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Entra y siéntete en casa...

lunes, 31 de agosto de 2015

Volver a ti



Allí estaba, después de meses esquivando tus cuándos, tus ansias y tus ganas.
No es que dejaras de ser, sabes que te amo, lo puedes ver en mis ojos, en mi mirada que no guardan secretos para ti.
Tardé en volver porque estaba entretenida en el camino. Decidí perderme en uno de esos laberintos de poesías y de sueños, de nubes inalcanzables y de nuevos aires que me removieron el cabello  y distrajeron mi alma.
Vuelvo  a ti…   a tu mirada que es hogar, a tus manos que  tan bien conocen mis límites, a tu verborrea fácil que tanto me divierte.  Y después de meses, acaricio las sábanas perfumadas  con ese ligero olor a ti, me deslizo por tu cama como si fuera un lago sagrado, me abrazo a tu almohada mientras te escucho, mil historias y  pensamientos creados en todo el tiempo que me alejé de ti.
Deambulas por el dormitorio en penumbra mientras la luna se hace dueña de la madrugada.  Agosto se despide con noches calurosas,  paseas con mis calzoncillos favoritos, enciendes un cigarro y seguimos conversando, me preguntas con cierto temor a mis respuestas;  soy amable, generosa, sonríes al descubrir que sigo siendo la misma atolondrada romántica que añorabas.
Da una última calada al cigarro antes de abandonarlo en el cenicero de cristal.  Me mira, esboza esa mueca tan peculiar, esa que reconozco justo antes de besarme, te entregas a mí como un naufrago a su viejo barco, nos deslizamos por tu cama y nos exploramos reconociendo las curvas de nuestros cuerpos desnudos... Y entre tus brazos,  volvemos a sabernos unidos, amantes que retoman, enroscados por las risas de momentos de juegos y la pasión de momentos tan intensos en los que perdemos el control  olvidando el tiempo ausente,  escucho tus susurros de deseo entrecortado por el frenesí de mis besos, muerdes mi boca antes de abandonarte.
Allí estaba, desnuda a tu lado después de una noche en vela, con las luces del alba iluminando las calles del pueblo, sabes que te amo, que soy tuya aunque tarde en volver, aunque me entretenga en laberintos imposibles...
Compartimos ducha y un medio desayuno. Vuelvo a casa con el sol despuntando en el horizonte.  Me tumbo en mi cama durante un rato para darme un respiro antes de volver a mi vida cotidiana, a mi vida sencilla y modesta.  Y vuelvo a mi mundo con el recuerdo de esas cosas tan intimas y lascivas que aunque tuviera oportunidad de contarlas con sabría como hacerlo.
No sé el tiempo que tardaré en volver, realmente nunca lo sé, nuestros encuentros son espontáneos y aturrullados, se marca por el instinto y las ganas.  Podemos deambular dando tumbos por un mundo lleno de distracciones, nos creernos llenos  y completos pero siempre volvemos uno al otro. 
Siempre vuelves  buscando en mí el antídoto a tus rarezas.
Siempre vuelvo  buscando en ti la calidez de un compañero de vida.

Vuelvo a ti como las aves retornan a sus orígenes,  el instinto nos guió, sin reproches ni porqués... 

Sé quien eres, ya te conocí Rana.



viernes, 28 de agosto de 2015

Sin misterios







Hay gente que abandona y gente que es abandonada, y no creo  que sea ningún misterio a quien pertenezco yo.

Siempre fui un tipo introvertido, mis pasiones; la lectura, el motor y las mujeres, aunque esto último nunca estuvo a mi favor, nunca llegué a entenderlas demasiado. Mis relaciones con ellas siempre fueron atropelladas, como accidentes fortuitos que sorprenden y apenas consigues tener un recuerdo claro de él.   Así fueron todas hasta que llegó ella...

La conocí en el ciber-café.  Me gusta ir allí,  nunca he utilizado los ordenadores, me gusta el ambiente, me pido un café y leo el libro que tenga entre mis manos en esos momentos. 

Un día ella se paró y me preguntó donde había conseguido el libro que leía en ese momento.  
- la verdad es que ni me acordaba, creo que era uno de los libros de mi padre-  Aquella pregunta derivó a una conversación y de la conversación un saludo continuo cuando  coincidíamos en el ciber-café,  y de pronto como esos accidentes de los que os hablé antes,  la  vi en mi piso, tumbada en mi cama, dejando caer su melena por uno de los laterales del colchón, fumando cigarros y pidiéndome que leyera algo de alguno de los libros que se amontonaban desordenados.
Elegí uno, al azar... o quizás no, no sé...  me senté en una silla junto a ella y leí.

Ella fumaba, yo leía mientras sujetaba el libro con una mano y enredaba los dedos de la otra mano entre los mechones de su melena...  Después de un par de horas, cansado de leer paré  y ella de despidió preguntando si  podía volver. 

El caso es que volvió, volvía tres, cuatro días a la semana,  nunca le quise preguntar porqué volvía, porqué le buscaba,  tampoco le preguntaba qué veía en mí,  ni porqué me dijo un día que me quería, ni porqué se quedaba a dormir, ni porqué decidió quedarse en mi vida. Siempre creí que  si lo hacía se desvanecería la magia,  puede que para ella no fuera más que un  amigo especial, y que eso de que le leyera en la cama  y tener con quien refugiarse en ciertos momentos fuera su rollito conmigo.

Después de años, yo era quien la quería y quien la esperaba... Hasta que me llené de ella y olvidé la clase de persona que era yo...   
Hubo un día que ella no volvió, ni a mi cama ni a mi vida. 
Ese día retorné a mis soledades,  y a ser el tipo que lee, amante del motor y las mujeres,   aunque a ellas nunca las he logrado entender. 

A veces pienso que soy la manifestación  de algo que está a punto de desvanecerse, un recuerdo a punto de ser olvidado...


Hay gente que abandona y gente que es abandonada, y no creo  que sea ningún misterio a quien pertenezco yo.







lunes, 24 de agosto de 2015

Tus aguas serenas



Surco por tus aguas serenas, mientras el sol se oculta bajo las aguas saladas,  me entrego a tu calma, a tus corrientes, a tus envites.
Cierro los ojos por un momento mientras me salpicas tu sal sin permiso, el viento agita mi pelo, mientras miro al capitán del barco, ese que cuida de mis tormentas y mis miedos, me lleva por las corrientes de su paraíso, y duerme a mi lado bajo el manto estrellado de un cielo infinito... Y así llegaremos al fin del mundo y llegaremos de nuevo a las mismas aguas donde todo comenzó, atracaremos en el puerto donde embarqué a tu aventura y  decido quedarme, aquí contigo, en tu barco, porque ya no teníamos más hogar que la mar adentro...  las mareas y las estrellas del firmamento.




jueves, 20 de agosto de 2015

Entre nubes y montañas



Eran las 4 de la madrugada cuando le escuché llegar.  Sólo hacía un par de horas que había conseguido conciliar el sueño, me quedé dormida esperándole.  Pensé  que se había echado atrás,que me abandonaba en aquél agujero,  sin embargo allí estaba tras la ventana, dando sus toquesitos para que supiera que estaba esperándome.

Me senté un instante en la cama y vi la mochila preparada. Él se asomaba con su sonrisa tras el cristal con ojos temerosos y nerviosos,  los cristales de la ventana estaban mojados, resultaba curioso que aquella noche justamente cayera una tormenta de verano.

Abrí la ventana y Alejandro saltó con agilidad dentro de mi  dormitorio. Se quedó allí parado, de pie, como si quisiera decir algo que aquella madrugada prefería guardarlo para  él.
Me puse los zapatos, cogí la mochila  y le di paso para que él saliera primero.  Cuando salté fuera sentí el fresco de la madrugada, la humedad de la tierra mojada,  las nubes de tormenta aún ocultaban el cielo, no se veían las estrellas.

Andamos rápido, sigilosos bajo el manto de la madrugada. Cuando llegamos a la estación de tren, no hablamos,  Alejandro compró los billetes mientras le esperaba en el andén, deseaba con ansiedad ver cuanto antes el tren entrando por la curva  de la estación.
Cuando él llegó a mi lado me quiso dar el billete,  "quédatelo tú" fueron las dos primeras palabras del día.   Las gotas de lluvia aún goteaban por los tejadillos.  Alejandro miraba  las monedas que le había devuelto el taquillero de la estación, se las pasaba de mano  en mano, sólo cuando escuchó el tren llegar disidió guardárselas en el bolsillo de sus pantalones de camuflaje.

Entramos en el tren. Sentí cierto conford, el calorcito de un ambiente cerrado.   Tardamos en encontrar nuestros asientos, el tren ya estaba en marcha cuando los encontramos y pudimos sentarnos.  Uno frente al otro.  Cuando miré por la ventanilla, la luz del alba se intuía en el horizonte y ya casi estábamos a las afueras de aquel pueblo asfixiante.
Alejandro me miró.  Hizo un gesto cómplice, arqueando las cejas,  puse uno de mis pies entre los suyos, me lo apretó con sutileza con los suyose inclinó el cuerpo hacia delante  para pedirme un beso. Tenía miedo, estaba nerviosa, mi tembloroso beso delató mis sentimientos perturbadores.   "No tengas miedo, todo irá bien, no nos van a encontrar"

Quería creer en eso. En que por fin había podido escapar de las garras de una sociedad arcaica y medieval, donde tenía que sucumbir a los designios de mi padre, donde  tenía que vivir la vida que habían preparado para mí y no la que yo deseaba.
Desde que estaba en la guardería Alejandro y yo ya compartíamos el chupete.  Había sido mi amigo  toda la vida y al cumplir los trece años se combiertió en mi gran y único amor.  Yo estaba predestinada a un primo, un primo lejano 8 años mayor que yo, delgado como un espárrago y cliente asiduo del puticlub de Teresa.
Alejandro y yo siempre lo tuvimos claro, teníamos que andar con cuidado, no hacernos ver juntos demasiado y no hablar nunca el uno del otro.   Habíamos encontrado un lugar perfecto que convertimos en nuestro refugio, una antigua construcción donde se guardaba el heno, allí conocimos nuestros cuerpo y aprendimos a amar sin demasiados miedos ni complejos. Allí nos besamos la primera vez y engendramos al niño que portaba mi vientre.

El tren paró a media mañana, Alejandro salió a comprar algo para desayunar,almorzar,  o las dos cosas a la vez.  Tenía hambre... el café a penas lo saboree y los donut me supieron a poco.  El sol empezaba a molestar y fui a cerrar las cortinas cuando unas fuertes nauseas volvieron a mí como cada mañana...  Salí presurosa al baño del vagón.
Cuando volví Alejandro se sentó a mi lado " lo siento, debí haber comprado otra cosa"
No importaba, daba igual lo que comiera, todas las mañanas  vomitaba  y aquella mañana ya había tardado...

Al día siguiente bajamos del tren,  las gentes del lugar hablaban ya otro idioma, pero aún nos quedaban otras diez horas de viaje, esta vez en un par de autobuces.


Cuando bajamos del autobus en aquel pequeño pueblo en mitad de la montaña, nos supimos a salvo. Nos acercamos al único Hostal de la zona  y alquilamos una habitación, con baño y cocina, la mas grande, la de mejores vistas. Prácticamente el edificil estaba vacío y la dueña nos la dejo al precio de las habitaciones modestas.

Cuando entramos a la habitación, deshicimos las mochilas y nos dimos un baño compartido, dormimos  algunas horas, y bajamos a cenar. Alejandro preguntó si sabían donde se necesitaba a alguien para trabajar, hacía años que sabía perfectamente ingles, su padre siempre refunfuñaba que para qué quería tanto ingles si no saldría nunca del pueblo... Aunque en un principio no supieron decirle al pagar la cuenta le atendió la dueña del Hostal y le dijo que si podía esperar podría contratarlo dentro de un par de meses que empezaba la temporada turística que duraba diez meses.
Dos meses... sin trabajo, con dinero justo...

Aquella noche apenas descansamos, demasiados nervios y emociones a flor de piel. Tenía miedo a que nos encontraran, a que tuvieramos que volver, obligándonos a vivir con personas que no queríamos,  y sobretodo temía por nuestro hijo no nato, que crecía ajeno a tanta maleficencia.
Esa primera noche a mil leguas de nuestro infierno fue la peor, después de esa noche todo se asentó,  a poquitos fuimos construyendo una vida. Al principio mas inestable, pero el día que celebramos nuestra mayoría de edad supinos que estavamos a salvo, que ya no había vuelta atrás y en aquellas tierras lejanas en un pueblo en mitad de la nada, entre nubes y montañas nació nuestra primera hija,  un par de años después llegaron sus hermanos, gemelos.  Quizás no tengamos demasiado, pero estamos juntos, somos una familia... Nada  pudo separar nuestro verdadero amor.






lunes, 17 de agosto de 2015

El extranjero




Él era un hombre que llegó de tierras lejanas,  bebía whisky  y fumaba cigarrillos de una marca extranjera. 
Trabajaba en un concesionario de coches, desayunaba todos los días en la misma cafetería. Allí lo conocí hace tres años. 

Había tenido una esposa, se quedó en las tierras de donde vino y a los pocos meses recibió una notificación de un abogado  en la que se le pedía el divorcio. Su  esposa ya no era su mujer sino la mujer de otro.   No hablaba mucho de eso, yo tampoco le preguntaba.

Yo nunca me había enganchado a una relación demasiado tiempo,  siempre tenía algún amigo especial con el que mantenía ciertos momentos de intimidad los Sábados noche o algún día esporádico que nos llamábamos para acompañarnos en algún acto social donde siempre es mejor ir de la mano de alguien que ir como el solitario soltero... 
Pero resulta que desde que  conozco a William no tengo necesidad de secciones eróticas festivas de Sábados y no es que ahora las secciones de mete-saca las haya suplantado el extranjero, nada de eso, lo que tengo con él es pura amistad.  Con William es otro rollo, más mental, más de sensaciones, sentimientos y compañía. Tenemos una extraña conexión, un nexo común que no alcanzo a descifrar.   Después de tres años, hemos compartido miles de momentos, de sensaciones y de vivencias intensas y divertidas, tristes y desoladoras.  Hemos compartido días y noches... 
Mis  viejos amantes me llaman para retomar,  no me apetece... estoy llena de William.   A veces pienso que me gusta, ya me entendeis, los sentimientos van por libre, pero cuando pienso en esa posibilidad como real descubro que no es así, que sólo es el instinto de mujer que en ocasiones se despierta y quiere besar a ese hombre que tienes permanentemente a tu lado y que algunos días duerme contigo después de haber tenido un largo día de trabajo y obligaciones. 

A veces pienso que como casi todas las amistades terminará marchándose. Terminaremos alejandonos por las circunstancias de los momentos que toquen, lo veremos razonable y aceptaremos esa realidad.  Poco a poco, todo volverá a ocupar su lugar. Yo apenas seré unos días en la historia de su vida. Quizás un " era una buena chica "... y él... él  siempre será mi mejor recuerdo, mi mejor hombre, aún sin haberle besado, aún sin haber escuchado palabras de deseo de su boca,  aún teniéndome que guardar las ganas... aún así será mi mejor hombre.

Después de ti todo volverá a ser muy aburrido.






viernes, 14 de agosto de 2015

Lluvia de verano




El verano estaba siendo el más caluroso de los  últimos tiempos.   El bochorno y la humedad ambiental hacía pensar que estaban en el centro africano más que en el sur europeo.

La noche había traído una soporífera quietud.  El calor les había echo despojarse de buena parte de sus ropas. Él había pasado buena parte de la madrugada apoyado en el quicio de la puerta, fumando cigarros esperando a que una ráfaga de aire aliviara su calor. 

A primera hora de la mañana la lluvia de verano mojó la tierra ardiente, el olor a tierra mojada y cierta sensación de que el calor envolvía una atmósfera tropical despertaba a los que yacían en sueños en la cabaña donde estaban pasado unos días de descanso.

Las ventanas y la puerta abierta hacía que la lluvia se escuchara con fuerza, las aspas de la lámpara refrescaban sus cuerpos.  Él se levantó para beber agua, ella le pidió que volviera a la cama, jugó un rato acariciando los pies de su amante con los suyos.  Buscaba atención y juegos, él parecía estar hundido en la almohada.  La miraba pensativo sin tener intensión de hacer nada más que estar allí; hundido en la cama junto a la chica que más le divertía.   Ella pareció aburrirse de buscar atención sin obtener resultados, se levantó, se sentó junto a la ventana, como una niña que espera a que escampe para salir a jugar.

"Crees que escampará "

"Seguro,  si no lo hace tendremos que quedarnos aquí... para siempre" 

Ella apoyó los brazos cruzados en el marco de la ventana y dejó su cabeza caer sobre ellos.

"No me importaría quedarme  aquí contigo"

" Viendo llover, bebiendo mojito,  achispados todo el día tumbados en la cama y dejandonos hacer esas cosas que tanto nos gustan"

Ella no apartó la mirada de la lluvia, una de las chicas que pernoctaban en las cabañas vecinas salia corriendo para ir a la pequeña tienda de alimentación para comprar algo para pasar el día a cobijo.

"Me quieres?"

Eso le recordó que tendría que ir a compra ella también algo para pasar el día, no le apetecía comida rápida y tan poco sana,  haría algo que le gustara a él...

"Me quieres?" 

Se incorporó en la cama para volver a preguntárselo.   Vio como ella giró la cabeza y le sonrió  justo al mirarle.  Fue hacia él y se acurrucó en  su cuerpo como un ovillo de lana.

"No demasiado, lo justo supongo"

Ella sonrió y él le hizo cosquillas. Sabía que lo quería con intensidad.  Tanto como él.
Por  razones de diversión y juegos se inventaban que no se querían tanto, como si lo suyo fuera mas diversión que pasión.



*

Te quiero inapropiadamente y con impuntualidad.
 Te quiero cuando toca dormir, 
o hacer cosas serias, 
e incluso a la hora de tomar el té.
 Te quiero con urgencia cuando estás ocupado, 
y con desesperación si te vas
. Te quiero como punto de partida a cualquier lugar del mapa, 
y como punto de llegada a todos mis sueños.
 Te quise sin saber que existías,
 y sin poder apuntar tu nombre. 
Y ahora que te sé, te quiero, te quiero más. 
Te quiero imprudentemente,
 aunque no corresponda o digan que no se puede. 
Y esto es lo único que de verdad importa.
 Que yo a ti te quiero. 
Y punto final.

*





martes, 11 de agosto de 2015

Aguas muertas





" Mis ganas de estar contigo no se crean  ni se destruyen solo se acumulan"


Lo leyó con desgana, lo borró tras leerlo, aquél mensaje instantáneo no era el primero que recibía. Sabía quien los escribía, lo conocía tan bien como para saber que no debía contestarle.  Aquellas palabras llegaban demasiado tarde. Hay amores que no se olvidan pero  no deben regresar.  El viento se llevó todos los sonidos, todas tus mareas y todo el recuerdo a  ti...

Hoy aquel mar agitado de corrientes impredecible, ese que nos retaba cada instante  a embarcarnos en una nueva locura, ese mar se ha secado y sólo veo un mar de arena, un desierto seco, inhóspito e implacable,  donde la falta de cordura nos regala un viejo  espejismo, un oasis que ya no es refugio ni hogar, donde sólo quedan tus recuerdos rotos y unas aguas que ni sacian  ni refrescan, solo queda un lodazal de aguas muertas...





sábado, 8 de agosto de 2015

Libre albedrío




Hacía semanas, meses... que aquella tormenta estaba sobre sus cabezas, sobre su casita a las afueras, sobre su infinita cama de dos metros cuadrados.  

Sus vidas no habían cambiado,  seguían prosperando en el trabajo, con sus amigos propios y comunes, los domingos de paellas en casa madre, y alguna cena  juntos con los amigos.  Pero una extraña grieta se había abierto en mitad de  la cama.  Ya no había besos ni charlas a media voz.  El móvil de él se encendía a media noche con el volumen quitado.  El verano estaba siendo uno de los más calurosos de los últimos tiempos y ni la ausencia de pijamas, ni el olor a  su crema hidratante perfumada, ni esas braguitas francesas que durante años habían sido tan letales conseguía que esa brecha volviera a unirse.   Él se quedaba dormido demasiado pronto  pero contestaba a ese  mensaje en mitad de la madrugada con una media sonrisa en sus labios.
Ella lo sabía,  estaba dejando pasar los días  con la esperanza que todo volviera a su cause natural,  aunque aquella noche,  mientras pensaba y lo observaba mientras él dormía el teléfono se iluminó, vibró y él como su tuviera uno de esos poderes extraordinarios de  los superhéroes que tanto les gustaban  abrió los ojos y cogió el móvil. Sonrió, escribió y volvió a cerrar los ojos.

"Estás despierto?"

"Si... "

Ella se volteó  dejando sus pechos que un día fueron tan irresistibles a la vista.  Aunque aquella noche, como tantas en las últimas semanas se habían convertido en  simple piel...

" Si algún día llegas a dudar entre estar conmigo u otra persona,  por favor... no me elijas a mi"

Y así fue como después de un par de días él eligió, ella se quedó en esa infinita cama que hoy era tan solitaria, si algo había aprendido en esta vida  era que los te quiero, los te amo, los abrazos, la atención y los te extraño, no se mendigan ni se van regalando alegremente  por la vida, son cosas que se ganan y que se les entregan a aquellos que realmente se lo merece.






miércoles, 5 de agosto de 2015

Las cosas que quedan en mí



Era tan de ti cuando aún no te conocía,  tan de tus mañanas,  tan de tus tardes de paseos perdidos, tan de tus excursiones de Domingos, tan de tu  amigo de cuarto patas con orejas gachas, tan de tus historias sin héroes... 

Era tan de ti cuando llegaste a mí, que no hizo falta tallar tu nombre en mi corazón de madera, escuchabas en mí palabras que siempre fueron tuyas,  tu caos y esa parte de ti que no tiene remedio  era como el reflejo en las aguas del pantano de mi propio mundo de confusión y desorden.   

Era tan de ti que  ya no pude amarte en secreto, ni en silencio, sabías escuchar mis silencios y descifrabas mi mirada como el navegante lee en las estrellas el camino a casa... así que cuando mi boca llegó a la tuya,  fue como  la rendición de mi mundo equilibrado  y me fundí contigo sin miedos porque aún cuando no te conocía,  yo... era tan de ti que lo nuestro no fue comienzo sino perpetuidad atemporal.




lunes, 3 de agosto de 2015

VentanaS II



Aquel verano estaba trabajando  en el turno de noche. Me pasaba el día en casa, me levantaba tarde, dormía la siesta y salía un par de horas antes  de entrar en el hospital donde trabajaba de enfermera.
Lo veía continuamente en la ventana de la cocina con los pelos alborotados,  con la taza del café y expulsando el humo del cigarro fuera para que no se impregnara de olores el piso. Seguro que ese era el campo de batalla de su paciente esposa.
Me gustaba mirarle, era mayor,  pero con esos pelos y esa barba descuidada nunca se sabe.

Una tarde me lo encontré en el bar, entré para pedir unos refrescos, iba con mi amiga Elvira.  Le vi allí sentado en la barra, abatido como de costumbre,  como con la mirada perdida y queriendo escapar. Lo vi removerse en el taburete. Ese día descubrí  que no había esposa,  cuando te atrae un tío no puedes hacer nada,  es inútil luchar con ese sentimiento, pero yo soy de esas que respetan el estado civil  y tener la certeza que no tenía ese cartel de "Prohibido el paso"  me dio rienda suelta para que me gustara aún más, a que me recreara en sus movimientos y en sus rarezas.

Realmente os digo que no sé lo que me empujó a hacerlo. Lo vi allí mirando por la ventana  yo que sé qué y me dije  ¡ Ahora o nunca ! y lo invité a cenar, así sin más.  Me sorprendió que aceptara, noté de dudó pero lo importante es que lo tuve en mi mesa, no sólo esa noche sino muchas más.   Era un hombre inteligente. No era guapo, quiero decir que no era de esos que te hacen volver la mirada cuando pasan por tu lado.  Pero tenía esa perfecta "No Belleza" que tanto me pone a mi.  Si...  ya me conoces,  si hay algún tipo raro a mi alrededor mi radar lo detecta.  Y ya andaba cansada de esos tíos vacíos de coco, experto en todo.

Varios meses de amistad, día a día fui descubriendo que me molaba mucho, era correcto  y educado, nunca sacó conversiones incómodas ni quería saber más de lo que yo le contaba.  Una noche no pude más, me lancé, me comentaba algo mientras se acercaba a la puerta cuando le besé, así sin más;  noté sorpresa, sus labios rígidos me hicieron dudar de que aquel acto hubiera sido un grabe error, pero tras unos segundos noté que me besaba, me acariciaba, paró un instante para mirarme serio y quitarme la camiseta... notaba sus manos temblorosas y se le notaba concentrado, como si no pudiera olvidar ningún paso de algún extraño manual.   Fue rápido, precipitado, como un  deseo que se concede aquí y ahora...

A partir de ese día intenté aparentar normalidad, ya sabes... algunos tíos se agobian si se atraviesa esa barrera, se creen que ya hay algún contrato de algo. Lo dejé a su aire, cuando venía a casa me sentía bien, me gustaba verle por allí dando vueltas, me gustaba que supiera mis horarios cotidianos y se hubiera convertido en parte imprescindible de mi vida.   Me gustaba que llamara a mi puerta a horas de la siesta, que se sentara en el salón y me buscara la mirada, o que me agarrara por detrás y sin decir nada me pidiera intimidad.  " ¿ tienes ganas de reír ?"   Le preguntaba sabiendo la respuesta, pero él siempre me susurra con un "siiii" en el oído.
Ha descubierto que hacer el amor no es ninguna competición, ha olvidado ese  manual con el que se supone nada falla, esa mirada de concentración y ese rictus serio como si estuviera pasando el casting del amante perfecto desapareció,  con el tiempo pude escuchar su risa en mi cama, mientras me buscaba bajo las sábanas,  cuando tocaba ese punto donde  seguía teniendo las mismas cosquillas de cuando era un chiquillo,  cuando nos mordíamos en vez de besarnos, cuando en mitad de tanto amor hacíamos una pausa para mirarnos y  decirnos "Hola".

Cuando llegó el otoño volví a horarios de día, nos levantavamos demasiado temprano. Pero no podíamos  dejar de dormir juntos, en el sentido mas estricto de la palabra.

Un día lo  vi en el bar de la esquina de casa, donde le gustaba pasar lar horas muertas,  allí estaba como siempre, con su expresión ausente,  como perdido, me senté con él un rato  y me nació besarle allí delante de esos ilusos que lo miraban con esa expresión con cierta misericordia, sin saber que era el tío mas asombroso que había llegado a conocer y el amante que toda mujer desea tener en su cama.
Y  con el tiempo descubrí que me quería de verdad, más que cualquier otro tipo. No era perfecto, pero cuando lo miraba era como el reflejo de un espejo, ya sabes lo que quiero decir.... para verme tenía que mirarle.
No sé si esto será para siempre porque la vida trae tormentas y algunas desarman  lo que un día fue fuerte e indectuctible pero ahora... hoy, lo amo, me conquista en cada momento, es la persona que me complementa. Es el hombre con el que duermo como una niña, acurrucada escuchando el palpitar de su corazón, es el hombre que me venda los ojos, me ata las manos, me enciende como si fuera la luna y me extingue como si fuera fuego...