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Entra y siéntete en casa...

domingo, 29 de mayo de 2016

Manzana a la deriva






Despertó de ese maravilloso letargo que da el amor, de pronto sin previo aviso, como  trueno en día despejado,  como ola que arrasa y se lleva lo más vulnerable que encuentra vio como se alejaba ese amor que nunca llegó a ser caricia ni beso ni susurro de madrugada. Sintió como esa cuerda trenzada y fuerte se la llevaba aquel despertar de princesa encantada. 
No luchó, ni se agitó, ni corrió presurosa tras ese amor que sólo había sido un sueño en su mundo de princesa durmiente. Él nunca la había querido, al menos como ella creyó sentir en algunos momentos, pero así sin más abrió los ojo y recordó que dar mucho y recibir poco también cansa, y aunque el don de saber dar a cambio de nada sea hermoso, también hace falta recibir sin tener que pedir...  y ella también necesitaba escuchar te quieros y sentirse mimada, amada y soñada. 
Se cansó de las medias tintas, de sentir como él nadaba a dos aguas,  ni dentro ni fuera,  de ver como tan pronto recordaba u olvidaba a su antojo y necesidad.
Así que al despertar y sentir como aquel vínculo maravilloso que solo el amor regala se alejaba  supo que lo mejor era dejarlo marchar, dejarle como recuerdo de ese amor platónico, ese que deja la manzana sin morder, fresca y con sabor a paraíso, alejándose a la deriva del recuerdo de aquello que nunca fue correspondido ni tuvo la intensidad propia de los amantes apasionados sino la historia de quien da y quien necesita recibir,  entreteniendo una vida a la deriva, la misma deriva donde ahora marchaba aquella manzana con su nombre y que ahora se secará como se sacan las cosas que no se les presta la atención necesaria.







martes, 24 de mayo de 2016

ComPañero de CamiNo



Ya no soy la misma de antes. He sido víctima y también victimaria. He tenido que enfrentarme con el dolor de perder a alguien y he renacido de las cenizas. He tocado el amor con las palmas de mis manos, pero se me ha ido entre los dedos.Por eso, no quiero un novio.

 No deseo a un hombre al que le entregue mi alma y después se la lleve a cucharaditas. No estoy interesada  en amores de medio tiempo, ni con fecha de vencimiento.

Quiero un compañero de camino. Un  hombre que, además de ser  mi enamorado, también me acompañe en el sendero de vida que he decidido tomar. Y que para él yo sea la única mujer con la que anhela recorrer, día a día, todos sus caminos.

 No deseo a un novio para que me de besos, me acurruque en los días fríos o que me abrace en las mañanas; eso lo hace cualquiera. 
 Quiero uno que mire en la misma dirección que yo lo hago. Él con sus metas, yo con las mías, pero ambos encaminados a una senda en particular: hacerlas realidad juntos.

Quiero a un hombre independiente, sí; pero no, excluyente. Que entienda que una relación es de dos y no de uno. Que este dispuesto a ceder, en algunas ocasiones, así como yo lo hago.
Quiero a un hombre que me ame tanto, como para imaginar una vida conmigo.
 Quiero que anhele no solo tomar mi mano en la calle, también en la vida. Que a su lado yo pueda vivir una historia de amor infinito; no desechable.
No me interesa tener una relación como las de hoy en día: efímeras, que en el primer intento dejan todo en el camino, que prefieren tomar un nuevo rumbo antes de conservar lo que tienen.

No quiero entregar mi corazón por una porción limitada de tiempo, con el temor de que, en cualquier momento, deje de latir y se resigne al dolor. No quiero que se lleven una parte de mí y me dejen un agujero en el pecho.


Quiero a ese compañero de camino, a ese compañero de vida. Y no deseo seguir caminando sin él. 

jueves, 19 de mayo de 2016

Renacer



Un día
me robo un beso
(el miedo hizo que lo olvidaramos)

Años después
Me robo el corazón
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Ese podía ser el resumen de su historia. Porque Margarita siempre fue una de esas mujeres que se sienten distinta a la mayoría, que nunca se vio en la puerta de un colegio cotilleando el reality televisivo de la noche anterior con las demás madres de los compañeros de clase de sus hijos, ni siquiera se veía con marido a quien tener el puchero preparado a la hora del almuerzo, ni con almuerzos de domingo con suegros y cuñados.  Nada de eso había sido otorgado para ella, Margarita era una mujer libre, aunque siempre tenía novios que iban y venían como las mareas de verano. Tampoco fue mujer de buscar hombres en barras de bares nocturnos, ni los creía ni tenía tiempo para ellos, eso de conocer a personas  y contarle tu vida a grandes rasgos como si estuvieras en un casting de reality show nunca le funcionó.  Así que sus amigos especiales la hacían reír y la complementaban a ratitos y épocas.

Margarita estaba enamorada, llevaba años con ese hombre clavado en el corazón. Pero ese hombre no quería a nuestra Margarita, aún así ella durante mucho tiempo le fue fiel. Tenía la absurda idea que si su corazón lo amaba su cuerpo no podía ser de ningún otro, aquel hombre la completaba, la llenaba de todo él, de su mundo, de su historia. Compartían ciertos aspectos de sus vidas... y ella era feliz, soñando que algún día aquel hombre abriría los ojos y la vería a ella.

Aquel hombre no despertaba, o quizás si estuvo despierto siempre y nunca quiso verla, o estaba demasiado ocupado curando viejas heridas de su propio corazón y nunca tuvo el valor  de renacer y comenzar de nuevo.  Margarita  perdida en su amor imposible nunca tuvo claro nada.  sus amigos, sus amantes la buscaban, le regalaban flores y le decían cosas bonitas, esas cosas que  a las mujeres les gusta escuchar, pero ella durante mucho tiempo siempre encontró una excusa para no quedar con ellos y omitir  que no quería besarlos ni amarlos ni pasar ratos juntos en ningún parque ni en ningún cine ni en ningún restaurante. Ella quería hacer todo eso con el hombre que amaba tontamente.  
Sus dos amigos, a pesar de no ser consiente de la existencia uno del otro actuaban igual, la esperaban, la visitaban, querian entender aquella anómala situación repentina de su querida y amorosa Margarita.
Y una mañana, de repente, con la intensidad fulminante con que se enamora una, ella se desenamoró.  Comprendió que era absurdo guardar fidelidad con quien no tienes compromiso, con quien no te regala palabras de amor ni guiños amorosos.  De repente  supo lo absurda que había sido y lo extraordinariamente irracional que puede ser una mujer que escucha y atiende a su corazón loco.

Así que Margarita volvió a atender a esos chicos, ahora hombres que llegaban como la marea en verano, siempre contentos y llenos de sorpresa para dar lo mejor de si.  
Años atrás aquel hombre que no había desistido en la espera de ese momento incomprensible (para él) de su Margarita, le robó un beso en la puerta de un kiosco de barrio.  Ella se ofuscó. Él le sonrió y le dijo que la quería. En aquel momento eran demasiado jóvenes, y el miedo a estropear su amistad con un noviazgo fugaz hizo que aquel beso fuera la anécdota de su adolescencia, aunque después hubieran mas besos y que con la madurez llegó ese amor que permanece y se queda.  Era como el amor de la paloma a su casa. Por muy lejos que vuele, por muy libre que sea, siempre vuelve a casa. Margarita siempre estaba allí esperándole.
Después de un tiempo con la compañía cotidiana, de días de asueto y noches de charla Margarita comprendió lo fácil que es meterse en esa burbujita de amor, y soñar y creer  que todo es posible, que vas a recibir con la misma intensidad ese amor que das. Recordó lo absurdo que es atender  a un corazón tonto e iluso. Salió  de esa burbujita tonta en la que había estado soñando demasiado tiempo y  volvió a su Adán, a su manzana. Ese que iba y venía pero que en el fondo siempre estaba.
Aún así, el corazón es empecinado y a veces Margarita siente un pinchacito,  a mitad de la noche o después de almorzar.  Es ese amor imposible que le pellizca para  que no sea olvidado.






domingo, 15 de mayo de 2016

De las cenizas, fuego.



Era sábado en la mañana, el día favorito de la familia del amor.   Gustavo estaba despierto desde el alba, había ido a correr y volvió con los churros de la cafetería Acosta.  Irene había hecho los cafés mientras Gustavo se duchaba y la pequeña Lucy había llegado a la cocina con su muñeca entre sus pequeños brazos.
Irene preparó  la mesa para el desayudo; las tazas, el café, la leche, y los churros en el centro de la mesa. La pequeña se sentó en su silla y cogió uno de los churritos más pequeños, su madre Irene no tardó en ponerle su tacita con la leche.
Gustavo llegó de su ducha y se sentó junto a la niña, comentaban y hacían planes para el fin de semana.
El olor a café hizo despertar a Mario, aún en pijama con en torso descubierto se acercó a Irene dándole un beso en los labios. "Esta noche te eché de menos" Le susurró discretamente. Ella como muestra de gratitud por su generosidad le devolvió otro beso.

- ¿Papá podemos ir al pescar hoy con Gustavo?   La niña puso esa carita que  sabía poner tan bien para pedir cosas.

-  Claro!!!  Tenemos cebo de la semana pasada.  -Aclaró el padre a la niña-  Se acercó a la mesa dando un golpe amigable en el  hombro de Gustavo.

Irene se sentó frente a ellos. Desayunaban hablando del día de pesca que les esperaba.

- ¿Tú vendrás mamá?

- Si... claro


Desayunaron sin prisas, y juntos lo organizaron todo para estar camino al pantano a eso de media mañana.
El día era favorable, el sol calentaba el día y las familias asentadas a la orilla de las aguas dejaban poco tramo a elegir.

- Allí !! Junto al árbol!!! Vamos tío!!!  -  La niña cogió la mano de Gustavo  y se fueron adelantados


Mario, el marido de Irene la cogió de la mano y fueron paseando entre las hierbas altas y las flores silvestres. Él entendía que su esposa pudiera amarlo y cuidarlo toda la vida al igual que a Gustavo.
Gustavo era hombre silencioso, tranquilo, un tanto bohemio.  Era un buen hombre y cuando Irene conoció a Mario él ya estaba en su vida.  Mario lo entendió, supo que si quería a Irene, si quería ser su esposo y su compañero de vida Gustavo tenía que pertenecer a su familia.  Y así ocurrió.  Irene se enamoró de  Mario, se casó con él y tuvo a su linda hija Lucy, pero ella quería a Gustavo, siempre lo quiso, soñó con poder tener un hijo con él y tener una relación romántica  pero Gustavo era un hombre olvidadizo en estas cosas del amor, era un hombre de esos que se deben descifrar, que pese a su peculiar personalidad una vez que descubres su corazón no se pueden dejar, quieres, amas y deseas que esté en tu vida por encima de todo. 

- ¿Está mejor Gustavo, volverás hoy a mi cama?  Le preguntó Mario a su esposa antes de llegar donde estaban Lucy y Gustavo

- Si, creo que si.   Se acercó a su marido para andar abrazados.


Cuando llegaron al  sitio dejaron todos los bártulos y pusieron las cañas.   Irene se acercó a Gustavo y le dijo algo acompañado de unas risas y un beso en los labios.  Formaban una familia extraña, alternativa, algunos lo llamaban poliamor, ellos lo llamaban familia.







miércoles, 11 de mayo de 2016

De la osuridad, la luz




Él llegó a su puerta con clara expresión de cansancio.  Con la mirada aún perdida, como si las viejas imágenes de vidas pasadas aún permanecieran en su retina.
Snow apenas reconocía su voz, aún así, la chica que vivía en el borde del bosque, la que hacía sonar sus cascabeles al andar se apartó un momento del hueco de la puerta y le dejó entrar en su humilde casita de madera.
El hombre sabiendo lo especial de aquella mujer entró con la mirada en el suelo y se paró en mitad del salón.  Los cascabeles que colgaban del ropaje y del cuello de Snow sonaron con alegría, ella le cedió una silla que retiró de la mesa.  Él se sentó y ella con la naturalidad de quien sabe y espera, le puso un plato de comida, pan y bebida.  Abrió las ventanas para que entrara la luz y el calor del día de una forma natural y siguió haciendo las tareas que él interrumpió con su llegada.

Ella, la paciente y tranquila Snow puso música y se sentó en uno de  los sillones a leer un libro, él apenas había hablado desde la mañana.  Se sentía abrumado de tanta generosidad sin preguntas, sin porqués.  Había llegado aquella mañana después de algún tiempo y con la necesidad de  no alejarse demasiado.

Snow se frotó los ojos indicando cansancio, miró el reloj  pero quiso terminar el capítulo  del libro que leía. Entonces él se levantó y se colocó tras  el sillón donde ella estaba sentada,  pasó su mano por la melena de la mujer.  Ella paró de leer.

Quiero quedarme contigo. -Le dijo-  Sin ti el mundo no tiene sentido. - El corazón  de la mujer latía fuerte, como solo el amor lo hace latir-.   Intenté creer que la vida tenia mas sentido fuera de tus bosques, pero  me pierdo en ese lugar inmundo, ahí  fuera no hay nada, nadie que me importe más que tú. Estoy vacio por dentro y contigo... contigo todo es distinto.  No estoy pidiendo ayuda al señor de luz, ni a los 7 dioses de fuego, sino a la mujer que me ha demostrado que los milagros existen.

Snow dejó abandonado el libro y se levantó a la vez que cogió de la mano al hombre que tanto quiso en silencio.  Camino a la cama por el pequeño pasillo en penumbras tuvo  la sensación de que cuando ella decidió alejarse, cuando tomó la decisión de volver a retomar las riendas de su vida y de sus viejos amores conocidos entonces y solo entonces él había vuelto a casa.

Este es tu cuarto – indicó con el dedo índice sin parar el paso y entrando en el cuarto contiguo-


En la madrugada de algunas noches después él entró sigiloso en el cuarto de ella. La mujer lo vio llegar y a diferencia de las otras noches abrió las mantas para que él entrara en ellas.

Todo estaba tan mágicamente unido que hay ciertos deseos, hay ciertas formas de amar, hay ciertos amores  que no podrán ser evitados.

Y ahora después de toda una vida imaginándolo le gustaba pensar que cuando lo hacía él lo sentía,  podría parecer una locura eso de que la mente y el corazón del hombre destinado a amar  eran invadidos y atraídos por ese amor aún por llegar,  pero ahora él estaba allí y le gustaba cuando le decía tonterías, cuando metía la pata, cuando mentía, cuando iba a ver a la familia y volvía enfurruscado, cuando llega tarde, cuando le cubre de besos el día de cumpleaños, cuando es feliz y se nota.  Cuando es genial con una frase que lo resume todo. Cuando ríe… Pero aún le gustaba más cuando lleno de vida se despierta y lo primero que le decía era...
“Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno.”




sábado, 7 de mayo de 2016

Mi hombre MágiCo





No tengo miedo a perderme en tormentas, en días grises ni en tristeza, ya no habrá viejos fantasmas asechando...

Eres el hombre mágico que llegó sin escuchar tus pasos,
Sólo tú  tienes  la llave,
la que abre mi caja de pandora.
Tuya es únicamente la clave.
Esa mirada tuya, enigmática y tranquila me atrae como cometa a tu órbita.
Eres ese dulce tormento,
la ecuación a descifras.

Te lo digo así flojito,
como esos vientos mágicos que me regalas a cada momento, cada amanecer, cada noche de sueños de verano...
Estaré todo el tiempo de esta vida contigo
te buscaré en mis otras vidas,
no existirá suficiente distancia,
no encontraré suficientes motivos para dejar de quererte.

Eres el hombre mágico que llegaste como el arcoíris tras la tormenta,
Llegaste de tu lejano Universo
toma asiento y quédate un tiempo,
tiempo sin reloj, un tiempo de soles, de vida y de estaciones interminables.
Coge mi mano, abraza mi cuerpo menudo y enrédate en mis ramas, méceme como si fueras viento del este,
que ese viento se lleve todas las palabras,
que solo haya espacio para sentir, que tus largas ramas me protejan y mis raíces te alimenten,
que ya no haya tu y yo,
que seamos unidad inseparable,
que nuestro tronco se enrosque como los viejos olivos centenarios

Eres mi hombre mágico,
el que llegó a mi vida  para quedarse,
para avivar el fuego  de la hoguera de los dioses,
cantar bajo las estrellas y susurrar bajo las sábanas.
el único que encontró la llave de lo que queda de mí tras naufragios y batallas perdidas.
Ya no tengo miedo a perderme en tormentas, ya no imploro ni rezo a dioses de luz  y esperanza,
ahora estoy a salvo de todos los miedos, de toda incertidumbre,
ahora siento tu magia,
y enredada quedo en tus ramas, en tu risa y en tus tormentas...
Ahora estoy en ese lugar en calma, escapando  de las palabras,
intentando ser mas rápida que los ecos de la voz,
hoy no quiero huir del influjo de las miradas y los besos,
Ese es el origen,
ahí comienza, ahora coge mi mano, abraza mi cuerpo menudo y enrédate en mis ramas, méceme como si fueras viento del este,
has sonar mis cascabeles y quedémonos aquí en este lugar en la fina línea de los sueños y la vida, 
olvidemos las viejas heridas y las palabras necias,
ahora formamos unidad,  estás y estoy
somos
Ahora que soy más que nunca, ahora que siento y amo, me abro camino como nuevo manantial en nuevas tierras inexploradas,
ahora que estoy en casa, solo quiero ser explorada y conquistada, perderme y expandir toda mi esencia contigo... mi hombre mágico.




jueves, 5 de mayo de 2016

Bosque



Porqué deseas morir nunca fue la pregunta correcta sino por qué vivir. Esa era posiblemente una de las muchas preguntas que le atormentaban a las miles de personas que se adentraban en aquel bosque maldito en el confín de la tierra. 

Es fácil perderse en ese enmarañado reino de muerte. Así que el visitante temeroso de adentrarse demasiado y perderse, temeroso de  arrepentirse en el último momento y verse encerrado en un laberinto de árboles y restos de viejos objetos abandonados junto a los esqueletos de quien decidió morir en ese lugar olvidado, suelen crear caminos con cintas o cuerdas enlazándolas por los árboles para poder volver a la vida si tras ver a la parca cara cara descubre que la vida siempre es más bonita por complicada que sea que la muerte en aquel lugar inmundo.  Así que las cuerdas se trenzan entre la maleza hasta lo más profundo del bosque, allí donde los grandes árboles impiden entrar la luz del sol y donde una penumbra perpetua parece acunar al moribundo.

Es allí donde una música invade el lugar, no creáis que es una melodía lúgubre y tétrica, es música alegre, de fiesta, a un volumen exagerado.  Si buscas el lugar de donde viene la música podrás encontrar una vieja cabaña abandonada, grandes altavoces que no dejan escuchar tu propia voz, que no dejan escuchar los pensamientos del que busca en aquel bosque el silencio y la complicidad del que ya no quiere volver a la vida.  La música entra dentro de  esas personas e intenta disuadir las  ideadas suicidas del que pasea como alma en vida por el paraje.

En ocasiones los pensamiento del visitante son aún más fuertes de la música de la cabaña, otras veces consigue encontrar una pequeña grieta entre tanta desalación y el que no quiso volver tiene la idea de volver  así que sigue nervioso y agitado las cuerdas que fue colocando enroscadas entre los árboles, si no fue así puede que las viejas cuerdas le ayuden y con suerte encuentre la entrada al mundo, a la vida de donde quiso escapar  de una forma absurda y cobarde.





lunes, 2 de mayo de 2016

Mi limonada




La dulce Anna había amado antes, y Luis también había derrochado amor y pasión con alguna chica del pueblo.


Anna se sentó un instante y se descalzó justo al llegar a casa, miró el reloj de pared y sintió alivio al descubrir que era temprano, que Luis aún estaría a medio camino, en algún lugar de esa carretera llena personas estresadas con demasiadas ganas de llegar a casa.

El calor se sentía aquel día  de primavera especialmente. Se puso una de las camisetas de tirantes, una de las pocas que se había llevado para su estancia en aquella ciudad luminosa.

Se dirigió a la cocina, buscó algunos limones y los exprimió, los apretujó con ganas hasta sacar la última gota de jugo de los 6 limones,  puso agua a calentar con una taza de azúcar, lo fue removiendo poco a poco hasta que el azúcar se disolvió por completo, mientras, sentía como su pequeña amiga gatuna pasaba entre sus piernas para reclamar atención.  Subió el fuego un momento para hacerlo hervir, mientras fue a la despensa y abrió una de las bolsitas que contenía comida para la felina doméstica.
"No le digas nada a papi, que ya sabes que no le gusta que comas tanto"

Retiró el fuego y lo dejó enfriar mientras preparaba la mesa del almuerzo, las noticias de televisión hacía presagiar tiempos convulsos sin embargo ella estaba viviendo  su mejor primavera.
Luis parecía tardar demasiado aquel día, o quizás fueran sus ganas de verlo llegar lo que hacía que los minutos pasaran tan lentamente como la foto finish en la final de atletismo.

Después de un rato, volvió a la cocina para comprobar que el jarabe azucarado ya se había enfriado y entonces lo vertió en una bonita jarra con agua fría, lo metió en el frigo para que se mantuviera fresquito.



Luis no tardó en llegar, acalorado, cerró la puerta dejando su mochila en la entrada, ella lo esperaba con su  habitual sonrisa, él se acercó para darle un beso y preguntarle si podía darse una ducha antes de almorzar.     Para cuando salió de la ducha la ropa limpia y fresca le esperaba sobre la cama y al llegar al salón el plato le esperaba en la mesa, Anna ya había empezado a comer, y la limonada con los cubitos de hielo flotando daban un delicioso color y sabor a aquella tarde con recuerdo a verano.

Recogieron la mesa y comentaron mientras las cosas de sus trabajos. Él terminó de recoger y para cuando llegó al sofá ella lo esperaba sentada en uno de sus extremos. Anna era de mucho hablar y ella lo sabía, sin embargo él era silencioso así que  ella prefería no decir mucho para que él lo dijera todo.  Luis hablaba y hablaba y ella escuchaba y eso a ella le encantaba.  Se tumbaba en el sofá y comentaban hasta que por inercia enmudecían para escucharse sin palabras...

Ella había amado antes, pero esta vez era un amor distinto, sin incertidumbres, sin miedos, con él vivía la vida, no pensaba en el futuro ni recordaba el pasado. Cuando él llegó a  su vida fue como el comienzo de una nueva era, donde solo había espacio para primaveras, sentía la necesidad de quedarse quietecita, sobre su tórax; había acumulado tal cantidad de emociones, había querido decir tanto y había creído que era mejor no decir nada, había acumulado tanto nudo de sentimientos que durante un tiempo creyó no saber lo que quería, incluso ahora tenía la sensación de estar viviendo en un sueño del que en algún momento despertaría,  Luis sin embargo, sabía lo que quería, siempre supo que quería estar a su lado. Solo sabía eso.

Y de pronto descubrió que el amor era como la limonada, que Luis era su mejor limonada, justo de acidez y dulzura.  Durante muchos años pensó que el amor se podía medir por la cantidad de mariposas que se sentían en el estómago, o por la cantidad de flores que recibieras y los "para siempre" que se expresaran... pero el amor resultó ser otra cosa, el amor resultó ser vivir sin remilgos, completando los días con pequeños actos, como pelar una naranja porque sabes que  a la otra persona no le gusta hacerlo.  El amor resultó ser despertares deliciosos en los que se escuchan poemas perversos que hacen prender la llama,  a veces suave, con delicadeza, a veces fuerte, a veces salvaje, y así enredarse con  pequeñas flores, naranjas y deseos.

Anna era compleja, complicada, no era perfecta pero tenía mucho corazón.  Nunca sería una media amiga, ni un casi amor. 

Luis era complejo, complicado, no era perfecto pero tenía mucho corazón.  Nunca creía elegir el camino adecuado, había dado vueltas y vueltas en un mundo que casi nunca lo entendió y ahora solo quería estar allí con ella y su limonada, porque  de pronto descubrió que el amor era como la limonada, que Anna era su mejor limonada, justa de acidez y dulzura.