Páginas

♥
Entra y siéntete en casa...

martes, 29 de diciembre de 2015

Prohibido entrar, blasfemar y fumar


"Cuando uno se queda solo en un bar y todos están acompañados, te preguntas...    ¿Estoy acabado? y tu sólo te respondes... no, simplemente estoy solo, y  esta situación pasará... "

"En ese bar era intocable, el dueño le ponía las cañas de cervezas sin tener que pedirlas, se sentaba a un lado de la barra, donde los camareros atienden sus comandas antes que las otras...  "


La atmósfera del bar era clara y despejada, cuando sus amigos marcharon descubrió  que no había casi clientes.  Lo habitual era que apenas se pudiera ver las mesas y sillas a causa del humo de los cigarrillos.

" Una noche tranquila" Comentó a JJ, dueño del local.
"En estas fechas es habitual" respondió mientras secaba los vasos con un paño blanco.

Entonces recordó que eran días de navidad, días de familia, de compras y encuentros. Echó un vistazo a los pocos clientes de aquella noche.  Un par de amigos en la mesa de la entrada, una reunión de chicas en el fondo y en la barra solitaria tan sólo él y JJ.

Las mujeres de la reunión reían y conversaban alegremente aunque con la música de fondo del local no se le entendía lo que se traían entre manos.
No tardó demasiado en descubrirlo ya que una de ellas, la menos juvenil -al menos en apariencia- se acercó a la barra y preguntó si vendía la placa que tenía en un lateral de la barra, junto al grupo de botellas de licores blancos. Rodrigo alzó la mirada para ver la placa. JJ hizo lo mismo aunque él hizo una mueca de duda.  "No sé..." Resopló.  "Está aquí desde el día que inauguré esto, la encontré tirada en el trastero y me pareció irónico... me ha traído suerte"
" Te parece bien 50"
"100 y trato echo"  Dijo mientras la bajaba del lugar donde había estado más de siete años.
"75 y no más"
"Es tuya"  Se la cedió  con una mueca de sonrisa.
" Y ahora pónganos una ronda de lo mismo por favor" 

JJ fue a por los vaso y los fue llenado de hielo.Rodrigo pensó que clase de placa era esa que despertaba tanto imnterés, para él era un trozo de chapa con un letrero que recordaba a épocas de posguerra, - Prohibido entrar, blasfemar y fumar- ...  Su mirada se tornó a la mujer y entonces descubrió que la conocía. Habían pasado algunos años, pero era ella. No se atrevió a decirle nada, permaneció en silencio, podría decirle tantas cosas, sus ojos no habían cambiado, seguían teniendo ese brillo. El camarero le dijo que se lo llevaría a la mesa y ella con la placa en la mano se dirigió con las amigas.

Rodrigo  no pudo evitar moverse y poner su mirada a ella, a Carmen, a esa chica que se quedó en un pasado y que nunca olvidó del todo, pero es fácil tener ese pensamiento en esos momentos de su vida, cuando por circunstancia estaba solo y desamparado, como un perro abandonado en mitad de una carretera. 
La música sonó entonces, esa canción que sonaba constantemente en aquellos días en la radio. Las casualidades no existen, eso lo sabía él desde siempre. Rodrigo la miraba y ella sintiendo su mirada lo miro y lo reconoció, a duras penas, eso si... había cambiado demasiado, pero era él. No hicieron nada, se quedaron todo el rato que duro la canción mirándose, hablando sin hablar, reconociéndose y viviendo en un presente incierto el pasado olvidado.

Algunas amigas marcharon y ella se acercó para saludarle, le sabía mal pasar de largo ignorando al hombre que aprendió a olvidar.
Varias horas después JJ les dijo que eran las 6 de la mañana y tenía que cerrar. Había que irse a casa...

Las primeras luces del día hacían despertar a una ciudad durmiente, él se ofreció a acompañarla a casa y ella aceptó. 20 minutos después subían los siete peldaños para entrar a su casa, ella con la misma sonrisa que recordaba le dio un beso en la mejilla y se despidió con un "Gracias".  Rodrigo comenzó a bajar las escaleras cuando ella por un impulso que apenas alcanzó a comprender, le preguntó si quería entrar un momento y él ... él aceptó.

Carmen colocó la placa en la entrada de la casa, distorsionaba ante toda la exquisita decoración de aquel hogar, ya que al entrar en la casa lo primero que le sorprendió fue los colores pastel y el aroma a velas... Los marcos de fotos con algunos niños en la playa y un cuadro, quizás el único de la casa en el que se veía un paisaje africano y Carmen junto a un hombre, ambos en una actitud aventurera.

Rodrigo se sentó y Carmen fue a poner  música, buscó entre los CDs y encontró el que buscaba... "Este?"  Sonrió cómplice
"Aún lo guardas?" Ese cd se lo regaló él.  En ese álbum aparecía la canción que horas antes había sonado en el bar y que gracias a ella se había reconocido después de puede ser, 15 años...

La música comenzó y Carmen bebió un poco de agua del vaso que había traído desde la cocina.

" ¿Bailamos? " 
"Sigo sin saber bailar Carmen" 

Ella se acercó a él y le cedió la mano, él se la dio y poco a poco fue dando pequeños pasos parecidos a un baile, ella sentía su cuerpo y dejó caer su rostro en el hombro de Rodrigo.

La canción terminó y siguieron dando pequeños pasos de baile, abrazados, mirándose con los ojos brillantes, mescla de sentirse achispados por el alcohol de la noche y la emoción del inesperado encuentro.
Había estado dando tumbos, todo le había salido mal, en estos momentos estaba en una especie de callejón sin salida, y de pronto estaba allí en la casa de Carmen bailando sin saber bailar y demasiado mareado para atreverse a proponer juegos amatorios.  Pero olía tan bien, su tacto era tan suave y su silueta tan agradable que suavemente su boca llegó a la de ella y se besaron con sensualidad y excitación contenida.

Al despertar casi al atardecer, entre unas sábanas olor lavanda sintió una sensación extraña, hacía demasiado que no la sentía, despertaba en compañía, ella se le  escuchaba trastear en la cocina y la tv estaba puesta a un volumen bajo...   Miró un instante los detalles de la habitación, hacía años que no despertaba en otro lugar que no fuera su cama. Sintió alivio, comodidad y cercanía al recordar que no habían tenido sexo cuando hubiera sido tan fácil.  Se levantó y al buscarla por la casa, la descubrió en la cocina, donde la luz de la tarde tornaba en anaranjados.  Ella le sonrió y con la mayor naturalidad le pregunto si tenía hambre...

"Pues creo que si..."
"Te siguen gustando las tortillas de patatas"
"si...  pero te ayudaré a pelarlas"  Dijo mientras abría un cajón que resultó ser  el de las servilletas.
Ella le acercó el cuchillo y Rodrigo se sentó en una mesita arrinconada en la pared de la cocina.
Carmen puso cuatro patatas  en la mesa y él comenzó a pelarlas, ella lo miró un segundo y le dio un beso en los labios y tras un breve silencio comenzaron a hablar de cosas mientras hacían la cena.


***


sábado, 26 de diciembre de 2015

Mi amigo Paco







Mi amigo Paco y yo decidimos hacer un fiesta la otra noche, pero los excesos fueron evidente y al condenao le dio un infarto.  Está claro que el día de navidad no lo iba a dejar tirado en el hospital, así que he comprado una botella de Whisky del bueno y gracias a Macarena, una ex- novia, enfermera, cinéfila y excelente cocinaera, he podido entrar  a su zona restringida del hospital donde se encontraba mi amigo Paco. Macarena me informó que estaba con su esposa, cosa que me dejó a cuadros, porque Paco no tiene esposa, ni novia, ni siquiera canario que lo acompañe, no tiene nada, sólo a mí. Mi ex- me indicó  el número de habitación y yo me acerqué a la 433. 
Cuando me fui acercando comencé a escuchar unos gemidos que hicieron quedarme en la puerta sin atreverme a atravesarla.

Allí con botella de Whisky en mano esperé unos minutos desconcertados, hasta que una mujer exuberante, de melena larga y sedosa, con una falda tan corta que dejaba a la vista sus largas y delgadas piernas, salió de la habitación con unos billetes en la mano que guardó de inmediato en un pequeño bolso de mano.


Entré en la habitación y pude ver a mi amigo Paco...Si, estaba bastante recuperado.








lunes, 21 de diciembre de 2015

Tres Renos







El niño miraba por la ventana con cierto temor; las pequeñas luces que bordeaban el camino de casa de la abuela, la niebla  de la noche que  se deslizaba silenciosa entre los arbustos y Silva la perra del tío olisqueaba el rastro de  algún roedor esquivo.

El niño se rascaba la nariz preso de los nervios del momento, era Nochebuena y escondido tras la ventana de su cuarto buscó   a los tres renos que su tío había tallado con sus artesanales manos para decorar el jardín rupestre.  Pero aquella vigilancia nocturna no era casual,  el abuelo le había contado que esos renos no eran unos renos cualquiera ya que en Nochebuena cobraban vida y se convertían en los renos voladores, los del trineo de ese hombre barbudo que daba regalos a todos lo que habían sido lo suficientemente buenos y amables todo el año.

Pacientemente observaba sin pestañear a los tres renos, con los nervios de ser descubierto por alguno de los mayores o aún peor que ese hombre de barba espesa y blanca descubriera su furtiva vigilancia.    Después de mucho rato de vigilancia, los bostezos llegaron a su pesar y los párpados cayeron involuntarios en un par de ocasiones pero cuando estaba apunto de darse por vencido y creer en lo que su amigo Sebas le había dicho,  la nariz del reno más grande se encendió como una de esas bombillas del árbol, la nariz brillaba roja chispeante,  los cuernos se empezaron a mover tímidamente, el niño se puso de pie  alucinado ante lo que veían  sus ojos, el animal comenzó a dar brincos enérgicamente y empujar a sus dos compañeros que terminaron por despertar de su letargo de madera y los tres se dedicaron a pasearse por todo  el jardín de la abuela.  Silva, la perra de la abuela ladraba ante tal algarabía  y atacó con sus fauces al más pequeño de los renos.  El niño desde la ventana de su cuarto pudo ver como un trozo de cornamenta del pequeñín caía al suelo provocando un sonido de dolor y brincos descontrolados, tal fue el descontrol que no supo como llegó aquel trineo que levitaba a pocos metros del suelo. El hombre de la barba blanca estaba subido en él y esperó que los dos renos mayores se acoplaran a los demás que ya empujaban del trineo.  El pequeñito hacía ruidos  y el hombre dejó que subiera a su lado y lo acarició descubriendo el trozo de cornamenta que le faltaba. 
Los renos subieron hasta el cielo y los perdió de vista...

A la mañana siguiente la madre del niño lo despertó:

"¿Pero que haces ahí en el suelo? Anda corre al árbol... creo que tienes algún regalo para ti"

El pequeño descubrió entonces que se había quedado dormido.  Y durante un instante dudó del secreto de los tres renos del tío.  Al mirar por la ventana vio que los tres renos estaban donde siempre, con sus cuerpos tallados en pura madera...

"Pero hijo estás bien..." La madre no entendía porque el travieso de hijo no salía corriendo escaleras abajo para romper los papeles de su regalo.

El niño reaccionó y corrió a  abrir el gran paquete que resultó ser su primera bicicleta.  Después con los años vinieron otras, que después se convirtieron en motocicletas...     con los años todo fue cambiando, evolucionando y la vida fue trayendo cosas nuevas y sorprendentes pero por muchos años que pasaran y con la sorpresa de  todos los amigos y familiares, aquellos renos eran imprescindibles en el jardín de casa. Él sabía que los renos de su tío no eran simples tallas de madera, no,  claro que no... lo sabían su abuelo y él y algún día le rebelaría ese secreto a algunos de los pequeño de la familia... A uno de esos corazones traviesos y limpios que les son imposible de distinguir la vida de los sueños, y los sueños de la vida.




FELIZ NAVIDAD AMIG@S







~~~~~~~~~

Gracias Jesús por regalarme esta foto de trocitos de vida y dejar que mi imaginación crezca.




viernes, 18 de diciembre de 2015

Huecos y páginas



El momento más feroz de nuestro último abrazo
Fue notar que tu cuerpo
SÍ quería hacerme un hueco.

Recuerda siempre, amor...
Que cada vez que pase página
Te espero en la siguiente.



lunes, 14 de diciembre de 2015

Esas malditas fechas -2 - ...

















Aquella misma tarde cuando Eloísa y Pedro acabaron de poner las luces en las ventanas decidieron dejarlas encendidas.  
Pedro la invitó a cenar, previamente había preparado todo, pollo al horno con guarnición de patatas, cerveza de su marca favorita y tarta helada.

Eloísa recogió lo platos de la mesa y los metió en el lavavajillas que Pedro compró el verano pasado.
Él sentado en el sofá encendió el televisor para ver una de esas películas  nocturnas...   

Bueno... pues marcho a casa.  Dijo ella con voz suave y con su dulzura habitual.

 Quédate! Exclamó animado. Conoces mi casa, no tropiezas con nada, me apetece que por una vez seas tú la que duermas en mi cama.  Sonrió con gesto humorístico olvidando por un momento que ella no podía captar los mensajes no verbales.

Iré un momento a casa  a cepillarme los dientes y a por el pijama.   Respondió a la vez que buscaba el bastón blanco  sin encontrarlo donde lo había dejado.

Lo siento, lo puse  al otro lado, tropecé con él.

- No importa,  ahora vuelvo.

...   ...


Eloísa salió del piso y él aprovechó para ponerse sus zapatillas de casa, y colocar en la mesita del salón una caja de bombones.  Se comió cuatro bombones y medio botellín de cerveza esperando a que Eloísa volviera, no sé para que quería ir por el pijama  -pensaba- esta noche no era noche de pijamas, le apetecía que fuera una de esas noches de poco dormir. 

Cuando llamó al timbre él abrió de inmediato y pudo verla ya con su pijama en mitad del descansillo, -entre la puerta de casa de ella y de él apenas había tres metros de distancia-. Ella entró rápida buscando el calor de la calefacción, se sentó en el sofá y esperó a que Pedro se sentara para descansar en su hombro. Sintió la calidez de las caricias de Pedro, sus besos, besos sabor a chocolate.  Fueron a la cama e hicieron el amor sin prisas, ella lo acariciaba con sus manos y de su boca solo salían palabras disfrazadas, entrecortadas y él la amaba, la sentía latiente y viva mientras  exploraba su piel aterciopelada y su cueva fértil...


... ...

Dos días después, el día de Nochebuena, él salió tarde del trabajo, se entretuvo en los bares con todo el que fue llegando,  no tenía prisa, nadie le esperaba en casa.
Cuando subía el último tramo de escaleras el reloj marcaba casi las ocho de la tarde. El tiempo justo para descongelar los langostinos y calentarse la carne mechada que había comprado el día antes.
Al abrir la puerta de casa pudo escuchar los villancicos de casa de Eloísa y la voz chillona de algún niño.    Apenas se había descalzado cuando llamaron al timbre... Abrió.

Estaba achispado, lo descubrió justo en ese momento cuando frente a la puerta vio al padre de Eloísa.
"Que dice mi hija que te traigas los langostinos y la carne mechada...  Y entre tú y yo… -hizo un gesto cómplice- tráete algo para beber, que estas mujeres de hoy nos quieren tener a base de cava toda la noche"

"Pensaba cenar  y acostarme... no creo que... "

"Pero que me estás contando, me  vas a dejar solo con la trupe? Tu te vienes ahora mismo... venga..."  Entró al piso sin dar tregua.

"Mira, sé que tú y mi hija tenéis algo entre manos, no voy a meterme en esas historias, ustedes sabréis, así  que pégate un duchazo y nos vamos.  Lleva toda la tarde teniendo al niño de guardia en el pasillo para que le dijera cuando llegabas, así que mañana haz lo que quieras pero hoy tienes que estar con la familia y aguantar como todos"






20 minutos después los dos llegaron al piso de Eloísa. El padre delante con los langostinos y la carne y él detrás con el whisky.  Uno de los niños lo entretuvo preguntándole algo en el pasillo.   Ella llegó y lo abordó preguntándole donde se había metido todo el día.  "En el bar, con los chicos"
"Bueno pues dame un beso"
él acarició su mejilla y le dio un beso.

Aquella noche, sentado en una mesa en familia, hablando de recetas de cocina, la familia que está lejos y los sorprendentes e inesperados resultados electorales, descubrió que la tristeza y la amargura se llevan dentro y si miras a tu alrededor descubrirás que siempre hay gente que te quiere en su mesa.   Que la magia existe... claro que existe, pero el que no cree en esa magia nunca la encontrará.

Ella estaba en su vida silenciosa, paciente, sin pedir nada más de lo que él quería darle. Sin ella todo hubiera sido distinto, a pesar de todo no asimilaba hasta que punto era importante en  su vida. Le gustaba... sentarse en el sofá en las tarde de invierno, hacer el amor, contarle sus cosas y cuando pensaba en ella no tenía claro si era mucho o poco lo que sentía por ella,  aunque a veces pensaba que no le apetecía estar alejado de esa mirada, esa mirada sin mirar y que él tan bien conocía; esos ojos que hablaba, que podía transmitirle tanto sentir. Que eran capaces de meterse dentro de él  y ver dentro de su alma,  que eran tan listos, intuitivos y resueltos.  Que sabían sonreírte, desafiarte, callarte, pedir amor y no porque expresaran demasiado o fueran los ojos mas bonitos del mundo,  sino por cómo lo miraban a él.  Sabía que no había luz en ellos pero ella tenía tanta luz en toda ella, que a veces le hacía sonreír por solo tenerla cerca.  
Tenía claro que no quería desprenderse ni de esa mirada ni de ella, porque no sabía si la quería mucho o poco pero sabía que si la perdía no podría olvidarla.




jueves, 10 de diciembre de 2015

Esas malditas fechas...
















En esas malditas fechas todo se complicaba,  su soledad personal se acentuaba y cuando volvía a casa después de su jornada laboral sólo le esperaba esa gata que un buen día apareció en su ventana y no quiso marcharse.
Tenía claro que esa gata sin nombre lo eligió a él entre todas las personas de aquel barrio,  entre todas las ventanas solitarias se quedó en la suya, la más solitaria y silenciosa de todas.

En esas malditas fechas donde todo se convertía en fiestas y luces, en reuniones y amabilidad él se sentía el más desdichado de todos los hombres, de todos los hombres de la tierra... y aunque algunos pudieran confundirle con el señor scrooge - personaje malhumorado y gruñón de cuentos de navidad-  él sabía que su soledad y amargura no era ninguna elección sino el momento que le había tocado vivir tras  un cúmulo de desgraciados acontecimientos que prefería no comentar  ni recordar.

En esas malditas fechas aún esforzándose con todas sus ganas en no hacerlo su mente le recordaba continuamente momentos pasados, en los que todo era más amable y fácil,  se recordaba colocando las luces y esos adornos que tanto le gustaban...  Sin embargo este año había sentenciado a los espumillones, bolas y luces a la oscuridad del trastero, aguardarían no sabían hasta cuando dentro de una caja de embalaje a que las ganas y la ilusión hiciera que alguien los colocara aleatoriamente por todo el piso.


Algunas tardes se asomaba por la ventana y miraba las luces tintineantes de los vecinos. "Este año no estoy para luces, este año no estoy para reuniones, este año no estoy para estas malditas fechas..."


Una de esas tardes que prefería estar en casa que vagabundear por las calles del pueblo escuchó algo caer en el descansillo de las escaleras del bloque, decidió salir y mirar... era Eloísa, portaba entre sus manos una caja de embalaje y  buscaba con su mirada perdida las bolas que rodaban por el suelo.
Pedro las recogió y las depositó en la caja.  "Ya está aquí... " Murmuró entre dientes
"¿Qué?"  Eloísa no entendió lo que quiso decir.
"Las fiestas... ya están aquí"
"Si!! " Exclamó con su habitual sonrisa, amplia y como si no tuviera nada que temer.
" Mis sobrinos vendrán mañana imagino para ayudarme, necesito que me separen las bolas del árbol navideño según el color. No tengo demasiado espacio para guardar y todo está en un par de cajas"
Explicó mientas tocaba el espumillón dorado que sobresalía entre tanto brillo.

"Si quieres puedo ayudarte yo, no tengo nada que hacer"
"Bueno, no sé... no quisiera molestarte... "

Él insistió y ella accedió a que le ayudara.  Pasaron toda la tarde adornando el árbol  y colocando las luces en las ventanas. Si no se pone alguna luz especial en casa estos días la magia pasará de largo. Recalcó un par de veces en aquella tarde sin dar opción a la discrepancia.

Eloísa le regaló una merienda con dulces navideños y un café tan bueno que no tuvo suficiente con una taza.
Al anochecer, Eloísa encendió una pequeña lamparita que coquetamente adornaba uno de los rincones del salón.  No la solía encender porque ella no necesitaba luz para ver, desde los 14 años se manejaba perfectamente en la oscuridad,  él la miraba mientras hablaban y le causaba cierta ternura, a la vez se sentía cómodo a su lado, era la única persona que lo conocía tal y como era. No podía reconocer su rostro pero conocía muy bien su esencia, su personalidad y esas manías que sólo los amigos de verdad conocen.

Al despedirse ella le cogió de la mano, siempre lo hacía y a él le gustaba. Le cogía de la mano y lo acompañaba al descansillo. Le acariciaba su rostro para  notar su estado de ánimo; su  arruga en la frente de enfado, sus labios sonrientes o su rictus de no querer contar lo que le rondaba por la cabeza. Se estiraba un poco y le daba un beso en los labios, a él siempre le sabía a poco y le devolvía siempre otro. Le gustaban sus besos; húmedos, suaves y silenciosos.

"¿Seguro que no quieres quedarte hoy?"
"Estoy demasiado cansado y mañana tengo que madrugar, de echo... me quedan 6 horas de sueño"
"Mañana vale?... Te quiero"
Ella sonrió, quedó en silencio, nunca tuvo ni tendrá claro hasta que punto la amaban...


En esas malditas fechas todo se complica y todo se envuelve de un velo  que él lo asimila con desgana y pesimismo.

...

Si no se pone alguna luz especial en casa estos días la magia pasará de largo. Esa frase le acompañó hasta caer rendido en la cama.

Al día siguiente a eso de las cuatro y media de la tarde se dirigió a la puerta de Eloísa, ella abrió y él sin apenas darle una tregua le pidió que si podía ayudarle a poner los adornos en su casa. Cogió su bastón blanco, cerró la puerta de su casa y entraron en la de Pedro, un hombre que pese a todo lo terrenal no le apetecía que su poquito de magia pasara de largo...



lunes, 7 de diciembre de 2015

7 años de magia



El podador sin nombre corta la antena y la magia de su alma. Los estímulos del mundo comienzan a decirle  que es mayor, que ya no es un niño, que tiene que creer en lo que es real y olvidar la fantasía, que aquellos monstruos, aquellas pesadillas y aquellos amigos imaginarios, aquellos animales que hablaban... que todo esto no existe, que todo ese mundo mágico, aquella conexión con un mundo extraordinario ya no existe.    Que hay que hacer los deberes, que la vida va por aquí, que esto va a ser así, que solo lo físico es lo que importa... y entonces el espíritu libre, el espíritu que  no sabe ni de dogmas ni religiones, empieza a desaparecer.

Como volver a ese mundo, como volver a lo extraordinario, a la pura magia, a ese universo de comunión con la vida y los sentidos. 

A veces, algunos de nosotros, desde nuestro mundo de adulto creemos encontrar ese código mágico durante un segundo, y creemos tener ese instante, como un encantamiento, al mirar a los ojos de tu perro, o el movimientos de las hojas de los árboles en el atardecer meciéndose al viento, o mirando la noche estrellada infinita y abrazamos el misterio del mundo, porque desde que estamos en el vientre de nuestras madre la magia está  en nosotros... ya que se ha demostrado que en la semana 33 de gestación comenzamos a soñar...¿ Y que sueña alguien que no ha visto mundo, al menos el que tú y yo conocemos?





Si queréis saber más...







miércoles, 2 de diciembre de 2015

Secretos de Palacio


















Isabel se sentía la mujer mas afortunada de todo el reinado.  Aquella  tarde se convertiría en la Duquesa de  Cian.
  El duque Alberto había llegado de las tierras del este para pedir su mano cinco lunas atrás.

Hoy la jovencita arropada por las mujeres de  la familia se preparaba para el feliz acontecimiento. 
La madre Juana, monja de la congregación de la sagrada cruz fue la encargada de acompañarla en sus momentos de recogimiento espiritual y la que la acompañaba desde hacía un par de semanas.

Minutos antes de salir de sus aposentos Isabel sintió un frío que recorrió toda su columna vertebral, calló desplomada justo frente a la puerta.  Las  doncellas que la acompañaron en todo momento, la ayudaron a vestirse y elaboraron uno de los mas complicados recogidos en su larguísima melena, asustadas por el desvanecimiento de la joven novia la socorrieron y decidieron sentarla un instante en una de las sillas de la alcoba.

" Que le ha sucedido Señorita Isabel " 

La joven aún aturdida dejó que la madre Juana le fijara uno de los mechones que se habían soltado de las pinzas de nácar.  Las doncellas se miraron compungidas, los ojos de una de ellas no podía disimular su miedo ante lo sucedido.  Isabel con unas inesperadas nauseas se balanceaba con la mirada perdida, intentando recobrar el aliento para poder llegar al altar junto al  que sería por gracia de dios su marido esa misma noche.
Tras unos largos minutos de incertidumbre Isabel pudo levantarse gracias a la fuerza que da ser la nueva Duquesa de Cian.


Entre todas las mujeres que había en la habitación  llena de vida y avaricia, había una que no era de este mundo, su cuerpo yacía bajo una fría losa de mármol en los jardines traseros de palacio, aunque su alma nunca pudo dejar los pasillos  del lugar donde encontró la muerte tras cinco años de un enlace del que no se engendraban heredero.  Elena lloraba amargamente  observando desde su limbo eterno una escena que le recordaba su felicidad en el día de su enlace y lo amargo que resultó ser Duquesa de Cian, tan amargo como el último té que bebió en aquella tarde de Noviembre ya perdida en las nieblas del olvido.




_________


Gracias Tejón por regalarme tu foto y crear este túnel de amistad entre tu cueva y mis cuentos

http://lacuevadeltasugo.blogspot.com.es/