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Entra y siéntete en casa...

domingo, 30 de octubre de 2016

Intrusión






La niña Adela tenía 7 años, estaba jugando en la puerta de casa, calle sin asfaltar de un barrio pobre, cercano a un descampado,  cuando le entró hambre y sed.  Recordó  Adela haber dejado una manzana hasta con un pequeño mordisco en la cocina de casa.

Decidió entrar en casa, sus padres no estaban en ese momento.  La casa era como otra cualquiera, con su pequeño jardín con flores. Cuándo entró en la cocina descubrió que una extraña claridad lo inundaba todo.  Entonces dudó ante el umbral de la puerta.  Aquella claridad que entraba por algún lugar marcaba la sombra de la manzana olvidada un par de horas antes.  Se quedó paralizada un rato, intuyendo algo, ese algo que los niños tienen, le hiso recelar.   Eran dos o tres metros, coger la manzana y marcharse de nuevo...  Pero se quedó allí bajo el marco de madera.

Pensó entonces que era una niña mayor, que no eran tiempos de fantasías o de historias de brujas, y se decidió... De aquella decisión se arrepintió toda la vida.

Al entrar en la cocina y coger la manzana giró hacia donde estaba esa luz, provenía de la ventana. Luz muy fuerte que le hizo poner la mano en sus ojos para protegerse... y entonces distinguió...   Vio al hombre FEO.

Había un hombre muy alto, encorvado, intentando entrar por la ventana, Vió que estaba rompiendo la tela del mosquitero.   Lo que le aterró era que no portaba unas pinzas o herramientas para cortarlas, la mano del hombre feo era una pinza.
Era una cara horrenda,  la pequeña se quedó paralizada con la manzana en la mano que... cayó sobre el suelo de baldosines blancos.  Aquel hombre la miraba con ojos hipnotizadores,  con la cara deformada, como aplastada, la misma cara que uno hace cuando quiere hacer una mueca cuando se aplasta  los carrillos.
El hombre feo poco a poco iba abriendo el mosquitero...   El hombre era tan alto que a pesar de que la ventana se encontraba a dos metros del suelo  parecía ir encorvándose para poder ir entrando por la ventana, poco a poco, ignorando a la niña que paralizada lo miraba. La niña descubrió que aquel ser, aquel hombre feo, quería atraparla y entonces la niña dio un GRITO, un grito enorme, se pudo escuchar en todo el vecindario.  Sus amigas también la escucharon y su mejor amiga entró rauda para ayudarla,  la vio en  la cocina aún petrificada.  Su amiga también se sorprendió por el resplandor blanquecino.  Pudo ver a aquel ser gigantesco que ya había roto toda la tela, respirando raro, respiración que parecía máquina.  La niña salió corriendo, agarró de la mano a su amiga Adela pero tan pronto salieron al jardín florido Adela cayó al suelo desplomada.

Los perros comenzaron a ladrar, cuando los mayores llegaron a la ventana ya no había nada.  

¿No había nada porque ellos no podían verlo?  

Ahí estaba el hombre, el gigante de más de dos metros, encorvado, con la cara de un monstruo y la mano como una pinza.

Los mayores se atusaban el pelo, llamaban a la policía, llamaban al médico... Tenían mucho miedo. Entonces llegaron más vecinos.

- ¿¡Lo han visto!   ¡Lo han visto!?

Algunos de esos vecinos aseguraban haber visto un grupo de luces azules y blancas que se perdían por los campos traseros del barrio.

Algo había querido entrar en su hogar y al verse descubierto había emprendido el vuelo,  como sabedor de que los niños  pueden ver prácticamente todo. 




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sábado, 29 de octubre de 2016

No digas tonterías niño...



Había un muchacho en una ciudad. En un barrio humilde, olvidado por casi todos.  Una noche cuando el muchacho fue a acostarse, en su ventana del tercer piso vio una cara.  Una cara rojiza y monstruosa, una cara deformada, una cara de alguien que reía y flotaba.  El cuerpo se adivinaba pero se perdía con la negrura de la noche, parecía un ser flotando, alguien que simplemente... le miraba.

El muchacho se quedó paralizado, apunto de meterse en la cama mirando el pequeño ventanuco que daba a la calle, al vacío del tercer piso de una zona de campo... y de pronto ese individuo con ese rostro anaranjado mirándole fijamente.

¿Era una simple pesadilla? Eso le dijeron sus padres.

-      No digas tontería niño... 


En diferentes noches el niño observó la cara que le miraba y se aparecía en la ventana.  El niño después de  varias noches frente a aquello creyó adivinar un mensaje,  aquel ser le dijo algo...

Los padres al escuchar los relatos del niño respondieron al unísono

-      No digas tonterías niño...  o te encerramos en un manicomio.


Una mañana la madre entró en la habitación, era tarde y su niño aún parecía estar en la cama, pero cuando entró en la pequeña y humilde habitación solo  encontró una nota sobre el  carcomido escritorio.

“Ese ser me quiere llevar a su planeta.  Lo siento mamá"

El niño desapareció.  No estaba. Se esfumó como la niebla. Nunca supieron...  Su hijo, ya no estaba.


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jueves, 27 de octubre de 2016

Negocios

    Pocos somos los que tenemos la certeza de que él, no tiene rabo, ni cuernos, que su aliento no es aliento de azufre ni su reino  es de fuego y calderas llenas de pecadores lamentando sus pecados en la tierra.

Pocos somos los que nos hemos sentado a su mesa y hemos deleitado sus manjares, su verborrea fácil y esos ojos verdes tan hermosos como tentadores.

Su reino no te es ajeno, es el único que tú conoces,  en el que vives y respiras desde que una madre te creo regalándote el delirio de estar en una piedra en mitad de un infinito mudo y negro. 
El mundo, con sus ciudades, sus delirios,  sus animales, sus desiertos y sus  trocitos de paraíso, con todos los hombres, con todas las mujeres, incluso contigo que persistes en creer que él es un  invento, que es el enemigo, el  que tienta, el que miente, el del manto negro.
Todo este mundo no pertenece a nadie más que a él.  No desde ahora sino desde el origen de todos los tiempos.  Comprendo que no lo creías.  La ignorancia es la felicidad.   Hay cierta historia que se cuenta en este mundo de cierto hombre que dijo ser hijo de un dios, un hombre que decía que su reino no era de este mundo.   Durante un tiempo este intruso estuvo perdido 40 días en un desierto. Y el amo de todo este oasis en una burbuja infinita quiso hacer un buen negocio... Si lo aceptaba y se postraba ante él le daría todo lo que pidiera de este mundo.
He ahí la certeza de que este reino le pertenece, acaso alguien puede dar lo que no le pertenece. Acaso si alguien llega a tu casa le puedes ofrecer una caja de bombones si no los tienes...   NO
Este mundo es suyo, siempre lo ha sido, y tú eres de él. En toda esencia de este mundo podrás encontrarle, en toda la barbarie delirante, en todo lo hermoso y delicado. Siempre has sabido que hay algo que no encaja... Tú eres su creación, a imagen y semejanza, sin rabos, ni cuernos, hermosos y jugando a ser dios bajo una apariencia embustera.  Sometidos en su delirio,  y hagas lo que hagas, creas el cuento que creas. Le perteneces. 




 "Puede que el cielo esté cerrado,
 pero yo estoy siempre abierto".  








miércoles, 26 de octubre de 2016

Depredadores






Que clase de hombre hace eso...
deja en mano  de un desconocido a su familia.
Porque un día descubres que el hombre está lejos  
y su familia está sola.  

Y el lobo está en la puerta.



lunes, 24 de octubre de 2016

Cuando la magia se convierte en casualidad




Tanto sube el nivel
El mar
se derrama ahogandome
solo hay arena


En ocasiones nos empeñamos en creer en las personas.  Yo lo hago continuamente. Confiar en la buena voluntad de las personas y que  actúen con la sencillez y naturalidad con la que tú actúas.  Sin embargo sigo siendo la misma ilusa de antaño, con la diferencia  de que ya  permanezco impasible cuando la verdad se desata. 

Aquellas palabras eran como revelación tibetana en los labios de una muchacha con básica apariencia.
La dejé hablar, permanecí en silencio para no interrumpirla.

No hay cosa peor que dejar de creer en las personas. Hoy lo he recordado, así, de golpe. He recordado esa sensación. Cuando la verdad se desata como tormenta en un mar de asombro. Cuando miras al frente  y ves estrategia  en aquellos ojos que fueron tan dulces en otro tiempo,  a los que nunca cuestionaste, a los que nunca hubieras traicionado. Debo confesar que siempre lo supe... nunca me miró a los ojos, pese a que nunca me fie de quien no me mira a los ojos esta vez quise buscarle escusas. Hoy he recordado aquella sensación de sentir como descubriste el truco, la mentira,  como el mago se convierte en actor,  la hechicera en actriz, de como la magia  se convirte en terrenal casualidad.  Notas impasible y con cierta tristeza como la cuerda, el vínculo que os unía se rompió y os alejais despacito...  como Wilsom en la película de naufrago ¿sabes cual es?.
Ves como la verdad se derrama y quieres recogerla, intentas detener la marea, que sube, sube y el mar se desata,  y la magia se acaba y la terrenal casualidad cobra sentido...

Podía haberle dicho cualquier cosa, cualquier mentira  poética, como bálsamo tibetano, ¿Quién no ha camuflado ciertas verdades para apaciguar la inquietud de un@ amig@? pero opté por la verdad, no hay ruptura mas segura que perder la confianza en alguien, cuando descubres su estrategia y su doble fondo. Cuando de pronto, simplemente no le crees. Nunca hay que confiar de quien no mira a los ojos.
Entendía todo su argumento, toda su perplejidad, porque  yo también he sentido alguna vez como el nivel de mi mar en calma rebosaba, derramando toda la verdad y ahogándome en ella he descubierto que en mi  apacible mar azul, tras derramarse la verdad, solo había arena...





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viernes, 21 de octubre de 2016

Videncia II






TREINTA Y CINCO días después  su vida permanecía tan normal como siempre. Durante las primeras semanas estuvo alerta, como un coyote en la pradera, esperando llegar... si, lo inesperado. Pero con el tiempo las palabras de Carmelo fueron pura anécdota, con el tiempo se relajó, siguió viviendo,  lo olvido todo...



Aquella tarde de jueves abrió el cajón de uno de los muebles del salón de Lucas cuando encontró cantidad de bocetos de dibujos, eran de una mujer, de una mujer que sin duda era ella.
Lucas era un poeta, lo conoció en la cafetería París Nocturna.  El pobre era Noruego, no conocía bien el idioma, ni entendía demasiado la gastronomía del país que le acogía,  solo comía pescado, era como un  hombre gato.

Ella trabajaba en una imprenta pero los jueves iba a  casa de Lucas, a ayudarle en esas cosas que los hombres poetas Noruegos no saben hacer,  le cocía algún botón, le cocinaba comida para campeones y de vez en cuando leía en primicia esos poemas que escribía de su mundo atormentado, sobre la lluvia en los cristales o sobre amantes secretos escondidos en hostales de barrio...

Aquel jueves en cuestión Lucas estaba en casa curándose de la gripe,  la fiebre lo había machacado,  dos días atrás tuvo que meterle en la bañera para que se le bajara los cuarenta y tantos grados  de temperatura que llegó a tener.  Ahora estaba mejor.

Cuando entró en el salón y descubrió a la mujer con los dibujos en la mano se ruborizó, todo el que hubiera estado presente se habría dado cuenta.  Ella los metió en el cajón y él se sentó en el sofá con su piel blanca y pálida, como a punto de desfallecer...   Ella se acercó a él,  puso su mano en la frente y notó que no tenía fiebre pero él tenía esa carita de "estoy muy malito".

Convivir aunque sea a ratos con un poeta trae ciertos riesgos que apenas aprecias mientras se viven.
Son gentes atormentadas, que escriben  de lo que tuvieron  o con lo que sueñan tener pero que nunca tienen.   Son gentes delisiosas que te envuelven  en sus bufandas de poemas y en sus lunas de madrugada, y de pronto en un abrir y cerrar de ojos  Lucas tenía el sujetador en la mano y ella agarraba al pequeño Lucas aún dentro de sus blancos calzoncillos.   ¿Qué había pasado para llegar  a ese punto? .  Eso era lo que pensó un instante, breve instante hasta que ella se dejó caer como la que no quiere la cosa en el sofá, pierna por aquí, brazo por allí,   choque de narices,  boca, lengua, dedos,  ombligos, cejas, uñas de gato, dejó entrar la poesía.

La luz de neón parpadeante de la tienda de discos iluminaba la habitación cuando ella abrió los ojos.  Se vistió y dejó a Lucas dormido en la cama de muelles chirriosos.
Y durante semanas estuvieron en esas.  Los muelles chirriosos de la cama de un poeta siempre tienen mas encanto que los de cualquier otro solitario.   Ella empezó a pensar en los jueves. Deseaba esos días, podría decirse que lo que comenzó siendo una tontería se fue consolidando en su corazón.
Andaba presurosa cada jueves y paraba un minuto para coger aire antes de llamar al timbre, esperaba que la puerta se abriera y él le diera su beso de bienvenida.  Siempre fue así hasta que uno de esos jueves abrió una encantadora mujer de pelo rubio y ojos profundamente azules.
Se presentó como la esposa de Lucas y ella sin saber que hacer limpió la casa aquella tarde como la chica de la limpieza que nunca fue. La esposa era una mujer encantadora que agradeció el servicio que prestaba a su desdichado marido, la invitó a un delisioso té mientras le mostraba los dibujos de Lucas, los dibujo que hacía para no olvidarla mientras estaban separados. 
El mundo se abrió ante sus pies, el mundo la tragó en ese instante cuando descubrió que aquellos bocetos no eran de ella...

No volvió a aquella casa nunca pero si a París Nocturna, donde un sábado noche coincidió con el poeta noruego, el solitario, el de la cama de muelles chirriosos, el que la envolvió en poemas y el que como la luna también terminó teniendo su lado oculto.

Se sentó en la mesita donde estaba ella y le dijo… perdóname,  estas semanas sin ti he descubierto que te quiero mas que a ninguna otra.  No estoy enamorado  de ella.  No hubiera pasado nada entre tú y yo si existiera otra... ¿Lo entiendes?

* Si. Lo entiendo. Dijo ella tragando saliva en seco y no creyendo nada.

* Podemos seguir como antes...

* No creo que sea posible, yo no te quiero. El orgullo habló por ella

* Pero nos hemos acostado, Hemos hecho el amor muchas, muchas veces  ¿Tú lo haces sin amor?
A ella le recordaron aquellas palabras a los argumentos quinceañeros.

* Claro, lo hago por diversión. Nunca imaginé que te tomaras en serio nuestras tardes de Jueves.

* Creí que lo nuestro era algo bonito.  Amistad, compañía y sexo divertido.




Aquella noche llegó a casa compungida, con un peso en el pecho, no llegó a llorar, hacía años que ningún tipo la hacía llorar, desde aquel capullo que prefiere olvidar. A estas alturas ella ya no pedía mucho.  Un amigo sincero, con el que compartir la vida según viniera y de vez en cuando dejarse llevar, dejarse caer como la que no quiere la cosa y hacer el amor sin pedir ninguna clausula adicional, solo para recordar lo divertido que resulta hacer esas cosas con alguien que valga la pena.  Solo eso,  pero cuando descubres la mentira y la estrategia, cuando dejas de creer en la persona, en tu amigo, en tu amante...  cuando ocurre eso, no hay ruptura más segura.
" te provoca ternura y terminas acostándote con él.  Le das el premio"  
Si, así era ella.


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miércoles, 19 de octubre de 2016

Videncia



Ella nunca había tenido necesidad de estos tipos de servicios.
Entró en la habitación en penumbras, olía raro, y la decoración era arcaica...
Se sintió incómoda al ver que era un hombre el que la iba a atender, no le habían detallado ese matiz. 

* Sonora no atiende hoy. Yo soy Carmelo.   Dijo el hombre intuyendo la sorpresa de su clienta. Mujer a la que nunca había visto.

Uno frente al otro en una mesita redonda, no demasiado grande, con una vela aromática en el centro... Quizás ese fuera el extraño olor del habitáculo.
El hombre barajó las cartas,  le  pidió  que ella hiciera dos montones y eligiera uno de los dos...

* Eres una de esas tías...

El término "tía" le incomodó pero permaneció sentada. En silencio...

* Eres una de esas tías que os encanta redimir a hombres con problemas, especialmente tipos duros, chicos malos, taradetes de ese perfil.

Ella abrió los ojos y se  acercó a la mesa.  Muy a su pesar, ella era así. El hombre la miró, ya tenía todas las cartas desplegadas en la mesa.

* Alguien debería decirles a los tipos duros y a los taradetes porqué triunfan con mujeres como tú.

Se sintió aliviada por haber olvidado el término "tía" pero ahora no sabía si eso que decía era parte de la videncia o un comentario de tasca los domingos por las mañanas.

* Me sorprendes.  ¿Qué ves en las cartas?

* Ellos creen que os derretís  cuando los veis haciéndose los chulitos pero la verdad es que despiertan vuestro instinto maternal,  ese instinto que te deja ver más allá del disfraz.

Seguía expresándose de una forma inconcreta, divagando podría decirse, pero aún así,  ella se sentía reflejada, quería saber donde acababa todo este despropósito.

* Continúa no te pares ahora...

* Ves al niño tímido e inseguro que necesita superar sus cosas disfrazándose de tipo chungo, te provoca ternura y terminas acostándote con él.  Le das el premio.


Todo aquello le parecía una sesión de sicoanálisis más que de videncia. Se sentía desconcertada, perdida ante aquel desglose de su personalidad oculta.

 * ¿Quieres decir entonces que tendré una nueva relación sentimental?

El vidente no habló, dio la vuelta a una de las cartas.... y después aún en silencio dio la vuelta a la última.  Abrió los ojos con sorpresa. Ella se fijó en la carta que era... La rueda de la fortuna...

* Sin dudas algo inesperado va a sucederte. Un nuevo rumbo. Puede que ni siquiera en estos momentos puedas alcanzar la idea de lo que puede ser. Pero pronto llegará lo inesperado.

El vidente la acompañó a la puerta amablemente después de introducir en una cajita los dos billetes que le había pagado la mujer.  Ella salía con más dudas que entró una hora antes. "te provoca ternura y terminas acostándote con él.  Le das el premio"  Aquellas palabras aún retumbaban en ella cuando abría la puerta de casa.  Sabía bien que ella había actuado alguna vez así. Sabía bien que a los hombres les gusta inspirar lástima para conseguir ciertas cosas,  es una práctica habitual que todos lo han hecho en mayor o menor medida. Es algo que todos hacen y que como si fuera la técnica infalible de su identidad secreta ninguno habla de ello.
Todo eso estaba claro, eran las reglas del juego, con las que estaba acostumbrada a jugar, pero...   Ahora solo quedaba lo inesperado.




lunes, 17 de octubre de 2016

Llegaron vientos de Haikus





Aguardando un nuevo amanecer
las estrellas guiarán mi destino,
no importa que se ponga el sol...

La luna iluminará el camino
Sin olvidar que tú eres la luz en mi oscuridad.


... Y el viento trajo Haikus


El mejor amor
Sin cuento ni historias
Eso somos hoy



sábado, 15 de octubre de 2016

Calabaza



Nada hubiera hecho presagiar aquel acontecimiento tan delicioso.  Su propuesta no era nueva, ni sus ganas habían estado ocultas.

La luz de las farolas de la calle, 
anaranjadas y tenues, 
la luz de la media luna de las noches de otoño,
las sábanas cubriendo los cuerpos en la madrugada,
ella dormía apacible,
acurrucada, 
respirando sobre él,
ajena a que era contemplada
y deseada aún más que antes,
tenerla en la cama con él,
con sus cabellos en su boca,
con su mano enlazada  a la suya,
era algo que había pensado mil noches,
que sus constantes negativas lo habían apaleado mil días.
Hoy. Esta madrugada...
Cuento esto como el milagro con el que no contaba.
Porque para un cuarentón errante y vagabundo
decepcionado de toda civilización
verse refugiado en esta clase de poesía 
solo puede verse como el milagro con el que no contaba.


Nada hubiera hecho presagiar aquel acontecimiento tan delicioso.  Ella soñaba como una princesa de marfil.  La calabaza se hizo hogar.





miércoles, 12 de octubre de 2016

Fiesta, lluvia y Azúcar en agua






Hoy es día de fiesta, se ha despertado tarde, con el ruido de la lluvia golpeando los cristales de la ventana.   Ha mirado el reloj y ha preferido quedarse un momento bajo las sábanas, observando las gotas de lluvia resbalar por el cristal.   Evita pensar en él porque no le gusta sentir melancolía, sin embargo  cuando lo recuerda siempre le provoca una sonrisa, a veces tímida otras amplia, cercana a la carcajada.
Las mañanas de días de fiesta y que como hoy la lluvia animaba a quedarse un poco más en la cama pensar en él era inevitable; le gustaba acercarse a ella, intimar, pasar en la cama la mañana como si estuvieran en la luna de  miel.
Se levantaba tropezando siempre con los zapatos,  con el libro que leían por  las noches antes de dormir, con la banqueta donde ponían la ropa para el día de después... Él era de tropezar con todo y ella lo miraba hasta que entraba en el cuarto de baño.  Le gustaba  esperar un par de minutos hasta que él la llamaba porque se le había olvidado el gel o la esponja... cualquier escusa para que ella  se acercara a la ducha. Ella lo sabía, conocía el truco,  pero le gustaba escuchar como pronunciaba su nombre.


Después de unos minutos bajo las sábanas escuchando la lluvia golpear los cristales de la ventana en un día gris de otoño decidió levantarse. Comenzar un nuevo día.  El recuerdo se fue disolviendo como el azúcar en el agua...  La vida continuaba, en presente, siempre mirando al frente...




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domingo, 9 de octubre de 2016

Causas perdidas




¿Por donde empiezo? 

Cuando alguien te hace esa pregunta intentas recordar por donde empezaste tú.   Cuando se pierde el rumbo de la vida, cuando descubres que el camino que recorres no llega a ninguna parte lo primero es pararte.  De qué sirve avanzar en un camino que no te aporta, que no llena  ni te lleva a ningún lado.  Es fácil recorrer el camino sencillo, ese que tienes frente a ti aún sabiendo que es una pérdida de tiempo, un callejón sin salida o el mismo camino que recorriste tiempo atrás.



Empieza por la semilla. 


Hay veces que la siembra se malogra,  llegan tormentas, la descuidas por pereza, llegan  rebaños que la pisan, gigantes que la arrasan  y cuando te das cuenta estás cuidando una vida vacía como tierra baldía.
Así que párate y remueve la tierra, quita las malas hierbas y derrama sobre ella las mejores de tus semillas, derrama sobre tu vida los  mejores pensamientos y proyectos, esos sueños que aún pueden crecer, que aún tienen tiempo de ser.


¿Y si no tengo fuerzas para todo eso?

La vida nunca te deja sol@, siempre encuentras a esa clase de personas que te descubre y te recompone  todas tus partes rotas.  La vida pasa muy deprisa aunque nos parezca todo lo contario cuando tenemos el alma rota o el  camino que recorremos no nos gusta.
La vida nunca te deja sol@, siempre hay quien se levanta antes del alba para regar sus propias semillas de vida y riega las tuyas sabiendo de tu desgana.

¿Y si esas semillas las riega esa  persona no se convierten en suyas por derecho?

No. Claro que no, son tus sueños, tu vida, tu camino.  Todo hemos tenido un momento en que la vida nos pesa demasiado y alguien nos ayudó a seguir adelante; a abrirnos los ojos, a remover la tierra de los sueños perdidos y  cuidarla cuando nosotros no queríamos comenzar de nuevo, agotados de tanta vida,  ¿Quien no ha sentido un peso así alguna vez? .  Esas personas terminan alejándose de nuestro camino, nos recomponen y se marchan,  de echo pocas personas son las que deciden compartir la aventura del vivir  en lo bueno y lo malo, en la salud y la enfermedad, en la riqueza y la pobreza, y que conste que no hablo del matrimonio ya  que sea cual sea el vínculo todo eso es compartir la vida.

Pero la verdad es que un@ sabe que cuando crecen esos sueños, cuando  el árbol de la vida crece y tú te sientas orgullos@ bajo la sombra de sus ramas sabes que una de ellas es suya.  Cuando el árbol de tu vida da cobijo, cuando le hablas y lo cuidas cada día sabiendo que por muy grande y fuerte que parezca siempre hay que amarlo, cada día a cada rato, en lo más profundo de ti, sabes que parte de sus raices y de sus ramas pertenecen a esa persona. A ese ser que intentó recomponer todas tus partes rotas... 

El tiempo pasa rápido,  fugaz, un día sin saber cómo nos tumbamos bajo la hierba fresca a la sombra de tu árbol amoroso y lo miramos complaciente aún sabiendo que siempre pudo ser más alto, más fuerte... pero nada es perfecto en esta vida, a los que nos robaron el corazón a cucharadas lo sabemos bien, rellenamos su hueco, con piedras, con hojas delicadas de otoño, de inventos e historias bonitas, nos esforzamos en hacer latir un corazón que se petrificó hace demasiado, nos esforzamos en tener esperanza cuando la sabia del árbol  que es la sangre de nuestras venas nos recuerda que la esperanza es la mentira más grande que nos quedó. Que lo que está muerto no puedo morir y que la apariencia de los árboles de un bosque arrasado por el fuego... raramente es sincera.

El tiempo pasa rápido,  fugaz, un día sin saber cómo nos tumbamos bajo la hierba fresca a la sombra de tu árbol amoroso y sabrás que utilizaste las semillas adecuadas, y los suaves vientos te mecerán porque la vida nunca te deja sol@, siempre encuentras a esa clase de personas que te descubre y te recompone  todas tus partes rotas.






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viernes, 7 de octubre de 2016

Miedo




Yo siempre fui una fiel seguidora de las películas de miedo, de terror.  Me entusiasmaba sentarme a media luz, hundirme en  la butaca del cine o el sofá de casa protegida por un cojín y sentir esa sensación de... miedo.   Me gustaba eso de que llegara la noche y mirar las sombras del dormitorio intranquila, pensarme dos, tres veces ir al baño de madrugada y mirar al final del pasillo de casa como si lo más tenebroso  fuera a aparecer de repente.

Sin embargo he descubierto que todo eso se ha esfumado, veo películas de terror de vez en cuando con la esperanza de encontrar esa desazón, sin embargo termino viéndolas impasibles aún con los típicos sobresaltos de esos cimbronazos de volumen que en los últimos tiempos los directores ven como método de susto.  Normal que te sobresaltes si te ponen una muchacha 40 segundos en un pasillo a oscuras y de pronto... PLUM un estruendo y... era un gato.   Te asustas porque te suben el volumen 7 veces más de lo que debería estar no porque la película tenga esencia inquietante. ¿ Me entendeis?

¿Habré perdido la capacidad del miedo?
Estoy convencida de que no.   Porque  a veces tengo miedo de que cualquier tarado esté subido en  mi mismo autobús, o que alguien me observe en la distancia y busque el momento adecuado en el que esté desprevenida, me da miedo de que me engañen,  que descubran la persona que soy y aprovechen mi buen corazón.  Podría decir que me aterroriza este tipo de persona camaleónica, que aparenta ser lo que no es.    Tengo miedo a que la enfermedad me abrace, tengo miedo a cosas que no puedo contar, cosas que como todos preferimos callar. 

Lo que me lleva a la conclusión que perdí el miedo a la ficción porque la realidad la superó ... con creces.
Cosa que me entristece y cuando soy consiente de ello aún me da más miedo.



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martes, 4 de octubre de 2016

El cuervo



Ayer vi un pájaro, negro y grande, me fijé en su pico prominente, en su oscuro plumaje en esos primeros momentos de la noche.  No sé que pájaro vi, pero yo recordé al cuervo...

Ave reverenciada y temida. Pájaro de leyendas antiguas y que han inmortalizado con su siniestra presencia como un mal presagio.  Sin embargo los cuervos son unas aves con una sorprendente inteligencia.
Suele medir entre 52 y 69 cm. y su peso varía desde los 0,69 a 1,7 kg. Vive generalmente  de 10 a 15 años pero algunos sorprendentemente han alcanzado los 40 años.

Oportunista, capaz de adaptarse a cualquier hábitat, inteligente, muy inteligente... quizás demasiado.

Y allí estaba yo observándole. Cuervo. No comenté nada, preferí quedarme para mí  la contemplación y la duda.  Tuve en ese momento un recuerdo para mis vivencias incómodas,  esas cosas de las  que casi nunca hablo, con las que convivo con paciencia, pensé en esas gentes que creen sobrevolar por encima de ti. Y que como a ese pájaro de plumaje negro, los descubro prefiriendo siempre quedármelo para mi, con esa discreción que tanto me gusta mantener. Y aunque aparentemente nada cambia,  como dice una persona a la que quiero mucho, "echo una pared invisible que solo veo yo".  No hay nada como descubrir a un ser que sobrevuela camuflado en su hábitad natural. 

Y allí estaba yo observándole. Cuervo. Oportunista, capaz de adaptarse a cualquier hábitat, inteligente, muy inteligente... quizás demasiado.




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domingo, 2 de octubre de 2016

Mentiras



 Hacía años que no mentía. Hace un par de días que he  mentido y créeme que resulta raro para alguien como yo,  que mintió en su momento demasiado sin remordimiento alguno. Siento esa mentira martilleando el estómago queriendo salir para desaparecer como los vampiros malos a la luz del sol y la verdad.  
Esa fue su confesión aquella mañana de domingo. 

Las viejas santurronas se confesaban en Santa María Magdalena y ella como buena atea y apostata lo hacía en el sofá de su  viejo amante, con el que ya no había nada más que protección mutua cuando se sentían perdidos.  Con los ojos clavados en el infinito tras la ventana y con la camiseta de Jaime, dos tallas mas grande que le correspondía,  con los pies descalzos y hundida en el sofá permaneció un rato en silencio.

El viejo amante, ahora amigo y confidente se sentó en el suelo con los calzoncillos de superman fumando uno de sus cigarrillos dándole tiempo a que tomara aire.  A que prosiguiera su confesión o se envolviera en ese silencio prefiriendo que todo eso que pesaba tanto se quedara un tiempo más martilleando el estómago de Adela.

Le he dicho eso de  que solo somos amigos, que no siento lo que debía sentir, que no hay amor ni romanticismo en nuestro mundo compartido, esa pastelería que compartimos 9 horas al día.  Tú sabes como soy -giró la cabeza para mirar a los ojos a Jaime- me moriría antes de confesar que lo quiero, que necesito saber que está bien, que miro mil veces por la ventana de la pastelería si veo que tarda 10 min. creyendo que le ha pasado algo por el camino, que sueño con un beso suyo y que a veces mientas hablamos compartiendo el desayuno, pienso que me hace el amor, que me dice que me quiere, no importa si mucho o poco, que quiere estar conmigo, no importa si unos días o una vida. Tú me conoces - Le cogió el cigarrillo a Jaime y le dio una calada para devolvérselo de inmediato-  volvió a quedarse en silencio quizás saboreando la nicotina  de aquel veneno delicioso que hacía 15 años que no saboreaba.


Jaime apagó el cigarrillo. Se acercó al sofá aún sentado en el suelo y puso una de sus manos sobre el estómago de Adela  y ella puso sus manos sobre la mano de él.

¿Y  se puede saber porqué le has soltado esa trola?  Porque para decir eso ha tenido que haber un detonante, un algo... digo yo.

¿Sabes cuando se te cae la venda  de los ojos y de pronto lo ves todo con nitidez. De golpe? 

Jaime se rascó la cabeza como si hubiera resuelto un enigma.  Y comentó...

Si, eso que los alcohólico llaman momento de lucidez. Yo también he tenido esa sensación...

¿Cuándo?  Adela se sorprendió ante tan inesperada expresión.

Pues ahora mismo.  -Se levantó con energía y se tumbó junto a  Adela, buscando un hueco imposible en aquel sofá viejo-  He visto con claridad que ese tipo es un capullo.  Y que yo te quiero, nunca pienso si para unos días o para toda la vida, que me preocupa cuando  te llevas un tiempo sin llamarme porque pienso que estas con un capullo como ese y que cuando  estoy contigo quiero besarte, y  quiero hacerte el amor todos los días... solo que tú no  me dejas.

Que tontito eres.  Ella le acarició la cabeza y él se recostó en su pecho.

¿Lo hacemos. Reímos juntos un rato?

Nooooooo


Él la miró con esos ojillos de adolescente travieso... “mira que es una oportunidad única"

Adela soltó una carcajada 


Noooooooo



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