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Entra y siéntete en casa...

miércoles, 31 de agosto de 2016

Tu cielo



Yo quiero contigo...
sin importar en que lugar estemos.
... y el fuego de nuestros demonios arderán en los cimientos de nuestra pasión...
Ven a mis infiernos con todos tus demonios
Quiero vivir eternamente en tus infiernos
y asi poder disfrutar tu cielo










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lunes, 29 de agosto de 2016

PrinciPios



Charlotte nació en las tierras del hielo y de los renos pero después de una vida rocambolesca  de varias familias de acogida terminó siendo la vecina de Nico. 
Él era uno de esos niños que siempre andaba con la bicicleta y sus dos mejores amigos. Nada de niñas, era algo que a sus doce años no le interesaba para nada.  
La madre de Charlotte comentó a la de Nico que estaría bien que su Charlotte pasara algunas tardes con Nico para aprender el idioma " No hay nada mejor que aprender el idioma con niños de tu edad".  A Nico no le hizo ni pizca de gracia pero su madre accedió a que pudiera coger la consola cuando estaba con ella aún siento día  entre semana y eso a él le gustó.- Bien podía aguantar a una niña si a cambio podía tener su juego preferido en esa consola restringida de lunes a viernes antes de la llegada de su vecina-

Los meses fueron pasando y bueno... Charlotte se convirtió en su tercera mejor amiga.  Incluso le aprendió a andar en bicicleta para que pudiera ir a explorar con ellos y a nadar para que pudiera ir a la piscina.
Hace  un par de meses  la desgracia volvió a la vida de la niña, porque hay gente que parece ir de la mano de la mala suerte y la desgracia.  Los padres adoptivos de Charlotte  murieron en un accidente de carretera... volviéndose  a quedar sola.
Los padres de Nico hablaron con los asistentes sociales que llevaban el caso de la niña. Nico y ella habían creado un vínculo y ellos estaban dispuesto a acogerla si se pudiera hacer, así que durante aquellas últimas  semanas Charlotte vivió en la casa de los García.

- No te preocupes, puede que  todo se arregle  y puedas quedarte en casa, mis padres serán tus padres, Silvia será tu hermana y...

- Tú serás mi hermano - siguió ella terminando la frase dándola por echo-

- Bueno, eso es diferente... yo no seré tu hermano

- ¿ Y porqué no?

- Pues porqué no... Serás mi amiga y puede que puedas venir conmigo al baile de fin de curso, yo nunca he ido, y a ese baile  no se va con las hermanas,  se podría ir claro, pero resultaría raro...


Ella le miró desconcertada y él le dio un rápido y avergonzado beso.  El primer beso que daba en su vida.  Ese beso que se da a los 12 años  con miedo y sin prejuicios.





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viernes, 26 de agosto de 2016

La mano en el espejo



Llegaron a la vieja casa de tía Flor en primavera, cuando María empeoró de su asma  y los especialistas le aconsejaron alejarse de la ciudad.  La casa de tía Flor llevaba cerrada unos seis años, desde que falleció por culpa de su débil corazón.  

Al notar una considerable mejora María y su amigo  Daniel  decidieron quedarse en la casa de forma indefinida. Ella trabajaba en casa  y él se desplazaba a la ciudad, desde allí el viaje hasta el trabajo tan solo era de 20 minutos cuando desde su antiguo tercer piso tardaba una hora.

La casa era una casa grande, de campo y moderna, con algún toque vintage debido a esos viejos muebles de familia de los que ella nunca quería deshacerse.  En la entrada de la casa estaba el gran espejo rococó, así lo solía llamar Daniel, "el espejo rococó". Era una pieza de antigüedad, cinco generaciones de su familia habían porteado aquel espejo en cada uno de sus hogares, era la joya de la corona de su hogar y de la familia.  A Daniel nunca le gustó y ella estaba cansada de limpiar el cristal debido a las marcas de la mano que dejaba su amigo al apoyarse para coger las llaves de la mesita. Él le aseguraba que no tocaba ese espejo, sin embargo ella tenía que limpiar las huellas de dedos todos los días.
Fue el detonante de varias discusiones, Daniel se enervaba al verse el único culpable de aquel "delito doméstico" y María llegó a pensar que era asunto de las humedades, el tiempo habría provocado algún defecto en el cristal o algo así.  Cansada de tanto limpiar aquellas huellas  a principio de verano decidió cambiar el cristal del espejo. 

María se despreocupó pero a los pocos días encontró nuevamente la marca  de aquella mano en el espejo... otra vez.

Daniel la abrazaba por las noches y le convencía que era una casa vieja, con sus manías de casa vieja, las humedades del espejo y el desencaje de las maderas, uno de los peldaños de las escaleras estaba levantado y crujía constantemente...  Eran cosas de la casa. Además - añadía siempre- Esta casa es  muy de espejos, tu tía flor debió tener una vida muy loca.  Ambos se quedaban mirando el techo donde se veían reflejados en un gran espejo. María le preguntaba si quería quitarlo y él le decía que no, estaba empezando a apreciarlo. 

Vivir juntos fue la mejor decisión que habían tomado. Ambos eran almas solitarias, complejas y sencillas según los días, no habían tenido demasiada suerte en los asuntos del amor, así que pensaron que  estaría bien compartir la vida cotidiana, compartir gastos y compañía fue la mejor proposición que podían haberse hecho.  Eran amigos, solo amigos, aunque ellos sabían que a veces en aquel espejo en el techo se reflejaban imágenes lascivas y lujuriosas, imágenes de felicidad y pecado.  Los dos echaban las culpas a ese espejo de forma chistosa, nadie que duerma bajo un espejo así tarda en desbocar el mono salvaje que lleva dentro.


Pero aquella noche,  como la gran mayoría de las noches durmieron mientras la casa crujía y hablaba  bajo el manto de la noche...  Un murmullo, un quejido sutil en la distancia, el paso lento de zapatillas, el crujir del espejo y las marcar de esa mano en el espejo apoyada con fuerza para no desfallecer, los pasos en la madera de los peldaños de  la escaleras, crujir, crujir.... crujir, como si alguien estuviera subiendo esa escalera y no pudiera subir mas arriba de ese peldaño roto.  En ese peldaño donde tía Flor fue encontrada aquella mañana debido a su ataque al corazón.




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martes, 23 de agosto de 2016

El aMante guisanTe




Llega sin avisar, con su pelo cortito casi rapado, con una de sus camisetas mas viejas, bermudas y chanclas de verano mordisqueadas por su perro.

Llega sin avisar, con su coche, las mochilas y nevera llena de hielos y  cervezas.  Siempre sé que vuelve, tarde el tiempo que pase siempre vuelve.  Se queda parado en la puerta de casa con esa sonrisa tonta de "¿pensabas que este verano no vendría?" con sus ojos negros como la noche más oscura y esas manos fuertes y grandes que siempre me gustaron tanto...

Llega  sin avisar,  y sin decir demasiado me invita a ese viaje, a ese rincón de la costa donde siempre nos espera la casita de pescador de su abuelo Agustín.  Y le abrazo en el portal de casa, recordando su olor, me da abrazos largos y pausados para que permanezcan en la memoria.
Me espera mientras ordeno mi vida y preparo la mochila.

Y marchamos a la costa, allí donde las olas del océano mueren salpicando las rocas y la fina arena de la playa solitaria. Allí donde me habló por primera vez de nuestro amor, donde me desnudé para él por primera vez, donde nos prometimos volver cada tanto para no olvidar el amor y el deseo.  
Allí nos espera la casita vieja y pequeñita, con sus vasos y platos desparejados que vamos dejando cada año, allí nos espera nuestra cama con colchón de ruidosos muelles. Allí nos espera las aguas saladas del océano salvaje, la música del viejo radio  oxidado por el salitre,  los bocadillos con latas de coca~cola.  Allí esperaremos sentados sobre la arena el fin de los días, y nos duchamos juntos por aquello del ahorro,  me acurruco en su cuerpo, él se acurruca en el mío,  vivimos esos días que nos regala la vida ya que nuestra forma de vida es imcompatible aunque nuestro amor sea fuerte y sincero. Nos despertamos antes de que el sol despunte, nos sentamos en el escalón de la entrada de nuestra casita y me besa y me dejo besar por su boca salada, me rindo ante él y nos enroscamos como las ramas de los viejos árboles, como las algas en los arrecifes, me susurra y le contesto, nuestras miradas se funden en ese universo nuestro, ese que construimos y que nadie conoce, reímos juntos mientras explora mis recovecos y huecos, mientras se adentra en esa cueva de vida, mientras le beso con mi boca  salada.

Y volvemos a casa con la certeza que volveremos cuando le robemos los días al tiempo, y lo miro con esa sonrisa mía y él pone su mano sobre una de mis piernas.  Y guardo en mi memoria todas sus palabras y todos sus gestos, todas esas cosas pequeñitas que solo él me regala.      Así es mi amante guisante, amigo y compañero de aventuras, ese con el que recorrería todos los infiernos y viviría todas mis vidas vividas y por vivir, es el hombre que balancea mi mundo imperfecto, él no me regala bombones ni joyas ni promesas que no cumplirá, él me regala sonrisas, ríe y pasea conmigo, es libre para marchar lejos y volver siempre, me enseña rincones nuevos y me cuenta secretos. Se moja conmigo bajo la  tormenta, aprende a pisar el césped descalzo conmigo de la mano y me hace sentir viva. Así es mi amante guisante.



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domingo, 21 de agosto de 2016

El lado derecho del coraZón



Mi corazón estuvo muerto no sé cuanto tiempo. No quiere decir que yo dejara de vivir, si, yo vivía y muy bien podría añadir, sin embargo mi corazón estuvo muerto muchos años, quizás demasiados...
Cuando un corazón está inerte el lado derecho es que comienza a latir, el que da el  primer impulso, el que se carga de energía y fuerza para bombear la sangre y hacer que el lado izquierdo se active y vuelva a latir...  bom- bom... bom-bom...

Yo tenía mi vida sencilla y en mi vida tenía a mi amante, tan  divertido y tan lleno de pecados todo él.  Poco importaba el tipo de relación que teníamos, si me quería más o menos, sino había planes de futuro y que en ocasiones descubriera que teníamos poco o nada en común.  Coincidíamos en ganas y en los pecados de la carne.

Pero ocurrió lo inesperado. Sentí como un pinchazo, inapreciable en su momento, pensé que era el alfiler de la camisa...  sin embargo me di cuenta que era grabe cuando en mis encuentros íntimos dejé de divertirme, dejamos de ser TNT y nuestros encuentros se fueron espaciando en el tiempo hasta terminar desapareciendo.

Yo tengo mi vida sencilla y en mi vida tengo un amor, tan pequeñito y tan inalcanzable todo él.   Poco importa el tipo de relación que tenemos, si me quiere más o menos, sino hay planes de futuro y que en ocasiones descubro que  es un amor de esos platónicos, que nacen y mueren sin avance ni esperanza.

Mi corazón empezó a latir, así sin más, lo prefería muerto, inerte, con mi  amante tan divertido y lleno de pecado todo él.  Sin embargo ahora tengo un corazón que late, con las cosas de corazones latientes y vivos, con esperanzas y con ilusiones,  con esa clase de pensamientos que me ponen de los nervios, inventa posibles, y si... , puede que...,  la gran parte de los días lo dejo a su aire, que bombee ahí... a lo loco...     otros días le susurro cositas para que se vaya haciendo a la idea... termina siempre llorando.. ¡ Ay dios!...      otros días planeo su muerte, añoro cuando era una mujer sin amor, sin suspiros ni esperanzas absurdas. Cuando era una mujer con su vida sencilla y su amante con el que robaba ratos a la vida sin anhelar más que la carne y las risas.
Ahora mi corazón va por ahí dando saltitos como saltamontes en el parque,  revoloteando como mariposa en florecillas,  sé que terminará muriendo y  volveré a mi vida discreta y a mi extravagante amante, volveré a ser una mujer libre sin ese peso en el pecho, sin miedo a perder, sin esperas ni alma de algodón.
Mientras, intento ser compasiva con este corazón mío, que late sin ton ni son, pensando quizás con razón que estuvo muerto demasiado tiempo y que él, sólo él llegó tan hondo como para tener mi alma en sus manos y convertirse porque sí en el lado derecho de mi corazón...



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jueves, 18 de agosto de 2016

Valores y Vacios


Ella era muy  sideral. Muy del cosmos y las estrellas, siempre las miraba con atención y asombro, se sabía la ubicación de muchas constelaciones y creía en los horóscopos.  Era paciente y entregada, sobre todo  con las personas cansadas, esas personas que cuando las miras no ves estrellas,  ni color en su interior. Ella veía o relacionaba a cada persona con un color, desde pequeña, desde siempre...


Cuando lo conoció pudo ver su color desgastado y desconchado, aún así pudo reconocer el naranja, y ella sabía que sólo una vez pudo ver ese color en una persona. La persona que la convenció de que no era ningún pato de parque sino Cisne de lago.
Cuando lo conoció supo que se quedaría  a su lado hasta que el naranja fuera brillante y luminoso.  Ella era de hablar y preguntar mil cosas como las niñas de 12 años. Ella era de esperar y escuchar, de estar ahí, ella estaba, para lo grande, para lo pequeño, para las dudas, para la miseria y para la ventura, todo pasaba por el filtro de sus manos. 

Él se acostumbro a ella,  se acostumbró a tenerla, a  que siempre estuviera ahí guiándole en los momentos confusos.  Descubrió con ella cosas nuevas y perspectivas brillantes, sin darse cuenta empezó a construir un mundo nuevo, ilusiones nuevas, todo cambió aunque él se empeñara en verlo todo igual.  Y ella lo sabía porque aunque él no fuera consiente de ello, su color comenzaba a relucir.

Durante años estuvo ahí como las estrellas en la noche, como la chamarra en las noches de invierno, como el vaso de whisky en el desamor...   Ella lo llenó, entero, hasta rebosar de cosas bonitas y cotidianas, de cosas tontas e importantes, de cosas de carne y de espíritu.    Y de pronto un día después de muchos años aquel hombre con su color naranja descubrió   un vacío extraño, hacía tiempo que lo venía sintiendo pero pensaba que era hambre, pero de pronto aquella caja de madera se calló al suelo y el viento arrastró un papel olvidado en el tiempo.... y de pronto un día después de muchos años leyó aquel poema y recordó que hubo un tiempo en que alguien le escribía  poemas y los dejaba en lugares insospechados para que él lo encontrara... recordó que hubo un tiempo en que tuvo uno de esos amores tontos que dejó se lo llevara la corriente.  Cuando leyó el papel escondido durante años intentó recordar en qué momento la dejó marchar, cuando dejó de estar y cuando dejó de necesitarla.
Ella lo llenó, entero, hasta rebosar de cosas bonitas y cotidianas, de cosas tontas e importantes, de cosas de carne y de espíritu.  Y cuando un día miró a aquel hombre con su naranja tan naranja supo  que si se alejaba quizás ni lo notaría, así fue, se alejó y durante un tiempo aguardó con la esperanza de que su ausencia produjera algún vacío.

Ella ya está lejos de él, o quizás no tanto, nunca más volvió a ver a nadie  que le trasmitiera ese color naranja.  Pero no se marchó vacía, no señor, aquél hombre también la convenció de algo,  aunque siempre dice que es tan tremendo que prefiere que se quede en ella. En ese lugar donde se guardan los cuentos y los secretos de verano.



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martes, 16 de agosto de 2016

El AlmuerZo






No recuerdo el tiempo que hacía que me levantaba de buen humor.  Hacía meses que estaba constantemente enfadada y que saltaba a la mínima. Muchas veces no me aguantaba ni yo. Me estaba convirtiendo sin lugar a la duda en una cuarentona cascarrabias.

Mi marido siempre fue un hombre bueno, de estos de pueblo, sencillo y conformista pero en los últimos tiempos como que prefería estar en las clases de cocina y con las amigas antes de escucharle hablar siempre de sus mismas cosas del trabajo, una y otra vez, como si fuera mi condena en el purgatorio.

Aquella mañana cuando me dispuse a preparar el almuerzo bien pude elegir una de sus comidas preferidas, se levantaba a las 6 de la mañana y llegaba a las cuatro después de un buen trecho de carretera a 40 grados del Agosto mas soporífero de los últimos tiempo, sin embargo preferí hacerme mis fideos con huevo y picatostes, a él no le gustaban, bien que lo sabía pero "que se joda" pensé.  Demasiado que le hago de comer, mantengo la casa limpia y le he dado dos hermosos hijos.

Cuando llegó yo ya había comido y hablaba con Estefanía por teléfono.  Lo vi entrar sudoroso y con los ojos rojos, seguro que diría eso de "estoy muy cansado, la carretera... bla bla bla, bla bla bla"  Se sentó en la mesa y al ver que yo estaba ocupada hablando fue a la cocina y volvió con el bol de fideos.  Lo vi darle vueltas, una y otra vez con esa cara de perro abandonado y quejica.  Pero terminó comiéndoselo, ¡¡¡ claro que si!!!.

...

Aquel día comiéndome aquellos fideos templados, la miré buscando a mi chica, a esa que un día me robó el corazón y siempre encontraba un momento para mi. Aquella chica enamorada y risueña había desaparecido.  Nuestro amor estaba tan frio como esos fideos y nuestra convivencia tan tostada y dura como aquellos picatostes.  Me quedé sentado en la mesa 40 minutos y no me miró ni una vez.  Imagino que lo sabía desde mucho antes, ¡¡¡ claro que si !!!  Pero fue en aquel almuerzo cuando descubrí el abismo que nos separaba.  No tenía ganas de hablar, ella siempre terminaba gritando y  yo en el bar.  Supe que todo había muerto y que aquel sería nuestro último almuerzo compartido...  La próxima vez que hablara con ella sería para decirle que me iba de su vida.

jueves, 11 de agosto de 2016

Las Almohadas






No soy de mucho viajar, pero cuando lo hago no soy demasiado quisquillosa.
Con los años es verdad que busco hoteles, para dormir en camas cómodas y limpias. 
Suelo ser de esas huéspedes que solo llegan para ducharse y dormir. Rara vez utilizo el minibar y enciendo el televisor, cuando llego después de todo el día fuera solo quiero refrescarme y dormir.

Cuando me tumbo en la  cama, ya sea sola o acompaña, lo primero que me hace recordar que no estoy en casa es la almohada. 

Tardo media noche en conciliar el sueño, sobretodo la primera noche. Mil imágenes aparecen en ese letargo, donde no estas despierta ni dormida.  Imágenes extrañas y muy distintas a las que suelo reconocer como mías.  Los sueños de hotel siempre son estrafalarios y Kafkianos, me hacen despertar y descubrir luces y sombras en una habitación desconocida y a demasiada distancia de la mía.

Siempre pienso lo mismo, si esas imágenes y esos sueños son los míos o los de la gente que durmió en esa misma cama días o meses antes.  Si esas almohadas que todos compartimos poseen y guardan todos los sueño, los tuyos y los míos y  se les van escapando de vez en cuando provocando que todos compartamos los mismos miedos e ilusiones.

Yo  aquella noche veía un hombre en bicicleta, pedaleando demasiado despacio, aún así mantenía el equilibrio. Y aunque todo era normal el  hombre era como una pegatina,  una pegatina de un hombre con bigote pedaleando en una bicicleta. Esa fue mi última imagen-sueño en mi último hotel.

Cuando duermo en hoteles lo primero que hago cuando me tumbo en la cama es dejar en el suelo la almohada, si duermo sola me conformo con el colchón, si tengo la suerte de estar acompañada él es mi almohada.




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lunes, 8 de agosto de 2016

Cachitos de ti




*¿Tienes algún secreto?

Aquella pregunta en mitad de la conversación no hubiera tenido mayor trascendencia sino fuera porque ella respondió con una afirmación tras unos segundos de silencio escurridizo.

Su amiga, la que había echo la pregunta segundos antes abrió los ojos con sorpresa  y con esa intriga cotilla que solo mantienen ese tipo de amigas que siempre permanecen a tu lado para lo bueno y lo malo y descubren de golpe que no lo sabían todo, que siempre hay algo escondido en ese mar de sentimientos femenino.



*Me he vuelto a enamorar. Supe que ocurriría, lo vi venir, intenté aferrarme a la realidad,  atrincherarme en el mar de espuma gigante, en la coraza de mi mundo al que ningún destino conduce, me refugié durante un largo tiempo en los brazos de quien me amaba esperando que en algún momento ese sentir naciera en mi... Lo he intentado con todas mis fuerzas, créeme. 

- Empezó a reír con ese brillo en los ojos inconfundible, de quien  ya está atrapada en el amor -. 

Créeme que él nunca lo sabrá, ya sabes como soy. Que mi amor se  quedará guardado con todas esas cosas bonitas, con la música que nos hace bailar, las películas que nos hacen llorar, el recuerdo de  aquellas vacaciones de verano, las historias que nos provocan la risa y todas esas cosas pequeñitas que nos llenan de vida.
Yo ya estoy vieja para tonterías, para perderme en cruces de palabras, para declaraciones y arrebatos. Que soy loquita para cuando las cosas no me importan demasiado, para cuando no me importa perder. Pero esta vez quiero que sea para siempre, compartir la vida y envejecer juntos aunque  nuestros corazones estén distanciados por un abismo de incertidumbres, aunque nunca lleguen a coincidir en ese tipo de cuestiones.
Y créeme  que hubo un momento que pensé que sería posible, sentí que se cruzaría ese puente y que coincidiríamos en su mitad, porque yo no lo iba  a dejar cruzar solo, y que me diría eso de...  sé que esto es complicado, que todo indicaba que era una historia imposible, que nuestras raíces estaban lejos pero que  nuestras ramas habían llegado a enredarse para no desenredarse nunca.  Que aún así le gustaba, que aún así me quería.  Que ahora en mitad del camino de la vida quería dejar atrás todas las tormentas y quedarse contigo, aunque fuera en ratitos robados, enredarse en mí para no perderse más, sentir que el viento soplaba esta vez a  favor… sentir la fascinación de un horizonte no muy lejano, saber que todo iría bien, con las marcas de viejas pinturas de guerras obsoletas, renovados y despojados de todo lo que sobra,  con la idea y el peso  de que todo pudiera ser un loco sueño... 

Ese momento se desvaneció, creo que fue cosa de las ensoñaciones  que provoca el amor; como los espejismos en el desierto o  las alucinaciones con la fiebre. Ahora estoy mejor,  sigo sin la vacuna de esta  locura pero...  que puedo hacer dime...  Ahora ya no tengo miedo, ya sabes como soy que no suelo pedir más de lo que me dan, él nunca lo sabrá, esta locura no viviría más de unos minutos bajo los rayos del sol.  Hace muchos años, alguien me enseñó que eso de no ser correspondido en el amor  no es ninguna desdicha, ni desgracia ni maldición pirata, porque ir sin amor por la vida es como ir sin música al combate, como emprender un viaje sin un libro, como ir por el mar sin estrella que nos oriente...


La amiga la escuchó, la miró con cierta ironía.

Querida...  - bebió un gran trago de la cerveza helada que tenía entre las manos-  Acaso crees que ese pobre tipo sea quien sea no estará al tanto de todos los acontecimientos de tu corazón.

¿Porque le llamas pobre tipo?

No sé quien es, no lo conozco...  - le acercó otro botellín helado que había traído el joven camarero y que colocó en la mesa sin orden-  ... pero te conozco demasiado bien a ti. Y sé que cuando quieres de verdad  siempre se te escapan cachitos de tí. 


viernes, 5 de agosto de 2016

GaTos de callejÓn




 Yo nunca lo vi como gato de callejón... pero puede que lo fuera porque yo siempre fui de gatos de callejón, puede que en el fondo incluso yo también lo fuera, por eso conectamos tan rápido y encajamos de forma tan natural y escurridiza en nuestras respectivas vidas.

Si... me cuido, soy mujer de libros, de maquillarme, de ir bonita a los sitios, de nunca dejar de estudiar, de asegurarme que todos los míos estén bien. Soy de evolución continua, nunca me estanco ni en momentos ni en lugares.

Pero sí suelo estancarme en los corazones,  nunca  he tenido claro si yo los encuentro a ellos o ellos me encuentran a mí, solo sé que cuando coincido con alguno  enseguida sé que es uno de los míos.
Ese tipo de personas que cuando llegan a casa se ponen la camiseta mas vieja y los pantalones mas dejados, no se gastan el dinero por mucho que tengan en cosas caras para alardear, les gustan los bares pequeños, más bien cutres y de barrios, de esos que te conocen por tu nombre y te preparan el desayuno sin preguntar porque ya saben lo que te gusta,  son dejado para sus cosas, perezosos para ciertas tareas y remolones para ir a según que lugares pero dispuestos para tomar cervecitas con los amigos. Ese tipo de personas que vuelven  a casa los sábados de madrugada disimulando su chispa, que parecen ir a lo suyo, que son independientes y parcos en palabras pero cuando los necesitas... cuando los necesitas pueden recorrer cualquier desierto de hielo o fuego hasta llegar a ti.

Si... me cuesta contar mis cosas y ser protagonista, me gusta pasar desapercibida aunque nunca lo consigo, me gusta sonreír y aparentar que voy a lo mío, hace tiempo que me cansé de ir mendigando cachitos de amor y noches de luna, aprendí que me merecía esas cosas bonitas que siempre se me escurrían, dejé de perder el tiempo y ahora solo quiero ser yo con mi edad, mi piel y mis noches de luna.

Pero no suelo ver la edad ni la piel de nadie, me quedo con la gente con alma, con la gente rota, con los que no piden nada, con los rebeldes con o sin causa, con los raros, con los que preparan bocadillos imposibles, con los que se levantan a las cuatro de la madrugada para apuntar algo en un papel, con los que les da vergüenza decir te quiero, con los que te piden amor sin miedo.  A los que tardan una vida en tomar una decisión y los que deciden sin pensar más allá del deseo del momento. Y entre todos siempre hay uno... el más gato, el más negro, el más loco, el más serio, siempre hay uno...

Yo nunca lo vi como gato de callejón... pero puede que lo fuera porque yo siempre fui de gatos de callejón, puede que en el fondo incluso yo también lo fuera.




miércoles, 3 de agosto de 2016

Emplumados






A pico lo encontraron en la calle, en uno de esos árboles de aceras de ciudad. Cuando llegó a casa de mis sobrinos era un pájaro loco. Un pájaro con aspecto simpático pero con un pico de acero que a la que te descuidaras te daba un buen picotazo.  En poco tiempo se convirtió en un agaporni que apenas salía de su jaula porque todos temían sacarle.  Los niños de la casa (mis sobrinos) temían acercarse  a la jaula y le metieron un muñeco de plástico dentro del habitáculo para que no estuviera solo.  A mi la imagen de aquel pingüino de plástico, ya medio comido todo de los picotazos de Pico me resultaba tétrica, digna de la casa de Norman Bates.

El verano pasado cuando la familia se fue de vacaciones Pico se quedó en casa y mi hermana que es mucho de pájaros se quiso quedar con ella... porque descubrió que era chica y que le gustaba la música folclórica, su antigua dueña tuvo que ser una de estas sevillanas de copla y flamenco. Poco a poco la fue sacando de su jaula y le hizo entender que no se debía picar a diestro y siniestro. El caso es que lo consiguió.  Y un día le llevó a su nidito un amigo de verdad. 

Güendi era muy guapo... y muy joven, era de un verde esmeralda precioso y cuando salían a volar fuera de su jaula lo hacía raudo y notabas sus planeos sobre tu cabeza como si fuera un águila.    Con el tiempo han vuelto a mi casa, y los dos forman parte de nuestro tiempo. Con el tiempo se han enamorado y forman una familia de dos,  les gusta meterse en casitas que se construyen. Le solemos meter las publicidades que nos llegan a casa y  se las ponemos en forma de tienda de campaña canadiense.  A ella le encanta y  de momento entra en su interior, él se sube arriba, hace tiras con las hojas y provoca el enfado de su esposa,  y él sabe que tiene malas pulgas porque su instinto de picar como un buitre salvaje aún no lo ha perdido del todo. Se pelean, se pican, yo les suelo reñir pero la mayoría del tiempo como que ... ni caso.
Esas peleas son parte igualmente del tema erótico festivo, él la persigue por toda la jaula, ella según el día, huye o le pica pero en cuanto te despistas un poco en esos momentos la vez a ella con sus alas desplegadas y él sobre ella todo entusiasta y triunfador, después de ese momento se meten los dos en su tinglado y ea!!! no hay pájaros en toda la tarde. 


Imagino que Pico es demasiado mayor, no sabemos los años que tiene. Cuando se enamoraron y se hicieron novios pensamos que tendríamos que pensar lo que hacer cuando comenzara a poner huevos... pero nada, debe de ser ya una señora madura con un esposo jovenzuelo, porque no hay huevos  pero si hay mucho amor,  muchas discusiones y arrebatos locos de matrimonio consolidado.









lunes, 1 de agosto de 2016

A quien ama tu corazóN






Hoy amaneció un cielo gris plomizo en esta ciudad que nos acoge sin saber quien somos ni que anhelamos.

Hoy Sábado en la mañana, me despierto sin despertador y me bebo el café en pijama sentada en el balancín del salón, sin demasiada luz, sólo la que el día nos regala.

Hoy doy vueltas al café aún con los ojos a medio abrir y lo descubro mirando tras la ventana, junto a sus cactus y mis velas, con la mirada perdida en algún punto de la ciudad, intentando quizás, buscar una escapatoria a sus tristezas. 

Hoy me pregunto si su corazón es también gris plomizo, si puede que mañana vuelva a latir con la luz del sol de verano, me pregunto a quien ama, si nuestro hogar le reconforta o por el contrario le aprisiona.  Si siente mi presencia, si sabe que estoy a su lado porque lo quiero, por ser como es y porque descubrí su sol tras esa tormenta tan suya, tan presente siempre.  Me pregunto si le aporto, si le gusto, si sus besos son sinceros o si solo soy el refugio de su hibernación emocional. 

Hoy me siento contenta, con ganas de ser esa loca caprichosa que se acerca al hombre que amo,  le abrazo, le beso y lo invito a reír juntos mientras sus manos escudriñan la piel suave con aroma a almendras. Hoy me siento libre para quedarme un poco más sin saber que secretos guarda el amor de mi vida. Todo eso que guarda para él  y siempre descubro a destiempo.  Aún así me gusta, aún así lo elijo y me quedo, le cuento, lo escucho, lo espero, y lo beso, escucho esas palabras suyas que llegan a mi como delicada sinfonía...  siento que estoy en su corazón de alguna forma abstracta, que soy el remolino que sacude sus púas, la vela con aroma a vainilla, el bálsamo que busca cuando le duele todo... siento su corazón tan lleno de púas que me pinchan pero que ya no duelen porque primero me enamoré de su catástrofe y después de él, primero de sus cicatrices y después de su piel.



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