábana esperando que cayera la lentilla perdida.  Yo esperaba que no se la hubiera comido otra vez. No quería sacar el tema pero creo que los tres lo estábamos pensamos, sabíamos como era, sus cosas en el arte del amor eran divertidas y alocadas, tanto como  para acabar las lentillas en su boca.
Muchos minutos después logré encontrar la lentilla  y ella aliviada corrió al baño a limpiarla. El amor de mi vida seguía allí, impasible tumbado a lo largo de los pies de la cama.  En esos momentos después del disgusto de Sol y de los comentarios eróticos festivos de él yo ya me había perdido entre los jueguecitos de aquella casa.  Me quedaba en ropa interior y en la cama con él,  para cuando volvía Sol con sus lentillas en su sitio los dos dormíamos.  Ella dudaba entonces en volver a mi cama, que en realidad era nuestra y descansar junto con mi compañero de vida en aquellos días.

Alguno de los dos le animábamos... "no seas tontita, ven a la cama".

Él me abrazaba y  ella lo abrazaba a él.  Me atusaba el cabello y me besaba los ojos y la boca.  Me susurraba al oído cosas que nunca más me ha vuelto a decir ningún hombre, me susurraba al oído que me quería y yo sabía que no mentía. Y al despertar seguía a mi lado y hacíamos el amor y volvía a mis estudios. La vida pasaba, a veces rápido, otras lentamente y nuestra familia, nuestro poliamor perduró durante mucho tiempo, quizás demasiado, quizás lo justo... maduramos, crecimos, aceptamos las reglas del juego, la sociedad nos engulló.  Pero no puedo negar que en aquella familia de cuatro construí mis cimientos. Allí supe que el amor no te pertenece, que cuando te aman y amas se puede compartir todo ese amor sin miedo a perderlo.  Allí nació la mujer que soy... sin celos, ni miedos, sin esa sensación absurda de posesión. Aunque debo confesar  que no he creído ni creeré tanto en un hombre más que le creí él. TODOS me han mentido, todos excepto él. Me susurraba al oído que me quería y yo... yo sabía que no mentía.

De pronto los aplausos de algunos compañeros de la oficina me despertaron de mi ensoñación.  Juan había encontrado su lentilla.


  

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jueves, 10 de noviembre de 2016

Planes





Hace un par de días volví a verle.  No estaba en  mis planes. Nunca está en mis planes.

Recibí un whatsapp a primera hora de la tarde. Me di cuenta entonces que había cambiado su foto de perfil, era una foto de los dos juntos, de aquella tarde que se nos hizo noche en el jardín de casa. Me pedía una cita.  Sabe que a veces le pongo escusas, así que me preguntaba si tenía hueco para él aquella tarde.
Seguí mi rutina un instante cuando volví a recibir ese icono que tanta gracia me hace...

Le acompañé a hacer algunas compras y a la caída del sol volvimos a casa, a su casa. Vive en una casita rústica, pequeña, sin demasiados muebles, sin demasiadas cosas.  Lo que más me gusta son las contraventanas verdes y la vallita blanca, siempre con desperfectos, siempre por arreglas. Le hice para cenar ravioli con queso. Es su comida favorita.  Él habla y habla con esa sonrisa suya, me cuenta cosas sobre sus pinturas, sobre sus cuadros y esa exposición que nunca llega.  Yo lo miro como la que mira por primera vez una ecuación de tercer grado y sabe que la resolvió.  Es complicado vivir en su mundo utópico, de libertades  y de ese todo vale si así lo queremos. 

Pone el tocadiscos, ese que le regalé hace... 25 navidades, con el disco que le compré el verano pasado. Y no creas que llevamos 25 años juntos, entre medio hay un océano  entre los dos; intentamos encontrar una vida, construir nuestra casita, con nuestra familia, nuestros hijos, nuestro perro, nuestras vacaciones en verano y navidad...   Los años pasaron, demasiados imagino y los dos seguimos varados, quizás en otra playa distinta a la que nos encontramos pero varados a fin de cuentas.
Nos quedamos esperando el gran día, ese que se confirma que es el primer día  del gran proyecto, ese que no es otro que tu proyecto de vida compartida.   Por eso cuando estoy frente a él, sentada en su mesa, escuchando sus cosas, es cuando soy consciente que nunca pensé que el destino nos fuera a reunir de nuevo, siempre pienso que me estoy equivocando, que estoy ahí porque estoy sola, porque no quiero ser la vieja soltera de los gatos, porque quiero tener a quien me rasque ese trocito de espalda donde nunca llego, tener quien caliente la cama y mis pies fríos en las noches de invierno, porque necesito sentirme mujer bonita en las noches de primavera.  Y de pronto no tenía nada de eso y de pronto apareció él, rescatado de viejos tiempos.  Ese tiempo antiguo donde ya dormirnos juntos en alguna siesta de verano, donde ya conocimos quienes éramos.

Se esfuerza en ser ese tipo romántico que no es. Pero su esfuerzo me enternece, me enamora poquito a poco.  "Ven, bailemos, vamos... "  Me coge de la mano y me abraza. Bailamos como en las películas, despacito, a veces llevando la lentitud de la melodía otras llevamos nuestro propio ritmo. Somos horribles bailarines, pero eso en la intimidad no nos importa. Nos gusta abrazarnos y sentirnos cerquita.  A veces el Lp termina y nos sorprende en uno de eso besos que me roba en estos momentos tontos.

"¿Te quedas a dormir?"
"Mañana tengo que trabajar y... "  
"Te llevo a casa, o donde quieras mañana. Pero quédate"  Escucho su voz retumbar en su pecho, siento  el abrazo de sus brazos, sus manos acariciando mi espalda con la yema de sus dedos. Y bueno, que quieres que te diga... me rindo ante él, me quedo a su lado,  nos comemos el postre viendo algún programa  nocturno, nos vamos a descansar.  Me da las buenas noches, me besa antes de cerrar los ojos para dormir, suspira, me acurruco en él y dormimos.  Por la mañana despierto con el zumbido del móvil, con una de sus manos agarrando uno de mis pechos como si fuera a caer a un precipicio y eso fuera lo único que lo mantenía a salvo. Me muevo, se mueve, me mira, le miro... sonreímos, es sonrisa de ganas, me quita esa camiseta que me ha prestado para dormir. Descubre esa fina cicatriz en la aureola del pecho, esa que no es recuerdo estético sino recuerdo del miedo... la acaricia, la besa con suavidad. Y me susurra esas cosas suyas, de hombre que se esfuerza en romanticismo para mantenerme en su cama y en su vida porque él tampoco quiere ser el solitario raro del barrio.  Y me hace reír, y reímos juntos.

Hace un par de días volví a verle.  No estaba en  mis planes. Nunca está en mis planes. Sin embargo ahora tengo el recuerdo de su compañía y de las risas que me regala,  posiblemente me esté equivocando, pero quizás no.  Te lo cuento porque eres mi  amiga y me conoces. No busco  consejo ni que me des la razón o no, simplemente quería escuchar en voz alta toda esta historia que he estado guardando para mí. 

¿Pero lo quieres, estás enamorada, te estás enamorando? ¿Es eso lo que quieres contarme?


Bueno, mi corazón ama a quien quiere amar, sigue siendo un caso perdido, ya apenas le presto atención, ni le escucho. Mi corazón suele amar imposibles, después de tantos años de lucha interna me he rendido, lo dejo amar y que haga el  gilipollas hasta que se de cuenta que el amor  es una cosa y la vida otra.   Estoy enamorada claro,  a caso hay alguien en esta vida que no esté enamorad@. Quizás lo que pretenda decirte sea todo lo contrario al amor. Que no quiero ser la soltera de los gatos, que me escurro por las grietas del abatimiento cada cierto tiempo y termino haciendo ravioli con queso en una casa pequeñita, con pocas cosas pero con muchas ganas de construir. Que quiero y no quiero, sé que no tengo necesidad de esto pero es fácil rendirse ante el espejismo de trocitos de una vida tan bonita, tan bonita... aunque cuando abra los ojos después de sus besos nunca vea el rostro del hombre que pienso.




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miércoles, 9 de noviembre de 2016

Líneas







- Yo, yo lo que quiero es quedarme contigo.  Dijo la mujer con ojos de niña de nueve años.

Él dio un par de pasos acercándose a ella y le abrazó con cuidado, como decía aquella canción, como si fuera una urna de cristal que se fuera a quebrar.

Ella solía ser una mujer fuerte, resuelta, no solía tener necesidad de nada ni de nadie.
Había aprendido con la experiencia de la vida que lo mejor que se puede hacer para sobrevivir sin tener que llevar el peso de un corazón desquebrajado era no necesitar nada e ir en solitario, pese que en ocasiones se sintiera acompañada y querida, pese que en ocasiones durante algún tiempo todo fuera fácil y rosa y con risas y viajes y besos y  meriendas con bizcochos... 

Ella igualmente, solía ser una mujer con pajaritos en la cabeza.
Él la mecía ligeramente, allí en el umbral del descansillo del bloque de su piso,  junto a los buzones de colores y el ascensor. Le regaló un beso en la frente. Piadoso.  Pocas veces ella dejaba salir a la chica débil,  la insegura, la que estaba cansada de esperar, cansada de aparentar fortaleza, valor e independencia.  Él le atusó el cabello,  enroscaba sus mechones hasta las puntas y acariciaba su espalda.  ¿Cuántos años hacía que la conocía? Creía recordar que cinco. Nunca antes había conocido a  una mujer como ella,  una mujer que estaba cuando la necesitabas y te daba margen cuando querías un respiro.  Realmente era una de esas amigas únicas que quieres y que gusta estar con ellas, te divierte y te cuida cuando estás con el agua al cuello, ya me entendéis.

- Siempre me tendrás a tu lado, siempre podrás contar conmigo.  Volvió a darle un beso paternal en la frente.


Ella hundida en el pecho de su amigo, con el agotamiento y ese peso en el pecho que solo da el amor; sus ramas y raíces, volvió a pensar lo complicado y absurdo que llegan a ser esas normas morales que la sociedad impone y damos por echo  hasta convencernos que es lo lógico y natural. No entendía  porqué podía tontear, flirtear, coquetear, incluso hacer el amor con cualquier hombre que las circunstancias lo ponían en su destino. Por qué podía entregarse a alguien que apenas conocía, que apenas le importaba, con el que podía haber poco más que la atracción física y el instinto sensual y sexual, por qué eso estaba bien, y sin embargo  tener esos deseos e impulsos con el amigo  que te conoce mejor que nadie, al que quieres más que a nadie, la referencia masculina de tu vida, al que acudes cuando todo se derrumba, quien acude a ti en sus momentos más complicados resultaba algo totalmente inviable, tener esos deseos con un amigo resultaba algo súper complicado y casi imposible de llevar a cabo.
Cuantas veces había escuchado aquello de...Todo terminará complicándose, el sexo da muerte a la amistad, no vale la pena una vida de amistad por cuatro ratos de instinto salvaje. 
Había escuchado aquellos argumentos mil veces y mil veces había sentido que no comprendía por qué tenía que ser así.   A ella le gustaba, realmente no sabía porqué, lo quería pese a todas sus cosas chungas, porque a pesar de tener mil cosas horripilantes tenía mil y una cosas maravillosas, cosas que solo se descubren siendo amigos,  él le hacía sentir que no estaba sola, ella era paciente y tolerante, lo escuchaba con parsimonia cuando él se desahogaba enfadándose con el mundo, él compartía sus ratos y tiempo con ella, le hacía sentirse realmente amada. Aún así ella se mantenía firme en ese lado de la línea.  Cada tanto conocía a un hombre divertido  con el que salía e intentaba crear una historia bonita. Sin embargo no se sentía tan ella, tan cómoda, tan cuidada, querida y protegida como cuando estaba cerca de su amigo.

Él se separó de ella. Se le hacía tarde. “Mañana nos vemos"  Dijo mientras ponía actitud de salir del portar para marchar a su casa.

“Avísame cuando llegues a casa"  Dijo ella mientras abría la puerta del ascensor para subir a casa.

Él se marchó y ella pulsó uno  de los números de la botonera del ascensor.  Mientras intentaba recordar donde estaba esa fina línea entre el amor y la amistad.  Cómo encontrar el truco para poder saltar la línea, poder ser amiga, poder ser amante, poder entregarse a la amistad y la pasión libres, poder estar siempre, incluso cuando el tiempo de la pasión termine, porque como toda etapa siempre termina. Sin miedo a que todo de desborone por amar, por querer, por dar lo mejor de ti en la vida y en la intimidad,  porque con  quien mejor que dar, y crear amor que con alguien que importe de verdad, con quien mejor que al que llamamos amigo antes que cualquier cosa.


Para cuando se metió en la cama había reorganizado todas sus inquietudes y deseos, había vuelto a convertirse en una chica con sensatez, una vez más había caído en la trampa de sus divagaciones y sueños de su mundo utópico.  Se recordó mirándose al espejo mientras se cepillaba los dientes algo que solía olvidar con facilidad...  Ella solía ser una mujer con pajaritos en la cabeza.




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lunes, 7 de noviembre de 2016

Capítulos




Ella solo quería que un hombre bueno la quisiera. Pero olvidaba con rapidez que ninguno había destinado para ella. En sus historias de amor nunca pudo pasar del primer capítulo.

Había capítulos más largos, más cortos, con mayor o menor trama, algunos aburridos desde el primer párrafo, otros enganchaban desde el primer instante. Sin embargo todos acababan en aquella terrible frase que terminó por hacerla reír como una desquiciada cada vez que tenía que escucharla  frente al hombre que prefería otra nueva historia... sin ella.

"Seguro que algún día encontrarás a alguien, mejor que yo... "

Ella se mordía los carrillos por dentro. Acababa diciendo alguna de esas cosas bonitas suyas que  hacían sentirse fatal a ellos y a ella sentirse liberada.
Sabía que ese era su sino. Hay quien tiene una vida fácil y hay quien no. Hay quien llega con estrella y otros ya sabéis, pues ella era de este último grupo.   Alejarse de esa realidad era ir a la deriva y creer que llegarás a puerto. Alejarse de esa realidad era acabar en lágrimas sintiéndose desdichada abrazada al desamor.  Era lo que había, esa era su verdad y punto.

Aquella tarde de principios de Noviembre habían coincido otra vez en la entrada del centro cívico.  Había una exposición de un pintor local pero ella no  tenía intención de entrar sino de dar una vuelta por el parque con su perra.  Él la saludó y tras darse cuenta que no entraría en la exposición le pidió si podía acompañarla.  A mitad de camino comenzó a llover, él agarró la correa de la perra y ella abrió su paraguas que compartieron.   
El paseo fue corto debido a la lluvia.  Pararon en una cafetería y se sentaron en una de las mesas de la terraza, bajo el toldo. Dos cafés y un cacharro de agua para la amiga de cuatro patas. 
Ella se rió a carcajadas de algo que él dijo.  Bebió un sorbo del café aún humeante. No pudo evitarlo, pero lo hiso, justo después de que él le pidiera ir a almorzar juntos y pasar la tarde viendo en el cine la película de moda. Si, no pudo evitar pensarlo. Sabía que aquello parecía ser la primera línea de un nuevo capítulo, pero ella no pudo evitar pensar en como serían las últimas líneas de esa historia.  Se preguntó si tenía fuerzas para ello. Saborear toda una vida en una ráfaga de tiempo, creer y soñar que esta vez pudiera vencer al destino. Olvidar todo el dolor, toda la mentira acumulada, todos los gestos de aquellos que precedieron a aquel chico tan encantador. Dejar una vez más que alguien la conociera, lo superficial, lo más íntimo, dejarse querer y terminar amando a ese hombre que pretendía conocerla, pasear con ella y compartir trocitos de vida. Por un instante se vio incapaz de intentarlo de nuevo, de comenzar otra vez, otra vez...

"que piensas"  Él intuyó que algo había tras esos ojos brillantes. Algo más que la emoción de tener un comienzo romántico.

"En nada" Dijo ella.  "estoy contenta" Sonrió

… Hay quien tiene una vida fácil y hay quien no. Hay quien llega con estrella y otros ya sabéis, pues ella era de este último grupo.   Alejarse de esa realidad era ir a la deriva y creer que llegarás a puerto. Alejarse de esa realidad era acabar en lágrimas sintiéndose desdichada abrazada al desamor. Era lo que había,  esa era su verdad y punto.  Ella solo quería que un hombre bueno la quisiera.